Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Vade retro
(Ayer, en La Nueva España)
VADE RETRO
Cada vez que surge la ocasión de que se instale en Asturies una empresa cuya actividad coincida con la que ya se desarrolla desde lo público surge de las más hondas entrañas de la sociedad -de una parte muy importante- un clamor que grita un “vade retro”, como si la concreción de esa nueva actividad supusiese un daño irreparable para el conjunto de la sociedad, es más, como si representase un baldón inaceptable en la identidad histórica de la nación.
Xixón. Un hospital privado, Quirón, proyecta instalarse allí. Surge el clamor -y los recursos- en contra, entendiéndolo como un ataque a la sanidad pública, esto es, al bien público. Ahora bien, y al margen ya de la libertad de empresa, ¿si alguien presta un servicio sanitario para el que no se requieren dineros públicos y que pagará quien decida utilizarlo, en qué disminuye la prestación universal que sigue funcionando para todos los ciudadanos? ¿O es que se teme que represente una diferencia de calidad que menoscabe la opinión que de la sanidad pública se tiene? Es más, ¿no es mejor que una parte de la ciudadanía, al tiempo que sigue pagando con sus impuestos el servicio público universal, alivie la presión que sobre la sanidad pública existe, que no puede, hoy en día, dar una respuesta ágil a los enfermos, situación, por cierto, que está provocando el auge exponencial de los seguros médicos privados y los servicios de ese carácter? Pues no, por lo visto.
Misma localidad. Quiere instalarse una universidad privada para ofrecer, en principio, algunos títulos que no ofrece la pública. Misma mareona. ¿Pero en qué daña a la pública un servicio que ella no ofrece? Es más, ¿por qué sería mala la competencia en los mismos títulos? ¿Se teme que se revelare la condición inferior de lo existente? Y, por otra parte, ¿esos estudios no los van a pagar ciudadanos particulares con sus dineros, aliviando, al tiempo, los números de matriculados de la obra de Valdés Salas?
(Por cierto, el problema de nuestra Universidad es otro: la escasa devolución que de la inversión que en ella hacemos regresa a la sociedad asturiana, ya por su escasa imbricación con la economía y la industria, ya porque la inversión en los individuos acaba revirtiendo fuera de Asturies).
Una última. Las ITV asturianas llevan varios meses de huelga. Reclaman más salarios, menos horas de trabajo, más empleados. Esa huelga causa enormes perjuicios a los ciudadanos: retrasos, desplazamientos a otras comunidades, riesgos de multa (no pequeña) por no tener renovada la inspección. Ante el largo conflicto y su enquistamiento, el presidente Barbón amenaza con la privatización (supongo que con la boca pequeña, como a Arcelor), para que el servicio sea prestado por particulares, como en otras partes de España. Reacción furibunda de IU: estando ellos en el Gobierno, no se privatiza ninguna empresa.
Sin entrar en las razones de los huelguistas, sí conviene señalar que el dinero que está en juego en el conflicto no es el del Gobierno, sino, como en cualquier gasto del la Administración, el de los ciudadanos. Por otro lado, la de la inspección de vehículos no es un servicio universal, como el de las carreteras, el agua o la sanidad, sino que se presta a un colectivo restringido, el de los propietarios de automóviles, por lo que no se ve que sea inexcusable que sea la Administración la que preste el servicio.
Es evidente, pues, que en esa negativa radical a que sean actores privados quienes gestionen las ITV lo que defiende IU no es “lo público”, lo que interesa a todos, y, sobre todo, el interés de los ciudadanos, los usuarios del servicio, sino a “su público”, los empleados de la empresa que se sientan defendidos por ellos y a aquellos votantes a quienes encandila el discurso de lo público, sea ello beneficioso o no para la generalidad de los ciudadanos.
Quirón, la publilatría y el hablar por hablar
(Ayer, en La Nueva España)
QUIRÓN, LA PUBLILATRÍA Y EL HABLAR POR HABLAR
En Xixón va a instalarse una nueva empresa. Quienes ponen el dinero en ella suponen que existe demanda para su oferta y que, en un plazo razonable, esa demanda amortizará la inversión, cubrirá los gastos de explotación y producirá beneficios. De no ser así, cerrará. Naturalmente, la empresa ha de ajustarse a las normas urbanísticas y los reglamentos que rigen su actividad. Y no hay más, o no debería haberlo. No importa si su inversión es grande o pequeña, si crea mucho empleo o cuál va a ser la afectación de su actividad sobre otros competidores, si los hubiere.
Ahora bien, la empresa que se viene a instalar es una empresa sanitaria, Quirón (nombre que, como saben, procede del centauro de la mitología griega Quirón, “práctico con las manos”, “cirujano”), y es ahí donde se desata la tormenta de opiniones, necedades y ridículos disparates de muchos partidos políticos y de cierta opinión pública, en parte por sentirse obligados a hablar sobre cualquier cosa, pero, especialmente, algunos, aguijados por su idolatría de lo público, puesto que entienden que ahí, en lo público, reside todo el bien, y en lo privado, si no el mal absoluto, la ausencia de virtud, al menos. Y como la sanidad es, hasta ahora, mayoritariamente pública, ven en la llegada de Quirón un rival para ella o un detrimento, al menos, de la misma; una grave amenaza, en cualquier caso.
Es todo bastante risible, pero, en fin, quizás convenga repetir ideas elementales, arriba expuestas. Quirón viene a prestar un servicio a quienes puedan y quieran demandar sus prestaciones, es decir, a quienes den dinero por acceder a sus servicios y ser tratados en ellos. Eso, ¿a quién perjudica? En todo caso a los demás hospitales privados ya existentes en Xixón y a los del resto de Asturies, como señala con bastante humor Jesús Kocina, el propietario del hospital Covadonga, quien, por cierto, está gastando bastante dinero en la mejora del centro.
¿Y sus efectos sobre la sanidad pública? En todo caso, positivos. Los que decidan emplear su dinero en usar sus servicios, por la razón que sea, entre otras, por escapar de las demoras del sistema público, aliviarán la presión sobre este.
Ahora bien, todo eso les da igual a los idólatras de lo público, a quienes repiten su discurso venga o no venga a cuento: “La potenciación de la sanidad privada empobrece la sanidad pública en nuestra región y dificulta el acceso a nuestro derecho a la salud”. “La llegada de este hospital significaría el deterioro cada vez mayor de la sanidad pública en el corto y medio plazo”. Glosolalia.
Y naturalmente, una asociación de vecinos ya se ha manifestado opuesta, por todo tipo de razones, y exige dar su visto bueno a la operación. Como si una parte de la población (seguramente de escasa representación) pudiera dictaminar sobre los negocios particulares, el urbanismo y el interés general. No es una situación insólita, es la demagogia a que muchos ayuntamientos han acostumbrado a los vecinos de hacer como si contasen con cada facción de la ciudadanía para decidir. Seguramente porque los concejales y el alcalde no han sido elegidos a tal fin, ni cobran por ello ni cuentan con funcionarios y asesores (también pagados con dinero de los impuestos) a porrillo.
Pero, en fin, les reservo la mejor de las perlas para el final. Quirón pensaba instalarse en unos terrenos de su propiedad cercanos al hospital de Cabueñes. El Ayuntamiento los permutó por otros en Nuevu Xixón. Y tanto la alcaldesa de la ciudad como una de sus concejalas alaban la decisión, porque así, alejado Quirón de Cabueñes, “evita que compita con la sanidad pública en el mismo espacio”.
¡Como si fuesen chigres y al llegar a la zona el paciente decidiese entrar en uno u otro establecimiento según el menú del día!
A veces, créanme, es difícil practicar la caridad del silencio.
Esperas quirúrgicas, mentiras y fantasías
L’APRECEDERU
ESPERAS QUIRÚRGICAS, MENTIRAS Y FANTASÍAS
Según fuentes oficiales, la espera para una operación quirúrgica era en Asturies de 95 días a finales de 2021; el tiempo medio en traumatología, de 149 días. Cualquiera que se moleste en ver y escuchar sabe que esas cifras son una absoluta mentira. En mi entorno inmediato, por ejemplo, conozco dos casos de adultos con dos años de espera y uno infantil con uno y medio. Además de ello, la falta de información sobre la programación de cada caso es absoluta: no hay forma de obtener ni una indicación aproximada de la futura intervención.
En el ámbito sanitario, y en otro orden de cosas, el anuncio de la instalación de un hospital de Quirón en Xixón ha levantado hasta el cielo los lamentos del discurso que viene entorpeciendo nuestra modernidad y nuestro progreso: el del bálsamo de Fierabrás de lo público, que se puede resumir en un “O público o nada”. De ello, hablaremos otro día.
Esa monomanía de lo público suele ir ligada a una especie de mentalidad mágica, la de que las cosas no cuestan o que salen del burru Cagarriales. Miren ustedes alrededor y verán peruquiera manifestaciones de esa mentalidad: todo es pedir más inversión o gasto, sin que se diga de dónde sale, y por supuesto, sin que se proponga subir los impuestos. Un solo ejemplo recentísimo: el próximo curso, siguiendo un proceso que viene de hace años, los alumnos incorporados a las escuelas disminuirán en 2000. ¿Cerrar escuelas? ¿Contratar menos profesores? De ninguna manera. La propuesta es rebajar el número de alumnos por profesor, esto es, mantener el gasto. ¿Sería bueno? Tal vez, ¡pero también necesitamos más médicos y tantas cosas más para las que no hay dinero!
No quiero concluir sin felicitar a Esther García, ilustre escritora en asturiano y revolvina, a la que universidades americanas han distinguido por su “liderazgo a favor de la sociedad y la cultura”.
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