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Trump y el quesu Los Beyos: el fin de unos mundos.

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(Ayer, en La Nueva España) TRUMP Y EL QUESU LOS BEYOS: EL FIN DE UNOS MUNDOS En fecha tan temprana como el 19 de enero publicaba yo un artículo titulado “Un pendenciero y un matón”, donde enfrentaba a Trump y a Putin, señalando el peligro potencial que del primero podía colegirse y el peligro cierto del segundo, el “matón”. Hoy algunos otros adjetivos pueden colgarse de la figura del presidente de los EEUU, con seguridad, el de “babayu”. Pero no es de adjetivos de lo que quiero hablar, sino de actitudes, negociaciones y éxitos. Y brevemente. Seguramente Trump se cree el chalán más capaz de gitanear en la feria, pero en las dos horas de conversación que han mantenido el presidente de los Estados Unidos y el de Rusia el día 18 de marzo, este lo ha engañado y le ha vendido una res llena de mataduras como si le hubiese vendido un magnífico animal de raza. Pues, en efecto, contra el compromiso de Ucrania de mantener la dudosa tregua acordada de 30 días, impuesto por Trump, Putin ha prometido exclusivamente no bombardear las instalaciones energéticas de la nación enemiga -con las que piensa hacerse en el futuro- y ha exigido que durante ese mes Ucrania no reciba nuevo armamento ni información militar, lo que a él lo coloca en mejor posición de conquista y a los de Zelenski en mayor debilidad. Si eso es un éxito del mejor chalán de la feria, ya me dirán ustedes. En cualquier caso, y como se reconoce de forma general, la ascensión al poder del multimillonario ha supuesto el fin de nuestro mundo, del mundo tal como lo veíamos y creíamos inmutable hasta ahora. Ese mundo ha desaparecido, especialmente para las sociedades europeas, que irán viendo progresivamente los efectos de ese esfumarse. En otro plano, en uno más doméstico, en el de nuestra tierra, observamos también la desaparición de una parte importante de nuestro mundo, de aquello que teníamos como un paisaje habitual e inmemorial, que, sobre formar parte de lo consuetudinario, constituye, en alguna medida, parte de nuestra identidad. Un día, desde las páginas de LA NUEVA ESPAÑA, Sergio Álvarez-Requejo nos alerta sobre el escaso futuro que espera a nuestra manzana -y, por tanto, a la sidra “asturiana”-, si no cambiamos la forma de cultivo, lo que viene a redundar en las continuas lamentaciones de los productores sobre la escasa rentabilidad del producto, de los llagareros sobre la escasez de manzana propia, y, en general, la constatación de que desaparecen pumaraes y cosecheros. En las últimas semanas las alertas sobre la evanescencia de parte de nuestro mundo menudean: no puede celebrarse la Feria de les Fabes de Argüelles, por la falta de fabes y cosecheros; Salvador Pilar y Aurora González, las propietarias de una quesería artesana de los Beyos, se jubilan, ya solo queda otra abierta; no mucho más abundantes son los productores subsistentes de otros quesos, como los gamoneos; el número de cazadores se reduce de forma drástica y la mayoría de sus practicantes sobrepasan los sesenta años; del ámbito de la pesca aficionada, de río, de mar y pedreru, que tan bien conozco, se podría afirmar otro tanto. Así, podríamos ir señalando “otros mundos” de eso que fue nuestro panorama consueto y tradicional. La razón es sencilla, la desaparición de una sociedad agraria de numerosos individuos, rentas pequeñas y mucho trabajo, que se ha ido diluyendo por razones sociales y económicas. Incluso, una gran parte de los que continúan lo hacen más por la costumbre y la devoción a su quehacer que por el negocio, sin que vean futuro en ello para sí mismos o para sus descendientes. Y, en el caso de las ocupaciones de ocio, por mantener una tradición y una costumbre que da cada vez menos satisfacciones. En cualquier caso, las nuevas generaciones construirán y harán propios otros mundos, que a su vez desaparecerán un día, deseemos que por su obsolescencia y no por la violencia.

La pesca del pulpu nel pedreru

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Esti informe de la Conseyería de Pesca destruye toles sinrazones y mentires sobre la pesca de pulpu en pedreru.


(Asoleyóse esti resume l'informe en La Nueva España  del domingu 5 de mayu de 2019).


La pesca de pulpo en pedrero es escasa y no afecta a la profesional, dice un estudio

"La vigilancia es desproporcionada para la actividad que tenemos", se quejan los aficionados, que raramente sacan más de un ejemplar al día

05.05.2019 | 00:55

Dos profesionales pescan pulpo en alta mar frente a la costa asturiana. 

La pesca de pulpo en pedreros para consumo propio es escasa y además "no interfiere" en la comercial. Así lo concluye un reciente estudio de la Consejería de Recursos Naturales, que zanja las quejas de profesionales sobre la pesca recreativa. El trabajo señala que el hábitat de la especie es amplio, hasta 119 metros, y que el pedrero "no supone un área fundamental en su reproducción". Asimismo, los expertos indican que las capturas de pulpo a pie por aficionados "son de baja frecuencia estadística"; de hecho, es raro que cada mariscador extraiga más de dos ejemplares por día. En ello influye que el número de jornadas óptimas de mar son pocas, ya que se necesitan mareas grandes y estas "suceden en reducidas ocasiones". "Hay una vigilancia desproporcionada para la actividad que tenemos. Por culpa de ello muchos ya lo dejaron", critican los deportivos.
Para la elaboración del estudio, el Centro de Experimentación Pesquera utilizó datos de capturas de abril a octubre de 2018 de "pescadores de confianza" y los registros cedidos por un mariscador desde 1984. Los biólogos también se apoyan en una encuesta anterior de 49 personas. Los resultados de aquel trabajo indicaron que solo el 14,3% de los recreativos al pulpo consiguieron capturar un ejemplar y ninguno logró dos o más. Semejantes datos se obtuvieron en el estudio actual, que dice que "la captura de tres pulpos o más puede considerarse un suceso de baja probabilidad". La pesca recreativa, añaden, "tiene su punto crítico de control en el cumplimiento estricto de la talla mínima".
El número de licencias reales de este tipo de pesca es una incógnita. En 2013 había 75.694 y cada mariscador sacaba 0,23 kilos de los pedreros. Pero "no todos estos pescadores tienen como especie objetivo el pulpo, de hecho la mayoría se emplean en la modalidad de caña y no a pie -utilizan un palo con un gancho y cebo-". Hoy en día el número de permisos "excede en mucho a la cifra real", puesto que hasta 2017 había colectivos como los jubilados que podían obtener la licencia con carácter permanente sin renovarla. "En el pulpo seremos 2.000 personas. El estudio demuestra que no estamos haciendo ningún daño ambiental. Tampoco hay problema de recurso con las andaricas y no nos dejan pescarlas", defiende el colectivo.

A esta distancia echen les ñases

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