El calderu de don Adrián

(Ayer, en La Nueva España) EL CALDERU DE DON ADRIÁN Con su habitual traje azul oscuro y su corbata azul claro, don Adrián cocinó a fuego lento durante una hora y cuarenta minutos el menú que nos va a servir en los próximos meses y en las ya cercanas elecciones. Hay que agradecerle, sin duda, un cierto ritmo de elocución (si no, el discurso se alargaría mucho más) y la claridad de su dicción, salvo un par de tracamundios, de los que él mismo se rio. El guiso vino aderezado con una parte introductoria en asturiano y otra, semifinal, en eo-naviego, lo que quien esto escribe valora positivamente, sobre todo, al compararlo con otros presidentes anteriores o con otros parlamentarios actuales, todos en realidad, como don Javier González Vegas -así consta en el listado de parlamentarios-, que se expresó en el post calderu del presidente en un pulido castellano. Pero yendo a los componentes del puchero, no ha de extrañar que coexistan en un profuso maridaje la constatación de actuaciones ya realizadas y el anuncio de otras que están en marcha o que se realizarán en el futuro. Para aclarar las cosas: la mayoría de esas promesas de futuro no se realizan en el vacío, sino que vienen condicionadas a la aprobación de los presupuestos para 2027. Hay, por tanto, una llamada implícita a algunos diputados para esa aprobación, y, cómo no, un retórico lamento porque la oposición -la del PP, la de Vox queda excluida de todo- no haya aprobado medidas tan buenas o no vaya a aprobar las futuras. Les ahorro la enumeración de esas medidas, hasta 71. Pueden tener por seguro que, por mucho que discurran ustedes, no habrá campo por el que no haya discurrido el discurso. Discurso que, por cierto, siguió con más interés que nadie el diputado y ministro don Ovidio, inclinado hacia adelante y con las manos apoyadas sobre el escritorio de su escaño, especialmente cuando don Adrián hacía referencia a los asuntos del ministerio ovidiano. Junto con esas medidas, digamos materiales, digamos de inversiones, hay otras que son legislativas, la Ley de salud mental, la LGTBI, por ejemplo, algunas ya en tramitación. Y, en el orden cultural, una serie de propuestas de declaración como bienes singulares lugares o costumbres, de carácter material, unos, inmaterial, otros; con distinta calificación, ya nacional, ya internacional. No quiero ahora juzgar ni las medidas ya realizadas ni el programa futuro, lo hago a veces en mis artículos semanales, pero sí quiero señalar una que me provoca un, pienso que fundado, escepticismo, la de que cualquier persona que solicite una cita en atención primaria será atendida en menos de 72 horas. ¿Con qué médicos? ¿Con cuántas horas de trabajo de los médicos? No sería justo no reconocer que don Adrián hizo gala de su asturianismo en varias ocasiones, del interés por Asturies por encima de otra cosa y exhibió sus enfrentamientos -en algunas ocasiones, como decía la vieja letra del himno- con el gobierno central. Pero la sustancia del calderu no lo constituyeron estos elementos, que, aunque numerosos, no son más que una especie de guiso o acompañamiento de los componentes principales del mismo, sino otros dos, que colocó al principio y al final de su discurso: la amenaza de la ultraderecha en todo el mundo, y ahí citó las recientes elecciones en Alemania, a Trump, Putin y Netanhayu, y la amenaza que espera aquí, con las agresiones mateínas como ejemplo. Frente a ello, llamó a la unidad de todas las izquierdas asturianas, las parlamentarias y las no parlamentarias, incluidas las sociales. Porque, aparte de las amenazas contra la autonomía o la mayoría social, “clases medias y trabajadoras”, sintagma que repitió varias veces, Asturies, augura, “va a ser caza mayor” en las elecciones de 2027.

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