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Otra vegada'l Simanques y la complexidá de la Guerra Civil

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Otra vegada'l Simanques, y la complexidá de la Guerra Civil. Llámame un amigu socialista de siempre y de Llena, pa contame una historia que-y contaron d'una persona, moza, evidentemente: Cabu cuando Pinilla da la vuelta na so salida y enciérrase nel Simanques. Durante l'asediu, asciéndenlu a sarxentu (supongo que, acasu, por muerte d'otru soldáu). Tomáu'l Simanques adscríbese a les tropes de la República y dempués d'un períodu de formación (que yo talanto percurtiu) que'l mio informante supón nel cuartel de la Guardia d'Asaltu, en Begoña, súmase al cercu d'Uviéu -ocupáu por Aranda-. Ellí muere.

Atasco sanitario y fondos al agua

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(Ayer, en La Nueva España) ATASCO SANITARIO Y FONDOS AL FONDO DEL AGUA “Indignación entre los pacientes asturianos: llaman 37 veces al día y ni responden”, recoge LA NUEVA ESPAÑA. No voy a descubrir nada nuevo: los servicios sanitarios se han deteriorado en los últimos tiempos. Pero, aparte de las causas objetivas (envejecimiento de la población, mayor demanda sanitaria), mi impresión es que algo ha empeorado en los protocolos y en los medios. Efectivamente, en los últimos meses (superada la pandemia) hay días en que es dificilísimo conectar con el centro de salud, y que, cuando se consigue, las citas para una consulta o una receta han pasado, de los dos o tres días, a la semana. Seguramente no es ajeno a ello el que, frente a la multitud que antes poblaba las salas de espera, estas se encuentren ahora relativamente vacías. Un término medio no estaría mal. Por lo demás, en la nueva legislatura todos los días se anuncian cambios de dirigentes y se efectúan promesas de más medios y mayor diligencia. Veremos. En otro orden de cosas, no deja de sorprenderme el destino que algunos ayuntamientos dan a los fondos europeos, repitiendo el empleo ineficaz que se dio en su día a los fondos mineros. Permítanme que me centre solo en el Ayuntamiento de Xixón, y únicamente en un aspecto del destino de esos dineros, el de recuperar la “memoria” de ciertos lugares de la Guerra Civil: reconstruir las baterías de Cimavilla, encontrar, recuperar y abrir el refugio antiaéreo del mismo barrio, ídem del de Begoña, y así alguna otra ocurrencia. ¿Qué sentido tiene esa permanente recreación de la Guerra? Es evidente que una intención ideológica-propagandística, de cuya eficacia dudo. Pero, al margen, ¿es esa la utilidad de los fondos europeos -que habremos de pagar, por cierto-? ¿No deberían servir para incentivar la actividad económica, y, por tanto, el empleo? Desde luego, por esa vía, salvo los encargos para la obra y la obra misma, nada.

Más fondos mineros y la mujer de Lot

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(En La Nueva España,, el 02/01/2022) MÁS FONDOS MINEROS Y LA MUJER DE LOT Han llegado de Europa una buena cantidad de millones, los llamados Fondos Next Generation, una parte de los cuales (615 millones) está destinado a iniciativas relacionadas, de forma más o menos imprecisa, con el turismo, y que tienen como finalidad principal, sobre su promoción, los tópicos del momento: la sostenibilidad, el ahorro energético, la digitalización, la resiliencia… El total de proyectos asciende a 169 en diferentes comunidades autónomas. A Asturies le corresponden 22,86 millones que se reparten entre cuatro ayuntamientos y dos mancomunidades. Es posible que tanto la intención de las autoridades europeas como la del gobierno español y las comunidades y ayuntamientos sea la mejor, pero a mí me parece que estamos fundamentalmente ante otros “fondos mineros” que, una vez invertido el dinero, poca riqueza y poco empleo van a producir. Incluso, es difícil que atraigan otro turismo más que el que ya llega naturalmente a esos lugares donde se producen las inversiones, aunque, eso sí, los visitantes pueden tener más lugares donde ocupar su tiempo. Pues, efectivamente, en toda España la mayoría de los proyectos, al margen de la digitalización y la mejora energética, consisten en abrir nuevas rutas peoniles o cicloturísticas, mejorar las existentes, adecuar edificios o lugares para un nuevo uso, comprar bicicletas o alquilarlas, disponer nueva señalización y cosas semejantes, con escasas excepciones. En Asturies llama la atención la propuesta del Ayuntamiento de Xixón. Incluye la recuperación de las baterías (de guerra) alta y baja de l’Atalaya (Cimavilla), y la del cabo San Lorenzo. Acondicionamiento del refugio antiaéreo de la Guerra Civil de Cimavilla y recuperación del de Begoña, “para reivindicar la memoria histórica”. Es curioso que ochenta años después de una guerra fratricida y tras cuarenta años de democracia, la obsesión de la izquierda siga estando centrada en la Guerra Civil, o mejor, en borrar la memoria histórica de quienes vivieron la guerra y la dictadura y, a consecuencia de haberla vivido y de saber sus causas y las responsabilidades de cada uno, decidieron enterrar aquella etapa como la de dos visiones enfrentadas de únicamente buenos y únicamente malos. Porque, por poner, se podría también reconstruir un recorrido virtual de iglesias quemadas y dinamitadas durante el 34 y la guerra ¬—y dejémoslo aquí—, a fin de completar la “memoria histórica” y enseñar de verdad a las nuevas generaciones lo que fue aquella época y, de paso, recordar cómo la valoraron a partir de 1960 quienes la vivieron, y algunos, como Azaña, ya en plena contienda. Pero sobre ese discurso “reconstructor” de la historia tan caro a gran parte de nuestra izquierda existe una componente más, lo que podríamos llamar “el síndrome de la mujer de Lot”, que, según la leyenda, quedó convertida en estatua de sal por mirar atrás al abandonar Sodoma. Es lo que en un reciente artículo de LA NUEVA ESPAÑA el expresidente Rodríguez-Vigil denominaba injustamente “villismo” (y digo injustamente, pues es propiamente el socialismo o izquierdismo mayoritario generalizado en Asturies el que piensa y actúa así), la pretensión de vivir en un pasado imposible o querer volver a él, y negarse a aceptar el mundo tal como es y evolucionar para tener éxito en el presente y en futuro. Y es ese síndrome de la mujer de Lot, tan extendido como mentalidad y discurso, el que viene condenándonos desde hace décadas a una progresiva marginalidad (a pesar de los esfuerzos de muchos), decadencia y emigración, tal como ven quienes, propios y extraños, nos observan desde fuera o llegan aquí por primera vez.

Un libro de fotografías y una reflexión

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(Ayer, en La Nueva España) UN LIBRO DE FOTOGRAFÍAS Y UNA REFLEXIÓN El día 21 de julio presento en la sala Loreto de Colunga, con éxito de público y la presencia de varios ediles de la corporación local, incluida la alcaldesa, mi última novela, “En el muro de tu corazón”. El llevador local de la cultura, el eficaz Manuel del Rivero, hijo del dibujante e impulsor cultural Isaac del Rivero de la Llana y hermano del también dibujante del mismo nombre de su padre, con la amistad de los cuales me honré y honro, me regala un libro de fotografías, “Colunga en la memoria 1906-1936”. El volumen, que está editado por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Xixón y por el Pueblu d’Asturies, con colaboraciones colunguesas, recoge algunas de las fotografías que se han conservado de Emilio Alonso García, y lleva un prólogo de María José Priesca Balbín, colunguesa de nacimiento. Emilio Alonso vivió entre 1872 y 1948. De familia de ebanistas, se aficionó a la fotografía y vivió de ella al tiempo que ejercía el oficio de carpintero. Tuvo una pequeña estancia como retratista en Cuba, pero volvió a Colunga al poco tiempo. Emilio Alonso es parte de una destacada familia colunguesa que ha tenido varios artistas: así Humberto Alonso, acuarelista, fallecido recientemente; nombres y textos de familiares que escribieron en asturianu pueden verse en “Testos de la familia Alonso de Colunga” (Cartafueyos, númberu 53, ALLA). Hay otros Alonso en el concejo, naturalmente, algunos también notables en el ámbito cultural, como aquellos a que pertenece José Antonio Fidalgo Alonso, erudito y cronista oficial de la villa, pero eso son otros lópeces, digo, alonsos. La colección de semeyes de “Colunga en la memoria” está dividida en varios apartados: familia, paisaje, retratos, y este, a su vez, en infancia, juventud, madurez y familia, vejez y muerte. Como todas las fotografías del pasado, el álbum nos permite consideraciones diversas, la señardá de los paisajes perdidos, la observación de las posturas y gestos de los retratados (frente a los de hoy, los personajes no sonríen ni, menos, enseñan los dientes en sonrisa), la reflexión sobre los avances de la riqueza colectiva y la desaparición de la miseria. Y, luego, ante cada una de las personas, podemos emitir un “y este quién es” y, como el anciano de “El Tragaluz” bueriano, advertir en nosotros el pruyimientu de “rescatarlo”. Dos fotografías me invitan especialmente a la reflexión. La una se halla en la página 111 del libro. Son un conjunto de mujeres jóvenes, dieciséis en total, en tres filas, más una, de no mucha edad, que parece ser su maestra, y que ocupa el centro. Son aprendices de una llamada Academia Central de Corte. La otra, en la 113. Es un grupo de teatro formado por diecisiete jóvenes, alguno un niño; uno de ellos viste un uniforme, tal vez de municipal, tres el de guardia civil, algunos van ataviados como proletarios y otros como señoritos; los dos de la izquierda, en primera fila, tienen en sus manos sendas escopetas. Las imágenes son, respectivamente, de 1928 y 1935. No puedo dejar de estremecerme al pensar que poco tiempo después, esas treinta y cuatro personas se verán sumidas en la vorágine de la Guerra Civil, en que todas habrán pasado miedo y visto el horror de ella, en que quizás no hayan sobrevivido y en que posiblemente, en aquella república nada idílica en que había grupos que entendían la violencia contra el diferente o el adversario como un derecho o un deber consustancial a su papel en el mundo, algunos de ellos se habrán convertido en enemigos —de clase o personales— de los otros. Y ese pensamiento me lleva a la actualidad. No es infrecuente la noticia de que a un individuo se lo insulta, persigue o agrede, al grito de “facha”, por llevar la bandera de España en su ropa o en su vehículo. Aunque no siempre, en ocasiones son jóvenes los que tienen esas actitudes y actúan de esa manera. Los elementos constitutivos de ese comportamiento son sencillos: entienden que la bandera de todos (la de la Constitución, que todos pactamos y aprobamos, la que abrazó Carrillo) es la bandera del enemigo; que por solo llevar la bandera de España quien la lleva ya queda definido y se ha convertido en “el mal” que se ha de perseguir, castigar o destruir. Ustedes, sin duda, podrán hacerse algunas consideraciones y preguntas al respecto. Yo quiero señalar que esa mentalidad ha sido alimentada de forma pertinaz durante décadas, aunque no se haya pretendido conscientemente conformar ese acúmulo final. Por ejemplo, portando en las manifestaciones de forma sistemática la bandera republicana, como emblema de la única España de verdad, de la única España aceptable. Por ejemplo, fabulando sobre una II República idílica y ocultando la violencia sistemática de algunos grupos en ella, y la predisposición progresivamente más generalizada de convertir al adversario en enemigo. Por ejemplo, convirtiendo un golpe de Estado que tenía la pretensión de establecer una dictadura de tipo socialista —tales motivaciones y realidad se ocultan— en una especie de aventura heroica aureolada de un significado difuso y confuso, pero en todo caso aplaudible, aventura realizada por los buenos y orientada al beneficio de toda la humanidad, y que, implícitamente, y de forma subliminal, parece sugerirse como ideal para el futuro. No hace falta ir a partidos políticos o fuerzas sindicales para constatar ese discurso. Pueden ustedes pasar por muchas facultades de letras y muchas clases en la enseñanza secundaria (y no sé si en la primaria también).

Les famoses virtudes republicanes

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"De su tiempo en la Consejería de Gobernación data la formación de milicias políticas, escamots, y otros pelotones de combate, y los desfiles paradas y alardes a lo militar. Entonces todos los partidos en España (menos los republicanos) iban entrando en ese peligroso y estúpido juego. Había milicias del Estat Catalá y de los nacionalistas vascos, requetés, centurias falangistas, comunistas y socialistas.... Los únicos que no entraron por ese camino fueron los republicanos de verdad, porque los otros, como Acción Popular, también se formaban en batallones. Juego peligroso porque ya les ardía en la sangre a unos y a otros la guerra civil, y la formación, aunque de juguete, del instrumento de guerra, los incitaba a ella. Y juego estúpido porque, puestos a jugar todos a los soldados, no se daban cuenta de que también querrían entrar en la diversión los que lo eran de verdad".



¡Viva la memoria histórica!

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Abro una edición de reciente publicación, La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Edítalu Austral. Ye una edición de 2010, a cargu de Joaquín Forradellas. Pues bien, na introducción diz lo siguiente: "En octubre de 1934 la huelga general que declaran el partido socialista y la UGT se reprime brutalmente en Cataluña y, más aún, en Asturias, con la intervención del ejército mandado por el general Franco".

Lléanlo con vagar. Entamen pol "la huelga general". Asina que, pa presumir ente los suyos, ye "la revolución d'ochobre o del 34", o "la proclamación del Estat Catalá", pero cuando se trata de facese la víctima ye una "fuelga xeneral". (Na fuelga xeneral, además de reducir a murueques con dinamita los cuarteles de la guardia civil y otres coses, un talu Indalecio Prieto traxo un cargamentu d'armes nun barcu denomáu Turquesa. Yá se sabe, pa poner nel puntu mira del cañón les pancartes de la manifestación de la fuelga).

Y agora tomen nota: "el ejército mandado por el general Franco". L'exércitu, que se sepia, mandábalu'l Ministru la Guerra, miembru d'un gobiernu escoyíu nes urnes pol pueblu. Y amiren pa la falta la coma. ¿Nun sería más correcto, "el ejército, mandado por el general Franco". ¡Cuánto val una coma, eh?

Yá lo saben vustedes, la memoria hestórica nun s'alluga más que nun hemisferiu cerebral, pal otru tamquam tabula rasa.

Churchill, España, la Guerra Civil y La Mundial (II)

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Para ilustración de los curiosos y amables lectores del blog, transcribo aquí una intervención de Winston Churchill ante la Cámara de los Comunes el 24 de mayo de 1944, cuando la Guerra Mundial va ya muy avanzada y el triunfo de los aliados parece más o menos próximo. La intervención de Churchill constituye un repaso general a la situación del conflicto, a su desarrollo, la situación actual, las perspectivas de futuro y a los países y territorios donde se desarrolla la lucha. Naturalmente, junto con apreciaciones militares aparecen otras de tipo político, como las que aquí vemos.

Por otro lado, y sobre el trabajo de "seducción" del franquismo hecho por la embajada inglesa y sus servicios secretos y el "ablandamiento" realizado entre el generalato franquista, puede verse una estupenda novelización en la narración Invierno en Madrid, de J.C. Sansom.

Dada la extensión del texto, he hecho dos entregas del mismo. Esta es la segunda.



Si en algunos aspectos han tenido cierta indulgencia con los submarinos alemanes en mala situación, o continuado sus activas exportaciones a Alemania, en esta ocasión lo enmendaron, a mi juicio, en cuanto a nuestra ventaja concernía, ignorando deliberadamente por completo la situación en Gibraltar, donde, aparte de los aviones, enorme número de buques anclaban en las aguas neutrales de la bahía de Algeciras, siempre bajo el alcance de las baterías españolas. Nos habríamos visto ante el mayor de los inconvenientes si España nos hubiera ordenado retirar de allí aquellos buques. No sé, en verdad, cómo en ese caso nuestros grandes convoyes hubieran sido ordenados y congregados. Es menester decir que siempre consideraré que en esa ocasión España prestó un gran servicio, no sólo al Reino Unido y a la Comunidad e imperio británicos, sino a la causa de las Naciones Unidas. No tengo, pues, simpatía ninguna por aquellos que piensan ingenioso e incluso divertido insultar y atacar al Gobierno de España siempre que se presenta la ocasión.

He tenido la responsabilidad de dirigir el Gobierno mientras atravesábamos mortales peligros, y, por tanto, creo poseer algunos medios de formar un juicio correcto sobre el valor de los acontecimientos en los momentos críticos en que suceden. Celebro mucho que, tras prolongadas negociaciones, se haya conseguido ahora un acuer-do aun mejor con España, acuerdo que se refiere del modo más satisfactorio a los barcos italianos refugiados en puertos españoles y que ha conducido a hacer arriar la bandera alemana en Tánger y a quitar el escudo del consulado alemán, a lo cual, dentro de pocos días, seguirá la marcha total de los representantes alemanes en Tánger, aunque al parecer continúen en Dublín. Finalmente, ese acuerdo ha conducido al convenio sobre el volframio es-pañol, convenio logrado sin la menor afrenta a la dignidad española y que reduce la exportación de volframio de España a Alemania durante el inminente y crítico períiodo próximo, a unas cuantas cargas de camión al mes.

Verdad es que han ayudado a ese acuerdo las continuas victorias aliadas en muchas partes del mundo, y especialmente en África del Norte e Italia, y también la inmensa amenaza que ven los alemanes cernirse sobre ellos con todo este hablar de invasión allende el canal. Ello ha tenido bastante valor para disuadir a Hitler de intentar represalias contra España. Todas sus tropas han sido retiradas ahora de la frontera y Herr Hitler no siente incli-nación alguna a afrontar una cruenta guerra de guerrillas en España, cuando ya tiene al efecto bastante con qué satisfacerse en otros países que retiene por la fuerza bruta.

Puesto que hoy pronuncio palabras amistosas sobre España, permitidme añadir que espero que España ejercerá una fuerte influencia en la paz del Mediterráneo después de la guerra. Los problemas políticos internos de España son asuntos de los propios españoles. No corresponde a nosotros —al Gobierno— mezclarnos en los asuntos de España. (Un diputado interrumpió para preguntar por qué, si el Gobierno no permitiría un Gobierno fascista en Italia, podía permitir uno quizá semejante en España. Churchill replicó:) La razón es que Italia nos ha atacado. Nosotros tuvimos guerra con Italia y la hemos vencido. Ha de marcarse una muy clara línea de distinción entre las naciones con quienes reñimos guerra y las que nos dejaron en paz.

Presumo que no incluiremos en nuestros programas de renovación mundial ningún propósito de acción violenta contra todos y cada uno de los gobiernos cuya forma in-terna de administración no coincida con nuestras ideas. Cualquier observación que yo haya hecho al respecto, se refiere sólo a las potencias enemigas y a sus satélites, que han sido abatidos por fuerzas de armas. Ellas son las que han salido al campo y ellas son aquellas a las que no permitiremos otra vez la expresión de las doctrinas asociadas con fascismo y nazismo, doctrinas que sin duda han traído la terrible lucha en que estamos empeñados. De cierto todos verán la diferencia entre unas potencias y otras. Es toda la diferencia que existe entre un hombre que le da a uno de golpes y otro que le deja tranquilo. Uno, presumiblemente, toma interés activo en lo que ocurra con el primero en caso de repetirse su inclinación; pero a diario nos cruzamos, en el ordinario curso de la vida, con muchas gentes cuyos asuntos interiores y dispu¬tas privadas no nos hacen sentirnos llamados a continuas averiguaciones.

Las mismas palabras decimos a los españoles en la hora de nuestra fuerza que les dijimos en la hora de nuestra debilidad. Preveo crecientes buenas relaciones con España y un extremadamente fecundo comercio entre España y este país, comercio que confío aumentará incluso durante la guerra y se expandirá después de la paz. El hierro de Bilbao y del norte de España es de gran valor para nuestro país, tanto en guerra como en paz. Nuestro embajador lleva ahora a España ulteriores e importantes misiones, y no dudo de que lo hará con los buenos deseos de la amplia mayoría de la Cámara y de todas las personas sensatas y sin prejuicios. Estoy seguro de que nadie desea más que mi honorable amigo y antagonista (Schinwell) el que nuestro embajador tenga éxito en todo trabajo por la causa común. Mi honorable amigo ha sido a menudo severo y vigilante crítico del Gobierno de su majestad; pero como figura real de la oposición ha fracasado, ya que nunca puede ocultar su satisfacción cuando gana, y en cambio nosotros, a veces, lo hacemos así.

Churchill, España, la Guerra Civil y la Mundial (I)

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Para ilustración de los curiosos y amables lectores del blog, transcribo aquí una intervención de Winston Churchill ante la Cámara de los Comunes el 24 de mayo de 1944, cuando la Guerra Mundial va ya muy avanzada y el triunfo de los aliados parece más o menos próximo. La intervención de Churchill constituye un repaso general a la situación del conflicto, a su desarrollo, la situación actual, las perspectivas de futuro y a los países y territorios donde se desarrolla la lucha. Naturalmente, junto con apreciaciones militares aparecen otras de tipo político, como las que aquí vemos.

Por otro lado, y sobre el trabajo de "seducción" del franquismo hecho por la embajada inglesa y sus servicios secretos y el "ablandamiento" realizado entre el generalato franquista, puede verse una estupenda novelización en la narración Invierno en Madrid, de J.C. Sansom.

Dada la extensión del texto, hago dos entregas del mismo.



De Italia uno vuélvese naturalmente a España, antaño el más famoso imperio del mundo, y que de entonces a este día sigue siendo una comunidad fuerte sobre una tierra extensa, con una personalidad señalada y una cultura sobresaliente entre las naciones de Europa. Algunas gentes piensan que el mejor modo de expresar nuestra política extranjera respecto a España consiste en dibujar caricaturas cómicas y aun gro¬seras del general Franco; pero yo entiendo que nuestra política debe consistir en harto más que eso. Cuando nuestro actual embajador en España, el muy honorable diputado por Chelsea (sir S. Hoare) fue a Madrid hace casi exactamente cuatro años, nosotros convinimos dejar su avión esperándole en el aeródromo, porque parecía casi cierto que España —cuyo partido dominante estaba bajo la influencia de Alemania, porque dicho país lo había ayudado con tanto vigor en la guerra civil recientemente concluida— seguiría el ejemplo de Italia, uniéndose a la Alemania victoriosa en la guerra contra la Gran Bretaña. En efecto, en aquella ocasión los alemanes proponían al Gobierno español que autorizase desfiles triunfales de tropas alemanas en las principales ciudades españolas, y no dudo de que sugerían que, a cambio, los alemanes em¬prenderían la ocupación de Gibraltar, que sería devuelto a una España germanizada. Aunque esto último fuese más fácil de decir que de hacer, no hay duda de que si España hubiese cedido a la presión alemana en esa coyuntura, nuestra carga habría sido muchísimo más pesada. El estrecho de Gibraltar hubiese sido cerrado, así como todo acceso a Malta desde el Oeste. Toda la costa española se hubiese convertido en nido de submarinos. En aquel tiempo yo no hubiera deseado ciertamente que ocurriese ninguna de esas cosas, y ninguna ocurrió. Nuestro embajador ganó justo crédito por la simpatía que ganó y supo acrecer rápidamente en España. Asistióle en ello un hombre muy dotado, el señor Yencken, cuya súbita muerte en accidente de aviación es una pérdida que, estoy seguro, ha sido notada por la Cámara. Pero el mérito principal de la cuestión corresponde indudablemente a la resolución de España de mantenerse fuera de la guerra. Los españoles habían tenido harta guerra ya y deseaban mantenerse apartados de ella. (Un diputado: Eso es discutible.) Sí, así lo pienso, y por eso mi fundamental principio de batir al enemigo lo antes posible debe seguirse decididamente. Pero, en todo caso, los españoles habían tenido ya bastante guerra, y creo también que su sentimiento puede, en algo, haberse debido a que, mirando al pasado, el pueblo español —que gusta, en efecto, de mirar así— recordaría que la Gran Bretaña ayudó a España a libertarse de la tiranía napoleónica hace ciento treinta años. De cualquier modo, el momento crítico pasó; la batalla de Inglaterra fue ganada, y el poder isleño, que se esperaba ver arruinado y sojuzgado en pocos meses, se vio aquel mismo invierno no sólo intacto y mucho más fuerte en la metrópoli, sino también avanzando, a pasos de gigante, bajo la conducción de Wawell, a lo largo de la costa africana y aprisionando de camino cosa de un cuarto de millón de italianos.

Pero otra muy seria crisis aconteció en nuestras relaciones con España antes que la operación de desembarco de las fuerzas americanas y británicas en el noroeste de África comenzase. En ese momento la capacidad y fuerza de España para perjudicarnos estaba en su grado máximo. Durante largo tiempo estuvimos constantemente extendiendo nuestro aeródromo de Gibraltar y erigiéndolo sobre el mismo mar, y por un mes antes de la hora cero, esto es, el 7 de noviembre de 1942, tuvimos a veces 600 aviones apiñados en aquel aeródromo, a plena vista y bajo pleno alcance de las baterías españolas. Muy difícil era para los españoles creer que aquellos aparatos estaban destinados a reforzar a Malta, y puedo asegurar a la Cámara que el transcurso de aquellos días críticos fue muy inquieto en verdad.

Empero, los españoles continuaron amistosos y tranquilos, sin hacer preguntas ni causarnos turbaciones.