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Güei, en La Nueva España: "No es fraude todo lo que reluce"

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)

L'aprecederu

No es fraude todo lo que reluce

25.08.2016 | 03:02
No es fraude todo lo que reluce
Reiteradamente aparecen en la prensa de toda España noticias semejantes a esta (LA NUEVA ESPAÑA, 27/07/16): "Hacienda ya localizó desde el aire 27.632 construcciones que no pagan IBI". Naturalmente, la impresión del lector es la de que está rodeado de miles de defraudadores, ¡que además ocultan nada menos que construcciones! Ello es así sólo relativamente. En muchos casos, el origen o responsabilidad de la irregularidad es la propia Administración.
En el año 2013 entró en vigor una regularización catastral que se extiende hasta hoy. Por medio de fotografías aéreas y a través de empresas que visitasen el terreno palmo a palmo, Hacienda se puso a revisar todas aquellas construcciones o reformas que no estuviesen censadas en el catastro. La finalidad: dotar de más medios a los ayuntamientos ante la caída de otros ingresos. Y se ha cumplido: desde 2007 los ingresos por el IBI se han duplicado. Es decir, a los ciudadanos con casa les extraen el doble de dinero. Ante la escasa creación de nueva riqueza y el aumento de los gastos (caprichosos o no) del Estado, las arcas públicas sangran la riqueza creada con el trabajo.
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Los profesionales declaran en el Principado la mitad de ingresos que los asalariados

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Estamos ante uno de los mayores escándalos de la vida colectiva: los profesionales (autónomos, médicos no asalariados, abogados, arquitectos, comerciantes, etc.) declaran la mitad de ingresos que los asalariados. O, en otros términos, la mayoría de los ricos son pobres de solemnidad.

Y no es de ahora. Quien, por ejemplo, trabajando en un centro de enseñanza cuya parroquia sean las clases medias y altas haya examinado las declaraciones de ingresos que las familias realizan para la baremación de sus hijos en la inscripción en el centro habrá sentido unas irresistibles ganas de dar algunos euros diarios de subsidio a quienes manejan coches de más de 50.000 € y viven en chalets. ¡Pobres!

Es este uno de los mayores escándalos de nuestra sociedad. Y una de las mayores injusticias.

Caben varias reflexiones, pero permítanme solo una: cuando los partidos y los gobiernos hablan de subir los impuestos a los ricos, lo que dicen en realidad -y lo saben- es que van a subir los impuestos a los desgraciados de los asalariados.

¿Los ricos? ¡Si son todos pobres!

Pinchen, vean, cabréense y hagan algo con su voto: