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Los ensueños de la razón engendran monstruos

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(Ayer, en La Nueva España) LOS ENSUEÑOS DE LA RAZÓN ENGENDRAN MONSTRUOS Ahí tienen ustedes la última plasmación del monstruo más universal y perseguido: Xi Jinping, sentado, mira con indiferencia y una cierta sonrisa cómo se expulsa de la sala de congresos a su predecesor, Hu Jintao. La imagen no es más que la epifanía del proceso por el que la dictadura se acendra en China, se barre a los disidentes o se los hace desaparecer, se modifican los estatutos para que el dictador alargue su mandato, se restringen las libertades en Hong-Kong… Y aun en el caso de que la imagen de la conducción de Hu Jintao respondiese a otra cosa, el proceso, el acendramiento de la dictadura, es ese. Eso es el comunismo, dondequiera que se da, Cuba, la antigua URSS, los países de ella dependientes, Corea del Norte, dondequiera: brutal dictadura, militarismo, miseria, y nada digamos del respeto al medio ambiente. El comunismo, ese sueño o fantasía de la razón por el que tantos en Occidente suspiran, en una operación mental, en un metaensueño de la razón que se niega a ver la evidencia de la realidad, invariable, universal, de sus sueños. Pero también otros sueños de la razón se convierten en monstruos y provocan daños, si no irreparables en su totalidad, sí cuantiosos. Así las teorías económicas que se plantean como un absoluto, al margen de los datos concretos de la realidad de cada país o coyuntura. Ahí tenemos el «lafferismo», esa idea, un día plasmada en una servilleta, de que la rebaja de los impuestos provoca indefectiblemente inversión, crecimiento y, en último término, si es que es ello lo que se busca, empleo. ¿Ha funcionado esa teoría en algunas ocasiones? Sí, cuando ha ido acompañada de otras variables que propiciaron el crecimiento económico. ¿Ha funcionado ahora, cuando Liz Truss tomó ese ensueño de la razón como parte central de su programa político-económico? Ya lo saben ustedes: en menos que canta un gallo, caída de la libra, subida de la inflación, retracción de capitales… Caos absoluto y un récord menos que lechuguil de solo cuarenta y cinco días al frente del gobierno. ¿Y cómo es posible, se dirán ustedes, que se nieguen evidencias incontrovertibles o se pongan en marcha experimentos que no son más que una teoría incompleta que necesita miles de indagaciones sobre la realidad para que pueda suponerse su correcto funcionamiento? En general por la fe, especialmente en el caso de los «socialismos reales» (fíjense qué ironía histórica el sintagma), que consiste en negar lo que vemos en función de lo que queremos ver. Pero también mediante la construcción de falacias clasificatorias que se convierten en falacias argumentativas que defienden la fe propia. Así, como afirmó don Gaspar Llamazares o reitera Podemos: «Cuba no es una dictadura, es otra cosa». ¿Cuál es la implicación de esa falacia-ficción? Esta: las dictaduras son solo las de derechas, los regímenes comunistas son, por definición, regímenes del pueblo (como en Grândola, Vila Morena, donde «o pobo é quem mais ordena»), ergo, no son dictaduras. Por sus ensueños, los conoceréis. Pero, sobre todo, temedlos, porque intentarán convertir sus ensueños en hechos, y serán monstruos.

Putin, retratos al instante

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(Ayer, en La Nueva España) PUTIN, RETRATOS AL INSTANTE Aparece el señorito Almodóvar por una manifestación contra la OTAN y las bases, perdón, por la invasión de Ucrania para librarla de los nazis. Manifiesta: “Putin no es comunista, está más cerca del zarismo y del ultranacionalismo que otra cosa”. Lo entiendo, el señorito Almodóvar y su clan han pasado la vida, y se la han ganado, defendiendo que el comunismo es lo más de lo más, de ahí que le siente como un tiro, lo irrite, que el país del primer comunismo, de un miembro del partido comunista en su día y de un espía de la KGB, produzcan la invasión y destrucción de Ucrania. (Por cierto, cuando logre transmutarme en millonario –no hace falta que tenga caballos- es posible que yo me convierta a una de esas organizaciones de discurso igualitario). Lo que entiendo peor es –la figura es ironía- que García-Page (“Putin no es comunista, es un aspirante a zar”) o que Adrián Barbón (“no es comunista” sino un “autócrata”, un “ultranacionalista reaccionario e imperialista”) vengan a defender que lo que hace Putín no es debido a su comunismo, y que por eso es malo lo que hace y malo él. Irónicamente no les falta razón. Putin no ha matado a cuatro millones de ucranianos de hambre, no ha transterrado a otros tantos ni los ha encerrado en Siberia, no ha exterminado a los bardos campesinos, los kozbars, ni a los kulaki…, no ha eliminado la independencia de Ucrania (por ahora). ¿Para qué seguir? Tal vez tengan razón, puede que aún no sea lo suficientemente comunista, y nada digamos si acudimos a otros ejemplos del “socialismo real”, como los de China, Corea del Norte, Camboya… La mayor parte de Unidas Podemos y de Izquierda Unida (ambos partidos, miembros del Gobierno de Pedro Sánchez) están en contra de la guerra. Están, ahora, en contra de la guerra, con Ucrania invadida, los civiles masacrados, las ciudades bombardeadas, la población aterrorizada y en fuga. No están en contra de la invasión, no, sino “a favor de la paz y en contra de la guerra”. Y discrepan del envío de armas a Ucrania para que se defienda, ya que “el único camino es el diálogo y la paz” y “el envío de armas alarga la guerra y no vale para nada”. No sé que me causa más impresión en estos tipos. No sé si son unos cínicos, si tienen algún déficit en las conexiones de sus sinapsis, o si es que están dominados por esa ceguera selectiva que llaman “ideología” y que provoca un sesgo de conocimiento impidiendo ver la realidad. Porque su postura equivale a facilitar el triunfo más rápido de Rusia, el dominio más inmediato de Ucrania y su imposición en ella (de momento). Es como si utilizasen aquella recomendación cínica: “ya que te van a violar, relájate y goza”. Más o menos como el Bertrand Du Guesclin de la leyenda: “Ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor”. Así los retrata Vladimiro, mientras lanza bombas de racimo y toma nucleares. Por cierto. Una encuesta de Gallup Internacional cuyos resultados son semejantes a lo largo de los años: solo un 21% de los españoles estaría dispuesto a coger las armas para defender a su país en una guerra. Es decir, que si una nación extranjera nos invadiese, destruyese nuestra economía, violase lo que quisiese, robase los tesoros artísticos (como hizo Francia con Napoleón), matase a nuestras familias, nos impusiese el Gobierno, solo un 21% de los ciudadanos de este país estaría dispuesto a defenderse e impedirlo. Y ahora, la encuesta que nadie hace, pero que pueden hacer ustedes. Si los atacantes fuesen “de los suyos, de los de ellos”, ¿cuántos españoles estarían dispuestos a coger las armas en su favor? Siento perturbarlos en este día.

Güei, en LNE: Compañeros de viaje

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La apropiación pol discursu comunista de les demandes feministes y de l'esmolecimientu mediuambiental.




Errejón y el muru de Berlín

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Fai tres meses, nel mes de payares del añu pasáu, Errejón defendía la política venezolana, negando qu'hubiese fame o desabastecimientu (o que faltasen perres a una parte importante la población pa poder comprar) y argumentaba que la xente "fae tres comides al día".

Básicamente venía repetir los argumentos qu'esponía nel 2013 (yera entós asesor del gobiernu venezolanu, y cobraba por ello, supongo) cuando-y entrugaben que por qué había coles en Venezuela si les coses diben tan bien como él decía. Y argumentaba:

"Hay más dinero disponible", hay "una democratización del acceso al consumo. Ahora la gente puede consumir más".

"Las personas salen a la calle y se ponen en cola porque ven a otra gente que está esperando, porque algo hay. Tiene mucho que ver con el uso de la calle y con la relación directa, interpersonal, que es algo muy venezolano".

A mi eses palabres recuérdenme l'argumentu que con tanta fe esponíen los comunistes españoles munchos años entovía dempués de la construcción del muru de Berlín (argumentu que, per otru llau, venía na propaganda que-yos mandaben les revistes "informatives" de la URSS y de lo que repetía la Pirenaica): que'l muru nun se construyera pa evitar qu'escapasen los alemanes de la Alemania oriental hacia la occidental, sinón pa que nun se pasasen multitudes de l'Alemania occidental a la oriental, por naguar polo bien qu'ellí se vivía.

Equí solo caben tres desplicaciones: 1) Creen lo que dicen, que ye posible, y entós la so intelixencia ye mui escasa y/o la so fe, como toles fes, mui ciega -yá se sabe que "fe" ye nun creer lo que vemos-). 2) Creen que los demás, o polo menos los suyos, son tochinos o que, nel casu de los suyos, sobre la mayor o menor intelixencia, tán enfotaos na so fe. 3) Un amiestu de too ello, más el cálculu, por esperiencia, de que toos esos cuentos acaben funcionando, suxeten a los suyos y tienen un rendimientu electoral valoratible.

¡Ah, por ciertu! A Errejón tienlu parte la prensa de dereches como un home intelixente y moderáu, casi un socialdemócrata d'orden y de misa diaria. Amén.


¿Que ye'l comunismu?

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                                   ¿QUÉ ES EL COMUNISMO?


            Las definiciones sobre aquello en qué consiste el comunismo son diversas y aun contradictorias. En general, suelen entenderse por sus elementos definitorios los siguientes: la culminación de un proceso histórico (la teleología hegeliano-marxista del fin de la historia), la propiedad colectiva de los medios de producción y la desaparición o transformación del Estado. Ahora bien, sobre el tiempo o el modo de realización de estos parámetros existe una compleja discusión teórica, que arroja más oscuridad que luz sobre la esencia de la cuestión. Lo mejor, pues, es acudir a una definición pragmática: veamos a qué se ha llamado comunismo en la historia.
            Lo primero que llama la atención es el carácter lábil o inasible de los sucesos históricos fácticos que son llamados "comunismo". Pues, en efecto, las concreciones reales de la doctrina en el siglo XX se manifiestan como un a modo de paradoja cuántica (como la del gato de Schrödinger, por ejemplo, que muere y no muere, al mismo tiempo) o como una superación diacrónica del principio de no contradicción, pues, ciertamente, esos sucesos son, al tiempo, comunismo y no lo son. Para que se entienda: todos los acontecimientos que, desde un punto vista pragmático, podríamos definir como "comunismo" en el siglo XX han pasado por un triple estadio: 1) han sido definidos como "comunismo" por quienes los han puesto en marcha, 2) han sido saludados, jaleados y aplaudidos como "comunismo" (a veces bajo el nombre de "socialismo real") por los que se autodeclaran comunistas, 3) han sido rechazados posteriormente como no "comunismo comunismo" (en el mismo sentido que hablamos de "café café" para señalar el  café auténtico)  por quienes, siendo profesos de la idea, habían afirmado anteriormente que esos acontecimientos sí lo eran. Sería difícil identificar (aunque podría haber quien lo hiciere) ese proceso histórico triádico con los tres momentos del proceso dialéctico marxista de posición, oposición, superación (tesis, antítesis y síntesis). Es más fácil, en todo caso, señalar la homología de los tres momentos (no dialécticos) con las tres sucesivas fases de la borrachera: exaltación de la amistad, cantos regionales, negación de la evidencia.
            Siendo, pues, extremadamente dificultosa una definición meramente conceptual  o conceptual-histórica del comunismo, cabría intentar una exploración analítica de todas esas singularidades que han sido, de forma sucesiva, aclamadas como comunismo y negadas como tal por sus partidarios. Nos acercaríamos así a su esencia no tanto por su conocimiento dialéctico o teorético, sino mediante una especie de procedimiento de refutación popperiano.
            Una lista breve, pero significativa, nos mostrará lo que sus partidarios y comulgantes descartan como comunismo y como hechos comunistas, después de haberlos proclamado tales. No es comunismo el régimen iniciado con Lenin en la actual Rusia y la antigua URSS. No lo son las purgas y asesinatos allí cometidos, los más de veinte millones de muertos por razones políticas, las deportaciones en masa de pueblos, los gulag de Siberia, ni la falta de libertad. Tampoco los privilegios de los grupos dominantes frente al proletariado en cuyo nombre se gobierna; ni la ruina económica o los desastres ecológicos de su sistema productivo. No es comunismo los más de dos millones de muertos de la dictadura de Pol-Pot y sus jémeres rojos, sus asesinatos colectivos y sus campos de reeducación para crear el hombre nuevo. No constituyen esa identidad, del mismo modo, el estado maoísta, sus prisiones y los crímenes de la Revolución Cultural, así como sus episodios programados de cárcel y represión. Obviamente, tampoco lo sería -por otras razones- el actual régimen pseudocomunista chino, donde se admite la iniciativa privada y el capitalismo (pero no las libertades individuales). Parejamente, las dictaduras de Ceaucescu (Rumanía) o Enver Hoxa (Albania), con su cortejo de culto a la personalidad, riqueza del dictador, miseria y esclavitud de sus poblaciones, no deben incluirse en el concepto; ni las dictaduras dinásticas de Corea del Norte, encarnadas por Kim Il Sung y Kim Jong Il. Idénticamente, tampoco la Checoeslovaquia o la Hungría de los tanques del pacto de Varsovia, y mucho menos, la RDA o Alemania del Este, tan eficaz en construir muros o cuerpos policiales de éxito insuperable para librar a sus ciudadanos de un éxodo que les hubiera resultado infeliz,  como incapaz de poner en marcha una economía medianamente productiva y que pudiera satisfacer las necesidades de sus habitantes.
            La lista podría seguir. Nos podríamos preguntar, por ejemplo: ¿Es Cuba un país comunista? Y la respuesta sería que empieza a entrar ya plenamente en el arquetipo de los países que no lo son, en la medida en que sus apóstoles y jaleadores parecen empezar a situarlo en la tercera fase, la de la negación del carácter que hasta ahora se le venía atribuyendo. En todo caso, cualquier país de los que pueden servirnos para realizar una aproximación popperiana al comunismo, mediante la refutación de los que pareciéndolo no lo son, presenta una tipología parecida: ausencia de libertades, cárceles para los disidentes, miseria económica, privilegios inauditos de los gobernantes, masacres colectivas, estado policial. Pero todo ello no es comunismo. aunque se dé en los países que se han autoproclamado comunistas por sus actores y aunque así se haya llamado en algún momento por los mismos que dicen ser comunistas. Es, exactamente, el ejemplo de lo que no es comunismo.
            ¿Podemos realizar alguna otra aproximación a la materia que nos pudiese permitir una definición positiva, no refutatoria? Confieso que a mí se me escapa: no logro encontrar un camino que no sea -como decía Churchill- un enigma envuelto en un misterio. No obstante algunos han intentado una definición parabólica, mediante el pensamiento del que pudiéramos llamar un pensador-filósofo chino del siglo IX a.C., Xian- Ze- Piao (en la transcripción actual, que prefiere Mao Ze Dong a Mao Tse Tung). Xian- Ze- Piao es autor de una serie de paradojas sobre el espacio y el tiempo que, en alguna medida, podríamos parangonar con las de Zenón de Elea, con las cuales guardan un cierto aroma de afinidad. Pues bien, la quinta de ellas dice así: "Si a un ser vivo dotado de capacidad de desplazamiento (en realidad, la mejor traducción sería la de "semoviente", pero el término tiene connotaciones, en castellano, que prefiero evitar), ya sea de dos pies o cuatro pies dotado por la naturaleza, le colocamos en el dorso una linterna que proyecte ante su vista imágenes que le despierten apetito o pasión, se pondrá en movimiento continuo tras ellas para satisfacer su concupiscencia volitiva, más nunca las alcanzará porque no tienen más realidad que el ensueño de su voluntad; nunca las alcanzará (el texto vuelve aquí a repetirse enojosamente) /.../ por más sembrados o juncos que huelle en su ansioso camino hacia delante, por potentes que sean las emisiones con que desde su órgano fonatorio proclame su excitación o convoque, ya con palabras dulces, ya conminatorias, a otros semejantes en pos del trampantojo que hace galopar a sus apetitos y fantasías hacia un confín tan inasible como el horizonte".


 LA NUEVA ESPAÑA, 29/04/03

                        

Güei en La Nueva España: Coherencia y vanilocuencia

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)


Coherencia y vanilocuencia

Las críticas antimilitaristas al Festival Aéreo gijonés

27.07.2015 | 01:53
Coherencia y vanilocuencia
Doña Nuria Rodríguez, edil xixonesa por parte de don Iglesias, ha manifestado su oposición a lo que ellos entienden como una militarización del Festival Aéreo de Xixón, por la participación de aviones de combate, "ya que matan gente en los conflictos bélicos". La acompañan en su rechazo otros y otras de orientación semejante, la mayoría comunistas o paracomunistas, según propia declaración.
Uno no puede menos que aplaudir su coherencia: su rechazo a lo militar, como lo hacen sus dechados, todos los países comunistas o paracomunistas, como China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Rusia, por ejemplo, que, es sabido, ni tienen ejército, ni son dados a aventuras militares exteriores. Son tan antimilitaristas que, incluso, se niegan a decir una palabra cuando los bárbaros del Estado Islámico o los de Boko Haram asesinan niños, no vaya a ser que se los tome por belicistas.
Es verdad que, seguramente, mañana algunos de ellos sujetarán una pancarta pidiendo más trabajo para las fábricas de armas asturianas. Tomémoslo como una incoherencia venial..............
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Los norcoreanos que nun sopelexaren «emoción abonda» pola muerte de Kim Jong-Il, condenaos

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Condenaos, esto ye, a penes de prisión y esclusión social: hasta seis meses en campos de concentración, eso sí, conddenaos por "tribunales populares". ¿Que piensen que ye'l fascismu? Non, non, ye'l socialismu, esto ye, el socialismu real o comunismu.

¿Conocen otru sitiu onde fuera distinto, incluida la herencia familiar (o parental) del poder.

Pero'l que nun quiera ver la realidá, nun la va ver. Pa eso nos dio la naturaleza los nuestros llóbulos frontales y la so capacidá de fabular y de negar la realidá en función de les propies ideaciones y fantasíes.

¡La edad de oro!

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El mito del Paraíso o de la edad de oro ha impregnado la mayoría de las culturas y sueños de la Humanidad. La señardá de esa supuesta etapa inicial de bondad, felicidad y fraternidad ha conllevado la fantasía de un futuro en el que ese estadio de ausencia de entropía volvería a alcanzarse para la Humanidad o para un grupo elegido de ella. Bajo ese sueño o en su empós se han movido o movilizado millones de personas en todas las épocas, desde los primeros cristianos que creían en la inmediata parusía, hasta las decenas de movimientos milenaristas del Medievo. A partir del siglo XVIII, aproximadamente, las esperanzas utópicas se han puesto no un más allá celestial, sino en un más allá terrenal; con todo, el entusiasmo y la ilusión suscitados por su esperado advenimiento han sido idénticos.

El último de esos milenarismos ha sido el comunismo -o «socialismo real»-, bajo cuyo dorado discurso se han movilizado ilusiones y energías de gentes estupendas y de taimados canallas, pero cuyo fruto, en todo caso, nunca ha sido otra cosa -en cualquier parte que se ha implantado como forma de gobierno- que ausencia de libertad, dictadura de unos pocos, cárceles y campos de concentración, muerte y exterminio, miseria. Si ese panorama presenta, en los últimos años, algún matiz es en China, donde el comunismo se ha convertido en una dictadura para la acumulación de plusvalías en un tránsito acelerado a la economía capitalista.

Al margen de la quimera de la Ciudad de Dios terrenal, el éxito del programa comunista se debió, sin duda, a su fuerte condición metafísica, tanto en el ámbito «histórico» (la teleología del devenir, especialmente), cuanto en el antropológico (la idea de que un «hombre nuevo» yacía bajo la ganga del contemporáneo). Su cháchara pretendidamente científica y un puñado de fórmulas de manual sedicentemente explicativas sobre el mundo lo dotaron, además, del prestigio de las «divinas palabras».

El reciente congreso del Partido Comunista Cubano, en el poder desde 1959, nos viene a evidenciar, una vez más y desde dentro, de qué cosa hablamos cuando hablamos de «la cosa». Transcribimos las palabras de Raúl Castro, que, a confesión de parte, sobran pruebas: la cartilla de abastecimiento -ha dicho- se ha convertido «en una carga insoportable para la economía y en un desestímulo al trabajo, además de generar ilegalidades diversas en la sociedad». Es decir, que el tópico del «a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus potencialidades» y el discurso de la «renta vital» han dejado al descubierto su falsedad por aquello que nuestro Luis Redondo (el animoso sindicalista de mirada azul) confesaba: «El hombre nuevo no existe». Es más, lo que viene a predicar el comunismo cubano es lo mismo que predica el Tea Party estadounidense o lo que los economistas del tránsito entre el XVIII y el XIX proclamaban en Inglaterra contra las «leyes de pobres».

Y con respecto al sector público y al empleo universal por el Estado -sueño y programa hoy de una importante parte de nuestra izquierda- fíjense en lo que dice (al margen de la logomaquia ocultadora) don Raúl: (insistió en el) «reordenamiento de la fuerza laboral, ya en marcha, para reducir las plantillas infladas en el sector estatal» y en «la ampliación y flexibilización del trabajo en el sector no estatal (que), lejos de significar una supuesta privatización de la propiedad social, permitirá al Estado concentrarse en la elevación de la eficiencia de los medios fundamentales de producción».

Y, finalmente -y olvidándonos, si nos es posible, de los homosexuales encerrados en los campos de concentración para reeducarlos- tomen nota de lo que ha significado el comunismo para las mujeres, los mestizos y los negros: «Ello, a su vez, es aplicable a la insuficiente voluntad política para asegurar la promoción a cargos decisorios de mujeres, negros, mestizos y jóvenes, sobre la base del mérito y las condiciones personales. No haber resuelto este problema es una vergüenza». ¡En fin! ¡Para qué más! ¡El dorado sueño de la nueva edad de oro!

Sobre el ordenador, sobre la tecla del «end», se manifiesta Melotadoru, mi xana particular. Una lágrima se desliza desde sus doradas pestañas hacia su rosada mejilla:

-¡Qué desilusión, qué desengaño!

Y entonces desurde vivo, saltarín, mi trasgu particular, Abrilgüeyu, que corretea sobre el plano inclinado de la pantalla.

-¡Como si alguna vez hubiese podido ser otra cosa! -le dice. Y, después, con un gesto procaz:

-¡Venga, neña, vamos, que t'invito a unes de sidra pa consolanos!

Y con un guiño de complicidad hacia mí, la coge de la mano y arrancan con destino desconocido (aunque sospechable).

Al alejarse, creo haberlo oído remungar alguna cosa acerca de los paraísos reales y sobre los que embaucan con paraísos imposibles.

El Tea Party y el Ku-Kux-Klan en Cuba. Cuba (3)

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¡VIVIR PARA VER! ¡ El comunismo (como no podía ser de otra forma) era esto! 


Lean, nada más, lo subrayado.

«Lo único que puede hacer fracasar a la revolución y el socialismo en Cuba es nuestra incapacidad para superar los errores que hemos cometido durante más de 50 años (...) y el hecho real es que, a pesar de que desde los primeros años Fidel diferenció con claridad los papeles del partido y el Estado, no fuimos consecuentes en el cumplimiento de sus instrucciones. La dirección debe hacerse una severa autocrítica y adoptar las medidas necesarias para evitar la reaparición de tales tendencias. Ello, a su vez, es aplicable a la insuficiente voluntad política para asegurar la promoción a cargos decisorios de mujeres, negros, mestizos y jóvenes, sobre la base del mérito y las condiciones personales. No haber resuelto este problema es una vergüenza».

Traicionar l'enfotu del Queríu Llider

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Con dalgunos matices, coméntase na prensa que la selección de Corea del Norte de fútbol foi castigada por "traicionar l'enfotu del Queríu Llider" (Kim Jong-il) al perder los tres partios que xugaron nel mundial de Sudáfrica.

El castigu consistió en pasar seis hores firmes nel Palaciu la Cultura Popular de Pyongyang, aguantando insultos y crítiques xabaces. Aunque peor suerte pudo tener l'entrenador, que dicen ta castigáu a "trabayos forzaos" picando piedra nuna cantera cercana a Pyongyang.

La fonte de la notica paez ser Radiu Free Asia

Coherente colo que l'asuntu ye y ye siempre: eso de la lliberación del home, del home nuevu y de la sociedá ensin clases.


Veinte años sin muro: los muros que Zapatero nun quier baltar

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Con esti guañu piesllo, creo, la conmemoración del argayu del muriu de Berlín y de les dictadures del socialismu real (que, por cierto, el PCE, o sea, IU, reivindica n'España).

Como saben, el maestru Zapatero tuvo en Polonia y ellí, entrugáu sobre'l muru, faló "d'otres muries que queden por baltar" y (¡cómo non!) de la muria de la dictadura franquista. Dempués dixo otres babayaes-caxigalina, d'eses tautoloxíes tan del gustu del maestru Zapateru y fuese, él tan clásicu, al mou y manera cervantinos: caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Pero non faló d'otros murios el Presidente del Gobiernu, d'esos murios de les dictadures socialistes-comunistes, y especialmente, nun faló de la muria de Cuba, que tanto defende delantre la UE y cola que paez afayase tan ricamente.

Pues, pa que vean cómo les gasten ehí, nesos murios que silencien y agabiten el PSOE y Zapatero, voi invitalos a que llanquen nesti blog http://www.desdecuba.com/generaciony/, de la conocida bloguera Yoani Sánchez (a lo meyor ye daqué de mio), y van ver los palos y les prisiones colos qu'acostinen los que nun s'abanguen delantre les dictadures socialistes (del socialismu real).

Vaigan elli y pinchen, fagan el favor, y mírenlo bien, qu'eso son "la revolución", "l'home nuevu", "la dictadura del proletariáu", "el partíu del pueblu y del obreru", la "democracia popular", el "socialismu y el comunismu reales", e tutti quanti.

Nun dexen d'amiralo. Ye una bona forma de recordar el vixésimu aniversariu de la cayía del muru de Berlín.

Y de seguir colos güeyos abiertos xixilando a los que defenden los qu'hai, ensin dulda porque-yos prestaría llevantanos otros (por supuestu, pa salvanos, enseñanos el camín y llevanos al trunfu final).