Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Eutrapelia
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
EUTRAPELIA
Vamos a divertirnos un poco. Fuera focicos. ¿Por dónde quieren empezar? ¿Por Carmen Calvo? ¿Por el PP? Empecemos por doña Yolanda y Su Santidad. Busquen la fotografía de la segunda visita de la ministra al Papa. ¡Con qué arrobo se miran! No piensen otra cosa: es la mutua admiración intelectual. Coinciden en muchas cosas, según doña Yolanda, sobre todo, en una destacable: “Francisco también defiende la reducción de la jornada laboral” (se supone que cobrando lo mismo y con el efecto de aumentar la productividad).
Yo, la verdad, tenía muchas dudas sobre el milagro de que trabajando menos horas se produjera más y mejor, y que, por ello, todos salieran ganando: el trabajador cobrando lo mismo y el empleador recibiendo idéntica retribución por el capital invertido. Pero Roma locuta, causa finita. Si dos expertos en trabajo, con tanta experiencia y horas cotizadas ambos, lo afirman, ¿qué hemos de decir nosotros?
Doña Carmen Calvo (la de que “el dinero público no es de nadie”, el “ni Dixie ni Pixie” -los ratones-, como respuesta a una cita con “dixit” del diputado Van-Halen, y otras perlas impagables que los invito a buscar) acaba de ser nombrada presidenta del Consejo de Estado por su calidad de “jurista de reconocido prestigio” (es doctora en Derecho Constitucional).
Sus palabras: “La amnistía está prohibida en nuestra Constitución y en todas las democracias. La amnistía supone anular todo el trabajo hecho por otro poder, el judicial” (2017); “La amnistía no es planteable en un Estado constitucional y democrático” (Vicepresidenta, 2021). Hay más, pero vayamos a hoy (2024): “Esta amnistía está bien”.
No se enfaden. Vamos, rían un poco.
Y a otra cosa. ¿Es usted votante del PP? No lo tome así, hombre. Ya sabe que con frecuencia son de ese modo: ¿gobierna Marqués? Cascos a por él. ¿Les va bien en Galicia? Saquemos a Puigdemont para entretener.
Un poco de eutrapelia, por favor.
La fe oculta montañas
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
LA FE OCULTA MONTAÑAS
No hay día en que no me sorprenda. A veces me entran las dudas. Veo que el peaje del Huerna va a subir un 5% y escucho un coro de protestas. ¿Cómo “subir”? ¿Pero no lo había suprimido Zapatero en el 2003? ¡Ah, sí, que trasladó la caseta de cobro de Asturies a León!
En ocasiones, al tiempo que me sorprendo, se me distienden los labios en una sonrisa, tanto que, ahora en invierno, temo que brote una boquera. Por ejemplo, tras vueltas y revueltas, don Pedro ha confesado que la razón última y única del indulto y la amnistía es aquello que sus socios catalanes llamarían “el negoci”, es decir, la Moncloa, eso sí, a fin de sacrificarse por nosotros llevándonos a las cumbres del progreso económico, que ha tardado hasta ahora -nuestro diferencial con la media europea no cesa de agrandarse-, y, sobre todo, consiguiendo la pacificación de Cataluña, alterada desde el 2017 por el PP (gobernaba Rajoy) y por los jueces, que tuvieron la osadía de aplicar la ley.
Es más, en un meritorio pareado, don Pedro ha proclamado en un mitin que “la amnistía es buena para la economía”. ¿Cómo? ¿Por qué? Averígüelo Vargas.
La verdad es que tanto esos dos argumentos como otros no son más que opiáceos para amansar a los fieles (las encuestas apuntan a que un número importantísimo de feligreses socialistas se oponen a la medida, y que algunos estarían dispuestos a cambiar su voto), y, a los que siguen impasible el ademán, darles argumentos para defender la postura pedrina, esto es, para que hagan de la necesidad virtud y comulguen con el tósigo.
Porque no es cierto que la fe mueva montañas, pero sí que las oculta: no hay más que endulzar y disfrazar adecuadamente la realidad para que el que se mantiene incólume en la fe permanezca en ella y aun combata en su nombre.
PREGUNTAS PARA LOS MILITANTES Y VOTANTES DEL PSOE
(Ayer, en La Nueva España)
PREGUNTAS PARA LOS MILITANTES Y VOTANTES DEL PSOE
Permítanme hacerlas. Los invito a contestarlas. Para ustedes mismos, para sus adentros. Respóndanlas con “bien”, “mal” o “regular”, simplemente. A la última, “sí” o “no”.
Las preguntas no solo tienen que ver, estrictamente, con la parte dispositiva de la amnistía, sino también con su preámbulo y con los pactos entre el PSOE, Junts y ERC. Supongo que habrán leído ustedes con atención dichos textos. Estas son:
¿Qué les parece que haya unos verificadores internacionales (en Suiza, por ejemplo) que constaten si se cumplen los acuerdos entre el Estado español y los representantes de la nación sin Estado que es Cataluña? (Desde el momento en que el PSOE es el Gobierno de España, ya no es el partido, ni siquiera el Gobierno, el sometido a escrutinio, sino el Estado).
¿Cómo ven ustedes que se hayan sustraído de juicio los actos que presumiblemente podían ser constitutivos de delito de terrorismo, si es que no han sido juzgados y sentenciados aún? (Ninguno lo ha sido).
¿Que lo hayan sido, asimismo, los de malversación?
¿De qué modo enjuician que el artículo 2. F de la ley de amnistía, al señalar los delitos no amnistiables, venga a modificar el 22.4 del Código Penal (“agravantes de la responsabilidad criminal”), suprimiendo los delitos de “discriminación referente a la ideología” o “nación a que se pertenezca” que este contempla?
¿Cómo juzgan que hayan sido perdonados sin juicio quienes han quemado, saqueado, violentado, atacado a las fuerzas del orden… mientras 70 policías se encuentran encausados por haberlo defendido?
¿Qué les parece que se premie a quien más ha gastado, asumiendo parte de su deuda y traspasándola al resto de los ciudadanos? (Aunque se reduzca la deuda a otras comunidades, no será en la misma cantidad, aunque sea en la misma proporción; pero, en todo caso, ese dinero no desaparecerá, recaerá sobre las espaldas de todos).
¿Y cómo que se dé a Cataluña un dinero extraordinario en inversiones y mantenimiento de cercanías, una vez traspasadas, aparte de otros gajes para policía, prisiones, becas, nuevas sedes judiciales, mayor financiación y otras minucias?
¿Ven bien, mal o regular que se haya pactado un referéndum de independencia, es decir, de autodeterminación?
Y, ya que en ello estamos, ¿cómo juzgan que, con más discreción, se hayan acordado también para Euskadi, aunque con menos algarabías, transferencias económicas, la de la Seguridad Social, inversiones en ferrocarriles, parte de algún impuesto y un referéndum de independencia?
¿Les parece bien o mal que se haya pactado abrir comisiones de investigación en el Parlamento para juzgar a los jueces que han aplicado la ley durante estos años, la ley, por cierto, aprobada en el Parlamento por la mayoría, el PSOE entre ellos?
¿Creen ustedes que, a partir de ese acuerdo, habrá jueces que se lo pensarán dos veces antes de encausar a políticos que se sospeche han cometido delitos?
Podría haber más preguntas. Me parecen suficientes, de momento.
Sonrisas y deudas
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
SONRISAS Y DEUDAS
Sobre la bajada de pantalones con justificaciones entre cursis (Illa: “Es la mayor muestra de afecto de España a Cataluña”) y patrióticas (Sánchez: “Es por España”, frase que, por cierto, me recuerda no sé qué) no quiero hoy comentar más que una cosa: la quita del 20% (de momento) que el Gobierno de Sánchez va a realizar sobre la deuda de Cataluña.
Al respective, don Adrián Barbón se ha manifestado en términos rotundos, proclamando que Asturies no va a ser menos y que defenderá nuestros derechos, es decir, una condonación equiparable de nuestra deuda: “Estaré muy vigilante con ello”, “O todos o ninguno”, “No templaré gaitas”, “No perjudicará a Asturias”.
Bueno, las declaraciones de don Adrián y su fiereza en defender los intereses asturianos frente a su partido y Gobierno habrá que tomarlas cum grano salis, con una sonrisina. Por lo demás, don Adrián y conmilitones, escuchen: quien hace la quita, la condonación, no es el Gobierno, somos todos y cada uno de nosotros, que la(s) pagaremos: a más quita(s), más pufos.
Otra de las sonrisas nos la excita una arreglaciudades, la irectora General de Agenda Urbana: “Debemos apostar por los desplazamientos a pie o en bici”. Pues nada, pásese por las urbes de Asturies y cuente los bastones, las sillas, los carritos y mire para la edad de la mayoría de los circulantes. Regáleles una bici, ande.
No provocan menos la jocundidad las declaraciones económico-impositivas de IU y PSOE en el Ayuntamiento de Xixón. Estos plantean subir ya un 4% el precio del agua y abrirse a un IBI "para ricos" progresivo. Aquellos, por reformar el IBI con subidas de tipo y diferenciación entre rústico y urbano. Perdón, ¿pero ustedes no estuvieron gobernando hasta hace cinco meses? ¿Antes no y ahora sí?
¿Y esos dieciséis científicos que se oponen a matar lobos “porque no reduce los daños”?
Gracias por las sonrisas. ¿O serán carcajadas?
Por y en los dídimos
(Ayer, en La Nueva España)
POR Y EN LOS DÍDIMOS
¿Cuál ha sido la única novedad del debate de investidura? Pues la patente y grosera evidencia de que ERC (el “¿Ve usted aquí a Rivera o Arrimadas? No se la juegue”, de Rufián) y Junts (“Si no hay avances no le apoyaremos ninguna ley. Se lo digo ahora, porque todavía está a tiempo de desistir”, de Miriam Nogueras) tienen cogido a don Pedro y al PSOE por los dídimos.
Lo demás no ha sido más que la constatación de lo que ya hemos ido sabiendo a lo largo de estos tres meses largos (¡y se mentiquejaban de la pérdida de tiempo de la investidura fallida de Feijóo!). Lo fundamental: la satisfacción del negocio de Sánchez y el PSOE a cambio de la satisfacción a plazos de los negocios de Junts y Esquerra: la amnistía y el indulto, al contado; un montón de dinero para Cataluña y un referéndum de independencia o semiindependencia para pronto. Porque no se confundan ustedes: los partidos son, ante todo, empresas que buscan la máxima expansión y el máximo poder para beneficio de sus dirigentes y, secundariamente, de sus feligreses, con bienes tangibles a veces, con satisfacciones morales o discursivas (eso que llaman “ideología”) principalmente.
Naturalmente, ello es, a veces, demasiado crudo y hay que vestirlo: por España (sin “¡coño!”, es cierto), para construir un muro frente a la derecha, para conseguir la convivencia en Cataluña y de esta con España, y otros ítems menores (feminismo, ecologismo, resiliencia, cambio climático, bicicletismo…), tal ha sido el argumentario de don Pedro.
No hace falta apuntarles a ustedes que esa idea de que la suma de indultos más amnistía va a pacificar Cataluña y resolver las tensiones y un problema histórico es un cuento chino, que solo puede engañar a los muy fieles, muy crédulos o ciegos voluntarios. En primer lugar, da una patada en salva sea la parte a todos los catalanes no independentistas; en segundo lugar, ha dejado durante el debate con las posaderas descubiertas al propio don Pedro: le han repetido por activa y por pasiva que quieren un referéndum de independencia, que es lo que han pactado. Es difícil ver cómo puede producirse así el “reencuentro” que Sánchez pregona, ni el camino hacia “una España unida”. Por cierto, ayer Bildu ya ha demandado también su referéndum de independencia, así como lo ha hecho con más discreción el PNV (que eso es el reconocimiento de la “nación vasca”). Es un suma y sigue.
La gravedad de la amnistía no es el mismo hecho del perdón y borrado en sí, que no es asunto menor, sino el marco en que se ha justificado: existen desde siempre dos naciones, una sin estado, Cataluña, otra con él, España. España ha oprimido desde siempre a Cataluña, y una vez más cuando en la década del 2010 ha tratado de ejercitar su derecho democrático a la independencia. Por hacerlo, han sido perseguidos, enjuiciados, encarcelados, multados (“contra derecho”, pues) muchos catalanes. Lo cual debe ser corregido, tanto hacia el pasado (indulto, amnistía) como hacia el futuro: negociarán las dos naciones con mediadores internacionales.
Naturalmente, ni don Pedro ni el PSOE son responsables de ello (el PSOE no votó las leyes que castigaron los delitos, ni Pedro Sánchez aprobó la intervención a través del 155, ni dijo nunca que aquello eran delitos que había que castigar, ni...): la culpa fue solo de la falta de diálogo del PP, como afirmó este miércoles el hoy presidente.
Y para cerrar el círculo, el acuerdo para amenazar o perseguir a los jueces que hayan dado demasiado la lata o piensen darla en el futuro. Que eso del lawfare está en los pactos y voluntad previos al texto de la amnistía, y no tiene nada que ver con dicho texto, como pretenden argumentar los interesados o los ciegos para decir que no va a existir tal desafuero.
Y esos son los datos y el panorama. Ya sé que los feligreses no querrán verlo o que pensarán que cualquier cosa antes de que gobierne la derecha o de que nunca llovió que no abocanara, o aquello de La Celestina (según estén más cerca o lejos del reparto): “A tuerto o a derecho, mi casa hasta el techo”.
He escrito “por”, falta el “en”. La actitud de todas estas semanas de las huestes abascalinas, su salida del hemiciclo, sus discursos con el pretexto de que defienden la unidad de España o se oponen a los pactos del PSOE como una dictadura, sus amenazas al PP, no son más que, como en el caso del PSOE y demás firmantes de los acuerdos, actos que tienen como objetivo fundamental “su negocio”, crecer a costa del PP, hasta llegar, si pueden, a superarlo, acusándolo de tibio.
Pero no es solo que golpeen, así, en los dídimos del PP, golpean en la posibilidad de que la conjunción izquierdo-nacionalista tenga alguna vez alternancia. Golpean en todos y cada uno de los ciudadanos de derechas, destierran la posibilidad de que los no adscritos o los no muy enganchados en la iglesia socialista puedan algún día cambiar de voto.
Porque la última responsabilidad no está en los políticos, o no únicamente: ellos hacen, fundamentalmente, lo que creen que les demandan y van a premiar los ciudadanos.
Mutatis mutandis: “No es al tirano al que hay que injuriar -decía Christian Morgenstern-, sino al siervo que sirve al dictador”.
Lawfare y llei d'amnistía
¿Y esa demagoxa diciendo que nun hai Lawfare na Llei d'amnistía? Haila nel pactu PSOE-JUNTS, y ehí nun se diz que la va haber na Llei, sinón na práctica del Congresu los diputaos.
Hasta cola evidencia quieren facenos pasar por fatos.
El lapsus de Bolaños
El lapsus de Bolaños explicando la ley de amnistía: «Es impecable desde el punto de vista inconstitucional»
Concursos de narraciones fantástiques: La llei d'amnistía
Acabo de lleer el Proyectu de Llei d'amnistía. Ensin entrar nos conteníos: ¡vaya novela la esposición de motivos!
Igual aspiren al novel de narraciones fantástiques. ¡Ah, non!, qu'andarán en competencia col escursu del pactu PSOE-JUNTS.
¡Qué emoción! ¡Qué sofistería!
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
¡QUÉ EMOCIÓN! ¡QUÉ SOFISTERÍA!
Primero, la emoción. Después que don Pedro convocase el sábado 28 el sanedrín de sus fieles para darles la gastada nueva de que iba a pactar con Sumar y con quien le diese la gana o pudiese, en las condiciones que le diese la gana o pudiese: domingo 29, mitin de Salvador Illa : “La amnistía es la mayor muestra de afecto de España a Cataluña”. ¡Qué cursilería! Y dos sinécdoques.
Volvamos atrás, al momento en que todos menos uno se levantan a aclamar al líder. ¿Quién? García-Page, que sostiene que la amnistía es un error. ¿Y qué dicen de él sus compañeros? “No necesitamos quijotes”. “Traidor”, incluso, lo han llamado. O que quien necesita una amnistía es él por lo que ha dicho.
Minutos antes. Las palabras de don Pedro: “En el interés de España defiendo hoy la amnistía por los hechos acaecidos el 1 de octubre”. “Cataluña está lista para el reencuentro total”. He ahí una figura retórica llamada sinécdoque, llamar el todo a lo que no es más que una parte. ¿O es que todos los excargos del PSOE que están en contra no son España? ¿O es que los miles de catalanes víctimas del independentismo y temerosos de que vaya a más no son Cataluña?
Otra, de sofistería: “No queda más remedio que hacer de la necesidad virtud”, dijo don Pedro. La frase significa “aguantarse con lo (poco) que hay”, pero él quiere decir otra cosa: “Convertir en virtuoso lo que nos obliga a hacer la necesidad”: tragar con lo que sea para gobernar y decir que es por el bien de todos.
Para al final del discurso, reconocer la realidad: sin ese trágala (la necesidad) “no es posible mi gobierno” (la virtud), progresista, por supuesto, y feminista y...
¿Sería una impertinencia decir que, de entre la militancia, quienes están en el negocio muestran más entusiasmo que quienes no lo están?
¡Qué gracia! ¡Con qué salero!
(Ayer, en La Nueva España)
¡QUÉ GRACIA! ¡CON QUÉ SALERO!
¿Quién? ¡Hombre!, ¿quién va a ser? El indultador, el amnistiador. Sale después de una reunión del Consejo Europeo en aquella ciudad del romance:
—Abenamar, Abenamar, moro de la morería […] / ¿qué castillos son aquellos? / ¡Altos son y relucían! / —El Alhambra era, señor, […] / los otros los Alixares, / labrados a maravilla.
Pues eso, en la ciudad de Granada. Tiene a su izquierda a Charles Michel, el presidente del Consejo Europeo, y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a la que, en señal de pésame por su potro, podría haber regalado aquel poema de Alberti que comienza: «Mi corza, buen, amigo, mi corza blanca. / Los lobos la mataron al pie del agua…».
El indultador, a las preguntas de los medios, aprovecha para pronunciar por primera vez la palabra evitada: «amnistía».
«[La medida] es una forma —dice— de tratar de superar las consecuencias judiciales de la situación que vivió España» en 2017, «una de las peores crisis territoriales de la historia de la democracia».
Estimados estudiosos de los significados, desentrañadores de las vísceras de las palabras del oráculo, aprovechad para indagar. Y, una vez indagado, ponedlo de piedra de toque a vuestros alumnos, a ver quién vale y quién no.
Porque… ¿qué dice ahí? Pues, en primer lugar, que hay un problema. ¿Y cuál es el problema? «Las consecuencias judiciales de la crisis de 2017». Es decir, la cuestión no está en lo que eufemísticamente llama «la situación que vivió España en 2017, una de las perores crisis territoriales», sino en las consecuencias de las consecuencias de esa crisis, la sanción a los delincuentes de acuerdo con la Ley y la Constitución. ¿Y aquel asalto a la democracia qué fue? La violencia que lo precedió en las calles, la malversación, ¿qué fueron? ¿Un golpe de Estado? ¿Un acto de sedición? Nada de todo eso: ocultemos las palabras para ocultar la verdad: fue «una crisis territorial», como una inundación o algo así.
¿Acabó aquí la cosa? ¡Qué va! Preguntado si el acuerdo amnistiador ya estaba cerrado, respondió: «No habrá acuerdo hasta que todo esté acordado». Magnífico, la sofistería se reviste ahora de tautología.
Esto es retórica de la buena, esto es sofistería excelsa, insuperable, magistral. A su lado cualquier otro truchimán de las palabras no emite otra cosa que gorjeos de aprendiz. Pero admitamos que ello es inevitable si se pretende conseguir tan nobles objetivos como los de superar las consecuencias judiciales de la crisis de 2017 y los no menos nobles de un Gobierno estable para cuatro años, presidido por él mismo; un Gobierno «que haga políticas de progreso y convivencia en el marco de la Constitución».
Si lo admitimos así, debemos llenarnos de conmiseración hacia él. Porque, como denuncian Illa, destacados miembros de la dirección del PSOE o el propio presidente, la derecha y la ultraderecha se oponen porque nunca tienen una solución para nada, viven permanentemente en la oposición y no quieren la convivencia en Cataluña, sino la tensión.
Estamos de acuerdo, denunciemos a toda esa tropa ultra que no hace más que estar en contra y oponerse a la amnistía. Con nombres propios: Juan Carlos Campo, magistrado y exministro; Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha; Juan Carlos Rodríguez Ibarra, expresidente de Extremadura; Tomás Gómez, ex secretario general del PSOE madrileño; Javier Lambán, expresidente de Aragón; Joaquín Almunia Amann, exministro; Jesús Eguiguren, negociador con ETA; Odón Elorza, exalcalde de Donosti; Francisco José Vázquez Vázquez, exalcalde de La Coruña y exembajador; Nicolás Redondo Terreros, ex secretario general del PSE; Cándido Méndez Rodríguez, ex secretario general de la UGT; un tal Alfonso Guerra González; un denominado Felipe González Márquez…
¡Y qué cosas, santo cielo, dicen algunos!: «La amnistía a Puigdemont es como violar a cuarenta millones de españoles».
¡Ah!, y un tal Pedro Romanones, digo, Sánchez, se me olvidaba: «El independentismo lo que pide es la amnistía, algo que, desde luego, este Gobierno no va a aceptar y que, desde luego, no entra dentro de la Constitución española». “No han tenido la amnistía y no van a tener un referéndum de autodeterminación».
¡Reaccionarios!
Presos a la calle, politicos también
PRESOS A LA CALLE, POLÍTICOS TAMBIÉN
En 1932 unos cuantos militares, encabezados por Sanjurjo, intentaron dar un golpe de Estado contra la República. Condenados a severas penas, la derecha, cuando triunfó en las elecciones de 1933, los amnistió. En 1934 el PSOE, apoyado por ERC, propició un golpe de Estado armado. En Asturies, la rebelión supuso algunos miles de muertos y cientos de condenados o fugados tras su fracaso. Cuando el PSOE ganó las elecciones en 1936 amnistió a los golpistas condenados. De modo que precedentes sí hay.
Sobre la amnistía que barajan con más descaro Junts y con un cierto disimulo el PSOE, habrán leído ustedes dos tipos de opiniones. Una parte, minoritaria y expuesta por gentes próximas al PSOE o a la izquierda, sostiene que una amnistía es constitucional, fundamentalmente, porque la Carta Magna no la prohíbe, y que es una decisión política, más allá de lo jurídico, por tanto.
Resultan mayoría quienes entienden que la amnistía no cabe en el quehacer del Gobierno, puesto que es una medida “alegal”, es decir, fuera de la Constitución. En primer lugar, porque no la mienta esta, aunque sí los indultos. En segundo lugar, porque sí contempla el indulto (que se puede conceder tras haber sido condenado el reo) y porque prohíbe expresamente los indultos generales, solo los individuales, y la amnistía vendría a ser, por tanto, “un perdón general”.
Una tercera postura es la tautológica, la que argumenta nuestro presidente, don Adrián, que sostiene que si la decide el PSOE es que cabe en la Constitución, «porque nuestro partido es el más constitucionalista de todos». Bueno, aparte de la figura retórica y de fe, habrá que recordar a don Adrián que los socialistas se abstuvieron en la votación del artículo 1.3 de la Constitución, y que ahora parecen pasar por alto el 1.2.
No es cuestión menor el gran número de prebostes socialistas que reniegan de la amnistía y del trato con Junts sobre ella, afirmando rotundamente, además, que no sería constitucional (que son dos cosas distintas). Les pongo aquí una pequeña nómina de ellos: Juan Carlos Campo, magistrado y exministro; Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha; Juan Carlos Rodríguez Ibarra, expresidente de Extremadura; Tomás Gómez, ex secretario general del PSOE madrileño; Javier Lambán, expresidente de Aragón; Joaquín Almunia, exministro, y, para mi sorpresa, los radicales y “vasquistas” Jesús Eguiguren, negociador con ETA, y Odón Elorza, exalcalde de Donosti. ¿Que hay más? Ya lo saben ustedes. Y muchos de ellos recuerdan el «no pasarán» de don Pedro Sánchez Pérez-Castejón: «Hasta el 23-J Sánchez proclamaba que la amnistía no cabe en la Constitución».
¿Cómo se los descalifica desde las filas socialistas?: diciendo que son viejos y que estos tiempos son otros. Claro que podría explicarse de otra forma: que ya no están en el negocio, lo que sensu contrario…
A las dos amnistías antedichas, de perdonar a los suyos, Patxi López ha venido al Pozu Funeres a añadir otra, la de 1977, para señalar que esta «perdonó igual a los defensores de la democracia que a los que la pisotearon». Como gran parte de la izquierda, el PSOE ha creado una fábula de corderos y lobos sobre la República, borrando la realidad de la misma, por ejemplo, su golpe de Estado del 34 o el hecho de que paredones y cunetas funcionaron paritariamente durante la guerra en un lado y otro (cosa distinta es después de 1939), incluso, liquidando a los del propio bando, como a los del POUM. Por eso, quienes volvieron del exilio o salían de la cárcel y quienes venían del franquismo decidieron que había que borrar aquella etapa definitivamente. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Rafael Fernández o a Marcelino Camacho.
De modo que las palabras de López no son más que retórica de la mala, sofismas para militantes y gente de la propia iglesia. Y a propósito, se le podría preguntar a este ciudadano: «¿Pero tú sabes lo que es una amnistía, Patxi?». Por cierto, el señor López, que fue lehendakari con los votos que el PP le regaló gratis et amore, cometió la mayor y más miserable canallada de la que yo tengo recuerdo: se personó en la puerta del velatorio para impedir a Mariano Rajoy entrar a dar el pésame a los familiares de Isaías Carrasco, asesinado por ETA. Era en vísperas de unas elecciones generales.
La amnistía que demanda Junts no es moco de pavo. Pide que se den por no existentes los delitos no solo de los delincuentes, digamos, políticos, sino de todos aquellos que, en aras de la proclamación de independencia, quemaron y saquearon, así como de aquellos que defraudaron dinero público y están condenados o en espera de juicio. Eso sí, la amnistía no debe incluir a aquellos miembros de las fuerzas del orden que estuviesen acusados o encausados por contener los desórdenes.
Según muchos, la amnistía, además, vendría a suponer una reprobación de la Constitución y de los actos con que legítimamente el Estado repuso el orden constitucional; implicaría, en términos algo dramáticos, «la voladura de la Constitución y del pacto del 78».
Pero la verdad es que, en parte, ya han sido amnistiados: la eliminación del delito de sedición, la cual facilitó el indulto de los condenados en su día por el golpe, fue, en realidad, una «amnistía» del delito. Es verdad que queda pendiente, rebajado, el delito de malversación, así como el de desórdenes públicos, que afectarían a muchos de aquellos para los que se pide y negocia ahora una amnistía general.
La frase del titular de este artículo, «Presos a la calle, políticos también», es una consigna que, en los meses anteriores a la Constitución y las primeras elecciones, coreaban y pintaban grupos anarquistas. Y, ahora, ya puestos a ello, ¿por qué no, si se va adelante? Habrá delitos menores que aquellos que se vayan a amnistiar. Total, ya han empezado a hacerlo con algunos condenados por agresiones sexuales, con la ley Sisí.
Y respecto a la «pacificación», que se pregona como el gran argumento de fondo para la amnistía, ¿qué quieren que les diga? ¿Ahora que ni siquiera hay delito por proclamar la independencia desde un balcón van a abstenerse? ¿Y más si se acabase de declarar inexistente mediante la amnistía el delito de golpe de Estado cometido en 2017?
En fin, en cuestiones de buenas costumbres sí me atrevo a entrar, ¿pero en cuestiones de fe?
Los creyentes son inasequibles al desaliento y ciegos a la evidencia. Pero, en todo caso, ¿no les provoca un poco de malestar el ver a Iris, la mensajera de los dioses, genuflexa ante Puigdemont en Bruselas para conseguir su sí? ¿Y no les suscita ninguna inquietud o preocupación el cortejo entre Ortúzar y el prófugo maleteril en Waterloo?
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