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Güei, en LNE.es: Folclore preelectoral

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En LNE.es: Folclore preelectoral (el ridículu de delles actuaciones y negociaciones preelectorales). Contao mediante canciones asturianes.



Güei, en LNE: "Así la democracia, así el demos"

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Güei, en LNE: "Así la democracia, así el demos" (dalgunes crítiques a los políticos, suponen, en realidá, una crítica a los votantes).

Güei, en LNE: El que no mintió no pudo

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)

El que no mintió no pudo

El inevitable desencanto de los votantes con sus representantes

27.01.2018 | 04:08
El que no mintió no pudo
"El Concejal" es un entretenido opúsculo publicado en 1908 por Adeflor, Alfredo García, periodista xixonés director durante muchos años de "El Comercio". Entre veras y bromas, el libro trata de aquello que debe o no debe hacer el concejal. En su sección XVI nos encontramos el siguiente texto: "El pueblo, soberano del lenguaje, cuando habla de política se refiere a la mala política, esa planta venenosa [?] haciendo de los ediles ciudadanos que representan primero a los partidos y luego se dedican, o aparentan dedicarse, a la defensa de los intereses públicos".
He ahí lo que quiero subrayar: 1908, desprestigio total de la política. Ese punto de vista, reflexionemos, no es, pues, una condición específica de nuestros días. Es, más bien, la percepción general que de la política se tiene. Miremos la España de finales del XIX y sus principios, la Europa de entreguerras: la democracia, los partidos políticos, aburren, decepcionan, incumplen sus promesas.
Pero lo sorprendente es que si vamos más atrás, encontramos siempre lo mismo. Cicerón, en su "La invención retórica", señala el retraimiento de los sabios por el desprestigio de la oratoria pública, esto es, de la política. Pero vengamos más cerca. He aquí a nuestro buen Jovellanos, tras las graves acusaciones que se vertieron sobre la Junta Central: "El pueblo, si tal nombre se quiere dar a la gran masa de gente ignorante y bozal, que nunca juzga por su propia razón sino por sugestión ajena, jamás profesa amor a su gobierno, nunca le hace justicia y siempre halla culpas o faltas en los que lo componen". Lo que lo lleva a citar al renacentista Guicciardini: "Tal es la naturaleza de los pueblos, inclinada a esperar más de lo que se debe, y a tolerar más de lo que es necesario, y a estar siempre en desacuerdo con el presente".
Es cierto, sin embargo, que existen momentos de excitación y de ilusión, pero poco tarda en aparecer la tristitia post coitum, la decepeción. Es seguro que usted lector conocerá muchos de esos momentos de nuestra historia. Yo quiero recordarles solamente dos: "el desencanto" que cubrió la sociedad española a los tres años de las primeras elecciones democráticas tras la Dictadura y a poco de aprobarse la Constitución. ¿Y no es desencanto el "no es esto, no es esto" de Ortega y los promotores de la II República al poco de su advenimiento, como lo era lo que aquellas mujeres que he citado alguna otra vez, que seguían con sus hombres en paro y ellas apuntando en la libreta de la tienda, cuando se preguntaban ¿pero no nos decían que con lo que comía el Rey iba a haber de sobra para todos?
Y es que, al margen de la incompetencia o la maldad de los políticos y los partidos, los ciudadanos esperan de la política lo que casi nunca puede darle la política, especialmente en el ámbito económico. Y lo que puede dar, generalmente quitando trabas o poniendo estímulos, es poco, y sus efectos no se producen hasta pasado un tiempo (y nada garantiza, más bien al contrario, que el elector acabe viendo la relación causa efecto, cuando este se produzca). De modo que, en el ámbito de la realidad económica es poca la satisfacción que puede causar la política y, desde luego, lo hace con dilación.
Los ciudadanos, sin embargo, esperan por lo general que su voto tenga efectos taumatúrgicos sobre la realidad y demandan con impaciencia los frutos de su elección. El fiasco, el desencanto, es inevitable.
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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos).


Tiemble, pero ría un poco

La política: decir a cada uno lo que quiere oír

19.11.2017 | 04:12
Tiemble, pero ría un poco
Si usted es trabajador de una central de carbón, pertenece a algunas de las empresas que prestan servicios a la misma, depende usted de un sueldo que en esas ocupaciones se gana; si es comerciante de la zona, tiemble: la política general de Europa es la de la eliminación, a muy corto plazo, del carbón como combustible. Y si es trabajador, familiar de él, vecino o comerciante de Velilla o de Lada, tiemble también, porque Iberdrola, por razones empresariales no muy precisas, ha decidido cerrar de forma prácticamente inmediata las dos centrales que en esos lugares tiene funcionando.
Lo que sigue ahora es para que usted ría un poco, aunque sea con amargura. Me limito a fechas, titulares y declaraciones de los medios, la mayoría de LA NUEVA ESPAÑA.
25/10/2017. "El PSOE apoya en el Congreso adelantar e 2020 el cierre de las térmicas de carbón" (iniciativa de Podemos, PP y Foro votan en contra). Adrián Barbón: "Es una barbaridad".
29/10/2107 (Asturies). "Pedro Sánchez garantiza el compromiso de su partido con las Cuencas y con el carbón autóctono".
09/11/2017. (Asturies). "IU y PSOE se desmarcan de sus direcciones estatales en el debate de las térmicas".
10/11/2017. (Inopinadamente). "Iberdrola anuncia el cierre de sus térmicas de Lada y Velilla".
13/11/2017. "El Gobierno prepara un decreto que contendrá disposiciones con carácter retroactivo para impedir que Iberdrola cierre Lada y Velilla" y afirma que "cerrar las térmicas supondría incrementar un 15% el recibo de la luz".
16/11/2017. "Una alianza de países, de la que se desmarca España, pide dejar de utilizar el carbón en 2030".
17/11/2017. (Llangréu). "IU, Somos, PP y Ciudadanos (más UGT y CC OO) piden al Gobierno que aborten el cierre de Lada".
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Xuliu César, los votantes, los humanos

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Entrevista en La Nueva España con Jordi Rodríguez Virgili. Fala de Donald Trump, les redes sociales, les elecciones estadounidenses. Virgili ye profesor de Comunicación Política.
Una de les sos frases (desplicando l'éxitu de Trump y la so conexón colos votantes, especialmente a través de les redes sociales y/o la mentira o la desaxeración):


Estamos en un momento de gran desafección política, en el que la gente cree lo que quiere creer, que es aquello que se ajusta a su visión del mundo.

Desplica Xulio César nel llibru III de La Guerra de les Galies por qué los enemigos deciden atacar a los romanos nun momentu determináu:

Muchos motivos impulsaban a los galos a esta determinación: las manifestaciones del desertor; la escasez de víveres [...]; la esperanza que tenían en la guerra de los vénetos y el que casi siempre los hombres se inclinan a creer lo que desean.

Nihil novum sub sole, como diz l'Eclesiastés.

O como dicen los dos caberos tercetos del magníficu sonetu de Ricardo León sobre'l Nihil novum sub sole:


Hoy como ayer y como ayer mañana,
                  Todo es viejo y es triste: ociosa y vana
                  Repetición de tópicos y antaños.
                      Aun el decirlo es vieja niñería:
                  De alguien más triste y viejo todavía


                  Lo plagió Salomón ha tres mil años.

Güei, en La Nueva España: Hay más cosas en el cielo...

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)

Hay más cosas en el cielo y en la tierra...

Los Estados Unidos que votaron a Trump y no supieron ver los expertos

11.12.2016 | 04:06
O lecciones, para nosotros, de las elecciones en Estados Unidos. En primer lugar, sobre la óptica de las previsiones. Se nos hacía ver que todas las prospecciones demoscópicas daban como triunfadora a Clinton. Y, sin embargo, no sólo no lo hacían todas, sino que la distancia entre un candidato y otro era tan escasa en la mayoría de ellas que entraba en lo que es el margen de error de un pronóstico. Pero como la mayoría de los medios occidentales y una cierta opinión anhelaban el triunfo de Clinton (o temían el de Trump) la interpretación de las encuestas tendió a convertirse en una especie de exorcismo propiciatorio.
Por otro lado, el triunfo de Donald no tiene nada de extraordinario: desde hace mucho tiempo, la sociedad estadounidense que vota (no lo hacen nunca casi la mitad de sus habitantes) está dividida en dos mitades aproximadamente iguales, aunque en ocasiones, es cierto, existen diferencias en el voto popular que, como en este caso, no se traducen en el voto del Colegio Electoral. Y, además, es frecuente que, según ocurre más o menos en Europa, ocho años sea el tiempo máximo en que el electorado "aguanta" a un partido en el poder, procurando tras ese período la alternancia.
(En todo caso, algunas anécdotas individuales nos ilustran sobre lo que es el voto y la democracia. Susan Sarandon, por ejemplo, decidió que "no votaba con la vagina" y que, por ello, no estaba obligada a votar a Hillary por ser mujer. En consecuencia, dio su voto a un candidato marginal, en la creencia de que Hillary ganaría. Después lloró sus consecuencias. Y es que el voto no es un concurso de guapos y feos, de buenos o malos. Votar consiste muchas veces en evitar que gane el que más daño pueda hacer, aunque nos repugne aquel a quien entregamos el voto.)
No olvidemos, por otro lado, que no fue sólo que triunfase el que estaba llamado a ello por su apellido, sino que los republicanos obtuvieron mayoría en el Congreso y en el Senado. Si a eso añadimos que el voto republicano se ha mantenido en los mismos niveles que hace cuatro años... [...............................................................................................................................................................]

Güei, en LA NUEVA ESPAÑA: Los límites del pueblo (o de la gente)

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)
L 'aprecederu

Los límites del pueblo (o de la gente)

12.09.2016 | 03:29
Los límites del pueblo (o de la gente)
Los límites del pueblo (o de la gente)
Allá por los años ochenta, los problemas de la red ferroviaria en la salida a la meseta constituían uno de los temas persistentes del debate político (hasta representantes de la Xunta llegamos a intervenir en las Cortes para posar allí el huevo de nuestra demanda). Pues bien, en un momento determinado LA NUEVA ESPAÑA realizó un reportaje entre los viajeros. Todos estaban de acuerdo: el peligro de los túneles, los retrasos, las averías? había que cambiar aquello. Pero cuando a una persona, joven, se le preguntó por "la variante de Pajares", respondió: "¡Ah! Eso es cosa de los políticos".
He ahí una lección: fuera de su percepción inmediata, el ciudadano pierde la perspectiva, y las propuestas abstractas, salvo que sea impelido por una propaganda irresistible, quedan lejos de su interés.
Hace un par de meses el PP realizó una encuesta entre los xixoneses sobre la tramitación del PGO. [...................................................................................................................]
Ahora bien, ¿qué dice la encuesta? Que, a pesar de tanto ruido, la mayoría de los ciudadanos no tiene ninguna información sobre la actual tramitación del PGO. [.............................................................[
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(Asoleyóse ayer en LA NUEVA ESPAÑA.)


Démosle la vuelta

Si los votantes eligieron al PP, ¿cómo habrán visto a los otros para preferir a éstos?

28.06.2016 | 03:22
Démosle la vuelta
Démosle la vuelta
"¿Cómo es posible?" Esta es la pregunta que aguijonea desde ayer por la noche a muchos comentaristas y votantes; la que guaña en las redes sociales con más velocidad y empuje que la hierba en mayo y junio.
"¿Cómo es posible que hayan votado a estos mayoritariamente?" A pesar de LA CORRUPCIÓN así, con mayúsculas, por antonomasia, porque otras, como la de Asturies, Andalucía o Cataluña no existen en el imaginario colectivo; a pesar del paro (que no ha bajado sino por la emigración); de los recortes en la sanidad y la educación (que no han sido realizados porque faltase dinero, sino por la sola voluntad de hacer más pobres a los pobres y de enriquecer a los ricos); a pesar de la emigración de tantos miles y miles de jóvenes de las generaciones mejor preparadas de la historia; de los recortes de derechos laborales, realizados únicamente para beneficiar a la patronal; de la práctica desaparición de los contratos fijos y su sustitución por contratos basura; del recorte de las libertades de expresión y de manifestación, acercándonos casi a las dictaduras; del rescate de los bancos y no de los ciudadanos; de la indecente sumisión a Angela Merkel en el ajuste de las cuentas (y, a la vez, sin haber cumplido el recorte del déficit programado); del crecimiento de la deuda, al tiempo que se recortaban las inversiones y el gasto en una suicida política de austeridad; del recorte en las pensiones y, a la par, de la disminución de la "hucha" para pagarlas; a pesar, a pesar, a pesar? Y, luego, naturalmente, quejas, desprecios o insultos contra los ciudadanos que han vuelto a elegir al vago e incompetente (e "indecente") de Rajoy Brey.
Admitamos que es todo así, tal como se ve y se argumenta por la oposición política y social (incluidos tantos intelectuales y tertulianos). Aceptemos, además, que ello es evidente para todo el mundo; y difícil es que no lo sea tras la lluvia continuada durante años de esa agua nacida en las nubes de las televisiones, los opositores y, en parte, de comentaristas de la derecha antimarianista.
Bien, démosle la vuelta. La pregunta debería ser entonces esta: ¿cómo se ve a los otros para que, pese a todo ese desastre y repugnante evidencia, hayan preferido al PP? ¿Cuán poco confiarán en ellos para defender su empleo, el crecimiento de los puestos de trabajo, su protección en el paro, el mantenimiento de la sanidad y la educación, el sostenimiento de las pensiones, la tranquilidad y la paz social, el futuro de sus hijos y nietos??
Repitámoslo. Admitamos que todo es así como se cuenta. Tengámoslo por indubitable y universalmente conocido. Esa es la pregunta, entonces, ¿cómo se ve a los demás para haber preferido a estos?
Y no piensen solo en el ganador en ventaja de las elecciones, el PP. Piensen ahora en los votantes del PSOE y en sus detractores; en aquellos que creen que, pelo arriba o abajo, PSOE y PP son lo mismo y tienen idénticas responsabilidades. La pregunta es la misma, no "¿cómo es posible"?, sino "¿cómo habrán visto a los otros para preferir a éstos?".
Porque ver, sí que los vieron, ¿verdad?
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(Do treslláu, como davezu, a dellos párrafos).


Démosle la vuelta

Si los votantes eligieron al PP, ¿cómo habrán visto a los otros para preferir a éstos?

28.06.2016 | 03:22
Démosle la vuelta

"¿Cómo es posible?" Esta es la pregunta que aguijonea desde ayer por la noche a muchos comentaristas y votantes; la que guaña en las redes sociales con más velocidad y empuje que la hierba en mayo y junio.
"¿Cómo es posible que hayan votado a estos mayoritariamente?" A pesar de LA CORRUPCIÓN así, con mayúsculas, por antonomasia, porque otras, como la de Asturies, Andalucía o Cataluña no existen en el imaginario colectivo; a pesar del paro (que no ha bajado sino por la emigración); de los recortes en la sanidad y la educación (que no han sido realizados porque faltase dinero, sino por la sola voluntad de hacer más pobres a los pobres y de enriquecer a los ricos); a pesar de la emigración de tantos miles y miles de jóvenes de las generaciones mejor preparadas de la historia; de los recortes de derechos laborales, realizados únicamente para beneficiar a la patronal; [....................................................] Y, luego, naturalmente, quejas, desprecios o insultos contra los ciudadanos que han vuelto a elegir al vago e incompetente (e "indecente") de Rajoy Brey.
Admitamos que es todo así, tal como se ve y se argumenta por la oposición política y social (incluidos tantos intelectuales y tertulianos). Aceptemos, además, que ello es evidente para todo el mundo; y difícil es que no lo sea tras la lluvia continuada durante años de esa agua nacida en las nubes de las televisiones, los opositores y, en parte, de comentaristas de la derecha antimarianista.
Bien, démosle la vuelta. La pregunta debería ser entonces esta: ¿cómo se ve a los otros para que, pese a todo ese desastre y repugnante evidencia, hayan preferido al PP? [............................................]

Güei, en La Nueva España: Discursos, decursos, votos.

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)

Discursos, decursos, votos

24.04.2016 | 05:01
Discursos, decursos, votos
Si logramos distanciarnos un poco, veremos que algunos de los discursos que han corrido estos cuatro meses por las tertulias políticas deberían provocarnos una sonrisa. De los discursos que se modificaron en el decurso de estos ciento y pico días a mí me hacen especial gracia los de algunos de los marianistas habituales: criticaron virulentamente a Rajoy por no aceptar el encargo de formar gobierno después de hacerlo Sánchez, colgándole los habituales epítetos de "vago", "indolente", etcétera y dándolo por acabado, para después calificarlo como un genio de la estrategia tras no llegar el del PSOE a ninguna parte. Marianistas, digo, y los mismos, que no otros.
En el decurso de este tiempo, y especialmente en las últimas semanas, el discurso que más ha circulado y más éxito ha tenido ha sido el de la censura de la incapacidad de los políticos para llegar a un acuerdo y el vilipendio personal por no haberlo hecho. El argumento central de esa crítica ha sido el de que han sido incapaces de supeditar sus intereses, personales o de partido, al interés general de los españoles. Ahora bien, discurso y argumento se sustentan en una doble falacia, la de que existe un interés común a todos los españoles -más allá de las elementales coincidencias en querer vivir y, acaso, trabajar- y la de que éstos quieren que se supedite a ese supuesto interés común su particular interés o punto de vista.
El instrumento argumental más usado para reclamar el acuerdo ha sido el de la utilización de la palabra "diálogo" y la proclamación de que la mayoría de los ciudadanos/votantes reclamaban diálogo a los partidos. En realidad, "diálogo" es ahí una palabra vacía, pero cargada de voluntad enturbiadora. Porque no es cierto que la mayoría de los ciudadanos que piden diálogo lo quieran, es decir, que los suyos cedan y que los otros cedan para llegar a una especie de mixtura programático-ideológica. Cuando la mayoría de los ciudadanos, al menos los que son los votantes "fieles" de unas siglas, piden diálogo lo que hacen es pedir que los demás se sometan gratuitamente a las posiciones de los suyos, sin nada a cambio. [.....................................................................................................................]

Parte de lo que pasó (sobre el voto y los votantes)

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Hoy en LNE. Transcribo, como siempre, los primeros párrafos:

Parte de lo que pasó

Algunas componentes poco señaladas del resultado de las elecciones municipales y autonómicas

13.06.2015 | 05:40
Parte de lo que pasó
Las recientes elecciones municipales y autonómicas han dejado algunas evidencias: el castigo al Gobierno, al PP y al PSOE. La abstención de una parte importante del votante del PP o la dispersión de sus sufragios hacia C's o Vox. La mayor participación de la izquierda y de la juventud. ¿Qué es lo que ha llevado a tal estado de cosas, que ha constituido, a la vez, un vuelco sobre lo habitual y la aparición de nuevos actores políticos? La corrupción y la crisis se han apuntado como los principales motivos. Tal vez merezca la pena indagar aquí sobre algunas componentes poco señaladas.
El afán de novedad, esa pulsión humana permanente que a veces se convierte en ola social, ha sido una causa importante del comportamiento de los votantes: ha castigado "lo viejo" y se ha volcado hacia "lo nuevo", o, si quieren, se ha cansado de lo antiguo y ha buscado un cambio en lo nuevo. Solo en parte ligado con el afán de novedad, afán intergeneracional, otro vector ha manifestado sus efectos en las urnas: el de la inevitable irrupción de nuevas cohortes de electores para los que su visión del mundo y su relación con la política es muy distinta a la de sus mayores (recomiendo, por cierto, al respecto de lo fatal y universal de estas rupturas, la lectura del "Viejos y jóvenes" de Unamuno). No solo para ellos son más atractivos los mensajes de los nuevos actores políticos o los medios de que se valen para transmitir aquellos, sino que lo es especialmente la casi total ausencia de compromiso que esas formaciones requieren: ni rígidos encuadramientos, ni cuotas, ni antigüedad en el partido para participar o ser candidato (al menos teóricamente, que después no siempre es esa la práctica); en una palabra: la misma volatilidad de responsabilidad, ataduras y compromiso que caracteriza una gran parte de la vida moderna y que constituye la atmósfera en que las nuevas generaciones se mueven habitualmente.

Güei, en LNE: ¿Qué votamos cuando votamos?

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Les razones (o sin razones) habituales del votu. Invito a seguir nel periódicu esti escrutiniu, del que-yos doi, como siempre, los primeros párrafos: 

¿Qué votamos cuando votamos?

Lo que buscan los ciudadanos son remedios con mayúscula, y eso el mundo no lo da

26.04.2015 | 04:33
¿Qué votamos cuando votamos?
Las premisas fundamentales del comportamiento electoral de los votantes son dos. La primera es su anclaje en uno de los dos lados del eje derecha/izquierda o, en los lugares donde se da esa otra visión del mundo, en el que enfrenta al nacionalismo con el no nacionalismo, posición ésta, la nacionalista, que, en ocasiones, se combina con la más general dicotomía izquierda/derecha. Ese anclaje primario no afecta al total de la población, pero sí a una parte mayoritaria de ella, y es una característica universal del voto.
La segunda premisa es la de que, con diverso grado de intensidad, muchos de los votos no se producen tanto a "favor de" como en "contra de", es decir, que el ciudadano deposita su papeleta motivado por evitar el triunfo del otro bando, al que, en los casos extremos, considera el mal absoluto. Tan es así, que si los ciudadanos tuviesen la opción de depositar en la urna una sola papeleta de entre dos optativas, una a favor de su opción, otra en contra de la que detesta, es muy posible que se llenara más la urna de los votos negativos que la de los positivos.
Naturalmente, existe una franja de ciudadanos que no se adscriben a ninguno de los dos bandos y cuyo voto fluctúa o busca otras opciones que no estén caracterizadas sustancialmente por la adscripción izquierda/derecha o la de nacionalista/no nacionalista. Asimismo, en los márgenes de cada bando existen grupos dispuestos a retirar temporalmente su apoyo a quienes votan habitualmente o a buscar fórmulas alternativas de mayor pureza; raramente suelen estos individuos traspasar la frontera hacia la otra banda.
¿Se votan programas y candidatos, como suele suponerse? Un examen de las tendencias en España en los últimos tiempos nos permitirá escrutar con mayor precisión algunos de los factores que mueven el voto.
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EL MUSEL: DESPILFARRO Y RESPONSABILIDAD

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El asunto de El Musel trae en estos días aún más cola de la que en sí mismo traía. ¿Cuál es la cola actual, o mejor dicho, los problemas antiguos que ahora se manifiestan en toda su virulencia? Pues son, de un lado, los económicos, de otro, las sospechas de un fraude múltiple, cuyos indicios son ahora fehacientes y que, tras haber sido investigados por la Oficina Europea de Lucha Contra el Fraude, han sido enviados a las autoridades judiciales españolas.
                Como el lector recordará, los costes de la obra del puerto xixonés se dispararon y, a la vez, existe una reclamación económica de quienes realizaron la obra y una cantidad pendiente de cobrar de subvenciones europeas, sin que sea descartable el que, asimismo, haya que devolver fondos europeos ya recibidos. Estos son los números: 710 millones, en total, de los que 124 son de sobrecostes y 85,67 de actualización de precios; a ellos habría que añadir los 350 de costes adicionales que la empresa constructora reclama ante los tribunales (y pocas veces gana la Administración un pleito). De ese dinero, 531 millones fueron puestos por España, y la UE puso 247,5, de los que 49,5 están retenidos. La citada Oficina recomienda ahora que tanto el Estado Español como la UE recuperen lo puesto, por fraude. El asunto, a examen, enjuiciamiento y pleito.
                Pero no podemos olvidar que la «cola» principal de este asunto estaba en la propia concepción del proyecto, la idea de que un puerto enorme atraería por sí solo actividad portuaria, cuando es la vitalidad económica del área donde se ubica el puerto la que genera actividad. Dentro de esos límites, la gestión comercial puede llevar a un óptimo el aprovechamiento de todas las potencialidades o, por el contrario, aprovecharlas apenas. Esto último era lo que había ocurrido históricamente con la gestión del puerto, pues, amparándose en la sopa boba de los tráficos cautivos, los gestores se habían limitado a poco más que a beneficiarse de las rentas funcionariales, empresariales o (desde el advenimiento de la democracia) sindicales que de por sí se generaban. (Por cierto, es muy difícil, sino imposible, recuperar esos tráficos que, por esa desidia aprovechada, se han ido a otros puertos).


                Al margen de esa visión errónea de lo que es un puerto, en la voluntad de su ampliación desmesurada (no olvidemos que la pretensión inicial era dar aún más amplitud a la misma) estaba ínsita la voluntad de realizar el mayor gasto posible, aprovechando fondos europeos, pidiendo al Estado, endeudándose. «Caballo grande, ande o no ande», podría haber sido el lema que guio el desatino. Si recordamos la época, la de la inflación de expectativas y endeudamiento del 2002 al 2008; los impulsores, el PSOE y Areces (a quien la opinión pública aclamaba como «El deseado», teniéndolo —recuérdese— ¡por un gran gestor!); la filosofía de tantos políticos, que podría ser el paulino «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos» o el más vulgar «el que tire detrás que arree»,  entenderemos perfectamente cuál fue el clima en que se produjo el dislate .
                Llegados a este punto, se alzan por doquier voces contra los anteriores gestores del puerto y, especialmente, contra don Vicente Álvarez Areces, sus políticas y su responsabilidad al respecto. Ahora bien, seremos tremendamente arbitrarios, y contrarios a los propios intereses colectivos en el futuro, de no apuntar que sean cuales sean las responsabilidades del presidente y de otros, en el ámbito político esas responsabilidades se encuentra repartidas entre una parte importante de la ciudadanía asturiana. Porque debe recordarse cómo por aquel entonces una mayoría de los ciudadanos aprobaba con sus votos y con su entusiasmo la política del «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos», como si el futuro no existiese, no ya para sus hijos o nietos, sino ni siquiera para ellos mismos a la vuelta de un lustro. Y de ese modo, cuando en una soledad casi absoluta algunos nos opusimos a aquella ampliación desmesurada del llamado «superpuerto» por inútil, porque no estaba ahí la solución de nuestra economía y empleo, porque los costos iban a empeorar aún más las opciones de captar tráficos en el futuro, no solo no nos vimos acompañados por ninguno de los partidos institucionales, sindicatos ni opinión pública, salvo una exigua minoría en este caso, sino que hubimos de soportar acusaciones e infamias. Así, por ejemplo, empresarios no ligados al negocio portuario ni a su ampliación llegaron a decirme personalmente que lo que yo hacía era «trabajar para Barcelona y los catalanes», acusación que nunca entendí plenamente y, menos, como me pareció que se me quería sugerir, no por incapacidad o ceguera, sino por algún motivo o estímulo inconfesable. Es cierto, por otro lado, que aquella ocasión me proporcionó instantes de hilaridad, como cuando sindicatos y patronal llegaron a decir, al sugerirles el problema de los créditos y los costos, que (no se me orinen, queridos lectores), si hiciese falta dinero, se venderían los terrenos portuarios antiguos para pisos.
                La democracia se caracteriza, entre otras cosas, por la irresponsabilidad de los electores, no solo porque ellos no sean responsables de los actos desacertados o delictivos que puedan cometer los electos por ellos, sino porque, en general, el ciudadano tiende a no establecer conexión entre su voto y las consecuencias del mismo, hasta el punto de que, cuando las cosas van mal, «se olvida» de a quién ha votado o para qué lo ha votado o dice creer que ha votado a otro partido.
                Y, sin embargo, si la democracia ha de acercarse a la perfección, hay que exigir que no solo el político (el chivo expiatorio del «Levítico») sea consciente y responsable de y por sus decisiones, sino que lo sea también el ciudadano, responsable último en su parte alícuota del conjunto del Estado y la Administración. Entre otras cosas, porque, si nunca toma conciencia del cuándo, cómo y por qué de sus errores, volverá a repetirlos, ya no en su voto, sino en la exigencia de que aquellos a quienes elige vuelvan a cometer los mismos dislates que hasta aquí nos trajeron.
                Y las calles están llenas ya de ciudadanos que están dispuestos a votar a los mismos para que hagan exactamente lo mismo. En olvido y desfiguración de aquello y en la irresponsabilidad de quiénes fueron los responsables, de quiénes sostenían la pancarta del «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos», de la que únicamente les era visible la primera parte de la frase, sin ver que inevitablemente implicaba la segunda. O viéndola, sí,  quizás, sin percibir que la frase, cuyo sentido ellos entendían y entienden como pragmático y epicúreo, como un «carpe diem», les lanzaba un guiño admonitorio y sarcástico que eran y son incapaces de percibir, el de una consecuencia, el de un «memento».

Física humana y social (y III)

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Algunos analistas y sociólogos pronostican un gran descalabro de los partidos mayoritarios en las europeas, y el surgimiento de una o varias candidaturas "populistas" que sacarán más votos que ellos. Soy muy escéptico sobre esta última posibilidad y creo firmemente que, desde luego, y en todo caso,  en las próximas elecciones generales los dos partidos mayoritarios seguirán teniendo, con mucho, una cantidad aplastante de votos. 
Ahora bien, es posible que en las europeas se produzca algún resultado excepcionalmente novedoso. Por varias razones obvias: la gente está cabreada y desea dar "un castigo" "a los políticos"; pero, sobre todo, porque la gente no toma en serio las europeas, no son para ellos elecciones "de verdad". Así que es posible que candidaturas encabezadas, como dicen esos analistas y sociólogos arriba referidos, por el Gran Wyoming, Ada Coláu, el Gran Garzoning u otros "den un susto" a los partidos tradicionales. 
Ello no sería ninguna novedad. El pueblo soberano de derechas ya mostró en otra ocasión su desafecto en las europeas, otorgando dos escaños y 608.560 votos al Gran Ruiz Mateos. Pero si usted pregunta ahora quién lo votó no encontrará a nadie que se acuerde de haberlo hecho, como nadie se acuerda en Marbella de haber votado a Jesús Gil y Gil o a otros eiusdem furfuris en Marbella o en otra ciudades. Que así es el pueblo soberano: después de hacerla, proclama aquello de "a mi Plim" o "¿quien yo?".
En todo caso y por buena que sea la voluntad de los Beppe Grillo, los Gran Wyoming, las Ada Colau, por grande que sea su capacidad, por cerrada y disciplinada y preparada que sea su organización, todos van a encontrarse con la cruda realidad: "nihil educitur ex nihilo", "de donde no hay no se puede sacar" o el más castizo de "una cosa es predicar y otra dar trigo".





¡Estos del bable!

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Ye mui bueno, asina que seguii lleendo.

Cuéntamelo Xurde Morán, y de xuro que lo conté yá fai tiempu, polo menos privadamente.

Esto ye una muyer que-y entruguen onde queda (o si compra) en Carrefour. Ella, de mano, nun cae, "¿Carrefour?, ¿Carrefour?" Dempués desplíquen-y onde ye y diz:

"¡Que Carrefour nin qué neñu muertu, el Pryca de tola vida!"

Y arreya:

"¡Eso ye cosa de "los del bable" que nun tiene más enfotu que cambiar el nome de tolos sitios!"

Esi ye'l pueblu soberanu. ¿Qué-y vamos facer? Tamién voten y formen eso que se llama "la opinión pública".

Física humana y social (II)

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Y al socaire de la facecia de ayer, la del político que prometía puente para un río que no había y río después,  al ser advertido de que no lo había, otra facecia.

La del político primero, que ofreció construir un puente, a tuerto o a derecho, puesto que "¿por qué no vais vosotros a tener un puente, si otros ya lo tienen? ¿Es que no tenéis igual derecho? ¡Y si no hay dinero, es igual, se saca de donde sea!"

Y el político segundo ofreció también un puente, pero dijo que, primero había que trabajar y ahorrar para ello, y que, puesto que el dinero actual solo daba para cubrir ciertas necesidades, quizás habría que subir los impuestos.

¿A quién creen que votó el pueblo soberano?

Pues eso.

Física humana y social

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Es conocida la facecia del político que, en el fervor del mitin, propone un puente para el río del pueblo. Desde el público una voz le anuncia que no existe río en el puente. Impertérrito, el orador responde: "-es igual, os pondremos un río".
La gracieta se celebra mucho como ejemplo de la demagogia incontinente de los políticos. Lo que no suele contarse es que fue ese, precisamente, y no otro, el político más votado.


Los peligros de Google y d'interné

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Invítolos a lleer la información. Titúlase "Los peligros d'una Google-democracia" (Manipulación n'interné) y señala'l riesgu de que pequeñes manipulaciones nos parámetros de búsqueda de los candidatos y la información sobre los mesmos, lleve a manipular el votu, na medida que -y eso ye "física humana"- les persones inclinámosnos a ser del Madrid o del Barcelona, esto ye, de los que ganen, y eso ocurre nes simpatíes del fútbol y nes del votu. Como, además, la mayoría les elecciones dedídense sobre un electoráu mui pequeñu (fundamentalmente los "non adscritos" y los "indecisos de verdá coyunturales"), mover un pelín los parámetros de búsqueda y posición llevaría a decidir les elecciones.




¿En qué quedamos?

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Si los diputaos nun voten lo que quieren, sin nun son llibres pa votar, protestamos (claro que esprecetámosnos más si son "los del otru" los que lo faen).

Si voten lo que quieren, decimos que'l partíu ye una xaula grillos y que van romper (claro que, si son "los del otru" los que lo faen, allegrámonos muncho).

Si un partíu tien disensiones, los votantes castíguenlu.

Si nun les tien, los tertulianos y opinantes falen de "procesu a la búlgara", "secuestru la voluntá popular", "dictadura les executives", "comederos", etc.

¿En qué quedamos?

Pues en eso, que los votantes son lo que son y los opinantes tamién.


TAMBIÉN PREOCUPANTES Y DOLOROSAS

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                El panorama parece enteramente ocupado por la situación económica (con su fundamental de nuestra estructura productiva y su coadyuvante de la financiación y la deuda) y por el independentismo catalán, pero hay otros muchos aspectos de la realidad que, siendo de menor resonancia o alcance,  son importantes, por preocupantes, significativos o dolorosos; a veces, por cómicos.
                Preocupante es, por ejemplo, la decisión de Dolores de Cospedal de quitar el sueldo a los parlamentarios de Castilla-La Mancha. He citado en ocasiones a san Pablo («el obrero es merecedor de su salario») o a periodistas de comienzos del XX (Adeflor) para señalar que si quien no tiene riquezas no cobra por su trabajo en la política, esta queda solo en manos de los señoritos. Vayamos más allá: si los parlamentarios no cobran en la cospedaliana comunidad no puede haber entonces control del Gobierno de la doña. Y, una de dos, o es que la doña no quiere que controlen su acción de gobierno o gasto o es que cree que el parlamento no vale para nada porque para nada valen gobierno y autonomía. En ese caso, lo honrado es que devuelva las competencias y disuelva la institución.
                Hacia poniente, el presidente de la comunidad extremeña, el señor Monago, vino estos días a añadir una pieza más en la exhibición de torpeza y de falta de finura democrática de una parte importante de la derecha española. Comparar el hipotético referéndum de Cataluña sobre la soberanía con otro que él pudiere realizar para «declarar oficial el traje de lagarterana» es de una tal tosquedad intelectual, manifiesta una tamaña falta de sensibilidad hacia las emociones de los demás, que tal parece que el señor Monago estuviese actuando con la única finalidad de atizar aún más las pasiones de aquel territorio.
                No hablemos únicamente de los políticos, hablemos de las instituciones. ¿Qué les parece a ustedes que el FMI, que viene reclamando desde hace años una política de austeridad y recortes para España y otros países, proclame ahora que los recortes y la falta de inversión ponen en peligro la recuperación económica? ¿Les parece de alguna seriedad? ¿No habría que unvialos a tostar guiaes, como dice nuestra expresión? Al menos, lancémosles aquel «¿por qué no te callas?» real. Pero menos serias son aún las estimaciones que, una y otra vez, se realizan sobre los asistentes a las manifestaciones. Por solo poner un ejemplo: se anunciaba el otro día una concurrencia multitudinaria (de 10.000 o 15.000 personas) en Avilés a una manifestación en pro de la reindustrialización. Pues bien, miren ustedes la fotografía del avilesino Parche con los allí reunidos al final del paseo: son unos escasos cientos. ¡Un poco de respeto, señores!
                O hablemos, mejor, de nosotros mismos, de nuestros conciudadanos. El 20 de noviembre de 2011, el 44,62% de los votantes entregaban su voto al PP; nueve meses después, en el Barómetro de septiembre del CIS, solo un 28,5% «recordaba» haberlo hecho. Según he dicho muchas veces, la democracia se basa en la irresponsabilidad absoluta de los votantes, no porque acierten o no al votar aquello que deseen, sino porque se desentienden a continuación de sus actos, hasta el punto de venir a decir, con su olvido, «que ellos no han sido».
                Pero para I(ncompetencia)+D(espilfarro)+I(incapacidad) la del PSOE asturiano y sus sucesivos gobiernos. Por tercera vez sentencias o informes jurídicos han echado atrás la llamada carrera profesional de los enseñantes, un complemento salarial que venían cobrando desde 2007, al igual que el resto de los funcionarios. Durante todo este tiempo, estos fenómenos socialistas y sus compinches de IU y sindicalistas, han sido incapaces de elaborar bien un documento administrativo. Ahora se pone en peligro esa percepción económica (que, repito, disfrutan todos los funcionarios del Principado) y aun se corre el riesgo de que existan repercusiones retroactivas. Todo ello en un sector que ha perdido el 20% de sus haberes en tres años, que carga este año con dos horas más de trabajo en clase y dos más de permanencia en los centros, y que nunca tuvo la rebaja de 37,5 horas a 35 que sí tuvieron los demás funcionarios por regalo de anteriores gobiernos.
                ¡Ah!, y a la cabeza de todo este dislate, aquel egregio don Vicente Alberto Álvarez Areces, aquel a quien pueblo y élites aclamaban y reclamaban como el mejor gestor del universo.
                Pues los demás, todos iguales: maestros en el I+D+I.