UN LLIBRU DE SABER Y CALTER: FRANCO NOS DICCIONARIOS

0 comentarios



Güei, a les 8, nel Club de Prensa de La Nueva España, n'Uviéu, ayuda a Ramón d'Andrés a presentar el so FRANCO NOS DICCIONARIOS y otres impertinencies alredor de la llingüística y les llingües

Invítovos a tar y a lleer el llibru.

JUEGOS DE PATRIOTAS

0 comentarios

El viernes 1, día de Todos los Santos, doña Rosa Díez abría en Madrid el congreso de su partido, anunciando que en Asturies su formación rompía con el PSOE por no modificar la ley electoral (o, en sus palabras, por no cumplir el acuerdo de modificar la ley electoral). Horas después, con nocturnidad y arrastrado por doña Rosa, el coordinador de IU en Asturies, don Manuel González Orviz, se presentaba ante los medios para manifestar una posición semejante (aunque expresada con términos menos rotundos) por idénticas razones. Solo posteriormente el «jefe» de UPyD en Asturies, don Ignacio Prendes, reiteraba lo dicho por su mandamás (o «mandamasa», que ya no sé).

En primer lugar, las formas. Si he dicho «mandamás», y no «presidente» del partido de UPyD, lo he dicho con cuenta y razón. Ante todo, porque el anuncio lo ha realizado inicialmente doña Rosa, y no la persona a quien han elegido los asturianos, don Ignacio; y porque se ha hecho en Madrid, como instrumento de agitación y propaganda de la política de UPyD en el conjunto de España, y no en Asturies, lugar en el cual afecta la medida. Pero también por otro aspecto de las formas: porque doña Rosa ha tratado a don Ignacio en esta ocasión como lo hizo la anterior vez que Asturies vino, con motivo precisamente, si la memoria no me engaña, del pacto en cuestión; ocasión en que trató a don Ignacio, ante los presentes y ante los medios, de forma casi humillante, como un servus dominae, llegando incluso a ordenarle callar en un momento determinado, para dar ellas las explicaciones que quería.

Ahora bien, parte de ese trato es coherente con lo que es UPyD, un partido fuertemente centralista, cuyo objetivo es —al menos a su cantar— reconducir el estado de las autonomías y reducir estas (lo que constituye un misterio es saber qué votan en concreto los asturianos al votar a UPyD, es posible que esto mismo, es probable que no, lo ignoro). Y, desde ese punto de vista, no es de extrañar que el anuncio se haya hecho donde se hizo y por quien se hizo. Y no olvidemos una cosa: ese aldabonazo contra-PSOE al comienzo del congreso y en fin de semana con puente le viene muy bien a UPyD para seguir arañando votos donde tiene hoy su más importante caladero, en el campo del PP.

No olvidemos, por otro lado, que la pretensión de acendrada pureza democrática y servicio a los ciudadanos que UPyD e IU exhibían con la modificación electoral que exigían no era tal, como creo haber demostrado aquí, en La Nueva España, el 11/10/13, sino, simplemente, la intención de ampliar su negocio, de sacar el máximo jugo a la confianza en ellos depositada en las urnas, pero impidiendo que otros ciudadanos tuviesen igual trato. Y, en otro orden de cosas, ninguno de los firmantes, ni UPyD ni IU, fue engañado por el PSOE. El acuerdo lo decía bien claro: «Para alcanzar este objetivo promoveremos la inmediata constitución de una Comisión Especial para la evaluación del sistema electoral asturiano y el diseño de medidas que puedan desembocar en una reforma del mismo si goza de un amplio consenso político que, en el seno de la Junta General, se concretaría en una mayoría reforzada». Como en el caso de aquel «Otán, de entrada no» del PSOE, el «si», el «amplio», y la «mayoría reforzada» no pueden engañar a nadie, salvo que padezca una grave incuria lectora o quiera dejarse engañar, ya sea, como dice el chiste, «en gañote» o «más embaxu».

Por otro lado, el PSOE, al estar en minoría y, sobre todo, si no puede aprobar los presupuestos, debería, en estricta puridad democrática, convocar elecciones anticipadas. ¿Lo hará? No, por supuesto. Al modo como lo han hecho otros muchos gobiernos de comunidades autónomas, seguirá gobernando con esa tacha democrática. Por lo demás, para gobernar una autonomía, mejor o peor, basta con ir administrando los presupuestos de que se dispone todos los años, prorrogados o no. El resto, las derrotas y reveses parlamentarios no será sino «verduras de las eras», pasto de titulares que se agostarán en menos de veinticuatro horas, como la inquietud o la atención que suscitarán.

¿Que la ausencia de presupuestos durante dos años va a perjudicar al conjunto de los asturianos, máxime en una dinámica de recuperación económica generalizada? Evidentemente, pero, desde luego, no es el PSOE un dechado para decir nada al respecto. Recordemos que durante el Gobierno de Marqués prefirió, primero, que no hubiera presupuestos durante cuatro años, después, que el caos se instalase en Asturies para que la derecha «se cociera en su salsa».

¿Que qué es todo esto, con la preterición de los intereses de la generalidad de los ciudadanos? Llamémoslo por su nombre, tomándolo prestado de Tom Clancy, «juegos de patriotas», en el entendimiento de que —casi sin excepciones, acaso coyunturales— la primera patria de los partidos son su propio partido, su parcialidad y su interés. Es cosa de los ciudadanos después discernir y peñerar: acertar con quién se defienden mejor sus intereses personales o se sostienen sus prejuicios, cambiando para ello de urna, manteniéndola contra viento y marea, quedándose en casa por indiferencia o hastío. Es eso la democracia: espíritu de facción, intereses contrapuestos, ensueños o diseños de futuro, irrealizables o factibles. No le pidamos lo que no es, pero no nos dejemos engañar por las apariencias ni por los discursos, porque la democracia solo es sólida si el ciudadano —miembro con derecho a voz y voto en la junta general de accionistas— es responsable, está informado y participa.

A fin de cuentas, con todas sus limitaciones constitutivas, es el mejor sistema de organización de la vida colectiva de que disponen las sociedades de bípedos erguidos que ocupan el planeta.

Fin de temporada. Solarina

0 comentarios


Pocu enantes de pañales, el 27/10/13. Recordái qu'esti añu tola fruta y tola huerta anduvieren con retrasu en toa España.

Solarina en sazón (III)

0 comentarios
El 20/10/13. D'esti increíble ochobre d'ábregu.




Si quisiera volver, volvería

0 comentarios


Acompáñese de música: 
Y nun perder la lletra


¿Quién se rió de Vázquez Montalbán?

0 comentarios
Yá saben, aquel faru de la manzorga, aquella llume del PC, aquella estrella de la intelixencia, aquel fogaral de la novela prieta, aquella llume inmarcesible de la gastronomía, Manuel Vázquez Montalbán.

Pues na so la cocina de los finisterres (con minúscula, que ye más popgre), que se sotitula como "viaje por las cazuelas de galicia, asturias, cantabria y el país vasco" (con minúscula, etc.), diznos que n'Asturies. 

Montalbán, al fondu, delantre un guisu de cordobeyos y truches del Enol

También tiene su fama las truchas del lago Enol. Se preparan dejándolas macerar en agua salada un rato para que pierdan el tonto dulzor que las aguas de río dan a casi todos sus peces, luego se rebozan con harina y se fríen en manteca de cerdo o tocino con jamón. EN LA PESCA FLUVIAL DESTACA TAMBIÉN EL CORDOBEYU, UN PESCADO DE LA ZONA DE LLANES DE CARNE MUY PRIETA.

Pues nada, yá saben: sigan al maestru -los maestros son los maestros- y siéntense a la mesa a comer los cordobeyos.

(A propósitu, otru día, vo conta-yos un casu al revés, cómo un día llevé a pescar pulpos, a les seis de la mañana, a un antropólogu estadounidense de raigañu familiar en Grao, y cómo pensó que lu llevaba a pescar cordobeyos pa reíme (como bon asturianu) del probe americanu (él). !Y entovía sigue enfotáu nello y cree que los dos pulpos que yo pesqué TENÍALOS AMARRAOS DIENTRO LA MAR¡)

Eupatoriu

0 comentarios
El 21/08/13. Colunga.



Eupatorium cannabinum L., de la familia de les Compósites. Ye una planta de 5-15 dm d'altura, raíces lleñoses, tallos altos, arroxaos, ramosos y pelosos. Fueyes opuestas, llanceolaes y dentaes. Les fueyes radicales tienen peciolos llargos, mentantu que les que desuden del tallu son curtios. Les flores son de collor rosa claru.

LA MORAL DEL SEÑORITO Y LA MORAL DE LA GENTE

0 comentarios


Como todos ustedes saben, una reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo confirma la inadecuación de la llamada «doctrina Parot», una interpretación del año 2006 de los tribunales españoles sobre la aplicación de los descuentos  por beneficios penitenciarios (algunos de estos tan indignantes como risibles) a los condenados por el Código Penal de 1973, computando esos beneficios sobre el total de las penas a que hubieren sido sentenciados y no sobre el tiempo máximo en prisión (30 años) contemplado por dicho código.
La sentencia —en cuanto a su doctrina jurídico-formal— ha sido recibida mayoritariamente como previsible y ajustada a los principios generales del derecho: ni castigo sin norma jurídica, ni retroactividad de las penas. Ahora bien, la «razonabilidad» de la sentencia no es tan patente, en cuanto que a la penada que recurría su condena, cuya es la razón de la sentencia del TEDH, la etarra Inés del Río, sentenciada a 3.828 años de prisión por un total de 24 asesinatos, ni se le modificaba la pena impuesta ni se inventaba un nuevo tipo penal para sus crímenes. Simplemente, se le aplicaba la reinterpretación de la aplicación de beneficios en relación con el código de 1973 que el Tribunal Supremo había hecho en 2006 para todos cuantos se encontrasen en situación similar. Además, como ha recordado aquí, en La Nueva España, Gerardo Pérez Sánchez, profesor de Derecho Constitucional de la ULL, el Tribunal ha tomado otras veces decisiones en sentido contrario.


Sin entrar a discutir a fondo la cuestión, sí me interesa subrayar un párrafo estremecedor de la sentencia: «Hasta la modificación de la jurisprudencia de febrero de 2006, esta práctica benefició a numerosas personas que, como la Sra. Del Río Prada, habían sido condenadas en virtud del Código Penal de 1973. La demandante podía por tanto esperar ser tratada de la misma manera. Dicho de otro modo, en el momento de la comisión de las infracciones así como en el momento de la adopción de la decisión de acumulación de penas por la Audiencia Nacional en el año 2000, el derecho español —incluida la práctica de los tribunales— era suficientemente preciso para permitir a la Sra. Del Río Prada conocer el alcance de la «pena» impuesta, es decir una duración máxima de 30 años de prisión, sobre la que debían aplicarse las redenciones de pena por trabajo». Esto es, si la expectativa de derecho conocida por la Sra. del Río para cometer sus «infracciones» (¡manda Trillos con el eufemismo!) era, en el momento de decidirse a cometerlas, la de esa lenición de las penas y, más aún, si hubiera sido ello parte del motivo de su decisión, se defraudaría su derecho a ser tratada de acuerdo con aquellos «cálculos». Sin más comentario.
               En todo caso, no debería olvidársenos que el motivo de que el TEDH pueda emitir esa sentencia tiene su entera responsabilidad en nuestro país: entre 1973 y 1995 el Parlamento español no ha sido capaz de modificar el Código Penal de aquel año, como, asimismo, ha sido incapaz de modificar los reglamentos que permitían la reducción de penas por motivos risibles, tales como el de realizar estudios que, en la práctica, no se realizaban. ¿La causa? Pues que para una parte importante de nuestra intelectualidad y de la izquierda en general no es de buen tono aumentar las penas, por razones que van, en el discurso, desde las filantrópicas hasta la de la responsabilidad genérica de la sociedad, pasando por la casi total irresponsabilidad del delincuente.
               En el ámbito público, en el de los partidos, las asociaciones de variada índole, los periódicos posicionados a uno de los dos lados de la trinchera, los etarras y paraetarras, las víctimas de violaciones o de crímenes bestiales, la sentencia ha provocado las reacciones esperables en nuestra sociedad: conformidad y hasta un punto de satisfacción en unos; disconformidad, irritación y asco en otros. Entre una parte de la derecha, y una menor de la izquierda, ha suscitado, además, la cuestión de la inacción del gobierno, o la de su cobardía o pasotismo; y en las manifestaciones derechistas más castizas se ha eructado con frecuencia la palabra «huevos», en las diversas fórmulas con que se expresa su ausencia, falta de desarrollo o retracción inguinal.
               Pero lo que a mí me interesa señalar han sido las reacciones de la gente de la calle, de aquellos cuya opinión, no siendo organizada, no se refleja en los medios: la vecina de portal, el cliente del quiosco, la de la cola de la carnicería, aquel con quien coincides en un ascensor, el vecero del bar… Ahí no ha habido distinción entre izquierdas y derechas. Con pocos matices, la irritación y la disconformidad son totales y la exigencia es de pena de muerte o cadena perpetua para los crímenes horrendos o los asesinos múltiples.
               Lo que se pone de manifiesto mediante esta disonancia es lo mismo que se ha evidenciado a lo largo de tantos años —entre 1973 y 1995— en que una parte de nuestra sociedad se negó a aumentar las penas o modificar los beneficios penitenciarios: para unas personas, la empatía emocional se encamina hacia las ideas abstractas y los conceptos: la ley, la humanidad, el criminal como víctima de la sociedad, la legalidad, e, incluso, una cierta repugnancia hacia el castigo y la punición concretos; para otras, la empatía emocional se proyecta en las víctimas y en el horror al acto criminal, y para ellas la condena y la prevención de la repetición del crimen son lo primordial. ¿Coincide ello, de forma generalizada, con las posiciones de izquierdas y derechas? Solo en las elites. La distinción es más bien vertical que horizontal (sigamos con los emblemas situacionales), y podríamos denominar a ambas posiciones como «la moral de los señoritos» y la «moral de la gente» (digo «gente», no «pueblo», que sería demagógico).
               Y es curioso, al respecto, observar además cómo, en las filas de la «moral de los señoritos», se produce la dialéctica razonadora que pudiéramos llamar «de escaqueo de caballo» o, con una metáfora lucasiana, «de salto al hiperespacio». Porque el cerno de su argumentación es que el objetivo fundamental de las penas y la cárcel es la reinserción del delincuente, y que por eso han de estar poco en ella. ¿Pero y cuando, como en estos casos de los afectados por la sentencia del TEDH, no hay atisbo de voluntad de reinserción? ¡Ah!, entonces acúdase al estricto cumplimiento del derecho y la legalidad favorable al reo. Ya verán ustedes como estos mismos posicionamientos se reiterarán cuando se proponga, si se propone, la cadena perpetua revisable. Se rechazará porque el objetivo de las penas es el de la reinserción y no el del castigo. ¿Y si no hay reinserción? Entonces, en su día, en la práctica, se producirá otra vez el salto al ciberespacio: cúmplanse derecho y legalidad favorables al reo para facilitar su reinserción, aunque esta no se haya producido.
               Moral de señoritos, moral de la gente.
    

Muilada

0 comentarios
El 01/10/13. N'El Piles.



Quesu afuega'l pitu: la palabra y otros.

0 comentarios

Restolando per esti blog, atopo una entrada del 23/06/11 onde una resaliviada de Cuideiro (tendera por más señes) diz na Sexta Dos (19 de xunu de 2011, domingu, seis y picu la tarde):
"Queso d'afuega'l pitu, que en castellano es y se llama de "ahoga el pollo".



Esta asturianada (esta babayada, tan asturiana por tantes coses) afalame a da-y una vuelta al compuestu quesu d'afuega'l pitu o afuega'l pitu, tamién llamáu quesu de puñu o quesu de trapu.

Como se sabe, el quesu afuega'l pitu yera un quesu cenciellu y elemental, que se facía en cuantes cases d'Asturies gustaba y quería facese, ensin más requisitos qu'un cuartu de llechi fresco a la que se-y echaba cuayu, y, la mayoría les vegaes, un cuartu de llechi tarabazao (cortao); esto ye, yera con frecuencia una manera d'aprovechar la lleche que se pasaba.

Una vegada qu'esa llechi algamaba una cierta condensación, que formaba una masa, metíase nun tarru con furacos pa que fuese perdiendo'l sueru o, lo más frecuentemente, metíase nun pañu blancu (equí'l procesu ye entá más elemental, y nun necesita, nin siquier, una cacía específica), que se colgaba pa que fuese deburando. Cuando acababa de deburar, el quesu yá taba fechu.

Pero, de momentu, vamos a otra cosa. A ver qué se diz del nome del quesu, por qué se lu llama asina. Al respective suelen decise dos auténtiques tochures: la primera, que se llama asina porque diba dándose'l quesu a los pitos hasta que s'afogasen, cuando lo facíen, yá taba'l quesu. ¡Como si hubiere pitos abondo pa dir matándolos poco a poco nes cases o caseríes asturianes y el pitu nun hubiere sío hasta avanzaos los sesenta un manxar esquisitu y raru, esto ye, escasu, que se comía pa nuechibuena y que se regalaba pa pagar un favor estraordinariu! La segunda, qu'esa triba de quesu quita'l pitu (lo qu'agora los mélicos llamen pitos), esto ye, los xiblíos de los bronquios cuando tán un daqué tomaos. ¡Como si daquién tuviera visto en dacuando milagru talu!
 
Pal nuestru talantar, afuega'l pitu ye una metáfora que designa non el quesu, sinón la forma de facese'l quesu cuando s'envuelve nun trapu, pues, efectivamente, pela parte superior de la bola más o menos esférica que formen el recipiente y el quesu amarrábase una cuerda pa colgar el quesu, y perrriba la cuerda queda una especie de corona, que ye apaecía a la cresta del pitu, de mou y manera que bien puede vese'l conxuntu como un pitu afogáu o que s'afuega. De fechu, los quesos industriales de güei clatienen la forma y aspectu del envoltoriu en trapu, en sin la coroniella o cresta. Y, a mayor abundanza, el nome de quesu de puñu vien a reforzar esa etimoloxía nuestra: un quesu que ye como un puñu o que s'aprieta como con un puñu.
 
En Lleón esti quesu tuvo de modo nel sieglu XVIII y llamábase esgañapitos -paez que n'ocasiones traíase d'Asturies-. Esi nome, esgañar, que significa 'aforcar, afogar`, vien reforzar otra vegada la nuestra desplicación.

Pa lo cabero, vamos a ir a otru ámbitu de la cultura popular onde se da la mesma imasen de la cresta del pitu como forma de designar una especie de cresta o corona. Trátase del xuegu infantil que se practica o practicaba tirando pa enriba, ente los deos pulgar y índice, de la inflorescencia de dalgunes gramínees, como l'Holcus lanatus L. Vamos recordar cómo yera'l xuegu: enantes de tirar pa enriba de la inflorescencia ente los dos deos citaos, entrugábase qué yera lo que, al final, iba apaecer ente ellos, cuando recorriesen tol tallu la planta y atropasen a lo cabero les espiguines, y decíase ¿-gallu o gallina, pitu o pitina? Y según lo que saliera, el rapacín acertaba o non. 

Como se ve, entós, esa imaxen de la cresta'l pitu yera una imaxen común y enraigonada na nuestra sociedá, y, polo tanto, una guiyada visual pal establecimientu d'asemeyos ente les coses.