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Atasco sanitario y fondos al agua

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(Ayer, en La Nueva España) ATASCO SANITARIO Y FONDOS AL FONDO DEL AGUA “Indignación entre los pacientes asturianos: llaman 37 veces al día y ni responden”, recoge LA NUEVA ESPAÑA. No voy a descubrir nada nuevo: los servicios sanitarios se han deteriorado en los últimos tiempos. Pero, aparte de las causas objetivas (envejecimiento de la población, mayor demanda sanitaria), mi impresión es que algo ha empeorado en los protocolos y en los medios. Efectivamente, en los últimos meses (superada la pandemia) hay días en que es dificilísimo conectar con el centro de salud, y que, cuando se consigue, las citas para una consulta o una receta han pasado, de los dos o tres días, a la semana. Seguramente no es ajeno a ello el que, frente a la multitud que antes poblaba las salas de espera, estas se encuentren ahora relativamente vacías. Un término medio no estaría mal. Por lo demás, en la nueva legislatura todos los días se anuncian cambios de dirigentes y se efectúan promesas de más medios y mayor diligencia. Veremos. En otro orden de cosas, no deja de sorprenderme el destino que algunos ayuntamientos dan a los fondos europeos, repitiendo el empleo ineficaz que se dio en su día a los fondos mineros. Permítanme que me centre solo en el Ayuntamiento de Xixón, y únicamente en un aspecto del destino de esos dineros, el de recuperar la “memoria” de ciertos lugares de la Guerra Civil: reconstruir las baterías de Cimavilla, encontrar, recuperar y abrir el refugio antiaéreo del mismo barrio, ídem del de Begoña, y así alguna otra ocurrencia. ¿Qué sentido tiene esa permanente recreación de la Guerra? Es evidente que una intención ideológica-propagandística, de cuya eficacia dudo. Pero, al margen, ¿es esa la utilidad de los fondos europeos -que habremos de pagar, por cierto-? ¿No deberían servir para incentivar la actividad económica, y, por tanto, el empleo? Desde luego, por esa vía, salvo los encargos para la obra y la obra misma, nada.

Administración, dineros, ciudadanos

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(Ayer, en La Nueva España) ADMINISTRACIÓN, DINEROS, CIUDADANOS Hace pocas fechas el ministro Escrivá (el tipo con la mejor fama inmerecida de España desde antes de ser ministro) se ponía como una pantera al negar que se exigiese cita previa en la Seguridad Social, pese a que en la página web del citado organismo se especifica: «La atención al ciudadano en las oficinas de la Seguridad Social requiere disponer de una cita». Pero seguramente a ninguno de ustedes le hace falta recurrir a testimonios externos para saber que en muchas oficinas de la Administración se exige aún hoy cita previa, sin la cual no se puede realizar trámite alguno. Y aunque es verdad que en algunas dependencias o servicios de las Administraciones se ha eliminado la demanda como exigencia sine qua non para ser atendido, sigue siendo requerida en otras. Conozco varios casos recientes en que un ciudadano se ha personado en una oficina, con todas las ventanillas vacías, para realizar un trámite y no ha podido hacerlo por carecer de esa previsión. Sin ir más lejos, los remito a ustedes a la página 48 de LA NUEVA ESPAÑA, edición de Xixón, del miércoles 24 de mayo, donde don Celeste Pérez cuenta esa experiencia en una AEAT prácticamente vacía, en Xixón. La parte dura de la pandemia, con sus exigencias de precauciones y separación, dio lugar en un principio a razonables cautelas para evitar la acumulación de ciudadanos en las oficinas, pero, en parte, esas exigencias han seguido manteniéndose, sin justificación alguna, en el momento actual, constituyendo una comodidad para los empleados públicos y una carga para los usuarios. En general, los tiempos estimados en la cita previa son demasiado largos y, además, hay ciudadanos que no acuden a cumplimentarla, con lo que se suceden esos panoramas de funcionarios mano sobre mano y sillas o ventanillas vacías. Vayan ustedes a un ambulatorio y verán que ocurre lo mismo, pese a las reiteradas quejas de los sindicatos de los profesionales de la sanidad. Paralelamente, entre una parte del funcionariado se ha puesto en marcha una cadena de reivindicaciones de más comodidad y de más salarios, la del teletrabajo, por ejemplo, ocupación que, si muy moderna, es difícil de evaluar en su rendimiento desde la Administración, por muchas razones. En el ámbito de la sanidad, también se ha abierto una carrera de reivindicaciones salariales y de relajación del trabajo, que unos sindicatos aceptan y otros no. Y no digamos nada ya del mundo de la justicia, en que parece haberse establecido una cadena de relevos para paralizarla: primero los letrados, después jueces y fiscales, ahora los funcionarios, en una especie de ejecución de la canción del “todos queremos más, y más, y más, y mucho más”. Con esos antecedentes, exitosos además, con la presión de la inflación sobre los sueldos, y con el pésimo ejemplo dado por el Gobierno mediante la subida de las pensiones en la cuantía del IPC, no será de extrañar que en meses próximos más grupos de la Administración inicien sus movimientos reivindicativos. Quiénes ganan está claro. Y quiénes pierden, también: los ciudadanos que ven sus juicios aplazados sine die (claro que algunos delincuentes son premiados con esa demora), aquellos cuyas citas en la Sanidad se retrasan (más), y todos nosotros, en general, que somos los que pagamos esperas, retrasos y subidas salariales, a sumar a los regalos del Gobierno para viajes y entretenimiento del ocio (entre otras cosas). Y no puedo evitar, es un vicio personal, traer aquí una cita de la Ilíada: -¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los argivos, los que bebéis en la tienda de los Atridas Agamenón y Menelao el vino que el pueblo paga!

Quirón, la publilatría y el hablar por hablar

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(Ayer, en La Nueva España) QUIRÓN, LA PUBLILATRÍA Y EL HABLAR POR HABLAR En Xixón va a instalarse una nueva empresa. Quienes ponen el dinero en ella suponen que existe demanda para su oferta y que, en un plazo razonable, esa demanda amortizará la inversión, cubrirá los gastos de explotación y producirá beneficios. De no ser así, cerrará. Naturalmente, la empresa ha de ajustarse a las normas urbanísticas y los reglamentos que rigen su actividad. Y no hay más, o no debería haberlo. No importa si su inversión es grande o pequeña, si crea mucho empleo o cuál va a ser la afectación de su actividad sobre otros competidores, si los hubiere. Ahora bien, la empresa que se viene a instalar es una empresa sanitaria, Quirón (nombre que, como saben, procede del centauro de la mitología griega Quirón, “práctico con las manos”, “cirujano”), y es ahí donde se desata la tormenta de opiniones, necedades y ridículos disparates de muchos partidos políticos y de cierta opinión pública, en parte por sentirse obligados a hablar sobre cualquier cosa, pero, especialmente, algunos, aguijados por su idolatría de lo público, puesto que entienden que ahí, en lo público, reside todo el bien, y en lo privado, si no el mal absoluto, la ausencia de virtud, al menos. Y como la sanidad es, hasta ahora, mayoritariamente pública, ven en la llegada de Quirón un rival para ella o un detrimento, al menos, de la misma; una grave amenaza, en cualquier caso. Es todo bastante risible, pero, en fin, quizás convenga repetir ideas elementales, arriba expuestas. Quirón viene a prestar un servicio a quienes puedan y quieran demandar sus prestaciones, es decir, a quienes den dinero por acceder a sus servicios y ser tratados en ellos. Eso, ¿a quién perjudica? En todo caso a los demás hospitales privados ya existentes en Xixón y a los del resto de Asturies, como señala con bastante humor Jesús Kocina, el propietario del hospital Covadonga, quien, por cierto, está gastando bastante dinero en la mejora del centro. ¿Y sus efectos sobre la sanidad pública? En todo caso, positivos. Los que decidan emplear su dinero en usar sus servicios, por la razón que sea, entre otras, por escapar de las demoras del sistema público, aliviarán la presión sobre este. Ahora bien, todo eso les da igual a los idólatras de lo público, a quienes repiten su discurso venga o no venga a cuento: “La potenciación de la sanidad privada empobrece la sanidad pública en nuestra región y dificulta el acceso a nuestro derecho a la salud”. “La llegada de este hospital significaría el deterioro cada vez mayor de la sanidad pública en el corto y medio plazo”. Glosolalia. Y naturalmente, una asociación de vecinos ya se ha manifestado opuesta, por todo tipo de razones, y exige dar su visto bueno a la operación. Como si una parte de la población (seguramente de escasa representación) pudiera dictaminar sobre los negocios particulares, el urbanismo y el interés general. No es una situación insólita, es la demagogia a que muchos ayuntamientos han acostumbrado a los vecinos de hacer como si contasen con cada facción de la ciudadanía para decidir. Seguramente porque los concejales y el alcalde no han sido elegidos a tal fin, ni cobran por ello ni cuentan con funcionarios y asesores (también pagados con dinero de los impuestos) a porrillo. Pero, en fin, les reservo la mejor de las perlas para el final. Quirón pensaba instalarse en unos terrenos de su propiedad cercanos al hospital de Cabueñes. El Ayuntamiento los permutó por otros en Nuevu Xixón. Y tanto la alcaldesa de la ciudad como una de sus concejalas alaban la decisión, porque así, alejado Quirón de Cabueñes, “evita que compita con la sanidad pública en el mismo espacio”. ¡Como si fuesen chigres y al llegar a la zona el paciente decidiese entrar en uno u otro establecimiento según el menú del día! A veces, créanme, es difícil practicar la caridad del silencio.

Esta ye (en positivu) la sanidá de la que disfrutamos

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(Tresllanto de La Nueva España d'ayer estes declaraciones de don Antonio Murcia Mazón, al que-y doi les gracies poles sos palabres. Poques vegaes se ven declaraciones sobre la sanidá que nun sean quexes, protestes o demandes, más o menos atendibles. El señor Murcia pon en valor y apondera cuánto val la sanidá que tenemos, más entovía en comparanza con otros países del ámbitu occidental.Xunto col agrademientu a don Antonio Murcia, tamién el reconocmientu a A. Rubiera y a La Nueva España pol so aciertu).
ANTONIO MURCIA MAZÓN | Exjefe del servicio de Traumatología y Ortopedia de Cabueñes

"No hay nada más aburrido que dedicarte toda la vida a una cirugía que no te guste"

"Nunca recibí indicaciones para operar menos, para meter menos pacientes en lista de espera o para recurrir a implantes más baratos"

01.12.2015 | 03:58
Antonio Murcia Mazón.
Antonio Murcia Mazón. 
El doctor Antonio Murcia Mazón encara la recta final de su intensa vida laboral a dos bandas: en la Universidad de Oviedo, donde llegó a catedrático, y en la sanidad pública asturiana. Nacido en Orihuela (Alicante), lleva 43 años en Asturias, de los cuales 28 los ha pasado en Cabueñes, como jefe del servicio de Traumatología y Ortopedia. Hace varias semanas sus amigos y compañeros le dedicaban un homenaje por su jubilación. Aunque aún no es completa. Sigue operando dos días a la semana, mañana y tarde, en el hospital de la Cruz Roja, a pacientes de la lista de espera que se genera en Cabueñes. Es, dice, una forma de no dejar toda la actividad de golpe. "Me veo operando como máximo año y medio más, porque hay que dejarles la plaza a los jóvenes", sostiene.
-Hubo un tiempo en que había días que pasaba la mañana en Cabueñes, a las dos de la tarde iba a Oviedo a dar clase a la Facultad y a las cuatro volvía a Gijón a la consulta privada. Consulta que dejé cuando saqué plaza de profesor titular en la Universidad. Creo que tanto a la cirugía como a la docencia tienes que dedicarte a pleno rendimiento. Y eso que con la cirugía privada puedes ganar suficiente dinero para vivir un poco más cómodo. Quizás no sea el caso de aquí en Asturias, donde por tradición el peso lo tiene la medicina pública, pero sí en otros sitios de España. Y probablemente en eso ha influido que la sanidad pública en Asturias está excesivamente bien, aunque siempre habrá quien no se encuentre satisfecho.
-Pocos satisfechos hay ahora con las listas de espera.
-Lo que hay que decir con claridad es que en Asturias la mayoría de los enfermos que tienen que operarse de una artroplastia de rodilla, de cadera o de cataratas no esperan mucho más de seis meses. Aquí esperan dos, tres, cuatro meses?. En otras comunidades no es infrecuente que se den casos de enfermos que están en lista de espera uno o dos años.
-Pero parece que con la crisis la situación puede haber empeorado.
-Yo no he percibido nada. Puedo decir que en estos últimos años no he recibido indicaciones ni sugerencias para que operáramos menos, para que apuntáramos menos pacientes en la lista de espera o para que recurriéramos a implantes más baratos de los que usábamos. Eso que sí ocurrió en otros sitios, aquí no. Y es bueno que la gente lo sepa.
-O sea, que en su opinión la lista de espera es claramente fruto de la demanda en aumento.
-Sí. El enfermo ya no quiere tener dolor ni estar más incapacitado de lo estrictamente necesario. Antes a una persona con una artrosis de cadera o rodilla le miraban, le decían que estaba mal, pero es muy posible que le dijeran que era muy joven para operarse. Ahora ese mismo paciente tiene claro que el dolor lo tiene ahora, y que es ahora cuando se quiere operar. Por eso cada vez operamos a gente más joven. Y por el otro bando están los pacientes mayores, a los que también podemos ofrecer cirugías con garantía por la mejoría de la anestesia.
-¿La ortopedia es donde más se nota el incremento?
-Sí, pero no solo. Hoy todo el mundo a partir de los cincuenta pasa por el cardiólogo. Y lo mismo se puede hablar de las detecciones precoces de cáncer? y muchas más cosas.
-¿Y qué se puede hacer entonces con las listas de espera?
-Hay cosas que no se explican bien. El HUCA y Cabueñes deben ser hospitales que atiendan las cirugías más complejas, más difíciles, en enfermos más deteriorados o que tienen otras comorbilidades. Esos no pueden operarse en otros sitios. Pero un ciudadano con 63 años, con artrosis de cadera o rodilla, es un enfermo sano y no debería estar esperando en la misma lista que esos otros. La suya es una cirugía que se puede hacer en un hospital más pequeño, o que no tenga uvi? Creo que si a ese enfermo se le pregunta si tiene inconveniente en operarse en otro hospital público por médicos de la misma solvencia, seguro que no le importaría. Al que le incomode o le trastorne, se le respeta, obviamente, pero hay actividad que se debería estar resolviendo en otros sitios, reservando los hospitales grandes a las cosas más complejas.
-¿Ha tenido sentido el real decreto que fijó que para los casos de prótesis de cadera y rodilla la espera no debería ser de más de medio año?
-Yo creo que sí, mucho sentido. Porque se ha concienciado a todo el mundo, gerentes y profesionales, que es injusto que un enfermo tenga que esperar mucho tiempo. Y eso lleva aparejado el compromiso de que si a alguien no se le opera en un tiempo prudente, puede hacerlo por su cuenta y se le devuelve el dinero. En los años que estuve en Cabueñes no creo que hubiera casi ninguna reclamación de ese tipo.
-Pero las listas de espera son noticia casi semanal. ¿No comparte que haya un problema en Asturias?
-La lista de espera no es mala, en absoluto, no hay tiempos desmesurados. Que fuera mala lo podrían decir los que esperan un año o dos y acaban gastándose en sanidad el dinero que tenían preparado para otras cosas. Pero en Asturias los pacientes son conscientes de que tienen calidad en su sanidad pública y prefieren esperar. Aunque yo haría algunas sugerencias para un programa más ágil de derivaciones.
-¿Eso en Gijón pasa por aprovechar mejor el recurso de Cruz roja?
-Por ejemplo. Hoy en día los implantes de cadera y rodilla, las intervenciones de cirugía artroscópica de rodilla, las fracturas de tobillo, la cirugía percutánea del pie... todo lo que es patología general quirúrgica se hace con absoluta garantía en todos los hospitales periféricos de la comunidad.
-Le veo muy complaciente con la sanidad pública española.
-Me gustaría que quien dice que la sanidad española es mala tuviera en cuenta que fuera de España ante cualquier percance sanitario lo primero que te piden es la tarjeta de crédito, porque si no ni te atienden. Hacemos valoraciones inadecuadas porque no conocemos o se nos olvida qué pasa fuera.
-¿Lleva mal oir tantas críticas como se oyen?
-Sí, como llevo mal oir hablar de las repercusiones de los recortes en sanidad. Donde ha habido recortes ha sido en comunidades donde, por ejemplo, se han hecho implantes con materiales traidos de China o Corea. Aquí en Asturias el 90% de los implantes son hechos en inglaterra, Francia o EE UU. Tampoco se habla de los tratamientos carísimos que siguen suministrándose en los hospitales. Deberíamos reconocer todos que Asturias tiene una sanidad quizá por encima de la media nacional.
-¿Y la cuerda hasta donde estira?
-Los responsables de gestión deben hacer un buen trabajo para que cada año se pueda intervenir a un 10% más de enfermos con el mismo presupuesto.
-¿Qué servicio de Traumatología deja en Cabueñes?
-En nuestro servicio los profesionales han tenido oportunidad de formarse desde hace veinte años en un centro que era conocido y reconocido por encima de la media nacional. Quedan personas altamente cualificadas dedicadas a las parcelas a la que han elegido dedicarse por devoción y afinidad. Empezamos un equipo de cinco profesionales y ahora somos casi 25 o30. Los médicos jóvenes que hacen urgencias deben saber hacer de todo pero luego tienen que superespecializarse en una patología que les guste. No hay nada más aburrido que hacer toda la vida una cirugía que no te guste..
-Usted ha sido un profesional muy comprometido con la especialización y la formación continua. ¿Tan necesario lo ve?
-La superespecialización redunda en beneficio del paciente y de la calidad de lo que hace el cirujano.
-¿Qué le ha quedado por hacer?
-Me hubiera gustado que el uso del navegador en quirófano y esta cirugía virtual no estuviera por lo general arrinconada en un pasillo en el antequirófano y fuera una cirugía de mayor implantación.
-Esa inquietud le ha llevado a colaborar incluso con los ingenieros del campus de Gijón.
-En el campus de Gijón hay gente con altísima formación y cantidad de tecnología a nuestra disposición. Pero para eso hay que sacarle horas al tiempo. He trabajado con Rafael Pedro García Díaz, titular de ingeniería en la Politécnica, y ha sido muy productivo tanto en tesis como en trabajos de presente y futuro. Así logramos, por ejemplo, diseñar el modelo exacto de implante que le venía perfecto a un paciente. Es, por analogía, como cuando antes sólo podías disponer de un zapato de medida estándar y ahora, para quien lo necesite, hay zapatos con medidas especiales tanto en anchura como en altura... Esos son implantes especiales de los que podemos poner tres o cuatro al año y el coste es asumible.
-Deja Cabueñes a las puertas de una obra de ampliación y reforma.¿Qué necesidades le ve usted al Cabueñes del futuro?
-Yo creo que lo que necesitan los hospitales son quirófanos y personal que optimice esos servicios.
-¿En tantos años de ejercicio profesional el paciente ha cambiado mucho?
-No tanto. Lo que ocurre es que hoy nadie quiere resignarse a tener dolor, y si le molesta un pie quiere que se lo resuelvan, con cirugía o no, para seguir haciendo maratones si es el caso.
-¿Y eso no es reprochable? Todo se fía a la cirugía.
-No, a mí me parece muy bien que la gente quiera resolver sus dolores, independientemente de edad, situación o condición. Al que le duele algo hay que resolvérselo.
-Ha pasado por la sanidad dejando su impronta y su prestigio. ¿Cómo se logra eso?
-El prestigio te lo dan tus compañeros. Yo solo no puedo hacer nada. Toda la actividad quirúrgica que he desarrollado ha contado con la ayuda de todos. Y en la Universidad ha ocurrido igual: los libros que he publicado, las tesis que he dirigido y la actividad científica que he desarrollado no la habría podido hacer solo. Sí me siento muy orgulloso por haber hecho que Cabueñes fuera conocido en todo el territorio nacional, y por haber llegado tanto en mi vida quirúrgica como académica al nivel más alto.

EXTRAORDINARIO I+D+I

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A la memoria de Juan Rodríguez Meana

¿Cuántas veces han oído ustedes el blablablá de las nuevas tecnologías? ¿Cuál ha sido el número de ocasiones en que ustedes han visto a un «fenómeno» visitando o inaugurando un taller que trabaja con medios informáticos? Desinfinidá, ¿verdad? Pues ahora acérquense a algunas realidades concretas del Gobierno Asturiano, nuestro particular I+D+I.

Es usted profesor. Le ha tocado este año algún grupo de los que están sometidos a las llamadas «pruebas de diagnóstico», un examen general en algunas materias a los alumnos de 4º de Primaria y 2º de Secundaria. Pues bien, si es así, usted tiene que rellenar electrónicamente un amplio cuestionario, cuya cumplimentación le puede llevar en torno a los tres cuartos de hora. Ahora bien, si por algún fallo en el equipo o en el suministro eléctrico se interrumpe el trabajo, si usted se distrae y por error clausura el formulario, todo lo que ha escrito desaparecerá, de modo que se verá obligado a rendir homenaje a la película de Garci que, con escenarios asturianos, recibió el Óscar en 1983. No hará falta que les diga que evitarlo requiere un programa de páseme’lpioyu, un diseño informático al alcance de cualquier alumno en formación. ¿Desidia? ¿Desprecio hacia el profesorado y su tiempo? No lo descarten. Este gobierno y sus aliados gritan mucho contra los recortes y las cargas de Rajoy a los docentes, pero mantienen algunas tareas absolutamente inútiles y cargantes, que bien podrían eliminar de interesarse algo en quienes dicen defender.

(Lo que acabo de contar, en todo caso, puede estar ocurriendo en la casa del profesor: hay centros que tienen un servicio de interné tan endeble que es imposible trabajar en ellos. Es más, puedo citarles al menos un centro que está sin servidor (informático, no de los otros, que todo se andará) desde diciembre de 2012.)

Es usted padre o madre. Tiene que matricular a un hijo. Usted no puede hacerlo por interné, tiene que ir personalmente a la escuela, porque algunos formularios puede bajarlos por vía electrónica pero uno de ellos, el permiso para que la administración acceda a su declaración de la renta, solo se lo facilitan en el propio centro. En consecuencia, tiene que pedir una mañana (o unas horas) de permiso en el trabajo. Mas como el otro cónyuge no habrá ido con usted y él también tiene que firmarlos, usted o él tienen que solicitar otro permiso al día siguiente para llevar los papeles. Pero no acaba ahí la cosa. Tiene, una vez que se publique la lista provisional de admitidos, un solo día para hacer reclamaciones, si hubiere lugar a ello. Pero la lista solo se publica en el tablón de anuncios del centro donde usted hubiese realizado la solicitud. En consecuencia, debe pedir otro permiso.

Ya ven ustedes: mucho blablablá, pero toda la administración está pensada para los señoritos, los parados o los que no tienen nada que hacer —que debe ser lo que ellos sueñan como «una república de trabajadores de toda clase»—. Esto es, la idea del gobierno asturiano es que nadie trabaja, y que si lo hace, allá él, que pierda dos o tres días de sueldo, y si lo echan, mejor, que será culpa de Rajoy. Y todo eso, si el cónyuge no está divorciado o en trámite de divorcio, que, entonces, es posible que el otro no quiera firmar o no sepa uno dónde se halla el citado. ¿Incompetencia? ¿Desprecio al ciudadano? ¿Incuria?

Aquí también, en Asturies. Se acaba de anunciar a bombo y platillo que en Avilés se va a empezar a experimentar un sistema informático que permitirá que los enfermos crónicos no tengan que pasar por el ambulatorio a por su receta. ¿Está bien? No, es escandaloso. Hace ya bastante más de una década que algunos venimos reclamando la receta electrónica residenciada en las farmacias para los enfermos crónicos. De la misma manera, acuerdos con MUFACE para unificar el sistema de prescripción para los afiliados de esa entidad adscritos al SESPA. ¿Cuántas horas de trabajo de los médicos y enfermeras se llevan perdidas? ¿Cuántas horas de trabajo de los ciudadanos? ¿Cuál ha sido el tiempo dilapidado por unos y otros? ¿De qué cifras de malhumor acumulado podríamos hablar? ¿Cuánto tiempo seguiremos así todavía? ¿Qué guarismo representaría el dinero perdido o el costo acumulado?

¿Les importan algo los ciudadanos? ¿La realidad del mundo tiene algún peso en su psique, más allá del reflejo que ella supone para construir discursos acusatorios, exculpatorios o disuasivos? Siendo en cualquier caso un vector de una magnitud extraordinaria, ¿de qué I+D+I se trata? ¿Incompetencia? ¿Desprecio a los ciudadanos? ¿Incuria? ¿Despilfarro? ¿Ignorancia?

Elijan ustedes. Por cierto, puesto que ahora son tres los socios de Gobierno, distribúyanlas ustedes como quieran, en mayor o en menor proporción según su criterio, o, tal vez, de forma igualitaria y equitativa.

Un migayín d'hestoria de la sanidá asturiana

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Completando l'ensiertu d'ayer, llanto equí esti artículu del 06/04/2009, que puede ayudar a facer un daqué de memoria sobre la xestión de la sanidá asturiana pol PSOE.




LA CONCUPISCENCIA COMO HERRAMIENTA SANITARIA




Como continuación de una línea que viene desarrollándose, de forma explícita o implícita, en los últimos cuatro años, el Gobierno del PSOE ha ofrecido primas de entre cinco mil y diez mil euros a los médicos que rebajen el costo de las medicinas que recetan a sus pacientes (bien por darles menos, bien por prescribírselas más baratas) y que reduzcan el número de pruebas clínicas que encargan.
Es cierto que en los últimos tiempos el gasto sanitario viene disparándose de forma progresiva y que amenaza con llegar a cotas insostenibles; no lo es menos que muchas de las pruebas que se encargan tienen sólo una utilidad muy pequeña y que, en muchos casos, no son más que la confirmación de lo que la experiencia del médico intuye o prevé. Ahora bien, aunque sea muy marginal la capacidad de información que muchas pruebas clínicas suministran, tienen —desde el punto de vista del profesional— dos virtudes: confirman su previsión y establecen cuál es el vector de intensidad con que se presenta el problema diagnosticado. Cuando no es así, en los demás casos, informan sobre anomalías no vistas o modifican el criterio inicial. No debe olvidarse, por otro lado, el que, en una sociedad de pleitos y reclamaciones indemnizatorias como la que vivimos, las pruebas clínicas vendrían a constituir, en su caso, una confirmación de la buena praxis médica del galeno cuestionado por su proceder.

Desde el punto de vista del enfermo, el que se realicen exploraciones radiológicas o análisis, indagatorios o confirmatorios, significa —más allá de un derecho abstracto—, la posibilidad de eliminar el albur sobre su salud, ya porque se conozca el estado de la misma (bueno o malo) con precisión, ya porque esas exploraciones anticipen malignidades que aún no han detectadas o no se han presentado y, por tanto, pueda acometerse su solución con razonables perspectivas de éxito.
Pues bien, lo que el Gobierno del PSOE e IU viene a proponer, desde el ángulo de los galenos, es que éstos renuncien a ciertos instrumentos de diagnóstico o de eficacia farmacéutica, disminuyendo la seguridad de la certeza en la evaluación y en el tratamiento; desde el punto de vista de los ciudadanos, que estos corran con el azar de un mayor margen de error en el diagnóstico, de una tiempo más dilatado en la curación de su enfermedad o, en peor de los casos, de la ignorancia de una amenaza grave para su salud, hasta tanto ésta no se manifieste.
¿Y cuál es el mecanismo al que el Gobierno socialista y de IU apela para intentar que los médicos diagnostiquen y traten con menos garantías, se enfrenten con el enfado de los pacientes por negarles pruebas que estos podrían creer necesarias, y, en último término, a demandas por mala praxis? Pues es, sencillamente, el de excitar la concupiscencia de dinero de los profesionales del sistema sanitario, su codicia. Porque sólo de esa forma se puede lograr que algunos de ellos, despreciando los riesgos de denuncia y poniendo en cuarentena lo mejor de su saber hacer profesional, se avengan a reducir el gasto a través de esos procedimientos. Propuesta, por cierto, que ya formuló en su día el Ejecutivo asturiano como contraprestación al inicio de los pagos de la carrera profesional para los profesionales del sector
No hay que olvidar, por otra parte, que desde hace ya algunos años —en virtud, en parte, de esa contraprestación, debido a motivos de ahorro, por otro lado—, este gobierno viene reduciendo los servicios sanitarios que presta a los ciudadanos; por ejemplo, restringiendo y eliminando los controles a los crónicos, o haciendo mayor la frecuencia de las revisiones a los grupos de riesgo.

            Conviene recordar, asimismo, que por motivos electorales los gobiernos socialistas (apoyados por IU) han impulsado inversiones sanitarias escasamente rentables o patentemente insostenibles; que, sobre cobrar un impuesto especial en los combustibles, tienen en marcha un proyecto hospitalario que representa un enorme despilfarro por sus sobrecostes y el por tiempo que en que se viene dilatando su terminación; que compra descontroladamente medicamentos y suministros para la sanidad y es un mal gestor con las mutuas; que ha tirado el dinero de los asturianos en una política personal de un alto incremento del gasto que no se ha traducido ni en una mejora del servicio ni en la satisfacción del personal sanitario.
            De modo que ahora viene la última vuelta de tuerca: despertar la concupiscencia de los profesionales. Con varias consecuencias, algunas de tipo moral otras de carácter profesional, entre el estamento sanitario; entre los asturianos, dos efectos de orden diverso: crear tipos distintos de ciudadanos, según el señor Areces, don Javier Fernández y Jesús Iglesias hayan o no excitado la codicia de su médico; hacer que un número indefinido de personas corran más riesgos que otros en lo relativo a su salud, si es que, gritando en torno a los oídos del facultativo, como las brujas de Macbeth, el «tú ganarás más, tú ganarás más», los tres xanos con pretensión de íncubos han logrado convencerlo.
            Por cierto, sobre el poder del dinero poco hay que decir: todo el mundo sabe cuál es su virulenta vis atractiva. Pero quizás no somos tan conscientes de qué eficacia tiene el «tú eres tonto, ¿no ves a los demás?» para que el rebaño humano comience a proseguir la senda que el primer caminante va abriendo.

¿Alcuérdense del turismu sanitariu?

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Sí, sí. El turismu sanitariu. Eso de que, nes époques de bayura veníen equí a operase d'otros países porque nos suyos había que pagalo, en too o en parte. Y a costa de los ciudadanos españoles, de los sos impuestos y del retrasu nes sos llistes d'espera. Claro que, decíase, eso yera "progresista y solidariu".

Bueno, puea agora paeza qu'eso va iguase. Anque me gustaría saber si, dempués d'anunciase'l camudamientu llexislación, se fizo de verdá y se ta llevando a la práctica, porque nesti país ye frecuente que s'anuncien les coses que nun sa faen dempués.

En tou casu, y pa recordalo y pa recordá-yoslo, equí tienen cómo daba la noticia El Confidencial del 19/04/12. Y, al final, l'arreyu:


Se acabó el dar la bienvenida a legiones de pensionistas europeos ansiosos de sol, mar… y camas hospitalarias. La generosidad de la sanidad pública española de cubrir gratuitamente algunas operaciones que en otros países como Inglaterra podrían ascender a 8.000 euros han convertido a nuestro país en un paraíso quirúrgico inigualable. La ministra de Sanidad, Ana Mato, confirmó ayer que el Sistema Nacional de Salud está asumiendo, con cargo a sus presupuestos, la asistencia sanitaria de personas que ya la tienen cubierta dentro de su país. En concreto, casi 700.000 extranjeros han accedido sin derecho a la tarjeta sanitaria, lo que ha ocasionado un gasto de 917 millones de euros.

Para evitarlo se llevará a cabo una clarificación armonizada de la condición de asegurado, así España podrá facturar de una manera rápida y directa al país de origen, como ya sucede con los españoles que viajan al extranjero. “Queremos evitar que haya ciudadanos extranjeros con solvencia económica que puedan, mediante lagunas administrativas o recurriendo a la picaresca, beneficiarse para acceder sin derecho y gratis a los servicios sanitarios de España”, señaló la responsable de Sanidad.

Mato avaló sus palabras con un informe elaborado por el Tribunal de Cuentas, en el que dejaba claro la diferencia millonaria entre lo que España factura por la atención sanitaria a extranjeros y lo que paga por la que los españoles reciben fuera. En 2009, España facturó 441,1 millones de euros a 26 países de la UE más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza por la asistencia médica prestada a ciudadanos de estos países, mientras que el gasto que supuso la asistencia de españoles en el extranjero sumó 46,2 millones. Una diferencia que, según señala el Tribunal, solo obedece a que “España es un país eminentemente receptor de turistas y residentes extranjeros”.

En el negocio del turismo sanitario pacientes hay a patadas, y el Tribunal de Cuentas señala que el número de facturas emitidas a ciudadanos de Francia y Portugal "supera significativamente el promedio" del resto de los países de la Unión Europea y que las prestaciones sanitarias prestadas se concentran en las provincias limítrofes de Badajoz y Pontevedra. Entren por donde entren, hay cientos de páginas en Internet para los pacientes internacionales que incluyen billetes de avión, alojamiento y un variado bufete de operaciones a la carta. España ha sido pura jauja: prótesis de cadera, by pass coronario, intervenciones de cataratas... a precio de coste y con una recuperación en la costa, con sol y playa incluidos en el paquete. José Antonio Monago, presidente de Extremadura, asegura queexiste una página oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña "que explica cómo acudir a España para tener una asistencia sanitaria en determinadas materias, incluso que no son objeto de ser cubiertas por el sistema sanitario británico".

Desde que en Gran Bretaña las listas de espera se alargan hasta los tres años, son los ingleses los que más se están aficionando a convertir las vacaciones quirúrgicas en un turismo de masas, seguidos de alemanes o belgas. Hay páginas donde se les llegan a comparar cuánto dinero se ahorrarían si se operan en España. Todos sacan provecho de la reglamentación europea que permite a los ciudadanos miembros del bloque recibir tratamiento médico en cualquier país de la UE. Por eso los gestores del turismo español incluyen ya en las páginas web de municipios playeros, junto a la lista de bellezas locales, hospitales y centros de salud. Hasta el momento el éxito es total, aunque nadie se atreve a dar cifras concretas de la población europea que se afinca en España para disfrutar de estas maravillas.

La Costa del Sol se corona como la meca del turismo sanitario español. En Fuente de Piedra (Málaga), hay una urbanización especializada en alquilar chalés por una duración de cinco o seis meses, el tiempo en el que los turistas sanitarios estiman que necesitan para llegar, afincarse, operarse, recuperarse y regresar a su país de origen sin pagar ni un solo euro por la operación. Desde el Consejo General de Enfermería de Málaga se han percatado de que llama enormemente la atención de que turistas, procedentes de Alemania y Holanda, reciben una cantidad “chocante” de implantes de cadera y marcapasos de forma gratuita, unas intervenciones que suponen un "gasto considerable" y que son afrontados por el Servicio Andaluz de Salud, que evita cuantificar a cuánto asciende el coste total de estos servicios.

Complejos mecanismos de compensación

Hasta ahora, la legislación europea supeditaba las intervenciones quirúrgicas de los extranjeros en España bajo dos condiciones: que respondan a una patología diagnosticada previamente y que cuente con una autorización de su país de origen. Pero hay quien ha utilizado artimañas para esquivar las normas: aprovechan una crisis aguda de una patología que padecen desde hace tiempo para ir a urgencias y ser operados, si es necesario.

Los complejos mecanismos de compensación entre países propician los desajustes que destaca el informe del Tribunal de Cuentas. El problema llega cuando los costes no están actualizados o se pasa una factura por una determinada patología que no cubre su programa asistencial. Por ejemplo,Andalucía facturó en 2010 casi 24.000 millones de euros y recibió por este concepto procedente del Fondo de Cohesión Sanitaria poco más de 13 millones; el Servicio Valenciano de Salud debería haber percibido 7,5 millones de euros en concepto de atención sanitaria a turistas pero solo recaudó 4,8; Baleares facturó 9,7 millones, 3,5m menos de lo que debería haber cobrado.

Aunque aparentemente todo esté bajo control, hay dos factores que pesan negativamente sobre los intereses nacionales. Bruselas es quien paga a los países de la Unión los gastos médicos facturados, y curiosamente siempre lo hace a la baja. Por otro lado, las autonomías que más gastan no siempre reciben más. Además, es muy raro que Europa pague un euro por la atención primaria, que en España es gratuita mientras que en el resto de Europa no lo es. Por no hablar de un sinfín de detalles difíciles de contabilizar en euros, como los gastos de traslado de ambulancia, UCIs o habitaciones de hospital tras la intervención quirúrgica.

PSOE+IU y la sanidá

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Dempúes d'esplicalu en castellanu primeru, y llueu n'asturianu. Agora toca en formatu gráficu:





Los que despilfarraren el dineru públicu, los que lleven 9 años pa facer el nuevu Hespital Central y non lu acaben, los que nos llevaren a sobrecostos ensin llende na construcción del Hespital, los que baxen un 5,5% la sanidá nos presupuestos del 2011 pa pactar con IU el negociu de dambos, el poder y los puestos de trabayu, estos, agora, échen-y la culpa al ciudadanu y píden-y que se cuide munchu enantes de dir a cuidase a la sanidá pública.

¡Intolerable! Yá se sabe: el que quiera dir a peor, que los vote.

Sanidá. PSOE e IU recorten y échen-yos la culpa a ustedes

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Recuerden les palabres de RAMÓN QUIRÓS, Conseyeru de Sanidá del Gobierno PSOE-IU, que-yos trescribía ayer, y que les decía pa desplicar el recorte de casi'l 6% pa esti añu nel so departamentu:
  • «Cualquier demanda sanitaria exagerada hay que pagarla en forma de impuestos».
  • «El recorte del Presupuesto exige que los ciudadanos reconfiguren sus expectativas ante la sanidad pública».
  • «Luego la población tiene que saber que el sistema sanitario en España y en Asturias se sufraga con impuestos y que cualquier demanda adicional exagerada o sin ningún tipo de justificación técnica de fondo hay que pagarla en forma de impuestos, que es como se financia el sistema».
¿Pero nun son ellos los que lleven gobernando Asturies dende que se realizaren les tresferencies sanitaries? ¿Y quién, más que'l PSOE, aceptó unas tresferencies valoraes a la baxa?

Agora resulta que van ser vustedes, que vamos ser nós, los culpables; que vamos ser nós los que llevamos gobernando dende 1999 esti país.

Cuando vayan a votar en mayu, piense quién los ta arruinando, quién-yos quita derechos, quién se ríe de vustedes.

La sanidá que vien...

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¿Conocen las pulseras POWER BALANCE ®?, que, según su propia propaganda es un holograma que funciona a través de frecuencias que se encuentran en nuestro ambiente natural de las que ya conocemos de sus efectos positivos en el campo de energía del cuerpo. Esto ayudaría -dicen- a desarrollar el equilibrio, la flexibilidad, la fortaleza y bienestar general.


Pues bien, como afirma cualquier médico y sabe cualquier persona racional ("cualquier persona", en realidad "persona racional" debería ser una pura redundancia), esa pulsera no es más que "camelancia", engaño para tontos y mentes primitivas, para mentalidades mágicas.

Incluso el Instituto Nacional de Consumo (dependiente del Ministerio de Sanidad) ha emitido una directiva alertando de la publicidad engañosa en la que incurren estas pulseras.

Pues como pueden observar en la foto superior, es la pulsera que lleva la nueva ministra de sanidad. ¿Qué les parece? ¡En qué manos estamos!

La concupiscencia como herramienta sanitaria

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Como dixera nel ensiertu d'ayer, allugo equí esti artículu asoleyáu'l 06/04/09, de seguío del alcuerdu tres la última fuelga de mélicos.

La concupiscencia como herramienta sanitaria

Como continuación de una línea que viene desarrollándose, de forma explícita o implícita, en los últimos cuatro años, el Gobierno del PSOE ha ofrecido primas de entre cinco mil y diez mil euros a los médicos que rebajen el costo de las medicinas que recetan a sus pacientes (bien por darles menos, bien por prescribírselas más baratas) y que reduzcan el número de pruebas clínicas que encargan.

Es cierto que en los últimos tiempos el gasto sanitario viene disparándose de forma progresiva y que amenaza con llegar a cotas insostenibles; no lo es menos que muchas de las pruebas que se encargan tienen sólo una utilidad muy pequeña y que, en muchos casos, no son más que la confirmación de lo que la experiencia del médico intuye o prevé. Ahora bien, aunque sea muy marginal la capacidad de información que muchas pruebas clínicas suministran, tienen —desde el punto de vista del profesional— dos virtudes: confirman su previsión y establecen cuál es el vector de intensidad con que se presenta el problema diagnosticado. Cuando no es así, en los demás casos, informan sobre anomalías no vistas o modifican el criterio inicial. No debe olvidarse, por otro lado, el que en una sociedad de pleitos y reclamaciones indemnizatorias como la que vivimos, las pruebas clínicas vendrían a constituir, en su caso, una confirmación de la buena praxis médica del galeno cuestionado por su proceder.

Desde el punto de vista del enfermo, el que se realicen exploraciones radiológicas o análisis, indagatorios o confirmatorios, significa —más allá de un derecho abstracto—, la posibilidad de eliminar el albur sobre su salud, ya porque se conozca el estado de la misma (bueno o malo) con precisión, ya porque esas exploraciones anticipen malignidades que aún no han detectadas o no se han presentado y, por tanto, pueda acometerse su solución con razonables perspectivas de éxito.

Pues bien, lo que el Gobierno del PSOE e IU viene a proponer, desde el ángulo de los galenos, es que éstos renuncien a ciertos instrumentos de diagnóstico o de eficacia farmacéutica, disminuyendo la seguridad de la certeza en la evaluación y en el tratamiento; desde el punto de vista de los ciudadanos, que estos corran con el azar de un mayor margen de error en el diagnóstico, de una tiempo más dilatado en la curación de su enfermedad o, en peor de los casos, de la ignorancia de una amenaza grave para su salud, hasta tanto ésta no se manifieste.

¿Y cuál es el mecanismo al que el Gobierno socialista y de IU apela para intentar que los médicos diagnostiquen y traten con menos garantías, se enfrenten con el enfado de los pacientes por negarles pruebas que estos podrían creer necesarias, y, en último término, a demandas por mala praxis? Pues es, sencillamente, el de excitar la concupiscencia de dinero de los profesionales del sistema sanitario, su codicia. Porque sólo de esa forma se puede lograr que algunos de ellos, despreciando los riesgos de denuncia y poniendo en cuarentena lo mejor de su saber hacer profesional, se avengan a reducir el gasto a través de esos procedimientos. Propuesta, por cierto, que ya formuló en su día el Ejecutivo asturiano como contraprestación al inicio de los pagos de la carrera profesional para los profesionales del sector.

No hay que olvidar, por otra parte, que desde hace ya algunos años —en virtud, en parte, de esa contraprestación, debido a motivos de ahorro, por otro lado—, este gobierno viene reduciendo los servicios sanitarios que presta a los ciudadanos; por ejemplo, restringiendo y eliminando los controles a los crónicos, o haciendo mayor la frecuencia de las revisiones a los grupos de riesgo.

Conviene recordar, asimismo, que por motivos electorales los gobiernos socialistas (apoyados por IU) han impulsado inversiones sanitarias escasamente rentables o patentemente insostenibles; que, sobre cobrar un impuesto especial en los combustibles, tienen en marcha un proyecto hospitalario que representa un enorme despilfarro por sus sobrecostes y el por tiempo que en que se viene dilatando su terminación; que compra descontroladamente medicamentos y suministros para la sanidad y es un mal gestor con las mutuas; que ha tirado el dinero de los asturianos en una política personal de un alto incremento del gasto que no se ha traducido ni en una mejora del servicio ni en la satisfacción del personal sanitario.

De modo que ahora viene la última vuelta de tuerca: despertar la concupiscencia de los profesionales. Con varias consecuencias, algunas de tipo moral otras de carácter profesional, entre el estamento sanitario; entre los asturianos, dos efectos de orden diverso: crear tipos distintos de ciudadanos según el señor Areces, don Javier Fernández y Jesús Iglesias hayan o no excitado la codicia de su médico; hacer que un número indefinido de personas corran más riesgos que otros en lo relativo a su salud, si es que, gritando en torno a los oídos del facultativo, como las brujas de Machbet, el «tú ganarás más, tú ganarás más», los tres xanos con pretensión de íncubos han logrado convencerlo.

Por cierto, sobre el poder del dinero poco hay que decir: todo el mundo sabe cuál es su virulenta vis atractiva. Pero quizás no somos tan conscientes de qué eficacia tiene el «tú eres tonto, ¿no ves a los demás?», para que el rebaño humano comience a proseguir la senda que el primer caminante va abriendo.

Les palabres de Quirós y el recorte sanitariu

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Ramón Quirós ye persona que nun anda amatagáu. El conseyeru de Salú afala les aviéspores colos sos guionazos cuandu fala. ¿Recuerden vustedes aquello de qu'al trabayu los mélicos teníen que dir "desayunaos, cagaos y col periódicu lleíu"? Bueno, pues esta selmana atrás volvió armala al acusar a unos mélicos de faltar munchu al trabayu y a otros de recetar les melecines más cares solo pa fastidiar y gastar.

Ñidiamente, mélicos e insituciones méliques salieren a protestar y a defender la so bona xestión y el so "honor".

Nun se despisten vustedes, al marxen de les formes nes declaraciones del conseyeru, lo importante ye lo que ta embaxu d'elles: les dificultaes pa pagar el gastu sanitariu, yá en servicios, yá en melecines u otres prestaciones. Recuerden que na última fuelga de los mélicos llegóse al alcuerdu de poner en relación la suba de complementos cola so contribución a la reducción del gastu farmacéuticu (a esti respectu, l'ensiertu de mañana, 23, ye un artículu sobre la cuestión que yá publicara yo dempués de la fuelga y del alcuerdu).

De mou y manera que, más pronto o más tarde, va frenase'l gastu sanitariu y ponese-y llendes, yá sea pola suba d'impuestos, yá pol establecimientu de tases, bien pol incrementu de lo que pagamos polos melicamentos.

Al tiempu.

Y equí lo importante nun ye evitar lo inevitable, sinón dos coses: evitar que'l retrasu en facer lo inevitable nos conduza al depeñaderu; tomar medíes de mou y manera que se garantice la sanidá universal y que les decisiones que se tomen sean afayaíces.

Y, equí, lo que tienen qu'entrugase los ciudadanos ye si lo pueden facer bien los que siempre lo vienen faciendo mal. Anque digan que lo fain nel nome de los probes, de los proletarios, del pueblu o de lo que sea.