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Felices, infelices, nefelibatas

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU FELICES, INFELICES, NEFELIBATAS Putin es realmente extraordinario, un ejemplar digno de análisis y muestra. Lo de Ucrania lo ha ido preparando durante mucho tiempo (discursos, propaganda en las mentes de ideología confusamente comunista-prorrusa y antioccidental, golpe de Crimea…). Pero no es mi intención analizar sus acciones ni sus discursos, como tampoco los de los putineros de los países democráticos, que justifican sus actuaciones, las diluyen acusando a Occidente de ser corresponsable o piden que se ayude a Rusia en su masacre negando armas a Ucrania. No, mi intención es la de señalar que, frente a lo que declaran tantos ciudadanos comunes, Putin no está loco. Es un ser tan racional como usted y yo, pero de otra entraña. Es decir, es tan humano como cualquiera. Solo que la humanidad incluye monstruos del poder y la violencia, como Hitler o Stalin, individuos para quienes sus propósitos de dominio dejan fuera de sus cálculos cualquier consideración de vidas o destrucción. Comprendo que muchos ciudadanos se nieguen a aceptar tal realidad, y prefieran excluir la conducta del dictador de “lo humano”. Comportándose así, como infelices, hacen su mundo más feliz. En construirse un mundo más feliz, en convertirse en nefelibatas, destacan algunas organizaciones animalistas. Ya saben que los jabalíes son una especie de crecimiento desmesurado, dañan cosechas y campos, causan accidentes de carretera, transmiten enfermedades. Para controlar su número se usan ahora arcos, que, por lo visto, frente a las balas, son “más humanos” y causan menos estrés. Pues he aquí que algunos animalistas tampoco quieren el uso de los arcos. ¿Algún otro medio proponen? No. “Que el ayuntamiento respectivo busque alternativas”. ¿Las hay? Pues la única parece dejar a los animales campar a sus anchas, a juzgar por sus argumentos: “Entran en los cascos humanos porque hemos ocupado su medio natural”. ¿Ocupado su medio natural? ¡Pero si media Asturies está despoblada! ¿Qué tal una partida presupuestaria para los pobres suidos?

En la patria de Chamberlain y en otras

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(Ayer, en La Nueva España) EN LA PATRIA DE CHAMBERLAIN Y EN OTRAS En el reciente conflicto en torno a Ucrania hay una serie de posturas que podríamos calificar como situadas “en la patria de Chamberlain”. Neville Chamberlain, primer ministro de Gran Bretaña, pactó con Hitler en 1938, tras la anexión de Austria, que este ocuparía una franja de Checoslovaquia de habla alemana, los Sudetes, sin que hubiese reacción por parte de las democracias. Chamberlain regresó a su tierra al grito de “Peace in our days”, pensando que con aquel apaciguamiento se calmaría el hambre del monstruo. Ya saben lo que pasó a continuación: invasión de Polonia, II Guerra Mundial. Conocen también las palabras de Churchill: “Os dieron a elegir entre el deshonor la guerra; elegisteis el deshonor y tendrás la guerra”. No pienso yo, en principio, que estemos ante una situación de conflicto semejante, pero sí ante una respuesta chamberlainiana por parte de muchas personas y grupos: ante la amenaza o actos de fuerza de la otra parte, de Rusia en este caso, conviene no hacer frente con ningún tipo de medidas, ni de exhibición de fuerza, aunque no se utilice ni se piense utilizar, ni de sanciones económicas: dialogar, “desescalar”, apaciguar. Se dio una reacción semejante a finales de los setenta con la llamada “Crisis de los misiles” y la “Doble decisión”. La URSS instala en los bordes de las democracias unos nuevos misiles nucleares de largo alcance, los SS-20. En respuesta, la OTAN anunció que instalaría los Pershing-II y los Gryphon. Contra la irrupción de las nuevas armas rusas no hubo en Occidente ninguna manifestación; la alarma, el griterío y las protestas siguieron a la respuesta de la OTAN. Y en esto sí que son semejantes la crisis de los 70 y las reacciones actuales. Rusia invade Crimea y se apodera de ella en 2014; infiltra mercenarios prorrusos en Dombass y Lugansk, es decir, entra en guerra. Ni una protesta en occidente. Instala cien mil hombres, tanques y aviones en la frontera con Ucrania. Ni una palabra. Ningún “No a la guerra”: Ahora bien, cuando la OTAN amaga con algún movimiento o los países occidentales anuncian medidas drásticas de tipo económico si se produce la invasión de Ucrania, las tripas de las democracias se revuelven y aparecen los “apaciguadores”. En el fondo, hay aquí, como hubo en el pasado, algo más que un pacifismo tuerto o ciego, existe también una doble emocionalidad y discurso: simpatías hacia la URSS y el comunismo, antipatía hacia el Occidente democrático, especialmente contra EEUU y la OTAN. “La OTAN, acaba de decir, por ejemplo, Pablo Iglesias, son los intereses de EEUU”. Es difícil pronunciar mentira mayor: la OTAN es el paraguas del occidente europeo que sostiene EEUU; son los países europeos quienes llevarían los daños mayores en caso de un conflicto. Es esa una vieja tradición, la de los comunistas o paracomunistas sosteniendo a la URSS. Así, los partidos occidentales de esa filiación aplaudiendo el pacto Hitler-Stalin, que a otros izquierdistas y demócratas revolvió las tripas. O sosteniendo aquella cosa tan graciosa de que el Muro de Berlín se levantó para impedir que, puesto que se vivía tan bien allí, los alemanes occidentales se pasasen en masa a la RDA. Yo sé que se arguyen razones, considerables, y no solo desde la izquierda, para tener en cuenta el malestar de Rusia si se instalasen tropas de la OTAN en Ucrania, y si esta entrase en la OTAN; no ignoro tampoco que Rusia siente a Ucrania como parte de sí históricamente (matanzas y hambrunas aparte). Pero vengamos a los datos de hoy. ¿Es la Rusia de Putin una democracia ejemplar? ¿Se prohíben allí organizaciones incómodas para el Régimen? ¿Se encierra a los opositores sin razón y motivo? ¿Desaparece alguno o se lo envenena? Por el contrario, ¿ocurre eso en las democracias occidentales? Entonces, ¿por qué esa querencia? ¿Han invadido Occidente, Ucrania o la OTAN alguna parte de la URSS? ¿Lo ha hecho la URSS en Ucrania hace siete años? ¿Amenazan Occidente o Ucrania a la URSS con miles de tropas y armamento en sus fronteros? ¿Ocurre al revés? Respecto a las peticiones putinistas de que la OTAN se retire a las fronteras anteriores a la crisis del Pacto de Varsovia y la disolución de la URSS, cabe considerar la cualidad de aquellas fronteras: es el territorio que la URSS había ocupado con motivo de la lucha contra Hitler y donde había impuesto su dictadura a través de gobiernos títeres. ¿Es ello razonable? Más aún, con respecto a la candidatura de Ucrania para entrar en la OTAN, seguramente discutible por razones de prudencia, ahí tienen a ERC negándose a suscribir el manifiesto equidistante y apaciguador de Podemos y otros “contra la guerra”. La formación catalana, tras un análisis histórico de la relación entre dos naciones y críticas a la política de confrontación, afirmaba que “todo ello no puede justificar la política de Putin de coacciones con amenazas militares y ataques híbridos a la soberanía de Ucrania, un estado soberano con todo el derecho a decidir qué alianzas estratégicas prefiere priorizar” (un argumento este último utilizado, sin duda, “pro domo sua”, pensando en su casa). Y ahora, con la mano en el corazón, cada uno de ustedes. ¿Quién piensa que Ucrania o la OTAN son capaces o están dispuestas a atacar a Rusia y a ocupar algún territorio suyo? ¿Y que Rusia sí es capaz de invadir Ucrania y apropiarse de, al menos, algún nuevo pedazo de ella? Entonces, ¿qué significa la equidistancia, o, peor, la simpatía hacia Rusia y Putin?

Anschluss

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Primero vino la ocupación de Austria, después la de una parte de Checoeslovaquia, y todo ello con el pretexto de reagrupar en un solo estado a los hablantes de ruso. ¿O estoy confundiendo algo? ¿Crimea con Austria? ¿Checoeslovaquia con Donetsk y Lugansk? ¿El alemán con el ruso?



Pa celebrar el Día del Trabayu

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Pues nada, ehí tiene a Schröder, el que fue presidente d'Alemania pol Partíu Socialista, celebrando'l so cumpleaños con Putin. Putin acaba d'invadir Polonia, perdón, quiero decir Crimea, y ta afalando a los milicianos prorrusos pa quedase cola metada oriental d'Ucrania (de momentu).

El socialista tien un concratu de munchos millones pa ser directivu de la compañía de gas rusu Gazprom.

Pues nada, yá digo, pa celebrar el primeru de mayu.

SUPERSTICIÓN, ANTEOJOS, AVESTRUCISMO

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Nuestro ilustrado lector ya lo sabrá prácticamente todo con respecto a Ucrania tras estas semanas agónicas. De todas formas, me permito traer aquí un pequeño vector de la historia, que tal vez ayude a comprender un poco mejor el presente. Existía en Ucrania una larga tradición de bardos (de aquella estirpe que, por ejemplo, encontramos tocando y cantando en varios pasajes de la «Odisea», los «divinales aedos»), generalmente ciegos (como la fama pinta al propio Homero) que, de aldea en aldea, como un museo viviente, entonaban canciones y baladas en que se recordaba el pasado heroico e independiente de Ucrania. Stalin, en su política indesmayable de crear el «hombre nuevo» y de arrasar cualquier rasgo nacional o cultural que no fuese el creado por la nueva religión, los convocó a un «Iº Congreso Panucraniano». Acudieron algunos centenares; fueron detenidos y en su mayoría fusilados.

He aquí el primer ejemplo de superstición y avestrucismo que hoy quiero exponerles. No es solo que ningún comunista haya querido o quiera saber de esta realidad, sino que durante muchas décadas, el camarada José, con su «La cuestión de las nacionalidades», fue para los militantes españoles el ejemplo, el canon, mejor, del derecho a la autodeterminación de los pueblos y las naciones; y, en cuanto tal, nos invitaban a muchos a entregarnos a las ideaciones panfletarias del exseminarista de Gori (naturalmente, no a conocer las realidades de su ejecución) y, merced a ese intercesor, confiar en las bondades redentoras de los comunistas de aquí.

Pero la cuestión de Crimea y Ucrania dice mucho también sobre nosotros, sobre la sociedad española y, en general, la europea. Adentrémonos por la superstición del pueblo y de la plaza en pie. Recordemos que el último capítulo de Ucrania ha empezado en la plaza de Maidán, a través de una mezcla de protesta popular, golpe de estado e instigación terrorista mediante disparos de francotiradores. Pues bien, lo notable, en cuanto a nosotros se refiere, es el entusiasmo habitual con que gran parte de los comunicadores y de la izquierda perciben en ese tipo de acontecimientos la expresión de una manifestación «semidivina», de la parusía del «pueblo» en su más pura expresión. Poseídos por una especie de viagra discursivo adolescente, por la nostalgia de «la revolución pendiente» —de modo semejante a la que exhibía parte del falangismo durante el franquismo—, ignoran que esa idealización que llaman «pueblo», a la que revisten de carácter salvífico y beatífico, es una mezcla compleja de idealismo, juventud, manipulación, canalla y aventurerismo, entre otros; y, sobre todo, ocultan que quien gana las revoluciones no es quien sale a rogar por ellas, sino quien las manipula y quien tiene el poder y la organización para encauzarlas.

Sin embargo, desde que Rusia se ha anexionado Crimea y prepara motines en el este de Ucrania no habrán visto ustedes moverse por las calles ni un solo pancartero de los habituales, ni una sola bacante o ménade de las que de continuo se agitan contra el imperialismo por las plazas (¡Pobre Fraga que creía que la calle era de él!), ni un susurro de sus líderes. Es fácil, sin embargo, que a partir de las próximas semanas, en cuanto empiecen a desplegarse de forma tímida en Polonia y Estonia las tropas de la OTAN, el hormiguero empiece a inquietarse y a manifestarse. Y es que una gran parte de la opinión y de la intelectualidad occidental solo es capaz de desazonarse por lo que las democracias y Occidente (nosotros mismos) hacemos, ya sea en defensa propia, ya en auxilio (a veces reclamado) de otros; nunca por lo que hacen los demás. Recuerden ustedes lo que pasó en los años 80 a propósito del rearme de la URSS con los SS20 y la «doble decisión de Occidente» y cómo recorrió la histeria los territorios de la democracia, como si los agresores hubiésemos sido los habitantes de los países libres. He ahí dos ejemplos de los anteojos de prejuicio distinto que condicionan la visión y la pasión de nuestra sociedad.

«Si Putin se conforma con Crimea, vamos bien», escribí cuando aún no se quería aceptar que los activistas armados en esa península eran, en realidad, tropas rusas. Pues bien, por desgracia no va a quedar ahí la cosa. Si los acuerdos de Ginebra del pasado fin de semana entre Ucrania y Rusia son sinceros (que es muy dudoso que sean otra cosa que un movimiento propagandístico coyuntural) y las milicias rusas y prorrusas están dispuestas a cumplirlos (que a la hora de escribir estas líneas está por ver), ello no implicará más que una calma temporal: posteriormente habrá otros pasos por parte de Rusia a fin de anexionar —de manera formal o mediante una ficción federal—, al menos, una parte de Ucrania. Si la lógica de la situación y de los actores no bastase para hacerlo evidente, ahí están las palabras del jerarca del Kremlin: «Confío en no tener que ejercer mi derecho a enviar tropas». Además, Putin sabe que cuenta, entre otras cosas, con la opinión pública mayoritaria en Occidente.

Porque la opinión pública practica entre nosotros el avestrucismo, el pensar que no queriendo ver, las cosas no ocurren. Desde la segunda Guerra Mundial, Europa ha estado protegida por las armas estadounidenses, que, sobre servirle de escudo y de fuerza mercenaria en los conflictos humanitarios fuera y dentro de nuestras fronteras, le ha permitido no gastar demasiado en armamento y al mismo tiempo, tener un villano, los EEUU, en quien descargar su falsa buena conciencia. Ahora bien, la confrontación en Ucrania tendrá consecuencias de todo tipo, más que las económicas. Las tendrá también de tensiones militares y de armamento. He recordado ya que se desplegarán tropas de la OTAN en Polonia y Estonia; quién sabe si, pronto, en otros países, y hasta dónde llegará la pugna. En todo caso, los ministros europeos ya han dicho que, a la vista de lo visto, hay que invertir más en armamento. Permítanme una parábola con unos versos de Antonio Machado: «y si les llega en sueños, como un rumor distante, / clamor de mercaderes de muelles de Levante, / no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa? / Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa».

Pero si no se quiere ver la realidad y, además, solo se quiere ver y gritar contra lo que hacen unos, que somos nosotros mismos pero en figura de otros, ¡todos tan felices!

Xuan Xosé Sánchez Vicente

¿Y esta "chiripa" histórica?

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¿Esta serendipity?

Resulta que, con motivu de la invasión rusa de Crimea apaez un comunista de verdá, un rusu de verda, Alejandro Medusheuvsky, que ye sobrín de Aida Lafuente.

¿Qué-yos paez? Pinchen equí:

Crimea: la Virxen llarieguera y pelegrinante

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¿Vieren eses semeyes de les urnes qu'en Crimea van llevando de casa en casa pa que los habitantes de la península pudiesen cumplir col preceptu del votu pascual esti domingu? ¿Viérenles? ¿Ven a eses vieyines o a esos paisanucos que reciben n'antoxana la urna cola devoción debida y cola devoción debida cumplen col preceptu democráticu? Pues a mí recordárenme'l vieyu ritu de les Vírxenes que se llevaben de casa en casa -entovía se lleven, pero malapenes- endolcaes nel so fanalín de cristal pa que cada devotu (normalmente devota, anque non siempre) pudiere cumplir en casa coles sos obligaciones y les sos devociones, anque tuviese impedíu y nun pudiere salir del llar. D'esa mena, la Ilesia, siempre atenta al bien de los fieles, proporcionába-yos, en serviciu a domiciliu, los aperios pa evitar la condenación eterna. Asina en Crimea, asina'l buenu de Putin.
Por cierto, como profeta nun valgo un res. Siguen ensin atascase les calles de manifestantes contra la invasión de Crimea.





Tráficu y palinodia

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Enquivoquéme. Anunciara un colapsu xeneral del tráficu durante toa esta selmana, tanto n'Asturies como n'España y nun hubo nada.

Yo pensaba que, darréu de la invasión de Crimea polos rusos, diben enllenase les cais de manifestantes, yá que somos un país tan sensibilizáu con tantes coses y que nun paramos de salir a les places pa too, hasta pa pedir la xusticia universal.

Dense cuenta de que nin siquier en Xixón ocuparen la plaza El Parchís, una plaza que se enllena una selmana sí y otra non, pa protestar escontra'l PP y Rajoy. Porque de xuro que de lo d'Ucrania dalguna culpa tienen dambos, PP y Rajoy, y que fue eso lo qu'obligó a Putin a invadir Crimea pa defender a los ucranianos en xeneral y a los crimeanos en xeneral.

Asina que, fecha la palinodia, disculpes.

Tráfico: ¡Alerta naranja!

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Reitero el aviso del pasado viernes, sobre los problemas para el tráfico por carreteras cortadas. Ahora que las dimensiones de la invasión se han agrandado y que ha quedado fuera de toda duda la procedencia de los invasores, el peligro de colapso en el tráfico en toda España, y especialmente en Asturies, se hace extremo:
Agentes de Rusia han tomado el parlamento y la sede del Gobierno de Crimea. Otros, esta misma madurgada, han ocupado el aeropuerto, probablemente para facilitar ulteriores operaciones aéreas.

¡Cuidado con el tráfico! Los próximos días las calles de toda España estarán ocupadas por miles de manifestantes gritando consignas contra el golpe de estado prorruso.

¡Cuidado con el tráfico!

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Agentes de Rusia han tomado el parlamento y la sede del Gobierno de Crimea. Otros, esta misma madurgada, han ocupado el aeropuerto, probablemente para facilitar ulteriores operaciones aéreas.
¡Cuidado con el tráfico! Los próximos días las calles de toda España estarán ocupadas por miles de manifestantes gritando consignas contra el golpe de estado prorruso.