Parte palacial (sieglu XVI) del palaciu Monterréi, nel castiellu del mesmu nome. La semeya, del 30/07/13.
Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
CONGRESU DE CULTURA ASTURIANA MOZO
L'Arribada y la Fundación Nueva Asturies tamos impulsando'l Congresu de Cultura Asturiana Mozo, que va celebrase'l 19 d'ochobre.
Dalgunos datos:
Dalgunos datos:
¿Qué ye?
Una reunión de xente
que, nel ámbitu la cultura asturiana, dedícase
a la creación, trabaya nella o gana’l pan nesa xera.
¿Y lo de «mozo»?
La idea ye que, en principiu, los participantes tengan una edá inferior a los trenta y cinco años
o tean cerca d’esa cifra.
¿Cuálos son los oxetivos principales del Congresu?
Son seis: cuatro esternos, dos internos.
¿Los esternos?
Proyectar a la sociedá asturiana
la idea de que hai muncha xente creando
y trabayando nel mundu de la cultura asturiana y face-y visible esa
realidá, que, n’últimu términu, xenera
empléu y riqueza.
Treslladar a la sociedá la
evidencia de que la cultura asturiana ta arreyada
a la modernidá y les nueves tecnoloxíes na cultura más mozo: páxines web, facebook, twitter, radio, cine,
televisión, productores, internet, periódicos dixitales, mundu la escena…
CON LAS TÉMPORAS
Hace
muchos años que vengo diciendo que en España se legisla con las témporas (una
forma pudorosa e indirecta de señalar), por muchas razones. Tiempo ha también
que apunto las escasas fuentes que en muchas ocasiones tiene el impulso
legislativo, a veces la pura manía de un funcionario, el influjo de una tesis
coyuntural, el congreso de un grupo de teóricos expertos.
Pero
antes de ver algún caso reciente, hagamos una previsión de futuro: pongamos el
foco en el discurso de doña Carmen Sanjurjo, directora del Instituto Asturiano
de la Mujer. Recordarán ustedes que hace pocas semanas se produjo una tragedia
en Piedras Blancas. Un hombre de 86 años se suicidó tras matar a su mujer, una
anciana, como él, que llevaba siete años postrada en la cama con alzhéimer. ¿Qué
ve ahí cualquier ciudadano «normal», es decir, no condicionado? Pues lo que ha
visto el señor Rubalcaba, «una tragedia familiar». Y seguramente una realidad muy
compleja donde se enmadejan desesperación, impotencia, amor (solo quién no ha
madurado no sabe cuántas manifestaciones «es» la cáritas o amor), soledad,
piedad. Y, si elevamos el discurso hacia la abstracción, cuestiones como el
suicidio o la eutanasia, de tan largo abolengo en la discusión filosófica y
ética. Pero para doña Carmen es sencillo, «violencia de género (¡qué horror de
jerga!)»: «Siempre que un hombre mata a una mujer es violencia de género».
Como
tantas personas del campo de la política, del sindicalismo, del gremialismo, la
visión del mundo de doña Carmen en su ámbito de actuación se produce a través
de una rendija de un centímetro cuadrado y bajo una lentilla coloreada por su
prejuicio. Parmenidea y no heraclitea, monista y no dialéctica, su verdad es
homogénea, inmóvil y perfecta. ¿Cómo, bajo esas premisas, saldrán las leyes para
las cuales aconseje o que impulse en el futuro?
Pero
pasemos de los futuribles al presente. El Gobierno prepara una nueva ley sobre
sustancias nocivas para la salud. Inmediatamente salta el escándalo: la nueva
norma no permitirá fumar bajo las marquesinas ni al pie de los centros de
trabajo si los trabajadores no se mojan (es decir, si tienen un alero bajo el
que cobijarse). De la misma manera, la ley perseguirá las decisiones de los
novios respecto a invitar a barra libre en los festejos de su himeneo. ¿Quién
redacta esa norma, más restrictiva que la general española? Pues, en principio,
podemos calcular que alguien en la onda de doña Carmen, a quien podemos
suponer, sobre parmenideo, aquejado del «síndrome del nuevo presidente del
portal», que se caracteriza porque el recién llegado pone en marcha aquellas
innovaciones que llevaba revolviendo en su mente mucho tiempo (unos nuevos
apliques, el cambio del azulejado…). Es una versión del «os vais a enterar»,
una forma más del eterno arbitrismo.
Ahora
bien, lo esencial no es la génesis, sino la gestión. Esos aspectos han sido
desmentidos inmediatamente por otros ministros del Gobierno. «No queremos decir
eso», han afirmado. Pero, si es así, ¿nadie ha mirado el proyecto legislativo?
Si lo han hecho, ¿no han reparado en ello y sus consecuencias? Si han reparado,
¿no lo han subsanado? Con las témporas.
Otro
ejemplo reciente, la legislación xixonesa sobre el consumo de bebidas
alcohólicas. De pronto el texto sale al mundo y, como don Quijote, encuentra
que el mundo no se ajusta ya no a sus prejuicios, sino a la estrecha ranura por
la que los redactores contemplan la realidad y a su desconocimiento de esta.
Porque, ¡oh sorpresa!, en la realidad no solo hay jóvenes ingiriendo bebida de
los supermercados y alborotando, sino adultos y mozos libando sidra —y, tal
vez, asimismo alborotando—. Y, por tanto, la voluntad estrella su hocico contra
un artefacto con el que no contaba. Y ahora, la pregunta: la tramitación de esa
normativa ha llevado más de un año de vueltas y discusiones, ¿ningún cerebro u
ojo ha visto en todo ese trayecto que lo redactado entraba en conflicto con la
realidad cultural de nuestra bebida nacional y nuestra forma de consumirla?
¿Nadie? ¿Ni siquiera el ilustre concejal autor de La Capitana? Pues, ¡en fin!
En
todas partes cuecen fabes, no crean ustedes. No ha pasado un año desde la
reforma de la legislación laboral, y aquellas normas pensadas para facilitar el
despido no funcionan con respecto a ese fin, de modo que hay que reformarlas. Y
es que los redactores —un montón de sabios asesores, externos e internos, un
Gobierno, 185 diputados— no sabían muy bien ni cómo era el mundo (ese peculiar
mundo de los jueces de lo laboral, por ejemplo) ni qué designaban exactamente
con respecto a la realidad las letras que juntaban en sílabas, primero, luego
en palabras, oraciones y párrafos. ¡Con la témporas!
Bueno,
con las témporas es con algo. Tal vez ni con eso.
Una visión d'Asturies fai 50 años
Documental de 1963. Paga la pena velu, polos datos, pol tonu, pola voz, pol pasu'l tiempu que pasó y pol que nun pasó:
¡Hebia suerte!
Asina diba'l barcu a Ons. Supongo que pidiendo suerte colos ayos, o p'afuxir los vampiros marinos (si ye que los hai). Con tou, ¡qué perdición d'arbeyos por falta palos!
Quier decise equí que con unes gambines los ayos taríen mayor aprovechaos.
La semeya, del 03/08/13.
BANALIDAD Y PAULOVISMO EN EL DISCURSO POLÍTICO
El
elemento más irritante en la actual coyuntura política es, sin duda, la
evidencia de la corrupción, sus proporciones elefantiásicas. Pero si nos
distanciamos un poco del momento, podemos advertir en la práctica política
otros componentes que tienen carácter permanente y que resultan, cuando en
ellos reparamos, idénticamente ofensivos.
El
primero de ellos es la banalidad de la mayor parte del discurso político que se
construye (y se repite) cotidianamente. Se limita a obviedades o trivialidades
que cada grupo reitera en virtud de sus preferencias políticas: «hay que
garantizar la sostenibilidad de las pensiones», «todo el mundo tiene derecho a
una vivienda digna», «es necesario sentarse a la mesa y dialogar», «hay que
garantizar la sanidad universal y pública», «el nivel de paro de las nuevas
generaciones es intolerable», «la emigración no es una salida para los
jóvenes», «es necesario rebajar la presión fiscal»… Lo que define a estos
discursos como banales no es el que sean bienintencionados o no (¿quién no
desearía una ley que nos garantizase a todos ser jóvenes, guapos e inmortales,
sin que tuviésemos que trabajar?), sino que nunca explicitan cómo se consigue
llevar a cabo esos objetivos, o cómo es posible cohonestar unos con otros. Por
solo poner un ejemplo, fuera de la coyuntura económica. Hace unos años, todas
las encuestas señalaban la coincidencia de la mayoría de la población española en
que había que dialogar con ETA («diálogo» es una de las palabras mágicas del
beaterío melifluo de la sociedad actual), pero, sin embargo, quienes estaban a
favor de ese encuentro afirmaban a continuación que no había que hacer ninguna
concesión al terrorismo. ¿Qué significa, entonces, «dialogar», si no cabe la
negociación? No importa, se realizan ambas afirmaciones porque están bien
vistas socialmente y quien las emite se siente beato consigo al hacerlo y no
padece ningún desasosiego al ir contra corriente.
Junto
con la banalidad, la incoherencia, como se ve en el ejemplo que acabamos de
explicitar. Se puede decir lo mismo y lo contrario, al mismo tiempo. Se puede
pedir diálogo con el islamismo y, a la par, que se garantice la libertad
individual, el laicismo y el respeto a la mujer en los países en que aquel
predomina. Se puede pedir que se impida que la juventud beba de forma brutal,
para preservar su salud y, a la vez, rechazar que se persiga el botellón en la
calle; defender el derecho de los vecinos al descanso y, juntamente, el derecho
de los jóvenes a divertirse y alborotar bajo las viviendas de los mismos vecinos.
La incongruencia no ocurre solo entre los argumentos que el discurso maneja, no
se da únicamente por la imposibilidad de intentar casar dos realidades
incompatibles olvidando el efecto de una de ellas sobre la otra o las otras, sino
que sucede muchas veces por el hiato o salto en el vacío existente entre las
premisas y la conclusión del discurso y del argumento. He aquí una muestra
reciente, en el discurso de ese Demóstenes-Frege que es el secretario de
organización del PSOE, don Jesús Gutiérrez, quien de vez en cuando nos ilumina
con sus saberes lógicos y sus habilidades retóricas. Contestando a unas
palabras de Álvarez-Cascos en que este acusaba a Pérez Rubalcaba del cierre de
la minería asturiana, decía: «Cascos miente y utiliza el carbón para desviar la atención
y tapar sus responsabilidades en el caso Bárcenas». «Tengo muy buena cochura. / Comedme sin
regodeos / porque soy canela pura. / También se venden fideos.» recogía o
fingía recoger Camilo José Cela en Ribadesella. El último verso de la cuarteta,
traído por los pelos para completarla, tiene la misma trabazón lógica que la
locución de don Jesús, porque es posible que don Francisco mintiese con
respecto a la acusación que contra el PSOE y Rubalcaba realizaba y es posible,
asimismo, que tenga responsabilidades en el caso Bárcenas, pero lo que es
altamente improbable es que a don Francisco se le pasase por la cabeza en
ningún caso, ni aun coyunturalmente tresvolicáu, que la mención al carbón iba a
librarle ni por un segundo de lo que la opinión pública pensase sobre su
relación con el señor Bárcenas.
Sin embargo, don Jesús sabe muy
bien a dónde apunta. El objetivo central de la política y del discurso político
es el mismo que era el objeto de la enseñanza de los sofistas en la Grecia
clásica: enseñar a persuadir, seducir y embelesar a los demás y moverlos a
actuar en beneficio propio, con o sin razón, con verdad o mentira. Y, por otro
lado, el más acendrado blanco de la política es la iglesia propia, ese amplio
núcleo de fieles inasequibles al desaliento, inmarcesibles por la evidencia,
que esperan a diario —de sus mentores mediáticos o políticos— el argumento
coyuntural contra sus contrarios, las llamaradas de la incitación para mantener
vivas pasión y fe propias.
De modo
que, aunque aparentemente el discurso de don Jesús parezca incoherente e
ilógico, no lo es, responde al objetivo central de su labor pastoral: mantener
encelados a sus fieles mediante la coyunda excitativa «Cascos-Bárcenas». Desde
ese punto de vista, el del objetivo central o único de sus destinatarios, las
aparentes incoherencias del discurso político en sus diversas fórmulas quedan
resueltas de la misma manera: acertadas, adecuadas a su objetivo, eficaces para
ello.
Antes
llamábamos irónicamente a don Jesús «Demóstenes-Frege». Seamos respetuosos y
quitemos la montera ante sus habilidades. Cantemos la palinodia: «Demóstenes-Gorgias»,
es lo apropiado, lo mismo para él como para tantos que, con tanta maña, llevan
a la excelencia el arte de la sofística.
Analfabetos
¿Por qué la TPA tiene en sus programas analfabetos que dicen que el Oviedo entrena en el requesón?
Respuesta: porque es un desprecio a los asturianos, y eso les gusta a los que mandan (que son, por cierto, los que votan las mayoría de los asturianos).
Arreyos al Diccionariu asturianu-castellanu (LXXI)
chifla,
f. Flauta hecha con la corteza de algunos árboles. || 2. Parte delantera de los cuernos de
los animales, especialmente del ganado vacuno. || 3. Burla o escarnio público. || 4. Chanza,
broma.
chiflía,
f. Silbido,
acción y efecto de chiflar. || 2. Juerga,
alegría.
chiflida, f. Silbido, acción y efecto
de chiflar. || 2. Sonido que se produce al silbar por la boca o por un silbato. ||
3. Burla que se hace de alguien en
público.
chiflíu,
m. Silbido,
acción y efecto de chiflar. || 2. Persona
muy delgada.
chirchar,
v. intr. Chirriar,
producir un sonido agudo los objetos. ||
2. Retumbar a uno los oídos. || 3. Borbotear
un líquido al hervir. || 4.
Hacer ruido algo al quemar, al tostar o al freír. || 5. Chismear, cotillear, murmurar.
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