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Eutrapelia

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU EUTRAPELIA Vamos a divertirnos un poco. Fuera focicos. ¿Por dónde quieren empezar? ¿Por Carmen Calvo? ¿Por el PP? Empecemos por doña Yolanda y Su Santidad. Busquen la fotografía de la segunda visita de la ministra al Papa. ¡Con qué arrobo se miran! No piensen otra cosa: es la mutua admiración intelectual. Coinciden en muchas cosas, según doña Yolanda, sobre todo, en una destacable: “Francisco también defiende la reducción de la jornada laboral” (se supone que cobrando lo mismo y con el efecto de aumentar la productividad). Yo, la verdad, tenía muchas dudas sobre el milagro de que trabajando menos horas se produjera más y mejor, y que, por ello, todos salieran ganando: el trabajador cobrando lo mismo y el empleador recibiendo idéntica retribución por el capital invertido. Pero Roma locuta, causa finita. Si dos expertos en trabajo, con tanta experiencia y horas cotizadas ambos, lo afirman, ¿qué hemos de decir nosotros? Doña Carmen Calvo (la de que “el dinero público no es de nadie”, el “ni Dixie ni Pixie” -los ratones-, como respuesta a una cita con “dixit” del diputado Van-Halen, y otras perlas impagables que los invito a buscar) acaba de ser nombrada presidenta del Consejo de Estado por su calidad de “jurista de reconocido prestigio” (es doctora en Derecho Constitucional). Sus palabras: “La amnistía está prohibida en nuestra Constitución y en todas las democracias. La amnistía supone anular todo el trabajo hecho por otro poder, el judicial” (2017); “La amnistía no es planteable en un Estado constitucional y democrático” (Vicepresidenta, 2021). Hay más, pero vayamos a hoy (2024): “Esta amnistía está bien”. No se enfaden. Vamos, rían un poco. Y a otra cosa. ¿Es usted votante del PP? No lo tome así, hombre. Ya sabe que con frecuencia son de ese modo: ¿gobierna Marqués? Cascos a por él. ¿Les va bien en Galicia? Saquemos a Puigdemont para entretener. Un poco de eutrapelia, por favor.

A imagen y semejanza

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Asoleyóse en LA NUEVA ESPAÑA del llunes 3 de xunu.



                     L’APRECEDERU

                     A IMAGEN Y SEMEJANZA

               Una historia desgraciada. Verónica, una trabajadora de la empresa IVECO, en Madrid. Casada, con dos hijos de corta edad. Hacía cinco años había estado ligada con un hombre distinto a su marido, que recientemente había tratado de acceder a ella otra vez. A esa antigua relación le había enviado en aquella época un vídeo en que ella se exhibía en juegos sexuales. De su mano o de otra, las imágenes se han puesto en circulación por las redes y por ellas han circulado.
               Permítaseme reflexionar, ante todo, por el origen, ese nuevo tabú sobre el sexo que llamo yo su “sacralidad”, esa valoración del mismo que obliga a una persona a violentar su intimidad y su pudor, a exhibirse y entregarse, si quiere ser aceptada o vista como “normal”.
               Poco hay que decir de quien inicia ahora la difusión del vídeo o permite que se difunda, de su mezquindad, de su maldad, de su enfermedad acaso. De cualquier modo, la ley se encargará de él, aunque nunca de forma suficiente, vistas las consecuencias.
               Pero sí quiero llamar la atención sobre los cocausantes del suicidio de Verónica: quienes propagaron el vídeo por internet, la mayoría, sus propios compañeros (y compañeras); quienes de estos corrieron la voz y, especialmente, aquellos que, no satisfechos con ello, se acercaban a la zona donde ella trabajaba para comprobar de visu que, efectivamente, era aquella mujer la protagonista.
               Parece difícil sumar tanta inconsciencia, tanta maldad, tanta maledicencia, tanta miseria moral… ¿O no es tan difícil? ¿O es, simplemente, como somos?
               El Papa Francisco, que se dedica a tantes caxigalines, debería buscar, en beneficio de la imagen del supuesto patrón, el pretexto para matizar el texto bíblico que afirma que el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios. Suponer un error de transcripción, una imprecisión; o que se ha perdido una reticencia que a continuación venía: “Ma non troppo”.

Bocayaes de Margallo

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Yá lo dixe fai tiempu: si hai daquién que nun sabe callar ye'l ministru d'Esteriores, García 

Margallo. 

Él y el Papa Francisco (o Pachín), otru que tal bailla, anden a la tema a ver cuálu diz la 

mayor bocayada.


Margallo matiza que las críticas sobre la austeridad se referían a la Unión Europea. Noticias de España  http://goo.gl/b4XuE1





El Papa soluciona'l problema los refuxaos y emigrantes

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¡Lleva doce al Vaticano!

Ta bien, tantos como apóstoles.

Ocúrrenseme delles coses, ente otres dalgún cantarucu, pero voi dexalo equí.




El Papa Francisco fai milagros

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...Y a los santos adoren pola peaná.

Esto del Papa Francisco ta siendo prestosísimo. Tien encantaos a tolos que nun van a misa y a tolos que nun creen (que son parte, tamién, de los que van a misa y de los que la dicen, fáganme casu).

Agora paez que la so mediación ente EEUU y Cuba fizo paulinar (esto ye, caer del caballu o, meyor, qu'el caballu lu baltase) al menor de los Castro, Raúl, que ta tentáu, vistu'l comportamientu'l Papa a volver a rezar y volver a la Ilesia. 

 «Estoy muy impresionado por la sabiduría y la humildad del Papa. Cuando Francisco venga a Cuba voy a asistir a todas sus misas».
 «Leo todos los discursos del Papa. Si sigue así, volveré a la Iglesia católica. Aunque soy miembro del partido comunista, que no admitía a los creyentes, pero se han dado pasos adelante».
 Aparte otros comentarios que se m'ocurren y que nun vo decir, sí quiero sorrayar que don Raúl ta como los aldeanos del cantar asturianu.

La xente de l'aldea ta condená: / nun tien respetu al cura / y a los santos adoren / pola peaná.

Porque la Ilesia nun ye'l santu, nin la peana'l santu (el Papa Francisco), sinón, como de xuru, don Raúl sintiera cuando estudiara nos xesuites (pero nun sé si lo deprendiera), la Ilesia nun ye'l Papa, sinón la doctrina y les creencies de mena metafísica y tresmundana. Esto ye, anque los papes camuden la Ilesia nun camudó un res.
¿Por qué creer entós agora y non enantes?




Esti Papa fala demasiao

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Como vengo diciendo dende'l primer día, esti Papa fala demasiao. Y el que mucho habla mucho yerra, diz el refrán castellanu.
Al marxen de lo d'esto díes del puñetazu, hai que recordar aquello que dixera sobre los criminales del IS y Siria:
«Cuando hay una agresión injusta es lícito detener al agresor injusto, pero no bombardear, no hacer una guerra. Los medios deben ser evaluados». 
(Será tirándo-yos globinos con agua).

O aquella sinsustanciada teolóxica:
«La corrupción es un mal mayor que el pecado». 
Aparte de facer d'home anunciu contra'l fracking.

Y los creyentes deberíen pensar por qué-yos cae tan bien a los que nun lo son nin piensen de selo inxamás (anque tamién-yos caiga bien tamién a munchos que lo son).







El papa de Podemos

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Invítolos a lleer completu (El Papa de podemos, con perdón), onde Fernando Ónega analiza'l discursu de Bergoglio nel Parlamentu Européu. Do-yos un resumen.


Señala'l comentarista, dempués d'apuntar que "los eurodiputados de Podemos inundaron d'entusiasmu les redes sociales con «El programa económico del papa es el programa económico de Podemos», que:


Con toda sinceridad, debo decir que el discurso papal ante el Parlamento Europeo realmente parece hecho a la medida de Podemos: los deseos que proclama son arcangélicos; su ansia de justicia, hermosa, pero cándida para este mundo que vivimos… La idoneidad de la doctrina papal para Podemos cuando se mete en asuntos terrenales tiene más ventajas: no cuantifica las inversiones que requiere la justicia social que proclama; no prevé los efectos sobre la prima de riesgo; no mide los recursos de los Estados para evitar que el Mediterráneo se convierta en un cementerio; no calcula la repercusión en las Bolsas; no tiene una Comisión Europea vigilando el déficit; no sopesa las leyes del mercado que condicionan la actividad política.
Es un programa magnífico para ganar el cielo. No me extraña que Podemos lo compre: da la gloria en la otra vida y no compromete en esta.


Nun m'estraña a mi tampoco qu'Arcadi Espada fale d'un "papa peronista". A lo meyor ye que piensa (el Papa, non Arcadi Espada) que les perres caen del cielu.

El Papa no sabe de lógica (o de metafísica)

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Quiero decir, por "metafísica", "teología". Veamos la cita:

El Papa: «La corrupción es un mal mayor que el pecado» que no basta solo con perdonar.

Porque, vamos a ver, la corrupción puede ser, si acaso, un pecado mayor (mortal) o menor (mortal), pero no hay, en el ámbito cristiano de la culpa y el error, pecados (males) mayores que el pecado. Si acaso, "el pecado contra el Espíritu (¿o "espíritu"?)", que nadie sabe exactamente qué es, pero que no puede perdonarse. Y no parece que la corrupción sea un pecado mayor que el pecado contra el Espíritu. 
De modo que don Francisco o carece de lógica (no puede haber un pecado "mayor" que un pecado) o tiene una cierta ignorancia, digamos, de tipo metafísico.
Uno creía que, en esta materia, su sabiduría era mejor (he dicho "mejor") que la que manifiesta cuando habla de recursos naturales, como cuando se manifiesta contra el fracking, por ejemplo, como si esa técnica consistiese en violar la Mama Pacha.
A lo mejor, simplemente, es que habla demasiado.





Siria y el Papa Francisco

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Por ciertu, ehí lo tienen de campaña contra'l fracking


                A propósito del genocidio de Siria, he aquí alguien, el papa Francisco, que ha perdido una magnífica oportunidad para estar callado. Esto es lo que ha dicho al referirse a los bombardeos estadounidenses en Irak para contener al  ISIS: «Cuando hay una agresión injusta es lícito detener al agresor injusto, pero no bombardear, no hacer una guerra. Los medios deben ser evaluados». Comprendo que un líder religioso occidental no puede hoy pedir ejercer la violencia (algunos líderes religiosos islamistas sí lo hacen), pero esa frase del Papa, tan del pensamiento evanescente de las redes sociales, no ayuda en nada a quienes padecen la criminal violencia islamista en Siria e Irak y perjudica a quienes tratan de ayudarlos. ¿Con qué se va a detener el genocidio? ¿Tal vez recabando firmas en las redes sociales? ¿Acaso con aquello que a ustedes se les está ocurriendo? ¿O con la graciosa amenaza asturiana que Xovellanos refiere: «tó tirate con fueyes»?

                Su Santidad debería conocer que, hace cuatro siglos y medio, cuando el turco robaba, esclavizaba, violaba, saqueaba y conquistaba, un antecesor suyo, Pio V —además de rezar mucho, estoy seguro— ayudó a organizar la Liga Santa, aquella que triunfó en Lepanto, a la cual aportó doce galeras, a fin de combatir el poderío naval del sultán y detener aquella incesable sucesión de violencia, daño, humillación y destrozo de «derechos humanos». Y es que Pío V  sabía sin duda que Dios acaso pueda soplar favorablemente en las velas del bien, pero previamente es necesario que dichas velas se encuentren armadas sobre los navíos y desplegadas adecuadamente.

PAPALES Y PASCUALES

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                De manera insólita, los actos papales y pascuales (de Resurrección) han venido convirtiéndose en noticia destacada a lo largo de estos meses para el público general. Y aun no perteneciendo al «club», no cabe duda de que tanto los hechos como lo que en torno a ellos se ha manifestado tienen interés social, cultural e intelectual.
                La renuncia de Benedicto XVI llamó la atención, ante todo, por lo insólita. Efectivamente, solo un puñado de papas había presentado la renuncia antes de hacerlo el ahora emérito, la mayoría de ellos por razones de violencias, cismas o herejías. Otros fueron depuestos o declarado nulo su nombramiento. En todo caso, desde Celestino V (1294), no había habido una retirada voluntaria. Pero sobre todo, y aunque existe previsión de renuncia en el Código de Derecho Canónico, el acto de Benedicto XVI plantea algunos interrogantes sobre la proclamada «iluminación» del Paracleto en su elección. Porque, ciertamente, si es que él ha intervenido, ¿es la renuncia una rebelión contra su voluntad? ¿O habrá de entenderse que en el acto electivo obra ya la presciencia de la Tercera Persona? ¿O es esa presciencia predestinación y habremos de negar por ello el libre albedrío?
                La selección habida en la persona del nuevo papa, Francisco, ha provocado multitud de informaciones, fundamentalmente las relativas a su condición de ciudadano sudamericano y las atingentes a los hábitos y actos de que se viene acompañando; actos y hábitos que contrastan con la solemnidad y el lujo de anteriores pontífices y que son como un a modo de guirnalda que se desprende del simbolismo del nombre, Francisco, a secas, que eligió para sí mismo al empezar a desempeñar su nuevo ministerio.
                Pero lo más notable, sin duda, ha sido el silencio que, incluso entre los de puertas adentro, se ha producido en torno al significado central de lo que son la Iglesia y el papado. Porque el tuétano mismo, el significado único de lo que es la institución de Pedro, es el de la resurrección de Cristo, lo que se conmemora precisamente en esta Pascua. Porque, al margen de ese elemento central, en el que se puede, obviamente, creer o no creer, todo lo demás —que es de lo que se ha venido hablando— es puramente accesorio y aun trivial, hojarasca. Lo dijo en su día aquel torbellino de acción y pasión, Pablo de Tarso, con su dramatismo descarnado: «si Cristo no ha resucitado somos los más miserables de los hombres». Y es que, efectivamente, es la creencia en ese hecho histórico la que permite a los fieles construir sobre ella los dos elementos centrales que conforman la mayoría de las religiones, la de que se sobrevive a la muerte, y la de que en esa sobrevivencia encontraremos a los nuestros (el amor es, en una de sus muchas manifestaciones, otra cosa que el sexo) y la justicia, para unos en recompensa por sus sufrimientos, para otros en castigo por sus daños. Lo ha tenido que recordar el propio Francisco: «Si la Iglesia no proclama a Jesús se convierte en una oenegé». Y, sin embargo, como he dicho, la mayoría de prelados y fieles han hablado de conceptos como «sencillez», «cambio», «Iglesia de los pobres», «nuevo rumbo», «aggiornamento», como si tuviesen pudor de proclamar su verdad esencial y trascendental, o como si tuviesen dudas sobre ella.
                Fuera de ese elemento central o privada de él, la Iglesia (las iglesias) no son más que organizaciones mundanas a las que se puede juzgar por su pasado violento o su depravación, por la forma en que han contribuido a mejorar las sociedades, por su voluntad histórica de controlar este mundo (y a todo el mundo) en nombre del otro, por su papel consolador al mantener la ficción de la existencia de otra vida tras la muerte…

                La conmoción que en torno a papales y pascuales han manifestado quienes proclaman que no pertenecen al club no ha sido menos destacable. Llama la atención el empeño de muchos en tratar de señalar el camino que debería seguir la institución para «modernizarse». Los «consejos» caminan fundamentalmente en tres direcciones: la igualdad de la mujer con el hombre en el sacerdocio (supongo que hasta el nivel de papisa); la aceptación del aborto y del divorcio; la conformidad con la homosexualidad como manera formal e institucional de convivencia familiar. Algunos añaden la exigencia de pobreza y de reparto con los pobres. Uno se pregunta que qué diablos importa a quienes no pertenecen a esa sociedad las reglas por las que se rigen (o dicen regirse) sus afiliados, y encuentra, en ocasiones, un poco risible la vehemencia con que se expresan al respecto. Es más, si uno cree que las iglesias y las religiones deberían desaparecer, ¿a qué diablos darles recomendaciones para que mejore la percepción social sobre ellas?
                Lo único que se debe exigir, a la religión católica y a todas las demás, es que no traten de imponer a la sociedad sus normas y valores, que se comporten como lo que deben ser: un club privado de ingreso voluntario. Pero, en ocasiones, da la impresión de que muchos de esos «aconsejadores» tienen una notable inseguridad en sus propias posiciones y valores, de ahí que o bien pretendan que la Iglesia sea como ellos, a fin de no tener un elemento de parangón que los incomode, o bien que la Iglesia les dé la razón, porque necesitan esa bendición institucional para estar tranquilos.