Mostrando entradas con la etiqueta recuperación económica 2014. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuperación económica 2014. Mostrar todas las entradas

Crecimientu del empléu n'España

0 comentarios
Si acuden a esti artículu de Ignacio de la Torre n'El Confidencial (España crea tanto empleo como EEUU) van ver otra serie de datos que confirmen lo qu'equí yá anunciáramos a mediaos del 2012 y reiteramos a principios d'esti añu, que'l crecimientu diba ser más rápidu y aceleráu de lo que sospechábemos (no de lo que queremos: de lo que tolo mundu decía que diba ser) y de que se diba crear empléu con menos del 2% de crecimientu del PIB. Sustánciolu brevemente.

El martes conocimos que España creó 198.320 nuevos puestos de trabajo (afiliados a la Seguridad Social), uno de los mejores datos de nuestra historia. El indicador equivalente de los Estados Unidos, el de payrolls, lo conoceremos este viernes, pero el dato avanzado, el ADP, estimó ayer que la cifra de creación de empleo en mayo se situó en 179.000. 

L'autor fai dempués un repasu de tolos nuestros "peros" que dificulten la economía y el crecimientu, asi como los "defectos" del tipu de mayoritariu de trabayu que tamos creando. Y prosigue:

A pesar de los peros, tenemos ya suficientes datos positivos en el mercado laboral, y conviene analizar lo que en ellos subyace. Primero, tras varios años de penosos ajustes, el trabajador español es hoy ultracompetitivo, con unos costes por hora trabajada un tercio inferiores a la media de la zona euro y con una productividad por hora trabajada tan sólo un 5% inferior a la media de la zona euro, fenómenos añadidos al número de horas trabajadas, que en España se sitúan en la parte más alta de Occidente; esta competitividad redunda en un incremento de puestos de trabajo en la industria exportadora de bienes (por cada 1% de incremento de exportaciones se crean unos 65.000 trabajos); segundo: el ajuste laboral experimentado entre 2008 y 2012 ha sido excesivo si se tienen en cuenta datos de producción, a medida que la demanda interna se normaliza; una parte de estos puestos de trabajo están siendo creados de nuevo.
Tercero: para crear trabajo es fundamental tener acceso a la financiación, en especial por parte de la pyme, que es la gran protagonista en lo que a creación de empleo respecta; los datos de flujo de nuevo crédito a pymes, así como los de financiación no bancaria a empresas medianas, están subiendo desde el pasado noviembre (por ejemplo, el ICO ha tenido su trimestre más intenso de nuevo crédito de su historia); cuarto: el sector construcción/inmobiliario está a punto de vivir un punto de inflexión; en mayo el sector constructor ha sido el segundo que más puestos de trabajo ha creado; a medida que la iniciación de hogares vuelve a su media histórica (proceso gradual pero inexorable), se creará medio millón de puestos de trabajo; quinto, las exportaciones de servicios alcanzarán en 2014 otro récord histórico, no sólo por el sector turístico, sino por las exportaciones de servicios no turísticos, que crecen a doble dígito.

Hoy en día España necesita un muy pequeño crecimiento de producto interior bruto (PIB) para añadir empleo. España lleva creando empleo neto desde el tercer trimestre de 2013, cuando la economía crecía a un 0,1% intertrimestral (menos de un 0,5% anualizado); hoy nuestra economía crece por encima del 1% anualizado y estamos generando más empleo. Como los datos de liquidez y de actividad (PMI) apuntan a que el crecimiento se está acelerando, los próximos años creceremos por encima del 2%. La repercusión en el mercado laboral sólo puede ser una: fuerte creación de empleo.

CONTAD SI SON CATORCE… MÁS UN «PERO»

0 comentarios
El 03/07/12 decía aquí en La Nueva España: «Terminaré con un pronóstico optimista que vengo anunciando hace tiempo: si, como parece, la situación financiera se estabiliza, hacia finales de este año empezaremos a ver también señales positivas, la detención de la destrucción de empleo y, tímidamente, otro clima inversor». Y a comienzos de este 2014, también aquí: «Y como desde esa fecha llevo procurando trasladar a mis lectores los datos que nos señalan que las cosas van a mejor y negándome, aun con riesgo de errores, a engalanarme con el hábito de prestigio que conceden el escepticismo y el negativismo, voy a aventurar ahora que en el 2014 nuestro crecimiento estará más cerca del 1,5% que del 1% y que a partir del comienzo del segundo semestre se empezará a crear empleo». Pues, ahora, si me permiten ustedes que la constatación de la realidad me escriba el artículo, comienzo. Son todo noticias de mediados de abril para acá:

«El Consejo de Competitividad prevé que la economía crezca un 1,3% este año y un 2% en 2015». «La Comisión Europea (CE) pronostica que España crecerá un 1,1% en 2014 y un 2,1% el año que viene». «La economía española creció el 0,4% en el primer trimestre, según el Banco de España». «El paro baja en 111.565 personas y se crean 133.765 empleos en el mes de abril». «Fitch sigue los pasos de Moody's y mejora también un escalón el «rating» de España». «España coloca 5.575 millones en bonos y obligaciones con los intereses en mínimos». «La prima de riesgo baja de los 150 puntos básicos». «España coloca 3.057 millones y rebaja el interés en las letras a 9 meses». «El interés del bono a 10 años, por debajo del 3% por primera vez desde 2005». «La deuda financiera de las familias baja a niveles de 2006». «La morosidad bancaria suma dos meses de caídas». «Disminuyen los impagos y recortan los plazos de pago».

«España recibe 10,1 millones de turistas hasta marzo, un 7,2% más que en 2013». «Las matriculaciones de turismos aumentan un 28,7% en abril». «La creación de empresas sube un 6,23% en el primer trimestre del año». «Hasta marzo se han constituido en España 27.441 sociedades mercantiles y se han disuelto 9.011, según el Colegio de Registradores de España». «Un tercio de los autónomos prevé contratar nuevo personal durante este año».


Podríamos dar más. Es suficiente para poder decir, al respecto de nuestros pronósticos, aquello de Lope: «contad si son catorce y ya está hecho». Y previsiblemente, las cosas seguirán en esa senda y de forma acelerada. Ahora bien, como he dicho otras veces también, hay algún «si», un «marco» y un enorme «pero». Sí si no ocurre una catástrofe política, interna (Cataluña) o internacional (Ucrania). Un marco: no se trata tanto de recuperar el empleo destruido, cuanto de recuperar mercados y volver a compensar los muchos miles de empresas destruidas. Solo entonces habrá empleo abundante y con mejores salarios. En otras palabras no es que, como canturrean, «sin empleo de calidad no hay recuperación», sino que si no hay recuperación —de empresas, de mercados, económica— no habrá empleo de calidad.

Un grave «pero», finalmente. Me aborda un empresario amigo, que tiene una empresa de décadas de antigüedad. El último mes, el coste de la seguridad social de su ya único asalariado (de años) ha subido, sobre una base de cotización de 2.100 euros, de 840 euros a 914 euros. En una situación de escasos ingresos, con las cuentas ya al límite, posiblemente esa nueva subida ponga en muy difícil situación ese empleo. Es un ejemplo concreto y vivo que refleja la situación general de los altísimos costes para la empresa de las cotizaciones de los empleados. Hace falta aquí una intervención rápida y decidida, sin la cual no sólo se destruirán empleos, sino que se pondrán en peligro empresas —que es más grave—. No digo nada nuevo. Sé que es una demanda antigua de todos los empresarios y aquí ha sido reiterada. Tengan en cuenta que los costes «sociales» de cada trabajador son en España de los más altos de Europa.

No se me oculta tampoco que es difícil cuadrar cuentas: reducir el déficit, bajar el IRPF, realizar anticipos para deudores y comunidades, atender el paro, pagar la deuda, cubrir las pensiones y el déficit de la seguridad social, todo ello, además, con una no muy eficaz capacidad recaudatoria del Estado. Pero el gran salto de crecimiento y de empleo no se podrá dar sin esos recortes de los costos de la seguridad social por trabajador. Sin eso, y sin alguna precisión jurídica mayor en las leyes laborales, de modo que no queden algunas situaciones al libre albedrío de algún Robin Hood. Porque cuando eso ocurre, al éxito y la alegría de los ganadores, lo acompaña la retracción de un número no pequeño de inversores que se cuidan mucho de correr un riesgo cuyos límites dependen más del azar que de la ley, de las obligaciones aparentemente contraídas o de la racionalidad.