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Güei na Nueva España: Bocayaes

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Sobre los tópicos ensin xacíu que, una y otra vegada, traten d'esplicar el mundu. Doi, como siempre los primeros párrafos del artículu:


Bocayaes

Enunciados que no se corresponden con la realidad

30.04.2015 | 04:33
Bocayaes
La proposición, muy frecuentemente enunciada, dice más o menos así: "El poder (o los poderes) hace todo lo posible para que los ciudadanos no piensen por su cuenta". Los que la emiten son intelectuales, artistas, profesores, historiadores y algunos políticos, especialmente de izquierdas.
Uno no sabe muy bien quién o qué es ese "poder" ahí enunciado, pero no puede evitar el pensar en una conjura mundial de tipos reunidos en una espelunca siniestra, como los hebdomadarios de El hombre que fue Jueves o los malvados de Superman, Spiderman o Batman, confabulándose para buscar los medios de que todos y cada uno de los habitantes de este mundo no piensen ("por su cuenta" es, en realidad, una redundancia). Y, claro, un cierto temor recorre sus huesos.
Pero luego basta con mirar a la realidad y echar algunas cuentas para prorrumpir en carcajadas. En las últimas cuatro décadas, por ejemplo, la enseñanza se ha hecho universal y, de una enseñanza primaria de saber cuentas y escribir hasta los diez años, se ha pasado a la instrucción para todos de forma gratuita, primero, hasta los 14 años y, luego, hasta los 16. ¿Es esta la manera que el poder (¿los políticos, los banqueros, los militares, la Iglesia?) tiene de evitar que la gente piense? ¿Instruyéndolos? Curiosa manera. Tal vez los emisores de la proposición supongan que los ciudadanos analfabetos o instruidos únicamente de forma muy elemental están más capacitados para pensar autónomamente que aquellos que han recibido instrucción, formación e información.
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Bocayaes (I)

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Con frecuencia sentimos: "hai que cambiar el modelu económicu (o productivu)" o les sos variantes: "el Gobiernu nun fai nada por camudar el modelu económicu", etc.
Bocayada.
Naide puede cambiar el modelu económicu. El Gobiernu nun puede cambiar el modelu económicu (o productivu). Son los axentes económicos, los empresarios, les empreses, los que van camudando, si acasu, el status quo económicu, y faenlo si nun ganen perres no que les están ganando o si van amenorgando la so capacidá de ser competitivos (primera condición), y si tienen, pa pegar el saltu a otres actividaes, los conocimientos, la tecnoloxía y el capital necesariu.
Pero nun se puede camudar de modelu económicu como se camuda de chaqueta, nin se fai mediante una inserción nel BOE (o nel BOPA). Además, los gobiernos NUN PUEDEN (nun pueden, digo, que significa "ser pa ello" non "deber") cambiar el modelu productivu: nin son pa saber qué ye lo que fai falta nel futuru, nin, de sabelo, pa diseñalo o ponelo en práctica. NINGÚN GOBIERNU (salvo que sea un gobiernu totalitariu, como'l de Cuba, Corea del Norte, la URSS, etc. y fabrique entós calcetos que naide quier y dexe de fabricar bufandes azules, poles que tol mundu nagua, por un decir) PUEDE.
Y toles esperiencies parciales nesi sentíu (como bien sabemos n'Asturies) de xente que "planifica" dende l'Alministración y la burocracia nun son más que desastres económicos, eso sí, qu'abelluguen amigos y enchufaos y anicien grupos de presión, sindicatos y colectivos sociales.
¿Y por qué cree vusté que dende'l 2002 vien diciendo'l PSOE que hai que camudar el modelu económicu -con aquellos dos pintorescos Rodríguez Zapatero y Miguel Sebastián Gascón atestoniando nello tol día, como agora lo repite Pedro Sánchez- y nun lo fizo? 
PORQUE YE UNA BOCAYADA



Falando con PRISA (I)

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O de PRISA. Esto ye lo qu'asoeyaba EL País el 10 d'agostu de 1984. Naturalmente, el so corresponsal, Miguel Somovilla, falaba'l llinguaxe que sabía d'equí (esto ye, repetía los tópicos y les bocayaes qu'equi diz y decía la progresía centraliega, el discursu dominante) y el que sabía que queríen sentir en Madrid los suyos: PRISA, el PSOE, la progresía en xeneral, etc.

Ehí va'l testu, y nun pierdan el de mañana. Por cierto, atentos a les palabres del conseyeru d'entós, don Pedro Piñera (sí, don Pedro Piñera). Era presidente del Gobiernu don Pedro de Silva. ¡Llean, llean!

(Mañana cuénto-yos una anécdota d'un Congresu de Llingües en Valencia...)


ASTURIAS

Los bablistas radicalizados combaten con aerosol los topónimos castellanos escritos en calles y carreteras


Encontrar la indicación de Oviedo en la señalización viaria de las carreteras y calles asturianas se ha convertido últimamente en una auténtica odisea. Desde hace dos meses, centenares de rótulos aparecen con los topónimos castellanos tachados con pintura negra, como consecuencia de una intensa campaña que nadie ha asumido, pero que se atribuye a grupos, radicalizados de bablistas (defensores del diálecto blable como lengua asturiana).La acción no está dirigida únicamente contra la denominación castellana de la capital asturiana, (Uviéu en bable). Pero éste ha sido uno de los principales blancos de las pintadas, tras conocerse la oposición personal del alcalde de la ciudad, el socialista Antonio Masip, a cambiar el nombre. Gijón (Xixón) y Langreo (Llangreu) son otros dos de los municipios afectados por los efectos del spray, que se extienden por casi toda la red viaria asturiana.

Lluis Xabel Álvarez, profesor de Filosofía en la Universidad de Oviedo y miembro de la Academia de la Llingua Asturiana, recuerda que "hace ya casi 10 años que comenzó este tipo de acciones reivindicativas en favor del bable. No eran entonces tan generalizadas como en esta ocasión, y no consistían, como ahora, en tapar los rótulos, sino en escribir sobre ellos la denominación bable. Se trata, en cualquier caso, de un síntoma claro,de dinamismo popular en favor de la cultura asturiana. Yo no estoy de acuerdo, con el procedimiento, porque estimo que todo deterioro de un bien público, y las señalas viarias lo son, es cuestionable. Pero creo también que con una política autonómica más definida del Gobierno asturiano, que parece ir siempre a rastras en las cuestiones culturales, se evitarían situaciones como éstas".

Pedro Piñera, consejero de turismo y obras públicas del Gobierno, socialista, del Principado, discrepa de estas interpretaciones y asegura que el Ejecutivo asturiano "apoya el bable mucho más de lo que la gente cree". A, juicio del consejero, que a finales de este año tendrá transferidas todas las carreteras asturianas, gran parte de las cuales aún dependen del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU), "tachar los rótulos es una falta de consideración para con nuestros visitantes, que son muchos ahora en verano. Estas acciones generalizadas están ocasionando un grave trastorno a los turistas, que son sus víctimas principales. También se está pro duciendo un apreciable perjuicio economico, pues son centenares los indicadores que se han inutilizado, con un costo medio de 15.000 pesetas cada uno".

El Gobierno asturiano pretende adaptar al bable las denominaciones de los principales lugares y localidades de los 78 municipios de la región, aunque gradualmente: "En aquellos casos en que haya dificultad o gran diferencia entre el topónimo bable y el castellano, las indicaciones serán biligües". Aun así, el primer paso se producirá ya este mismo mes, con la colocación de casi 600 rótulos con los topónimos de lasplayas y de algunos lugares turísticos en bable.

Abriendo la boca y dejando fluir

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La frase exacta asturiana para el concepto preciso que quiero expresar es «decir bocayaes». Tiene sus sinónimos, pero pertenecen a un nivel del habla un poco más ofensivo. Pues bien, por el mundo corren innúmeras formulillas que parecen sesudos juicios y que no son más que una bocayada. No obstante ruedan por ahí como si tuviesen la precisión de la definición oficial, desde 1983, de la medida de la unidad llamada metro, que es la distancia que recorre la luz en el vacío durante determinada fracción de un segundo. He aquí una muestra, con la fecha de una de sus concretas formulaciones (12/06/2013), su formuladora (Silvia Escolar Moreno) y su cargo (exembajadora en misión especial para los Derechos Humanos): «Los nacionalismos siempre son discursos de miedo e insolidaridad».

Es decir que lo que doña Silvia hace es, por ejemplo, realizar una acerba crítica sobre los procesos de construcción nacional de Alemania, Italia o Grecia, y apuntar lo perverso de la actitud de individuos como los hermanos Grimm, Herder o Von Humbolt; lo grotesco de la voluntad de Verdi o Garibaldi; lo insolidario de lord Byron cuando fue a entregar su vida por Grecia (en cuyo episodio, por cierto, andaría mezclado, aunque en la distancia, el Eugenio de Aviraneta barojiano). Y, a contrario sensu, doña Silvia alaba lo bien que estaba Alemania dividida en 39 estados; lo conveniente que hubiese sido que Italia siguiese con Francia o Austria metiendo allí sus narices y con el papado gobernando una parte del territorio; o lo felices que vivían los griegos bajo el imperio otomano.

A la que fue embajadora en misión especial para los Derechos Humanos seguramente le resultará ridícula ya no la figura del Mahatma Gandhi con sus gafitas y su braguerito o pololitos, sino su pretensión de que los súbditos de Su Majestad Jorge VI tuviesen que perder el territorio indio. Y, del mismo modo, tendrá una concepción negativa de los procesos que llevaron en la segunda mitad del XX a constituirse en estados, bajo base nacional o plurinacional, a territorios antes colonizados por europeos en África o en Asia. Supongo, asimismo, que su juicio tendrá por deplorable la conversión en naciones, a lo largo del XIX, de los antiguos territorios del Imperio Español en América.

¿Y qué del propio nacionalismo español? Por ejemplo, de aquel que, con su primera llamada en Asturies, se moviliza contra la invasión napoleónica. Probablemente lo juzgará —al igual que algunos intelectuales hoy— como un movimiento de miedo e ingratitud. ¡Porque mira que no agradecerle al Corso que nos trajese la modernidad, el Código Civil y la organización provincial, a cambio de llevarse unos tesorillos pictóricos o escultóricos, un puñado de libros viejos, unos cuantos carros de joyas y oro y algunos virgos!

Hermana gemela de esa bocayadita es aquella otra atribuida a Pío Baroja, la de que «el nacionalismo se cura viajando». ¿Quién la dice? Pues podría ser, como sucede a menudo, un socialista (vale decir un comunista). Pero no un socialista de estos pos God Badesberg o tras Congreso Extraordinario de 1979, no un socialista (valga comunista) de esos que son una especie de bondadosas damas del ropero laicas, sino uno de verdad, partidario de la propiedad colectiva de los medios de producción, la desaparición de las clases sociales, y la eliminación de la democracia burguesa (de la democracia, a secas). Es decir, un partidario del socialismo-socialismo, del socialismo stricto sensu. Atendamos: Cuba y Fidel, Rusia y Stalin, Corea y sus Kim, China y su Mao, Camboya y Pol Pot… Dondequiera que florece (o «cactusece», más bien), siempre lo mismo. Aceptémoselo: «El nacionalismo se cura viajando». Pero repliquémosle: «El socialismo, ni viéndolo». Y es que la fe consiste en eso: en negar lo que vemos; o, mejor aún, en negarnos a ver lo que tenemos delante para no negarnos a ver lo que vemos.

En todo caso, y volviendo a esas formulillas vacuas que pretenden presentarse como verdades incontrovertibles, repararán ustedes en que, examinadas con cuidado y contrastadas con el mundo, la mayoría de ellas no pueden dejar de suscitarnos una cierta hilaridad y, acaso, una cierta compasión por quien las regurgita. Pero seamos comprensivos: nuestro cerebro y nuestro ánimo no pueden vivir sin la construcción de mitos, de relatos y constructos fabulosos, no muy diferentes de aquello que se troqueló como «los cuentos que cuentan las viejas junto al fuego». Claro que debemos revestirlos de la aparente gravedad de lo racional y objetivo, de la pompa solemne de lo trascendente, para poder sobrellevarnos a nosotros mismos (y, a veces, de paso, engañar a otros).

CANTAMAÑANES, BOCAYAES, DEMAGOGOS, FRAILES

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PELÍCULA, con cantamañanes en el reparto, les bocayaes como argumento y la demagogia como música enajenadora de los votantes: 2001, Ley de estabilidad presupuestaria del PP. Limita el déficit del Estado central y de las comunidades. Si acuden ustedes a las hemerotecas, verán cuándo dijeron contra ella IU, PSOE, la progresería, PNV, CiU y muchos de los que ahora piden estabilidad presupuestaria. 2004, el PSOE, con el apoyo de los anteriores y jaleado por la progresería, deroga la citada Ley. 2010, Zapatero: «Nunca pactaré con el PP, por razones ideológicas» (bocayada, por cierto, que, en cualquier país serio, hubiera bastado para que sus votantes vomitasen y sus conmilitones lo echasen a patadas de La Moncloa). En el tránsito hacia el 2011, el PP vuelve a plantear la normativa en las Cortes, pretendiendo introducirla en la Constitución, Rubalcaba se burlaba: «Como todos sabemos, la Constitución es una ley que se cambia fácilmente y en un plis, plas nos arregla la crisis», y preguntaba a Rajoy si «tiene algo más que decir, además de la idea genial de cambiar la Constitución». 2011, inopinadamente y en horas veinticuatro, Zapatero pacta con Rajoy la modificación de la Constitución para introducir en ella la estabilidad presupuestaria. Rubalcaba lo apoya, y hasta presume de ser ahormador del texto definitivo. Y, otra perla, también de Alfredo Pérez: «¿Quién ha dicho que sea de izquierdas endeudarse?». Pues, a juzgar por lo que hasta ahora ha hecho el PSOE y lo que glayen quienes que dicen que son la izquierda verdadera —sindical y política—, tal parece.

ENCICLOPEDIA DE LES BOCAYAES. Es evidente que, si se hubiera mantenido una cierta estabilidad presupuestaria, la modificación constitucional no se hubiese planteado; pero, dicho eso, ¿por qué se hace? Porque el BCE está comprando deuda española para evitar nuestra quiebra o unos intereses excesivamente elevados. El BCE incumple así su única función constitucional —la estabilidad de los precios—, y, de forma indirecta, aumenta el dinero en circulación y, por tanto, introduce variaciones en el valor de la moneda y, a la larga, potencialmente, inflación e inestabilidad que alguien tendrá que pagar si falla España. ¿Podría haberse resuelto la cuestión de la estabilidad sin modificar la Constitución? Sí, pero evidentemente, nuestros avalistas, Francia y Alemania, quieren las máximas garantías, la inclusión en la Carta Magna.
Por otra parte, ¿qué es lo que han aprobado PP y PSOE? Pues, salvo ese gesto, poca cosa. La concreción de la limitación se fía a una ley posterior que se puede cambiar por mayoría simple; en todo caso, los límites del déficit y de la emisión de deuda se enmarcan en los generales de la UE; existen excepciones a la horma de déficit y deuda para supuestos extraordinarios; los presupuestos futuros se podrían presentar como equilibrados falsificando las cifras; la entrada plena en vigor de las limitaciones es para el 2020, y, de hoy a esa fecha, puede pasar de todo, etc. Es decir, poca cosa para tanto ruido.

¿La limitación del déficit ataca al estado del bienestar, a las prestaciones sociales? Para nada. Se pueden subir los impuestos, por ejemplo —a propósito, lo que nos vienen reclamando hace tiempo—, para garantizar esas prestaciones; con los mismos ingresos, otra opción, se puede priorizar el gasto social sobre otros, etc. De modo que todo el ruido que forman UGT, CCOO, IU, ERC y tantos otros —incluidos los palafreneros callejeros de IU, los del aduar—, nada significa, ni por unas razones ni por otras. Es una pura bocayada, producto de los vapores adolescentes que llaman ideología y que no es más que un discurso alucinatorio sobre la realidad. ¿Pero lo creen de verdad? Pues es posible que, en parte, sí: una vez recibidas las aguas bautismales de una ideología en edad temprana, aquellas imprimen carácter (alucinatorio) para siempre.

Y, de paso, han aprovechado muchos para sumarse a esta fiesta generalizada que incluye un concurso de bocayaes y otro de competición demagógica, siguiendo la máxima frailuna, «¿Arde el convento?, calentémonos todos». Unos han pedido la autodeterminación, otros la república, los de más allá han aprovechado para considerarlo un ataque a su nación, etc. Llaman la atención, especialmente, las palabras del señor Durán de CiU: «Si el señor Zapatero hubiese hecho las cosas bien en estos años, ahora no sería necesario este trágala». Pero hombre, ¿no ha sido CiU —a través precisamente del señor Durán i Lleida— quien, junto con el PNV, ha mantenido en el poder a Zapatero estos años? ¿No han sido ellos los que han aprobado unos presupuestos con unas previsiones de ingresos ficticias y con un déficit y una deuda altísima? ¿No lo han hecho a cambio de prebendas para sus respectivos negocios y naciones? ¿O es que me falla la memoria?

En resumen: bocayaes, demagogos (el espécimen puede definirse, según me recordaba el otro día Abrilgüeyu, mi trasgo particular, mediante una cita, como «Aquel que publica doctrinas que sabe falsas a hombres que sabe que son idiotas») con la moral frailuna del refrán y cantamañanes.

Y, además, y sobre todo, ni la deuda (ni la del estado ni la de los particulares y empresas), ni el déficit, ni los problemas de la banca son nuestros problemas: la cuestión fundamental es nuestra economía productiva: la competitividad, el crecimiento, la exportación, las decisiones de inversión y contratación de los particulares y las empresas, sus ganancias, etc. En marcha todo ello, las demás dificultades estarán todas en vías de solución y nuestros prestamistas concurrirán con menos exigencias y en mayor número. Pero, en esa dirección, no hemos tomado una sola medida —como he venido diciendo desde el 2008— ni, al menos mientras siga gobernando el PSOE (lo del PP está por ver), la tomaremos. Dan ganas de reiterar el grito de Clinton a Bush padre durante la campaña electoral de 1992: «¡Ye la economía, so tochu!»

Acabado el artículo y ya a punto de firmarlo, se me aparece Abrilgüeyu, con una punta de malicia en sus ojos azules:

—¿Por qué los llamáis «cantamañanes», si nun abocanen nin durmiendo?

No sé qué contestarle.