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(Do treslláu, como davezu, a dellos párrafos).


Démosle la vuelta

Si los votantes eligieron al PP, ¿cómo habrán visto a los otros para preferir a éstos?

28.06.2016 | 03:22
Démosle la vuelta

"¿Cómo es posible?" Esta es la pregunta que aguijonea desde ayer por la noche a muchos comentaristas y votantes; la que guaña en las redes sociales con más velocidad y empuje que la hierba en mayo y junio.
"¿Cómo es posible que hayan votado a estos mayoritariamente?" A pesar de LA CORRUPCIÓN así, con mayúsculas, por antonomasia, porque otras, como la de Asturies, Andalucía o Cataluña no existen en el imaginario colectivo; a pesar del paro (que no ha bajado sino por la emigración); de los recortes en la sanidad y la educación (que no han sido realizados porque faltase dinero, sino por la sola voluntad de hacer más pobres a los pobres y de enriquecer a los ricos); a pesar de la emigración de tantos miles y miles de jóvenes de las generaciones mejor preparadas de la historia; de los recortes de derechos laborales, realizados únicamente para beneficiar a la patronal; [....................................................] Y, luego, naturalmente, quejas, desprecios o insultos contra los ciudadanos que han vuelto a elegir al vago e incompetente (e "indecente") de Rajoy Brey.
Admitamos que es todo así, tal como se ve y se argumenta por la oposición política y social (incluidos tantos intelectuales y tertulianos). Aceptemos, además, que ello es evidente para todo el mundo; y difícil es que no lo sea tras la lluvia continuada durante años de esa agua nacida en las nubes de las televisiones, los opositores y, en parte, de comentaristas de la derecha antimarianista.
Bien, démosle la vuelta. La pregunta debería ser entonces esta: ¿cómo se ve a los otros para que, pese a todo ese desastre y repugnante evidencia, hayan preferido al PP? [............................................]

Güei, en LA NUEVA ESPAÑA: "Verdades y mentiras al CIS"

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(Asoleyo, como davezu, los primeros párrafos.)

Verdades y mentiras al CIS

Una reflexión a propósito del dato de que casi el 80% de los españoles volvería a votar lo mismo que el pasado diciembre

21.05.2016 | 05:40
Verdades y mentiras al CIS
Casi el 80% de los españoles volvería a votar lo mismo que votó en diciembre del año pasado, de haber sabido cuál sería el resultado final, esto es, un parlamento fragmentado sin acuerdos para formar gobierno. ¿Es posible ello? ¿Ni siquiera lo cambiarían, en número considerable, todos aquellos que estuvieron dudando entre PP y Ciudadanos o entre PSOE y Podemos? Puede ser. Puede ser que, llevados por la tan repetida argumentación de que los políticos son los culpables de la falta de pactos, se empeñen en volver a repetir el mismo estado de cosas para que "los culpables" lo resuelvan de una vez.
Pero es asimismo fácil que las respuestas de los entrevistados estén guiadas por los factores que suelen condicionar las contestaciones a las preguntas que para el entrevistado entrañan una mala imagen de sí mismo o un desajuste notable con respecto a lo que él cree que debe responder un ciudadano para ser bien considerado: no quedar mal consigo mismo, no arriesgar una respuesta que estime que no lo sitúa en el pelotón de "los buenos o los bien vistos". Y ello aunque sea consciente de que esa respuesta no la da en público, sino solo ante sí.
¿Mienten, pues, muchos de los que dicen que no habrían cambiado de voto (e implícitamente que no cambiarán)? Se mentirían a sí mismos, en todo caso.
La palabra "diálogo" es uno de los estímulos que provoca inmediatamente una segregación abundante de buenaimaginitis. Quienes, seguramente con más voluntad que provecho, vengan siguiendo mis artículos en LA NUEVA ESPAÑA saben que sostengo que, en realidad, nadie quiere el diálogo, esto es, el acuerdo entre los partidos políticos. He citado muchos ejemplos en el pasado.
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Güei, en La Nueva España: Discursos, decursos, votos.

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)

Discursos, decursos, votos

24.04.2016 | 05:01
Discursos, decursos, votos
Si logramos distanciarnos un poco, veremos que algunos de los discursos que han corrido estos cuatro meses por las tertulias políticas deberían provocarnos una sonrisa. De los discursos que se modificaron en el decurso de estos ciento y pico días a mí me hacen especial gracia los de algunos de los marianistas habituales: criticaron virulentamente a Rajoy por no aceptar el encargo de formar gobierno después de hacerlo Sánchez, colgándole los habituales epítetos de "vago", "indolente", etcétera y dándolo por acabado, para después calificarlo como un genio de la estrategia tras no llegar el del PSOE a ninguna parte. Marianistas, digo, y los mismos, que no otros.
En el decurso de este tiempo, y especialmente en las últimas semanas, el discurso que más ha circulado y más éxito ha tenido ha sido el de la censura de la incapacidad de los políticos para llegar a un acuerdo y el vilipendio personal por no haberlo hecho. El argumento central de esa crítica ha sido el de que han sido incapaces de supeditar sus intereses, personales o de partido, al interés general de los españoles. Ahora bien, discurso y argumento se sustentan en una doble falacia, la de que existe un interés común a todos los españoles -más allá de las elementales coincidencias en querer vivir y, acaso, trabajar- y la de que éstos quieren que se supedite a ese supuesto interés común su particular interés o punto de vista.
El instrumento argumental más usado para reclamar el acuerdo ha sido el de la utilización de la palabra "diálogo" y la proclamación de que la mayoría de los ciudadanos/votantes reclamaban diálogo a los partidos. En realidad, "diálogo" es ahí una palabra vacía, pero cargada de voluntad enturbiadora. Porque no es cierto que la mayoría de los ciudadanos que piden diálogo lo quieran, es decir, que los suyos cedan y que los otros cedan para llegar a una especie de mixtura programático-ideológica. Cuando la mayoría de los ciudadanos, al menos los que son los votantes "fieles" de unas siglas, piden diálogo lo que hacen es pedir que los demás se sometan gratuitamente a las posiciones de los suyos, sin nada a cambio. [.....................................................................................................................]