Preimer emblema del PAS y remembranza (II)

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De la qu'entamamos ficimos un estraordinariu esfuerzu espardiendo'l nuestru emblema per muries y marquesines (les perres que teníamos yeren les nuestres, les manes les nuestres).

Equí, cerca La Griega, en Llastres, consérvase una de les poques pintaes emblemátiques d'aquella época.

Equí la llanto pal recuerdu, pero tamién cola remembranza d'aquella xente que tanto trabayó y qu'agora, por unes o otres razones, yá nun ta con nós y de lo los que sí tán, y de los que nun doi nome por nun dexar ensin nomar a dalgún.

A toos, los que colaren o siguen, l'afectu y la remembranza personalizada, les gracies, y, por qué non, un migayín de señardá nesi recuerdu y nel d'aquellos años de llucha pa danos a conocer, ensin más medios, perres y manes que les d'unos cuantos.


Datura de flor mariella

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En Colunga, el 06/04/16.


El síndrome de Platón (intelectuales y política)

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              EL SÍNDROME DE PLATÓN

               En su biografía de Pérez de Ayala, cuenta mi estimado amigo, el historiador Florencio Friera, cómo el escritor regresó a España temporalmente desde su exilio argentino y estuvo esperando durante un mes a que Franco lo recibiese personalmente. El dictador no lo hizo y Ayala se volvió tremendamente irritado por aquel desprecio. No me interesa aquí analizar la antehistoria de este episodio, ni en lo que respecta al periodo previo a la Guerra Civil ni durante esta —en que Ayala prestó servicios a la España de Burgos—, sino únicamente señalar el hecho de que el asturiano se creyese poseído de la dignidad y del derecho de ser recibido como persona y como intelectual.
               También Ortega se quiso entrevistar con el dictador, para explicarle lo que le convenía a España y para, en un quid pro quo, ser él una voz discretamente crítica con el Régimen, dándole así autoridad y prestigio. Franco ni lo recibió ni quiso saber nada de tal monserga, ante lo que Ortega rebufó con un «¡Él se lo pierde!», que quería ser altivo desprecio, pero que era, más bien, patética reacción ante la humillación.
               De ambos episodios me interesa señalar solo algunos rasgos que tienen en común: la pretenciosidad de los personajes al creerse investidos de una autoridad o dignidad especial; su entendimiento de que representan una singularidad de que no disponen otros coetáneos; el convencimiento de que son ellos los más aptos para interpretar el mundo y aun para dirigirlo. Por cierto, y al respecto de esto último, si recordamos el «éxito político» de toda la generación del 14, el fracaso de su apuesta por la República, de la que se hubieron de arrepentir, resulta difícil entender cómo, tras la guerra y algunos años ya de dictadura, seguían enhiestas e incólumes en sus mentes la pretensión de que disponían de un elemento óptimo para escudriñar el mundo y dirigirlo hacia lo mejor y la soberbia de disponer de él en exclusiva.
               Esa actitud, simple en sus relaciones con el mundo, pretenciosa en el alcance de su eficacia, infatuada en el ego de quien la sostiene es propia de muchos de los llamados intelectuales u hombres de cultura. «Dadme un discurso y os moveré el mundo», puede decirse que sería el lema con que, en parangón con el de Arquímedes, vendría a sintetizarse su creencia y su vocación. Si las personas que encajan en ese modelo han existido siempre (Platón, en su intento fracasado de organizar política y socialmente la Siracusa del tirano Dionisio, sería el arquetipo), «la época de la razón», los siglos que van de la Ilustración hasta nuestros días, ha multiplicado exponencialmente su número, entre otras cosas, porque la riqueza social contemporánea les ha permitido gozar de medios de subsistencia más o menos al amparo del Estado y de numerosos altavoces en los medios o en las organizaciones sociales.
               Ese tipo de intelectuales iluminadores y salvadores con esa mezcla de falsa perspicacia y de hybris se erigen además, en el último siglo y con mucha frecuencia, en «funcionarios de causas», de las cuales predican que constituyen la única verdad en la descripción del mundo y para la solución de los problemas. Encajan, en muchos aspectos, en la denuncia que Julen Benda («La trahison des clercs») y Raymond Aron («L’opium des intellectuels») hicieron en el pasado de cierto tipo de «maestros del pensamiento».
               Quizás el mayor y más afamado pensador de ese tipo haya sido Carlos Marx. Su propósito de explicar el mundo y la historia toda desde un sistema; su voluntad profética; su creencia metafísica en una teleología de la historia, hacen de él uno de los más destacados ejemplares de ese tipo de intelectual que cree, mediante la idea, poder escudriñar el mundo en toda su complejidad y trazar el futuro, al tiempo que se muestra henchido de una vanidad apasionada. Su «Hasta ahora los filósofos se han limitado a interpretar el mundo; de lo que se trata ahora es de transformarlo» tiene un referente implícito que es el ego del emisor.
               Esa idea de poseer la clave del futuro, ese engreimiento de que uno podría resolver los problemas sociales y de la humanidad, cuyas claves tiene, con solo con que lo pusiesen a él al frente de los destinos del Estado es lo que explica la pasión que tantos intelectuales, artistas y hombres de la cultura tienen por las dictaduras de izquierdas. Porque, en primer lugar, confían en que, si algún pequeño defectillo tuviesen en el presente esas sociedades —no su orientación estructural, que tienen por buena—, ellos lo solucionarían en la dirección que indican sus ideaciones, las legitimarían definitivamente; piensan que, naturalmente, llegada la ocasión, resultaría inevitable que se impusiese la evidencia y fuesen ellos los llamados a iluminar el camino; fantasean con la idea de que, si hubiese una convulsión social revolucionaria, ellos quedarían incólumes y serían colocados con presteza al frente de ella. ¡Ilusos!: ignoran que, de dar la lata o de pretender apropiarse de lo que otros ganasen por la violencia o por las armas, serían ellos prontamente eliminados o reducidos al silencio.
               «Rocamora, Rocamora, no se fíe usted de los intelectuales», le dijo el dictador Franco, al falangista y primer presidente del Ateneo tras la guerra, Pedro Rocamora, después de exponerle este las pretensiones de Ortega. Franco, a fin de cuentas, era un hombre de clase media, más o menos educado, moderado seguramente en sus hipotéticos malos modos militares por el amojamado brazo de Teresa de Jesús, con quien tendría sus soliloquios, y por los remilgados modales de la señorita de Llanera a la que desposara, quien tal vez lo haría objeto de sus monólogos. Vladimir Illich Uliánov, Lenin, de no peor tradición familiar pero más rudo, acaso por el frío de la estepa, acaso por el vodka, lo expresaba de otra manera: «Esos intelectuales de segunda fila (frente a los intelectuales de primera fila que son los obreros y campesinos, aclaro) y lacayos del capitalismo que se creen el cerebro de la nación. No son el cerebro de la nación. Son su mierda».

               Palabra del señor de la Revolución. Amén.

                (Asoleyóse na Nueva España del  30/03/14)

Ceanothus (II)

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En Colunga, el 10/04/16. En primer términu, datura. 
(El 30/04/16 nun queda yá nin rispiu del so plenu azul.)



El retrasu la primavera: pumares

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El 18/04/2015 asoleyaba yo estes semeyes onde yá apuntaben los primeros brotos. A día de güei, 03/05/16 nun salió brotu dalu en tola pumarada y les yemes talo paez que tán conxelaes.








Güei, en LA NUEVA ESPAÑA

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L'aprecederu

No dimita, doña María Jesús

El retraso en la concesión de los carnés para empleo de productos fitosanitarios

03.05.2016 | 03:45
No dimita, doña María Jesús
No dimita, doña María Jesús
En el año 2012, el Real Decreto 1311, sobre utilización sostenible de productos fitosanitarios, estableció una serie de medidas que acabarían de completarse a finales del pasado año. En la práctica, y para lo que aquí nos interesa, a partir de esa fecha, y con escasas excepciones, la compra y empleo de productos contra plagas y enfermedades de las plantas queda limitada a aquellos que posean una habilitación conseguida mediante examen. En caso de no tenerla, no los podrán adquirir ni los podrán utilizar.
De modo que un agricultor que quiera limpiar sus cultivos de malas hierbas, o prevenir o curar sus cultivos de las plagas queda imposibilitado para ello, salvo la posesión de un carné ad hoc.
(Se exceptúan de ello ciertos productos -como los derivados del cobre o algunos herbicidas- que, comprados en envases de medio kilo o litro, sí se pueden utilizar sin licencia; eso sí, con un IVA que es el doble de los envases de mayor tamaño, destinados a las personas con habilitación).
Pues bien, el caso es que la Consejería de Desarrollo Rural, a cuyo frente se halla doña María Jesús Álvarez, viene tardando algo más de cuatro meses en entregar los carnés habilitantes a aquellos que han aprobado el examen. Ya pueden ustedes imaginarse los trastornos y el daño económico que ese retraso acarrea para los agricultores, que no pueden prevenir, curar ni limpiar sus cultivos.
No hay ninguna razón para esa demora, excepto la escasa dotación de recursos para esa gestión, pues todo ello puede resolverse en una semana e, incluso, el propio interesado podría bajarse la autorización de internet directamente.
En nombre de toda esa gente, doña María Jesús, yo no le pido que dimita, como harían otros. Simplemente le pido que requiera de su Presidente los medios necesarios para una puesta al día y un despacho inmediato de esas licencias.

¿Renovación del ?PSOE o de sus votantes?

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Asoleyo equí esti artículu del 2012 (02/11/2012) en La Nueva España, que creo que desplica dalgunes de les claves de la desafección hacia'l PSOE.



                              ¿RENOVACIÓN DEL PSOE O DE SUS VOTANTES?


               El nuevo desastre electoral del PSOE, esta vez en Galicia y en Euskadi, ha hecho que muchos analistas se pregunten por su inmediato futuro y por su porvenir. Y ello por tres razones, la primera porque es y sigue siendo un partido capaz de formar mayorías o de articularlas en todo el Estado; la segunda porque constituye, junto con el PP, el único partido que, con posibilidad de gobernar, aparecía, hasta ahora al menos, como una formación del conjunto de España; la tercera porque, de hecho, y pese a algunas proclamas ocasionales, se ha venido comportando como un partido de centro o, si se prefiere, estabilizador o del sistema.
Los votantes que han causado defección en sus filas lo han hecho en tres direcciones: hacia el PP (en número limitado, poco más de 700.000 en las últimas generales), hacia la abstención, en la más amplia mayoría, hacia opciones radicales o nacionalistas (en Euskadi y Galicia, en este caso). Las que se han señalado como causas de esa deserción de confianza han sido varias y contradictorias: su excesivo nacionalismo en Cataluña y Galicia y, a la par, su escaso entusiasmo por él; el que diga cosas distintas en cada sitio y el que haya abandonado su esencia obrera, unitaria e igualitaria a favor de políticas minoritarias y «vanguardistas»; que no haya profundizado lo suficiente en este ámbito; que se haya vendido al capitalismo y a los bancos; la «herencia de Zapatero». Un ejemplo individual lo encontramos en Félix de Azúa, quien el 21 de enero de este año manifestaba a La Nueva España que «El PSOE, a menos que se produzca un cambio brutal y podamos volver a votarlo, nunca más va a regresar al poder». Y señalaba que el PSOE ha abandonado todos los principios —éticos, políticos, estéticos y morales—  que lo caracterizaban como un partido de izquierdas y serio, es más, «los había traicionado».
No vamos a analizar la coherencia de esos argumentos con la realidad. Solo señalar que fueron los gobiernos de Zapatero los que suscitaron el entusiasmo popular durante ocho años, así que invita a la meditación el pensar cómo lo que provocó el éxtasis pueda ser la causa de la desafección posterior.
Pero quizás un punto de vista más acertado para entender el proceso sea indagar en el tipo de personas que suelen constituirse en votantes del PSOE. El núcleo fundamental de los mismos lo constituyen aquellos para quienes las siglas son su única iglesia, a tuerto a derecho, y sean cuales sean las políticas del PSOE. Un segundo amplísimo grupo lo constituyen quienes aúnan el rencor por la memoria de la guerra civil y el franquismo (vivida o aprendida en las narraciones de los mayores), la consideración de la derecha como la encarnación del mal y, por tanto, como el enemigo permanente, la visión de los empresarios como explotadores y un anticlericalismo más o menos militante. En el tercero se agrupan aquellos que podríamos etiquetar como los del «por qué me quieres, Andrés», los que entienden que el socialismo constituye, sobremanera, reparto, en especial si se «quita» a los ricos y a los poderosos. Naturalmente, son las tres variables que se reparten en mayor o menor medida en los individuos, aunque formen acúmulos estadísticamente cuantificables. A ello ha de sumarse un discurso generalizado que busca la igualdad y la justicia, aunque, con frecuencia, no actúa en meridad de altruismo, sino que encubre otras pulsiones o voluntades.
De este tipo de votantes es fácil que los del segundo grupo abandonen la referencia socialista cuando el PSOE aparece como demasiado «centrado»; los del tercer grupo, cuando ya no hay «daqué» y llegan las políticas de austeridad.
Es evidente que, en el futuro, la desafección y el cansancio que el tiempo irá trayendo con respecto al PP, la mala conciencia de los fieles de la iglesia socialista por haber permitido que gobernase la derecha y un discurso que les haga creer que escuchan lo que quieren oír en cuanto parezca atisbarse la posibilidad de volver al poder concitarán otra vez en torno a sus filas a los suyos. Ahora bien, el problema va más allá.
Como la mayoría de los partidos —no todos— de la izquierda democrática europea, el discurso del PSOE sobre la realidad del mundo y las soluciones que para corregirla daba se basaba sobre una análisis que nunca había sido cierto y, por lo tanto, proponía unas recetas que nunca habrían sido certeras. En las últimas décadas las realidades de que se hablaba se habían evaporado por completo y lo que se decía sobre el mundo era como el eco de un eco. Ahora bien, esa evanescencia daba la impresión de que funcionaba por dos razones: la primera porque existía un numeroso grupo de seres humanos a los que se había instruido desde su juventud en que esa era la única sólida realidad, y, de ese modo, las palabras que convocaban ese constructo ficto suscitaban la adhesión (capitalismo, mercados, bancos, empresarios, explotación…) incondicional hacia quienes las pronunciaban. La segunda, y principal, porque la existencia de un potente capitalismo de estado (propiciado, por cierto, por las dos sucesivas dictaduras españolas: ENSIDESA, CAMPSA, HUNOSA, INI, TABACALERA…), una moneda propia y un ámbito económico nacionales, posibilitaban manipular los precios, trasladar costos al futuro, empobrecer ocasionalmente a todos sin gran dolor, entregar parte de la riqueza del conjunto de los españoles a los favorecidos con el trabajo en las empresas públicas o en la administración, etc. Pero es evidente que nuestro marco económico —globalización mercantil y financiera, moneda europea, transferencia de soberanía a ámbitos supranacionales— ya no permite todo eso.
          El problema es que muchos de los que piden la renovación del partido de Pablo Iglesias, piden precisamente eso: que vuelva lo que ya no puede ser y aun lo que nunca pudo haber sido.

                    (02/11/2012)

Primer emblema del PAS y remembranza

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De la qu'entamamos ficimos un estraordinariu esfuerzu espardiendo'l nuestru emblema per muries y marquesines (les perres que teníamos yeren les nuestres, les manes les nuestres).

Equí, cerca La Griega, en Llastres, consérvase una de les poques pintaes emblemátiques d'aquella época.

Equí la llanto pal recuerdu, pero tamién cola remembranza d'aquella xente que tanto trabayó y qu'agora, por unes o otres razones, yá nun ta con nós y de lo los que sí tán, y de los que nun doi nome por nun dexar ensin nomar a dalgún.

A toos, los que colaren o siguen, l'afectu y la remembranza personalizada, les gracies, y, por qué non, un migayín de señardá nesi recuerdu y nel d'aquellos años de llucha pa danos a conocer, ensin más medios, perres y manes que les d'unos cuantos.







Retrasu la primavera (o la floración)

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Esta cerezal taba asina'l cuatru d'abril del 2014.

Ayer, día 30 d'abril del 2016, nun entamara floriar.

Velahí un raru exemplar de cerezu xaponés (Prunus serrulata Lindl.). Son de flor arrosao habitualmente. Esti tien un ensiertu de flor blanco.

Na zona La Coría, en Xixón, el 09/04/14.




Ceanothus

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En Colunga, el 10/04/16. En primer términu, datura. 
(El 30/04/16 nun queda yá nin rispiu del so plenu azul.)