Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Aires de astracanada
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
AIRES DE ATRACANADA
Yo no sé si se darán cuenta nuestros representantes en la Xunta, pero si ya los ciudadanos tienen en poco la institución y a los diputados, algunas actuaciones tienen tal aire de astracanada que no pueden dejar de rebajar la imagen que de nuestro Parlamento tiene una parte amplia de la opinión.
Todos los parlamentos tienen instituidos unos meses de descanso legislativo. La finalidad no es la de procurar la molicie de los parlamentarios, sino la de establecer períodos de sosiego político, de pacificación de la incesante pelea diaria. Ahora bien, es inevitable que el público, en general, lo vea como un ocio injustificable (si lo pensasen bien los ciudadanos, desearían que el ayuno legislativo durase más, ¡cuánto ganaríamos con menos leyes y, las que llegasen a tales, más pensadas!).
El Gobiernu ha pedido que nuestra Cámara legislativa habilite el mes de julio para continuar con el trámite de leyes que estima muy importantes y que, de no producirse esa habilitación, podrían no llegar a término esta legislatura. De momento, una parte de la oposición, PP, IU, Vox y Podemos, lo ha impedido. Alegan motivos varios, pero uno central: el Gobiernu no ha cumplido en esa materia, se ha comportado “como un mal estudiante”, que se acuerda de los exámenes la víspera de los mismos.
Puede que los partidos que se oponen a esa apertura extraordinaria tengan toda la razón del mundo, ¿pero se dan cuenta de cómo se ve esa actitud entre los ciudadanos? Únicamente como la de que quieren cobrar y no trabajar, como una auténtica astracanada.
En otro ámbito, en el del mérito y la dignidad, Siero ha hecho a Nacho Fonseca “hijo predilecto”. Fonseca merece más, el reconocimiento de toda Asturies por su labor en pro de la música, la música infantil y en la escuela, el amor a nuestra lengua, que une a sus canciones. Dende equí, gracies y norabona.
Xuan Xosé Sánchez Vicente
Xente xente
(Asoleyóse en La Nueva España del 01/07/2019)
L’APRECEDERU
XENTE XENTE
LA NUEVA ESPAÑA dedica su último serial biográfico a Nacho Fonseca, maestro y,
sobre todo, “inventor” de la música infantil en lengua asturiana, con el grupo porruano
Seliquín, primero, después con el sierense Xentiquina.
En esa exitosa aventura, lo acompañaron su mujer, Aurora, y su hija, Esther. Y miles de
asturianos. Este domingo, cuando leía la primera entrega del serial, me sobrevino una de
aquellas sus prestosas canciones, La moto que tien Pachín / ye una moto de primera, / tien les
ruedes de madera / y l’asientu de tocín… Con ella y con otras muchas de su estro entretuvimos
a nuestros hijos, que, a su vez, la transmitieron a los suyos, nuestros nietos, si bien es cierto
que estos son hoy más de las letras y músicas de Petit Pop.
Antes de la “invención” de Fonseca, los ciudadanos no disponíamos de música para
cantar en nuestra lengua a nuestros pequeños, disponíamos, eso sí, de mucha música
tradicional, pero no de composiciones afayaíces para la infancia. Quede aquí constancia de
nuestro agradecimiento.
En su entrevista por este periódico apunta el profesor que para que se cumpliese el
milagro de “hacer un disco con niños en la Asturias del 86” tuvo el impulso del entonces
Presidente, Pedro de Silva, y del director de Educación, Antonio Trevín.
He dejado arriba constancia del agradecimiento de muchos padres a Nacho Fonseca
por su obra. Ese agradecimiento se le debe también desde la cultura en llingua asturiana, para
la que es valioso apoyo su trabajo.
Nacho Fonseca es, por todo ello, xente xente, como lo son otros que, sin ser
específicamente asturianistas, como los señores Silva o Trevín, saben apreciar nuestra cultura
y darle apoyo.
Su comportamiento contrasta con el de la xentecaya, esa gente que minusvalora y
desprecia lo nuestro y cree que defenderlo y ponerlo en valor equivale casi a convertir la
catedral en los establos de Augias.
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