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Por fin se atreve un gobierno: Los clubes de fútbol podrán ser expulsados de la Liga si no pagan sus deudas con Hacienda

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Equí, nesti blog, llevamos yá tiempu protestando y quexándonos: nun hai derechu y nun había derechu a que los clubes de fútbol tuviesen deldes cola Axencia Tributaria y cola Seguridá Social. Ye más, munchos tán en quiebra y otros oculten dalgunos ingresos de los sos xugadores.

Ello, sobre ser una inxusticia y un espoliu al dineru de toos, ye una ufiensa pa tantos miles d'empresarios que tán obligaos a pesllar por nun poder pagar les deldes, pa tantos miles de persones o families que pierden la casa por nun poder pagar la hipoteca.

Un aplausu pal PP que s'atreve a meter mano nesti caxellu d'aviéspores. La quexa ye que'l plazu que-yos da pa ponese al día (ocho años) ye escesivu. Y, per otru llau, a ver si lo cumple o si'l siguiente sigue con ello.

L'escándalu del fútbol

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Conócenlo toos ustedes. Yo téngolo contao equí fai tiempu: un númeru grande de clubes de fútbol son morosos cola Axencia Tributaria y cola Seguridá Social. Con Facienda, 752 millones d'euros. Cola Seguridá Social, hacia 3.000.

Nun merez la pena facer comentarios. Recuerden sólo que fai menos d'un mes embargaren el mobiliariu d'un colexu por deldes cola Seguridá Social.

Responsables. Los gobiernos, por supuestu. Y la oposición, por supuestu. Y la mayoría la población, que lo lleva ensin escándalu, vota una y otra vegada a los que lo toleren y, una gran parte d'ella, diba echase a la calle si-y tocasen a los sos morosos, digo, a los sos clubes del alma, que son les sos patries más fondes.

¿Y qué quieren que-yos diga? Esti ye'l país.

¡PONGAN ORDEN EN ESA PATRIA!

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Los seres humanos nos sostenemos emocionalmente sobre una serie de patrias. Una patria es una realidad objetiva que representa para un grupo humano un anclaje vivencial y emocional de una enorme intensidad, hasta el punto de que constituye, a veces, un absoluto. Las patrias dan sentido a la vida de muchos humanos y los hacen, al mismo tiempo, percibirse como parte de un grupo con el que tienen una comunión de sentimiento. Existen muchos tipos de patrias, que, generalmente, conviven con otras: la religión, el territorio, el partido político, la lengua —en ciertas ocasiones—, la familia… Una característica común a muchas de esas patrias es que se conforman como una polaridad antitética: la patria propia (investida de todos los valores positivos) implica la de los rivales o enemigos, antítesis de la nuestra y plagada de valores negativos. Cuando una patria es bipolar —lo son habitualmente casi todas—, la personalidad de los individuos que se sienten miembros de esa patria está definida tanto por la adhesión a la suya como por la repulsión hacia la del enemigo.

El anclaje psíquico en esas realidades objetivo-emocionales es tan profundo, en la mayoría de los casos, que puede llevar a inmolarse o a exponer la vida sin ninguna reserva a los sujetos que las tienen por propias y, en cualquier caso, la puesta en cuestión de las mismas hace que esos sujetos perciban tambalearse su mundo y se sientan profundamente inseguros, lo que los lleva muchas veces a la violencia, como respuesta defensiva de autoafirmación.

Una de esas patrias es, en lo moderno, el fútbol. De ahí que levante las pasiones que levanta o que en su entorno se toleren tantas irregularidades, pues los responsables del Estado no desean desilusionar o excitar a los habitantes de esos territorios de pasión. Piénsese, por ejemplo, en cómo hubo de pasarse de una liga de 16 competidores a la actual de 18, cuando, tras haber hecho descender a segunda división al Sevilla y al Celta por incumplir la legislación, hubo de darse marcha atrás y reacomodar a ambos equipos en una nueva liga, pues sus puestos ya habían sido cubiertos en la anterior competición de 16.

Y, sin embargo, la situación hodierna del fútbol español es tan sangrantemente escandalosa que ya va siendo hora de que se haga una profunda limpieza, es decir, una simple exigencia del cumplimiento de la ley.

Saben ustedes que esta temporada ha comenzado con dos conflictos que constituyen, en realidad, la manifestación de una honda podredumbre. El primero, la huelga de futbolistas para intentar que, puesto que hay muchos clubes que no pagan a sus contratados, fuese el conjunto de los clubes el que concurriese a saldar los impagos. El segundo es la reyerta entre las propias instituciones deportivas para repartir los dineros provenientes de los derechos televisivos, cuya parte más pingüe va al Madrid y al Barcelona, en detrimento de las demás. Un tercero, aún, deriva de este, el que se produce con las emisoras de radio por intentar cobrarles un canon por retransmitir los partidos.

Pero ello, a fin de cuentas, son cuestiones atingentes mayoritariamente a los clubes y a sus empleados. Hay otras, mucho más graves, que afectan al dinero y a la moralidad pública. La principal, que los equipos deben a la Agencia Tributaria 694 millones y más de 5 millones a la Seguridad Social. Además, en el pasado, hubo diversas aportaciones de dinero público para sanear las cuentas de los equipos, lo que no ha servido para nada: nada menos que veintiún clubes de las categorías superiores se encuentran actualmente en situación de proceso concursal (de «quiebra», en realidad) o han pasado por ella, y eso sin contar sus deudas a los bancos o las anomalías en sus auditorías.

¿Por qué se tolera todo ello? Sin duda, por el carácter de «patria» que tiene el fútbol para muchos ciudadanos, por las pasiones que arrastra, por tanto; lo que provoca el que los partidos políticos no quieran poner orden en ese escandaloso desbarajuste.

Pero, aparte del menoscabo que se hace al erario y a la economía en general, hay también un enorme daño moral a la sociedad. ¿Cómo puede permitirse que, con cinco millones de parados y la gran cantidad de sufrimientos individuales por que estamos pasando, se sufra el gasto desmedido de los equipos, los impagos y los incumplimientos, las deudas al tesoro público? ¿Es de recibo que se permita seguir funcionando a las empresas balompédicas morosas con el Estado cuando a los particulares y a los negocios se les exige de inmediato el pago de las deudas, y, a no hacerlo, se cierran o se encarcela a los responsables? ¿Cómo es posible que no se exijan responsabilidades penales a los dirigentes de los clubes?

Esa doble vara de medir es sencillamente inadmisible y constituye el síntoma de una profunda corrupción social, sobre todo, cuando el ciudadano común, tan propenso a criticar la política y los políticos por el más mínimo desliz —y aun simplemente por su mera dedicación a la res publica, sin que hayan cometido yerro o falta alguna—, pasa por alto estas conductas viciosas, las ve con simpatía y, en cualquier caso, las conlleva sin asomo de irritación.

A Abrilgüeyu, mi trasgu particular, y a mí, nos gustaría ver que algún partido político tiene la sensibilidad, la honradez y la valentía de llevar en su programa electoral la propuesta de un afilado bisturí y de un cauterio al rojo vivo para sanar esta gangrena del cuerpo social. Porque, como muchos afirman, la crisis no es sólo un problema económico, sino también de valores.

¿Creen ustedes que lo verán? Y, de verlo, ¿alguien lo agradecerá y retribuirá con su voto?

Abrilgüeyu y yo quedamos a la espera.

PS. A punto ya de darle al «intro» para enviar el artículo se me vuelve a aparecer Abrilgüeyu:

—Sé que estas dudando si contar que Foro incumplió ya la más importante de sus promesas, la de bajar los impuestos. No lo digas: a fin de cuentas, como decía Mitterrand, las promesas electorales sólo comprometen a quienes creen en ellas.

Le hago caso. No lo digo.

Cínifes indesmayables (sobre los mundiales)

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Hasta ahora lo más notable de los partidos del mundial son esos cínifes indesmayables que llaman vuvucelas. Omnipresentes en el fondo de la audición, como aquel pitido que acompañaba siempre a la radio Pirenaica.

Por lo demás la mayoría de los equipos son vulgares; los partidos, aburridos y triviales. Equipos buenos, pocos o ninguno. Alguno que parecía ir un poco más allá, como Alemania frente a Australia, desapareció el viernes y perdió. Queda, de momento, Argentina, como selección un poco más destacada.

De la banda de acá, esperemos que España gane mañana lunes y las cosas vayan un poco mejor a partir de ahora.

Y a ver si Villa mete goles y supera en sus registros a Raúl.

El güevu la culiebra

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Una de les coses más inritantes y esmolecedores de les caberes selmanes fueron les manifestaciones d'agresividá y sectarismu na rodiada de la ficha pol Sporting del uvieísta Michu, agora nel Celta. Que la rivalidá futbolística y ente ciudaes tenga un daqué de pique y gracia pa chistes, pase. Que sea una muestra del fanatismu y la ceguera personal, permalo; un pretestu p'amenaces personales, pésimo.

Y a ello podemos arreyá-y lo que-y ta pasando a otru asturianu, Adrián Colunga, nel Recreativo de Huelva, tamién insultáu y amenazáu, él y la so familia.

Ehí, nesi mundu de violencia y intolerancia, ta guarándose'l güevu la serpiente. Porque esi fanatismu violentu nun ye distintu del fanatismu relixosu o del políticu. Sólo que, en daqué medía, la xustificación pal mesmu ye menor: una caxigalina, una identidá basada na nada.

A los dirixentes de los clubes de fútbol hai qu'esixi-yos medíes y pedíos responsabilidaes.

Maíz pa les pites

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No sé si ustedes habrán visto lo que ocurre en un gallinero cuando entra el amo con un puñado de maíz para echarlo a les pites: los bípedos plumados se excitan, cacarean, abren sus alas, se pelean por los granos y, sobre todo, acuden con prontitud y alborozo a donde, con la guía de sus lanzamientos, los conduce el amo.

Durante todo el tiempo en que el PSOE ha venido gobernando en la era d. Z., ha estado vigente la llamada “Ley Beckham”, una ley pensada por el PP para que científicos, altos directivos y otros personajes de elite tuvieran en España una fiscalidad reducida, de modo que su tope de cotización en el IRPF fuese el 24%, y no el 43%, como ocurre para el conjunto de los mortales residentes en España. En términos concretos, esa modificación afectaría a unas 200 personas de las alrededor de 2000 que tienen régimen especial por extranjeros residentes temporalmente en España y acogidos a esa normativa, y vendría a suponer entre 80 y 100 millones de euros.

Por otro lado, la nueva reglamentación no se aplicaría a aquellas personas que ya están insertas en ella. En cuanto a su entrada en vigor, hay contradicciones: algunos aseguran que lo haría el 1 de enero de 2010, la ministra Salgado ha dicho que “más allá”. En fin, que ello y otros aspectos está aún por negociar; con grupos minoritarios de las Cortes, por un lado, con los clubes, por otro.

La propuesta, de otra manera, ha suscitado reacciones de todo tipo, muchas de ellas poco apreciables más allá de su consideración como manifestaciones del “genio cómico español”. Se ha llegado a decir, por ejemplo, que tendría sus efectos en el PIB por la disminución de la venta de camisetas fuera de España (“se los juro”, lo he oído con estos pabellones auriculares que la tierra ha de comerse o las llamas han de reducir a polvo) o que la calidad de nuestro fútbol disminuiría. Naturalmente, la reacción más airada ha sido las de los clubes balompédicos, que han amenazado con una huelga.

(A propósito de los clubes, convendría recordar que, a fecha de noviembre del 2008, los susodichos entes debían 627.266.721,38 euros a Hacienda y 4.912.121,35 a la Seguridad Social. He ahí un campo de actuación y ejemplaridad donde el Gobierno podría actuar, tanto para recaudar como para hacer triunfar el reino de la justicia).

De modo que ya lo ven ustedes, ni la “Ley Beckham” ha preocupado nunca al Gobierno, ni los efectos de su corrección van a ser notables en el ámbito económico, ni se restaurará ninguna justicia haciendo pagar más a los que más tienen (entre otras cosas, porque correrán con la subida impositiva las sociedades anónimas deportivas). Y, en otro orden de cosas, es cierto que el impulso inicial de la modificación legislativa no ha partido del PSOE, pero no es menos cierto que los socialistas, con el Ministro de Deportes al frente, han acogido con entusiasmo delirante la idea de “atacar a los ricos y poderosos”, porque ellos sí saben muy bien lo que es arrojar granos de Zea Mays al Gallus gallus de condición ponedora. Son expertos en ello, es de ahí de donde les vienen su crédito social y sus créditos bancarios.

¿Me preguntan mi opinión sobre la cuestión, al margen de su aprovechamiento por los responsables de que se haya mantenido hasta ahora la normativa? Me parece estupendo. Por razones de equidad y justicia. Por los demás futbolistas, en primer lugar. Por tantos millones de españoles que se ven desplumados cada año en sus impuestos hasta dejarlos en piel de gallina.

Pero ya que entramos ahí, ¿por qué no hacerlo en serio? ¿Por qué no prohibir que los deportistas que tienen su residencia fiscal fuera y cotizan fuera participen en los equipos españoles? Si su patria es el dólar o el euro que concurran bajo esas banderas. O bajo bandera pirata. Así, podría reclamarlos Garzón de vez en cuando para impartir justicia.

Me parece que acabo de tener una pésima idea. Si compiten bajo bandera pirata y los trae Garzón a la Audiencia Nacional, a lo peor tenemos que devolverlos después a su país de origen. Reintegrándoles el dinero, sin cobrarles la estancia, pagándoles el regreso y con disculpas (y, tal vez, con reverencias).


Nota: esti artículu apaeció na Nueva España del 19/11/09

Miguel Iglesias Ballina: presos de sus propias fábulas

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Na Nueva España del 22 de xunu, apaez una entrevista con Miguel Iglesias Ballina, secretariu d'empléu de CCCOO. Ellí, ente otres coses, cuéntanos que «Siempre tuve clara la diferencia entre el compromiso político y sindical -que es parte fundamental de mi vida- y la afición por el fútbol y la simpatía por el Real Madrid, que son cuestiones que ocupan un plano muy secundario en mis preocupaciones y no dejan de ser un entretenimiento. Por eso, en ningún momento tuve problemas para compatibilizar mi ideología de izquierdas y mi afición por el fútbol y por el Real Madrid».

Pues, bueno, ta bien, ¡como si ficiese falta xustificalo! Pero seguimos:

«Había muchos prejuicios en aquella época entre la izquierda y la progresía por la utilización que el régimen franquista hizo del fútbol para tener entretenido al pueblo».

¡Home, yá nos gustaría saber por qué'l fútbol yera "alienante" o emplegáu pol Réxime n'época de Pachu y agora non! Si entós había, a tolo más, un partíu a la selmana, y agora hai casi ún tolos díes y los fines de selmana cinco, seis o siete, ¿qué ye que nun ye agora mayor la utilización del fútbol por parte'l Réxime (del PSOE y sindicatos gabita)? ¿O ye que'l fútbol yera alienante con Pachu y agora yá nun lo ye?

¿O nun taremos más que xustificando les babayaes qu'un día dixéramos -la izquierda y la progresía- ensin ser quién a decatanos o a confesar qu'aquello que decíamos nun yera más qu'eso: fataes, mazcayaes, fatures, tochures, babayaes, progreseríes?

P.S. La semeya "róbola" na Nueva España a Jesús Farpón.