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Yo compro el voto, usted pone el dinero y la salud

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(Ayer, en La Nueva España) YO COMPRO EL VOTO, USTED PONE EL DINERO Y LA SALUD Ya saben, desde hace años los gobiernos, en general, y los gobiernos progresistas muy en particular, vienen tomando medidas para evitar los desahucios de los inquilinos que no pagan y que se encuentran en situación de «vulnerabilidad». El actual Gobierno ha prolongado esas medidas con el pretexto de la pandemia, de modo, que, en la práctica, no se puede desalojar a quienes no pagan o a quienes ocupan ilegalmente una vivienda, si se hallan en cierta situación económica o parecen o fingen estarlo, o se tarda varios años en desalojarlos. Esa preocupación por los desfavorecidos no lleva a los gobernantes a tomar medidas «progresistas» tales como darles una vivienda social o a pagar a los expropiados por el impago una nueva vivienda o a compensarles desde el primer día el lucro cesante y los gastos añadidos, no, los lleva a expropiar la casa del particular, del propietario, que actúa de beneficiario de los presuntos indefensos «a jornal de su pena y su cuidado», como diría don Francisco de Quevedo. Yo los invito a que lean ustedes en estas dos direcciones de LA NUEVA ESPAÑA, aunque podría señalarles otras muchas de todo el país: https://www.lne.es/cuencas/2022/11/28/alquila-casa-sotrondio-sufre-impagos-79208577.html; https://www.lne.es/asturias/2022/11/13/duenos-pisos-alquiler-ruina-exencion-78490554.html. ¿Qué señalan? ¿De qué acusan, en último término, estas víctimas al Gobierno?: de que para recuperar su piso de quien lo ha ocupado por la violencia o no ha pagado nunca su alquiler tarden años, tanto por la propia lentitud de la justicia, como por las artimañas, consentidas, de los que no pagan, como por las leyes antidesahucio perpetradas por los legisladores; de que, mientras tanto, estén obligados, bajo severas penas, a seguir pagando los gastos de agua, luz y comunidad de quienes les han «expropiado» su propiedad; de que, al final, cuando recuperan el piso, no recuperan, salvo en casos excepcionales y tras pasar por los juzgados y los gastos de abogados, nunca los alquileres debidos ni los gastos pagados ni los daños causados en la vivienda. Si ustedes indagan con cierto interés en la materia, verán que, en bastantes casos, la situación de vulnerabilidad aducida por los impagadores es falsa o dudosa. Pero, sobre todo, hay un dato terrible: en no pocas ocasiones, cuando la vivienda queda desocupada, tras años de pleitos e intervenciones judiciales, el piso presenta daños gravísimos, y no es infrecuente que se hayan llevado muebles, radiadores, cortinas, etc. Es decir, que cuando desalojan, «desalojan». Naturalmente, no todos los inquilinos que no pagan han de ser así, pero estos casos que suceden con cierta frecuencia ponen una duda razonable sobre el tipo de personas que se acogen a esa situación de vulnerabilidad que, en principio, debería producirnos una cierta empatía hacia su problema. Ahora bien, debemos señalar que, frente al discurso de un cierto «progresismo», los propietarios sufrientes de todas estas agresiones injustas y «legales» no son millonarios con muchas propiedades, sino gentes corrientes, y en situación de precariedad, muchas veces, de edad avanzada, en ocasiones, que tienen ese segundo piso como fruto de su esfuerzo de muchos años, y que debería constituir para ellos un alivio para unos ingresos o una pensión reducida. Nos hallamos, pues, ante una situación de injusticia total, yo diría más, ante una situación de «expropiación» por parte del Gobierno, sin compensación alguna. El legislador parece guiarse aquí por la frase de Proudhon, «La propiedad es el robo», para de eso concluir que «puesto que es así, hagamos nosotros justicia, es decir, lo mismo». ¡Ah, si ellos creyesen que están en peligro su propiedades, o que no las podrían rescatar pronto en caso de ocupación! Y, sobre todo, no se engañen: quienes legislan a costa del dinero y «a jornal de la pena y el cuidado de los demás» no lo hacen por altruismo, o no exclusivamente por ello, lo hacen porque saben que entre cierta tropa próxima a ellos, eso les da votos. «Yo compro el voto y ustedes ponen el dinero, el sufrimiento y el mal trago». Esa es la fórmula.

Güei, en La Nueva España: Con Iriarte, contra Montoro

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(Trescribo, como davezu, lo primeros párrafos.)

Con Iriarte, contra Montoro

Lo que implica no poder pagar en efectivo más de mil euros

16.12.2016 | 04:01


El Gobierno acaba de decretar que nadie podrá pagar en efectivo más de mil euros. Ello quiere decir que el Gobierno ha dado un paso más para confiscarle su dinero. Repito: para confiscarle su dinero, esto es, para apropiarse del fruto de su trabajo.
La decisión supone, en primer lugar, que usted tiene que tener una cuenta abierta en un banco. Y que debe disponer de una tarjeta de crédito para pagar o de una cuenta en internet para realizar transferencias. Una cuestión evidente: ¿Las personas con cierta edad o las de poca formación podrán arreglarse fácilmente con esos medios? ¿No se les crea un problema de bulto? Y, en segundo lugar, ¿por qué inevitablemente ha de menguarse el capital de uno pagando al banco por tener una tarjeta o por realizar una transferencia? ¿Por qué esa imposición a favor de los bancos?
Pero todo ello son, si quieren, cuestiones menores. La cuestión de fondo es conceptual: el dinero es un bien físico nuestro, no sólo unos números, tenemos tanto derecho a manejarlo y disponer su ubicación como lo tenemos sobre cualquier otro bien físico. Un bien físico, reiteremos, que es generalmente el fruto de nuestro trabajo y ahorro.
Pero las cosas van más allá. El Gobierno ha confiscado su dinero y limitado el uso de esa propiedad. Ahora imagine alguna situación que puede producirse y verá cómo su dinero ya no es suyo. Por ejemplo, un corralito: usted no podrá disponer de sus bienes, como no ocurriría si su peculio estuviera en casa. Otra posibilidad: salimos del euro (que se preconizó en lo más difícil de la crisis y hay quien lo propone para el futuro -y quien lo vota-) o se establece un euro de dos valores. En cualquiera de los dos casos, lo que a usted le devuelvan será notablemente inferior a lo depositado.
¿Más? Sí, más. [.....................................................................................................................]