Memoria secular, identidad contemporánea

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU MEMORIA SECULAR, IDENTIDAD CONTEMPORÁNEA LA NUEVA ESPAÑA del 11 recordaba a Pintaius, un asturiano de los que, tras la conquista, sirvió en el ejército romano. L.lenense, muere en Alemania a los 30 años y hace constar su procedencia en su monumento, allá en tierras lejanas. A uno, la historia de Pintaius, su conciencia identitaria, lo emociona, como lo emociona saber de aquellos astures que dan su nombre a tropas del ejército romano en Inglaterra o aquellos que, señardosos de su patria, llevan al muro de Adriano la Erinus Hispanicus, la pequeña flor de nuestras montañas, como recuerda mi novela En el muro de tu corazón. ¿Constituyen ellos parte de nuestra identidad, de lo que somos hoy? Al menos, ayudan a construirla, en la medida en que los hacemos nuestros o, simbólicamente, los constituimos en un eslabón de esa larga cadena de emigración en busca de sustento que caracteriza desde siempre a nuestra tierra. Y somos sus herederos directos sin darnos cuenta cuando nombramos tantos accidentes geográficos que son denominaciones prerromanas, como la misma nuestra, Asturies, Asturianos. Esa identidad tiene muchas manifestaciones y se construye en distintas épocas de nuestra historia. Por ejemplo, y por citar una poco advertida, la del amor por la vestimenta de nuestros antepasados, que en Grao celebran con el nombre de Día’l Traxe’l País. También en estas últimas décadas vienen apareciendo elementos nuevos para definir nuestra identidad, pues, en efecto, qué mayor rasgo identitario que la eternización de todas las obras, ya se pongan en marcha, ya se aireen en proyecto: soterramiento de Llangréu, AVE, depuradora de Maqua, depuradoras de Xixón, estación de ferrocarril de esta ciudad… ¿A qué seguir? Todos ustedes tendrán en su lugar o proximidades algún ejemplo de esa eternidad de nuestras obras y proyectos, tan perseverante como esa otra seña de identidad que es el reverso de la moneda: la desconsideración en que nos tiene el Gobierno central, de cualquier signo.

¿Amor sin caricias?

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(Ayer, en La Nueva España) ¿AMOR SIN CARICIAS? Algunas de la prevenciones de quienes no son partidarios de la cooficialidad no son disparatadas, como las del dinero, aunque hay que tener en cuenta que parte de los costes provendrían de los presupuestos del Estado. Y es cierto: como cualquier norma o servicio público, desde el más elemental al más complejo, la cooficialidad supone un gasto. ¿Mucho más que lo que actualmente supone el (in)cumplimiento de la Ley de Uso? Seguramente, no disparatadamente más. Pero, en todo caso, lo que hay que valorar con esa prestación de servicios es la contraprestación que supone: la ayuda a la preservación de un bien milenario, nuestra lengua, con usuarios y afectos históricos, como Reguera o Xovellanos, y el respeto hacia sus hablantes actuales, respeto a que invitan Constitución, Estatuto y la citada Ley. De entre los contrarios a la cooficialidad, dejando a un lado los que tienen una simple prevención, existe un tipo de personas que, en realidad, manifiestan una enorme falta de cordialidad hacia el asturiano, bien por desconocimiento, bien por haber nacido o moverse en grupos sociales cuya proximidad a la realidad de nuestra lengua es ninguna; de ahí su incomprensión. Otros se mueven por una enorme aversión, enfermiza casi en algún caso, en ocasiones por razones de ideología política, en otros por pulsiones reactivas hacia su pasado o hacia su grupo social de origen. Llama la atención, sobremanera, el escaso bagaje de conocimiento de muchas de las argumentaciones contrarias a la oficialidad, cuando no se levantan sobre la mentira o el infundio. Así, las que sostienen que el asturiano no se habla, que conviven con las afirman que no se puede normalizar porque se habla distinto casi en cada pueblo (como si el castellano de Cádiz fuese el de Burgos o Lima). Las que mantienen que la normalización o estandarización es un invento, como si el castellano no hubiese tenido un proceso semejante y continuo desde Alfonso X hasta hoy, o no lo hubiese tenido cualquier lengua (empezando por el inglés, por no citar las lenguas peninsulares no castellanas). Y ya no diré nada de la infamia que argumenta que es todo esto un invento de pane lucrando para cuatro. Tan sorprendente como disparatado es el discurso de que la oficialidad es la vía para abrir un futuro de nacionalismo radical. Quienes lo utilizan o tratan de engañar o desconocen la realidad sociológica asturiana. Y por cierto, cuando es la derecha quien emplea ese discurso apuntando a Cataluña o Euskadi, ¿por qué se olvida siempre de Galicia? A propósito, cuánta risa le entra a uno al ver hoy la ferocidad del PP contra el asturiano y recordar cómo en la reforma estatutaria de 1999 corrió a proponer el PSOE incluir la oficialidad en ella, a lo que el PSOE, por su parte, se negó rotundamente. ¡O tempora, o negotia! En todo caso, la declaración de cooficialidad del asturiano, si es que se produce, no tiene en sí ninguna consecuencia. Ha de ser su desarrollo posterior legislativo el que cree las condiciones de uso y tutela de la lengua en la administración y los servicios del Principado, y establezca los derechos de los ciudadanos. Ya saben lo que decía Romanones: “Ustedes hagan la ley y déjenme el Reglamento”. Es ahí, en otro sentido al que guiaba las palabras de don Álvaro Figueroa, donde deben establecerse los acuerdos, y el equilibrio entre derechos y deberes. Pero los adversarios más sorprendentes son aquellos que manifiestan su amor por el asturiano (bueno, siempre dicen el elusivo y anticuado “bable” o “bables”), pero jamás se les ha conocido en público (y, sospecho, tampoco en privado) el uso de la lengua, ni el menor asomo de ello. Sorprende tanto amor sin una manifestación concreta de ese amor. ¿Es posible el amor sin caricias? ¿Lo hay si estas no existen? Hombre, acaso pueda darse un amor como el místico, sin contactos y con deliquios y todo, íntimo, en el retrete del alma; pero las lenguas no tienen otra existencia y manifestación que su uso. Así, pues, ¿amor sin caricias? Al modo de don Francisco: “Ello dirá, y, si no, lo diré yo”.

Paro, peculiaridades y topicos

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU PARO, PECULIARIDADES Y TÓPICOS Empleo y economía asturianos presentan frecuentemente un comportamiento contrario al de la mayoría de las regiones de España. Tal en esta ocasión: mientras el paro disminuía en el conjunto del Estado y crecía la afiliación a la Seguridad Social, aquí hemos padecido un aumento notable del paro y un incremento alto en la pérdida de afiliados a la Seguridad Social. Así los datos, lo notable son las justificaciones que administración, empresarios y sindicatos proporcionan. La común es que, como ha acabado la campaña de verano, era previsible esa bajada en el empleo. Vale. Pero lo que deberían explicar es el por qué aquí sí y en otros lugares ha sido al revés. ¿Tenemos precios más caros? ¿Menores o más caras conexiones? ¿Una mala política de promoción? ¿Es menor la rentabilidad de las empresas por la presión fiscal? Y no se trata de que en los demás lugares exista un turismo de sol y playa que faltase en Asturies. En Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja, el crecimiento ha sido notable. FADE apunta tímidamente alguna vía de actuación, pidiendo inconcretas medidas para mejorar la actividad económica y el empleo y acciones destinadas a las empresas. CCOO se aferra, como siempre, a la soflama metafísica: “un giro a las políticas de empleo para ponerlas al servicios de la clase trabajadora”. ¿Eso en qué consiste? ¿En que un Alfonso Guerra contrate a todos? ¿En obligar a las empresas a fichar a quienes no necesitan? “Es la economía, fatos” —que diría aquel ante quien Mónica Lewinsky se prosternaba—, la que, marchando bien, puede crear empleo. Pero para tópicos, los del PP. Los de la sobada servilleta de Laffer, que repiten a todas horas, o el que le hacen gritar a su Presidente, “Asturias es España, y lo demás tierra conquistada”, sin sospechar las connotaciones que el grito tiene por las circunstancias potatorias en que suele alaridizarse.

BUENAS Y MALAS

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU BUENAS Y MALAS Cuando las cosas van bien, es obligación señalarlo. Así, la marcha de la vacunación y la disminución de los contagios en Asturies. En ambos aspectos destacamos frente al resto de España. En el primer caso, por el alto porcentaje de vacunados, en el segundo, por la escasa cifra de los mismos. Es cierto que, en este último aspecto, hay posiblemente un vector que es parcialmente independiente de la acción humana, pero, fundamentalmente, depende de las vacunas y las medidas restrictivas. Mérito, pues, del Gobierno, mérito que subraya el que hayamos sido capaces de emplear todas las dosis que nos han sido suministradas, mientras otras comunidades, que presumen de grandes éxitos de modernidad y riqueza, almacenan vacunas a punto de caducar. Lo que parece que va a ser la relativamente próxima apertura ferroviaria por el Huerna no es un éxito que podamos atribuir a este gobierno ni a ninguno de los anteriores, ni de aquí ni de allí, aunque habrá en su día que reconocer el papel fundamental de dos personajes en ello. En todo caso, estaremos de enhorabuena y, por favor, no me hagan chistes relacionando la supresión de la marcha atrás para los asturianos en León con el estado de nuestra demografía. Lo que se ha convertido en una pesadilla más de la pandemia ha sido la cita previa y el retraso en la atención a los ciudadanos en diversos servicios, públicos o privados. La Administración, los bancos, las empresas han tomado como costumbre un cierto relajo en sus empleados y una cierta demora en la atención al paciente o al cliente. Actitud que, si justificada en los momentos más duros de la pandemia, parece haberse convertido ahora en una comodidad a la que cuesta renunciar. En algunos casos, esa deficiencia en el servicio, especialmente grave y quejosa en el ámbito sanitario, parece encontrarse, en parte, pero solo en parte, con problemas de personal.

Sobre'l llobu y la Ribera

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Articulu de Juan Luis Rodríguez-Vigil en LNE del 03/10/2021 JUAN LUIS RODRÍGUEZ-VIGIL Ya no hay cabras en Cabrales (ni en casi ningún concejo) Los muchos lobos, demasiados, que campan por los montes de Asturias 03·10·21 | 04:01 1 Si hay algún asunto en el que se hayan entremezclado de forma más sólida y eficaz la mentira, el fanatismo y la imprevisión es en la reciente prohibición absoluta de controlar el crecimiento de las poblaciones de lobos, que acaba de establecer el Ministerio de Medio Ambiente que dirige la señora Vicepresidenta Rivera. Creyéndose amparado ese Departamento por el deseo (cierto) que la mayor parte de la población tiene en proteger el medio ambiente, y en la consiguiente necesidad de adoptar decisiones adecuadas para afrontar con éxito el cambio climático, la señora Rivera ha ordenado muchas medidas, algunas, acertadas sin duda, pero también hay que decir que bastantes de ellas, y por cierto, las de mayor calado, lo han sido de forma asaz precipitada, escasamente prudente y nada previsora de sus efectos negativos. Esta del lobo es una de ellas, y muy gorda. Pero no es la única. Porque la falta de previsión en el tema eléctrico también clama al cielo. Lo primero que hay que decir, porque es el punto de partida obligado para analizar toda la serie de gratuitos despropósitos que se pretende que sufran los ganaderos asturianos es que la decisión del Ministerio sobre el lobo parte de una monumental mentira, de todos conocida: el lobo en Asturias no es, no ha sido nunca, una especie animal en riesgo de extinción, y los planes autonómicos sobre el mismo, al menos el plan asturiano actual, no buscan reducir el número de lobos a términos numéricos que dificulten su supervivencia o que alteren su capacidad eugenésica, sino que solo pretenden evitar el crecimiento natural descontrolado de la especie, un riesgo que la experiencia demuestra que es evidente. Y esto lo sabe tanto la Sra. Ministra como, y sobre todo, sus asesores áulicos que, con algunos socios locales asturianos, son los que han inventado el relato del pobre lobo moribundo, siendo perfectamente conscientes todos ellos de que mienten. Y de que mienten daba fe ya en 1986 el libro oficial titulado El lobo (canis lupus) en España. Situación, problemática y apuntes sobre su ecología, del que son editores Juan Carlos Blanco, Luis Cuesta y Santiago Reig. Además, desde entonces aquí, el lobo ha aumentado claramente sus efectivos, al menos en Asturias, como lo prueban los datos oficiales, que están publicados y son accesibles para quien los quiera conocer. Y hay que decir también que desde 1986 al presente siempre han existido normas e instrumentos de control plenamente legales, prudentes y eficaces en la doble dirección de asegurar la vitalidad de la especie lobuna y el derecho de los ganaderos a que la administración proteja en lo posible a sus ganados de los desmanes loberos. En ese sentido se han pronunciado reiteradas resoluciones judiciales que han desestimado una y otra vez injustificadas demandas de entidades supuestamente defensoras del lobo, normalmente tan vocingleras y querulantes como escasas de socios efectivos, y de razón. Desde hace siete mil largos años, cuando los primeros ganaderos que llegaron a Asturias desde el Este con sus ganados de ovejas, cabras y vacas, lo mismo que sus descendientes de hoy, han tenido que convivir, de mejor o peor gana, pero convivir al fin y cabo, con el lobo. Lo han hecho, y la verdad es pueden seguir haciéndolo durante otros siete mil años si existe sensatez, prudencia y los fanáticos no se meten por el medio a enredar. Y son fanáticos quienes a sabiendas de que su acción se basa en la mentira, la sostienen, y no la enmiendan, que es lo que ocurre ahora. El asturiano rural siempre ha controlado como ha podido los excesos del lobo, con cacerías y pozos loberos básicamente, pero nunca ha podido acabar con él. Solamente habría podido hacerlo la generalización de la estricnina, que afortunadamente fue prohibida a tiempo, y también justa y eficazmente perseguida, pues desde hace muchos años es algo ha desaparecido del hacer cinegético ilegal asturiano. Por ello el lobo ha llegado a nuestros días en libertad y creciendo, naturalmente en su espacio, que nunca puede ser el mismo que el del hombre. Al igual que en el pasado hoy el lobo causa daños, muy serios daños, en las ganaderías. Y eso hay que asumirlo, siempre que esos daños se sitúen en términos estadísticos tolerables y para eso están las extracciones legales del animal y, por supuesto, siempre que los perjuicios sean objeto de justa y rápida indemnización, que a veces, y por las singulares características del cazar lobero, no puede reducirse a las reses matadas o heridas graves, sino que habrá que extenderla a los conjuntos o rebaños que el lobo destroza y rompe, a veces para siempre. En Asturias hay espacio de sobra para ganados y lobos, si se controla adecuadamente el excesivo crecimiento natural de las camadas loberas como se venía haciendo hasta ahora. Esta política sobre el lobo que pretende ejecutar el Ministerio de Medio Ambiente es también un paradigma de imprevisión, una flecha lanzada al corazón de la ganadería extensiva asturiana y, por tanto, algo que está en manifiesta burla con las declaraciones gubernamentales sobre la necesidad de luchar contra la desertización y el despoblamiento rural, al cual, por el contrario, se va a contribuir decisivamente. Se podrá hablar mucho de llevar internet al medio rural y de hacer múltiples apoyos de todo tipo a quienes allí decidan vivir. Pero todo eso se convierte obligadamente en cháchara cacofónica si se atacan las fuentes reales de renta que ahora existen en ese medio. Y, desde luego, hasta que lleguen otros medios y sistemas de vida, y mientras llegan, que ya se verá si todo no queda en nada, la ganadería extensiva es uno de los pilares de economía rural asturiana. Y como el lobo es su principal enemigo, si se le deja campar por sus respetos sin control, esta cantado el final de esa ganadería y de todo lo que ella comporta, hasta el mantenimiento del paisaje del llamado Paraíso Natural, que es claramente antrópico y que ha sido creado y mantenido por los ganaderos asturianos a lo largo de muchos siglos. Ese paisaje, salvo que se cuide por quienes son sus verdaderos mantenedores: los ganaderos extensivos, se puede convertir en una mata informe de sebes y bosques mal cuidados, que con el cambio climático pueden convertirse en auténticas teas que se incendien año tras año destruyendo nuestro espacio y nuestro paraíso. Es a los humildes ganaderos asturianos a quienes hay que proteger y escuchar, y no a los supuestos ambientalistas, creadores e inspiradores de disparates o engendros tan costosos como inútiles, al modo del famoso Hospital de la Fauna Salvaje de Sobrescobio, que invito a visitar a todos los asturianos capaces de asombrarse aún ante los desvaríos, para que se lleven las manos a la cabeza ante una barbaridad que ha costado muchos millones de euros y que lleva seis años terminado, muerto de risa, sin acoger a un mal corzo o rebeco cojo, ni lobo tuerto, pudiendo ampliar su visita al vecino gallinero científico donde nueve o diez biólogos y veterinarios cuida de una o dos gallinas de urogallo sin conseguir sacar adelante ni un huevo, en un proceso que ha costado varios millones de euros de fondos europeos y que no supone precisamente un aval de eficiencia para solicitar nuevos fondos. Además de que el Gobierno asturiano haya decidido, muy correctamente (en una decisión que es obligado elogiar) oponerse ante los tribunales frente esta insensata y torpe actuación ministerial, sería muy conveniente elevar este asunto al ámbito parlamentario nacional y, de forma unida y coordinada por una vez, exigir en conjunto, unidos, todos los partidos asturianos y sus representantes parlamentarios en Madrid una clara y tajante rectificación de esta absurda política de sobreprotección del lobo sobre el resto de las especies animales con las que durante siglos ha compartido el espacio rural de Asturias.

Lo del lobo es una carnicería

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(Ayer, en La Nueva España) LO DEL LOBO ES UNA CARNICERÍA Pongámoslo claro. ¿Qué comete el lobo? Carnicerías. Mata abundantemente, y, cuando ataca al rebaño, mata más de lo que come. Es esa la cuestión fundamental, y no la de que haya lobitos y lobitas que ejerzan su “derecho” a crecer, multiplicarse, alimentarse, y, sobre todo, ser emblemas de lo que ha de ser la naturaleza para algún tipo de profesionales, ideólogos y místicos. Esa carnicería supone la muerte de animales de otras especies, el daño en muchos y el terror de los supervivientes. Pero, por lo visto, sobre ovejas, cabras o caballos no recae ningún tipo de empatía, nada cuenta su sufrimiento, deben resignarse a cumplir son su función: ser presa y comida de los otros, los protegidos, los declarados bienaventurados. Yo entiendo que para los pro-lobo el daño a los propietarios del ganado no importe, a fin de cuentas no son estos más que negociantes, gente que gana dinero (que sean ellos, por cierto, quienes hayan hecho “la naturaleza” de que hoy gozamos y la conserven tampoco es de considerar). En todo caso, con abonársele los daños, está. Pero el destrozo no se produce únicamente en el bolsillo: se produce en la marcha de la explotación, hay que volver a reintroducir el ganado y asentarlo; en la emoción del ganadero, que sufre por las reses muertas, por su dolor, no solo por su dinero; en su desmoralización: se siente acosado y ninguneado por los gobiernos; en la tentación de dejarlo todo. Tal vez es eso lo que se busca: expulsar al campesino-ganadero del terreno que ocupa para dejar que la naturaleza se desenvuelva sin la contaminación del hombre. La decisión del Ministerio para la Transición Ecológica de incluir todas las poblaciones españolas de lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre) es una sirvengozonería. Que hayan tomado partido contra el control del lobo los territorios españoles que no tienen ni van a tener lobos en su territorio denota una falta de responsabilidad y una cara dura de tamaño magno. Es como si alguien diese por bueno el poder circular sin vacunas en territorios situados en otro continente desde el que estuviese garantizado que nunca irían a venir al propio los infectados. Y todo ello, además, se completa con un catálogo de condiciones para matar un lobo excepcionalmente dañino que no se sabe si suscitan pasmo, risa o enfado. A poco más, se pide que, tras tratar de convencerlo con buenas palabras para que cese —parcialmente— en su actitud, lo declare un tribunal internacional reo de ejecución. ¡Lean, lean! Y, finalmente, con la decisión podemos afirmar que el enemigo está dentro. O, dicho de otra manera, “los nuestros disparan sobre nosotros”. Ahí tienen a Jorge Marquínez y Hugo Morán votando contra los ganaderos asturianos y contra el criterio mismo del Gobierno asturiano. ¿Por qué lo hacen? Porque su patria es la continuidad de su carrera, apoyar lo que les mandan apoyar, esa y no otra. Muchas veces, la opinión se queja de que no hay asturianos en Madrid o Bruselas que nos puedan defender. Ahí los tienen, ¿para qué los queremos? En fin, nada nuevo para quien quiera verlo. Ya lo decía Enriqueta González Rubín en su novela de 1875: «Entamó a numbrami una porción de jiyos d’Asturies que dempués de vese allá enriba n’altu nun s’acordaren más de qu’había Asturies en mundiu» Ahora sí, ante una persona hay que posar la montera, ante Saturnino García Galán, que, como había prometido, ha dimitido de su cargo de director general de Ganadería y Sanidad Animal del Principado de Asturies, en desacuerdo con la decisión del Ministerio de Transición Ecológica y Medio Ambiente de otorgar mayor (total, en realidad) protección al lobo, es decir, de infligir mayores daños al ganado y desmoralizar al ganadero. Monterazu. Xuan Xosé Sánchez Vicente

Bulnes, memoria y obstáculos

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(Ayer, en La Nueva España) BULNES, MEMORIA Y OBSTÁCULOS Se acaba de conmemorar el vigésimo aniversario del funicular de Bulnes. Hasta su inauguración, habitantes y visitantes no tenían otro acceso que La Canal del Texu, una estrecha, dificultosa y empinada senda, intransitable muchos días de invierno; con las dificultades inherentes para atender enfermos y accidentados. El proyecto, demandado durante mucho tiempo, fue puesto en marcha por el Gobierno de Sergio Marqués, siendo consejero de Obras Públicas Juan José Tielve. La obra fue inaugurada por Álvarez Areces. Con motivo de ese aniversario, el Presidente, don Adrián Barbón, subió en el funicular a Bulnes, se felicitó y felicitó a los vecinos por la obra y oyó sus quejas. Cortésmente, recordó al entamador, Sergio Marqués, y al inaugurador, Álvarez Areces. Lo que no quiso recordar don Adrián —y sí recuerda la crónica de LA NUEVA ESPAÑA y recordamos quienes, desde el principio, estuvimos a favor del proyecto, esto es, de los de Bulnes— es que tanto su partido como IU y el ecologismo en general se opusieron. ¿La razón? Para todos ellos, estaban antes los “derechos” de la naturaleza que los de los paisanos, cuyos trabajos y dificultades les importaban un rábano. No sé si habría llegado a tanto, pero José Antonio Pérez Prieto recuerda en carta a este periódico que Areces “si hubiera podido, habría tapiado dicho túnel”. Curiosamente, para una gran parte del ecologismo y de la izquierda la naturaleza es hoy una especie de diosa sagrada cuyos derechos son absolutos y están encima de los derechos de los humanos. Así se explica que se negase a los ciudadanos de Bulnes el derecho a acceder a su localidad o salir de ella sin peligro o a llevar mercancías sin una dificultad excesiva. “Los obstáculos tradicionales que se oponen el progreso”, ese era el marbete que recaía sobre la derecha en el siglo XIX. Hoy parecen haberse apropiado de él, como razón de su ser, otros.

¿Y si hubiese sido la viruela?

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(Ayer, en La Nueva España) ¿Y SI HUBIESE SIDO LA VIRUELA? He criticado aquí la primera sentencia del Constitucional sobre la pandemia, por uno de sus fundamentos, el poner el derecho a la libertad individual por encima del básico de la vida y del de su ancilla, el de la salud. Del mismo modo he censurado las decisiones de los Tribunales Superiores, que corrieron, en general, tras ese principio jurídico. Y había señalado cómo, por contraste, las restricciones al movimiento libre de los individuos venían limitados en otros muchos países, al exigir PCR o documentos de vacunación para viajar o para entrar en restaurantes o lugares de ocio. Lo que se ponía por delante, en esos países, no era, como aquí, según expresó con acierto una culta mujer en las redes, el derecho a tomar copas sobre el derecho a la salud / la vida. Dicho de otro modo, no es que se obligue a vacunarse a quienes creen que no existe el virus o que usan de su albedrío para negarse a ello; es que se les prohíbe que, sin vacunar, convivan en lugares cerrados, donde es más fácil la transmisión, con otra población. Porque, sin que la vacuna sea una garantía absoluta de ausencia de contagio y transmisión, y sin que sepamos aún la duración de los anticuerpos en los vacunados, es evidente que la vacunación funciona y que enfermedad va a seguir transmitiéndose con más efectividad y virulencia desde los no vacunados (incluidos los menores). Por otro lado, la cuestión central no es, como alguna sentencia argumentó, el que los hospitales estén o no saturados, sino del derecho de cualquier ciudadano a no ser contagiado, enfermar y morir. Afortunadamente, algunos estados empiezan a actuar para defender ese derecho básico a la vida y la salud frente al de la libertad de hacer o no hacer. Por ejemplo, EEUU va a obligar a vacunarse a todos los empleados federales y exigirá que las empresas con más de cien trabajadores vacunen a sus empleados o los sometan a un test semanal. Italia exigirá lo mismo a todos los empleados, públicos o privados. Aquí mismo, el Tribunal Supremo ha dado un paso atrás, en esta dirección: la Xunta de Galicia había pretendido pedir el certificado covid en bares y discotecas; el TS de la Comunidad lo había denegado al entender, entre otras razones, ¡”que podía ser discriminatorio”! (esto es, defendía el derecho —inalienable, al parecer— de los potenciales contaminadores frente al de sus posibles víctimas); ahora el Supremo avala a la Xunta en su proyecto (por cierto, en el vecino Portugal exigen el certificado para entrar en los bares y restaurantes). Háganse conmigo una pregunta: ¿qué hubiera pasado si, en su día, los tribunales de todo el mundo hubiesen certificado el derecho de las personas a no vacunarse contra la viruela, en nombre de la libertad individual? ¿Y qué si, además, hubiesen estatuido que pedir certificados podía discriminar a quienes no hubieran querido, ellos de por sí o por decisión de sus padres, recibir el pinchazo? Y quien dice la viruela en el mundo, dice la poliomielitis en la mayoría de los continentes. ¿Cómo estaríamos hoy? Por cierto, parece que la próxima sentencia del TC, si se confirma lo filtrado, va a subrayar por partida doble el escaso interés que Podemos y PSOE (partidos que, hasta donde yo sé, gobiernan España) tienen en la salud de los ciudadanos. Xuan Xosé Sánchez Vicente

Discursos baleros

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(En La Nueva España, el 20/09/2021) L’APRECEDERU DISCURSOS BALEROS Que, sin embargo, pese a su vacuidad, resuenan bien y pueden seducir incautos. Tan frecuentes en la política. El más reciente, el de don Pedro en la Laboral, pregonando la nueva FP. (¡Qué acierto, por cierto, venir a predicar la buena nueva de la formación profesional en la gironiana cuna de la formación profesional!). Pues bien, pretenden que todos los alumnos pasen un tiempo de instrucción en las empresas. ¡Como si hubiese tantas que pudiesen acogerlos, dado el tamaño de la mayoría, o que estuviesen interesadas, pues, muchas veces, habrá que retrasar el trabajo para atender al alumno! ¡Y peor aún si hay que pagar al escolín! De modo que el propósito quedará en un “ya veremos, lo que se pueda”. Con frecuencia ese discurso vacuo se llena de pomposidad. Así cuando el secretario general del PCE, Enrique Santiago, proclama y reclama una “soberanía industrial” para Asturies. ¿Soberanía industrial? ¿Con empresas dependientes del Gobierno asturiano? ¿Con I+D propio? ¿Con capital llariegu, privado o público? ¿Con capacidad para competir y exportar? En fin, ¿para qué comentar más el ruidoso eructema? Eso sí, admiremos la sonora retórica con que se empluma: todo ello, acompañado de una colorista transformación social, “con perspectiva roja, verde y morada”. ¿Solo estos? ¡Qué va! ¡Todos! ¿Qué proclaman los discurseantes de la Xunta en el día de la patria? LA NUEVA ESPAÑA, titular: “La reactivación y el cambio de modelo productivo unen a todos en el Día de Asturias”. ¿Ustedes han oído alguna vez la expresión “cambio de modelo productivo”? Seguramente desde hace treinta años. ¿Y eso en qué consiste? ¡Ah! Nadie lo sabe. ¿Más industria? ¿Quién la pone? ¿Quién invierte? ¿Qué industria? ¿Con qué tecnología competitiva y de vanguardia? ¿Dónde se coloca? ¿Es otra cosa, tal vez? No les contestarán a ninguna pregunta. Les basta con el ruido. Lo malo no es que nos pretendan engañar, lo peor es que lo creen.

Presentación Estudios (I)

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(En La Nueva España del xueves,23/9/21) Sánchez Vicente redescubre las literaturas asturiana y castellana El escritor presenta su obra “Estudios I”, una recopilación de 25 artículos de investigación filológica Xuan Xosé Sánchez, al micrófono, durante la presentación . | Ángel González Xuan Xosé Sánchez, al micrófono, durante la presentación . | Ángel González Marcos FERNÁNDEZ Gijón | 23·09·21 | 04:00 0 “Tengo material para sacar uno o dos volúmenes más”, explicó Xuan Xosé Sánchez, escritor, fundador del Partido Asturianista (PAS), y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA. En la tarde de ayer presentó, en la Escuela de Comercio, en Gijón, su nuevo libro, “Estudios (I)”, una recopilación de 25 artículos de investigación literaria y filológica, tanto de la literatura asturiana como de la castellana. La obra hace una excursión por la historia de ambas literaturas desde una etapa muy temprana hasta una más contemporánea, con ideas muy marcadas como el amor, el sexo o el matrimonio. En el libro, de casi 500 páginas, se pueden leer estudios antiguos que se publicaron en viejas revistas y que no tuvieron apenas repercusión mediática pese a su alto interés, pero también hay varios que no han sido nunca publicados, y que ofrecen datos culturales novedosos. Sánchez Vicente destacó entre estos últimos un estudio sobre un prólogo del “Lazarillo de Tormes” traducido a la lengua asturiana, donde se dicen “cosas novedosas y que pueden ofrecer interpretaciones nuevas” sobre este clásico de la literatura española. También, siguiendo con la literatura nacional, destaca el estudio acerca de la novela de Larra “El doncel de Don Enrique el Doliente”, con el llamativo aliciente de que fue el regalo que la reina Letizia hizo a Felipe de Borbón con motivo de su pedida de mano. A nivel regional, hay un apartado destinado a analizar todo el vocabulario de Jovellanos, asunto que no es ajeno a Sánchez, pues en este aspecto basó su tesis doctoral. En ese artículo se pueden descubrir cartas del ilustrado gijonés descubiertas recientemente, de las que no se tenía conocimiento previo y en las que emplea palabras en lengua asturiana. En cuanto a cuestiones filológicas, el escritor quiso destacar un vocabulario asturiano del siglo XIX que estuvo en posesión del histórico dirigente Cánovas del Castillo, en el que se estudia la posible etimología de las palabras. El libro es en su conjunto un descubrimiento de datos e información sobre la cultura local y nacional, a través de escritos que tratan de analizar las literatura española y asturiana más allá de lo conocido hasta ahora.