Arcos la vieya

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El 27/07/13, segundos dempués d'abocanar el bastiazu. En Güerres, tres el potru.






Viborera

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Y el so guapu collor, el 22/07/13. En Colunga.



El refalfiu y la mala crianza (o'l mundu que nos espera)

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O quiciabis nun fala d'eso, sinón de los fatos que los criaren y que los tán criando. ¿De qué falo? Escuchailo:

Xueves día 8, Colunga día de mercáu. Al pie la Ilesia tán un grupu de persones que vende y rifen coses pa les misiones de Benín y que se ponen ehí pa toles feches. Acercámonos pa compra-yos un daqué como siempre facemos la mio muyer y yo. Vende plantes, lloteria Ñavidá, mermelaes caseres, canela en palu de verdá...

De repente pasa al pie nuestru una tropiella rapacetos d'ente diecisiete y quince años y una d'elles diz al altu la lleva (naturalmente, en ...) "¡Qué asco!", y da un sáltatepatrás xunto con otres dos mozaques que griten lo mesmo a continuación, pero más baxo. Yo de mano pensé que dalgún de los rapazos soltara un fumiacu, pero nun ficieren ningún comentariu d'eso y miraben pa les escaleres de la ilesia, onde yo nun veía nada pa gritar asina.

Pero, ¡ai amigu!, al poco pasen dos rapacetes de menor edá, como de dolce años y griten lo mesmo, "¡qué asco!" (tamién en c...) y dan otru saltu apartándose pa un llau. Y agora sí, agora vilo claro: lo que-yos provocaba un ascu tan grande y -yos afalaba unes esclamaciones d'esa mena yera ¡un pitu vivu!, un gallu magníficu que taba vivu nuna xaula.

Eso ye refalfiu y fatura. Eso ye parte'l futuru. Pero son, sobre too, los fatos que los eduquen.






Claveles turcos mariellos con hortensies

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Y hortensies.

En La Miñota, el 14/07/13.




GRANDEZA Y MISERIA DE COVADONGA

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Sobre Covadonga podemos fijar la mirada de muchas maneras: patrióticas, religiosas, históricas, contemporáneas. Veamos algunas de ellas.

La primera y más notable es sin duda la relacionada con el primer rey asturiano, Pelayo. En el entorno de Covadonga debió darse un encuentro de mayor o menor intensidad entre las tropas mahometanas y un grupo de asturianos que se oponían a su pretensión de dominio. Ese lance de armas supuso, en primer lugar, un freno a la expansión de los árabes y el islam. En alguna medida, pues, constituye un episodio fundamental en la construcción de la Europa moderna. De forma más inmediata, las consecuencias del choque suponen la gestación del estado o reino asturiano, que, durante más de un siglo, creará su propio arte, crecerá hacia el oeste, el sur y el este, hará nacer el potente foco religioso de Santiago de Compostela y, ulteriormente, verá surgir en su frontera oriental el condado de Castilla, el territorio que constituirá el eje futuro de la política española. La conciencia de esa singularidad histórica de comienzo ex novo la subrayan los asturianos inmediatamente posteriores. Así, la Crónica Pelayana, para la cual los asturianos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios («Escoyó Dios Asturies y per tol redol d’Asturies punxo unos montes firmísimos, y ye’l Señor el protector del so pueblu dende entós, agora y mientres el mundu durar»), o el testamento del Rey Casto, que señala que la victoria de Pelayo «defendió enalteciéndolo al pueblo asturiano y cristiano» («asturiano», no otro).

Desde el primer momento, pues, Covadonga presenta la conjunción de lo político y lo religioso, aunque, en la práctica, el significado político del lugar no se tradujese en el boato monumental y la trascendencia social que acompaña a otros centros religiosos de condición excepcional, y menos a los que unen a su carácter religioso una impronta política. Puede, al respecto, percibirse una cierta decepción en las palabras de Ambrosio de Morales durante su visita en 1572 al lugar o recordarse la exclamación del obispo Sanz y Forés en el XIX: «¡Pero esto es Covadonga?». Pues en efecto, es únicamente con Carlos III cuando los ilustrados, embarcados en un proyecto de enaltecimiento de España, comienzan a pensar en dotar a Covadonga de suntuosidad monumental, al tiempo que tratan de convertir en emblema del origen de lo español a Pelayo y Covadonga. Ahora bien, no es hasta el último tramo del XIX, con la restauración canovista —con nuestro Alejandro Pidal y Mon por el medio, así como Roberto Frasinelli y el ya citado Sanz y Forés— cuando se pone en pie la actual basílica y se engrandece el entorno de la cueva.

Pero es que tampoco desde el ámbito estrictamente eclesiástico recibe Covadonga una atención exquisita, pues es solo en 1873, con el papa Pío IX, cuando la diócesis adquiere misa y oficio propios de Nuestra Señora de Covadonga, y es en esa fecha cuando se señala el 8 de septiembre como la de la festividad. También en ese momento se concede la indulgencia plenaria a los fieles que ese día o los ocho siguientes visiten la capilla de la cueva. No debe olvidarse, además, que aun hoy en día, y pese a su conocimiento y significación, Covadonga compite en «popularidad» con muchos otros santuarios locales a lo largo de todo el país, muy notablemente, el propio 8 de septiembre.

Aunque en otro orden de cosas, Covadonga establece a su alrededor otro espacio de sacralidad, el de la sacralidad de la naturaleza, si es que se acepta el concepto, con la creación del primer parque nacional de España.

Ahora bien, al margen de lo antedicho, la célula madre del Reino Astur es asimismo paradigma o espejo de la propia tierra. La incapacidad de hacer de ella un potente emblema de lo colectivo; la desatención que padeció durante tantos siglos; la competencia con otros santuarios locales, tan característica de nuestro fraccionamiento como país, de esa miopía que nos impide ver más allá de nuestro valle o concejo, en lo interior, pero percibir agigantado lo exterior; incluso, en el ámbito medioambiental, el disparate de la ampliación y gestión del parque para seguir discursos foráneos, perjudicando, como consecuencia, a paisanos y vecinos; todo ello es tan asturiano, tan nuestro, que, aunque solo fuese por ello, habría que ver a Covadonga como el más entrañable de nuestros yos.

¿He dicho «la desatención que padeció durante tantos siglos»? He dicho mal, no es únicamente pasado, es presente. Descuidada en los servicios para los visitantes, con una terrible dejadez en los caminos para llegar a ella y en su entorno, convertidas las promesas para su mejora en otras tantas de les «pómpares de xabón» a que la Administración asturiana nos tiene acostumbrados, desaprovechados el santuario y su entorno para nuestra promoción turística o para contentar adecuadamente a los visitantes, hoy mismo el viajero sufre ante ella la decepción de Ambrosio de Morales y podría exclamar las mismas palabras de Sanz y Forés arriba citadas: «¡Pero esto es Covadonga?»

Pues sí, efectivamente, es Asturies.

matacabres

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Nombre científico o latino: Osteospermum ecklonis
- Sinónimo: Dimorphoteca ecklonis
- Nombre común o vulgar: dimorfoteca, matacabres, estrella polar, margarita del Cabo, caléndula del Cabo.
- Familia: Asteraceae.
- Origen: Sudáfrica.
- Planta herbácea de hoja perenne o anual.
- Es una planta perenne de porte erguido moderadamente resistente.
- Altura: 45 cm. Puede alcanzar hasta 1 m.
- Hojas verdes, ovales y tormentosas.
- Produce flores con forma similar al de las margaritas, es decir, con un centro más oscuro y numerosos pétalos blancos.
- Florece en primavera y verano.


La semeya, en La Miñota, Güerres, el 16/07/13.

Claveles turcos naranxa

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El 14/07/13. La Miñota, Güerres.


Abriendo la boca y dejando fluir

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La frase exacta asturiana para el concepto preciso que quiero expresar es «decir bocayaes». Tiene sus sinónimos, pero pertenecen a un nivel del habla un poco más ofensivo. Pues bien, por el mundo corren innúmeras formulillas que parecen sesudos juicios y que no son más que una bocayada. No obstante ruedan por ahí como si tuviesen la precisión de la definición oficial, desde 1983, de la medida de la unidad llamada metro, que es la distancia que recorre la luz en el vacío durante determinada fracción de un segundo. He aquí una muestra, con la fecha de una de sus concretas formulaciones (12/06/2013), su formuladora (Silvia Escolar Moreno) y su cargo (exembajadora en misión especial para los Derechos Humanos): «Los nacionalismos siempre son discursos de miedo e insolidaridad».

Es decir que lo que doña Silvia hace es, por ejemplo, realizar una acerba crítica sobre los procesos de construcción nacional de Alemania, Italia o Grecia, y apuntar lo perverso de la actitud de individuos como los hermanos Grimm, Herder o Von Humbolt; lo grotesco de la voluntad de Verdi o Garibaldi; lo insolidario de lord Byron cuando fue a entregar su vida por Grecia (en cuyo episodio, por cierto, andaría mezclado, aunque en la distancia, el Eugenio de Aviraneta barojiano). Y, a contrario sensu, doña Silvia alaba lo bien que estaba Alemania dividida en 39 estados; lo conveniente que hubiese sido que Italia siguiese con Francia o Austria metiendo allí sus narices y con el papado gobernando una parte del territorio; o lo felices que vivían los griegos bajo el imperio otomano.

A la que fue embajadora en misión especial para los Derechos Humanos seguramente le resultará ridícula ya no la figura del Mahatma Gandhi con sus gafitas y su braguerito o pololitos, sino su pretensión de que los súbditos de Su Majestad Jorge VI tuviesen que perder el territorio indio. Y, del mismo modo, tendrá una concepción negativa de los procesos que llevaron en la segunda mitad del XX a constituirse en estados, bajo base nacional o plurinacional, a territorios antes colonizados por europeos en África o en Asia. Supongo, asimismo, que su juicio tendrá por deplorable la conversión en naciones, a lo largo del XIX, de los antiguos territorios del Imperio Español en América.

¿Y qué del propio nacionalismo español? Por ejemplo, de aquel que, con su primera llamada en Asturies, se moviliza contra la invasión napoleónica. Probablemente lo juzgará —al igual que algunos intelectuales hoy— como un movimiento de miedo e ingratitud. ¡Porque mira que no agradecerle al Corso que nos trajese la modernidad, el Código Civil y la organización provincial, a cambio de llevarse unos tesorillos pictóricos o escultóricos, un puñado de libros viejos, unos cuantos carros de joyas y oro y algunos virgos!

Hermana gemela de esa bocayadita es aquella otra atribuida a Pío Baroja, la de que «el nacionalismo se cura viajando». ¿Quién la dice? Pues podría ser, como sucede a menudo, un socialista (vale decir un comunista). Pero no un socialista de estos pos God Badesberg o tras Congreso Extraordinario de 1979, no un socialista (valga comunista) de esos que son una especie de bondadosas damas del ropero laicas, sino uno de verdad, partidario de la propiedad colectiva de los medios de producción, la desaparición de las clases sociales, y la eliminación de la democracia burguesa (de la democracia, a secas). Es decir, un partidario del socialismo-socialismo, del socialismo stricto sensu. Atendamos: Cuba y Fidel, Rusia y Stalin, Corea y sus Kim, China y su Mao, Camboya y Pol Pot… Dondequiera que florece (o «cactusece», más bien), siempre lo mismo. Aceptémoselo: «El nacionalismo se cura viajando». Pero repliquémosle: «El socialismo, ni viéndolo». Y es que la fe consiste en eso: en negar lo que vemos; o, mejor aún, en negarnos a ver lo que tenemos delante para no negarnos a ver lo que vemos.

En todo caso, y volviendo a esas formulillas vacuas que pretenden presentarse como verdades incontrovertibles, repararán ustedes en que, examinadas con cuidado y contrastadas con el mundo, la mayoría de ellas no pueden dejar de suscitarnos una cierta hilaridad y, acaso, una cierta compasión por quien las regurgita. Pero seamos comprensivos: nuestro cerebro y nuestro ánimo no pueden vivir sin la construcción de mitos, de relatos y constructos fabulosos, no muy diferentes de aquello que se troqueló como «los cuentos que cuentan las viejas junto al fuego». Claro que debemos revestirlos de la aparente gravedad de lo racional y objetivo, de la pompa solemne de lo trascendente, para poder sobrellevarnos a nosotros mismos (y, a veces, de paso, engañar a otros).

Dalies encarnaes

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El 16/07/13. La Cuesta La Portiella,  La Peruyal. Güerres.

Estrella polar

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Nombre científico o latino: Osteospermum ecklonis
- Sinónimo: Dimorphoteca ecklonis
- Nombre común o vulgar: dimorfoteca, matacabres, estrella polar, margarita del Cabo, caléndula del Cabo.
- Familia: Asteraceae.
- Origen: Sudáfrica.
- Planta herbácea de hoja perenne o anual.
- Es una planta perenne de porte erguido moderadamente resistente.
- Altura: 45 cm. Puede alcanzar hasta 1 m.
- Hojas verdes, ovales y tormentosas.
- Produce flores con forma similar al de las margaritas, es decir, con un centro más oscuro y numerosos pétalos blancos.
- Florece en primavera y verano.



En La Miñota, Güerres, el 16/07/13.