Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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En primer tiempo de saludo
(Antiyer, en La Nueva España)
EN PRIMER TIEMPO DE SALUDO
Los partidos políticos son, ante todo, empresas. Como tales, su primer objetivo es su propio mantenimiento y crecimiento, y, con ello, la ocupación y empleo de sus militantes y afines. Sobre tal, realizan otras actividades o tienen otras miras, que pueden ser más o menos afortunadas, mejores o peores para los ciudadanos, pero son, ante todo, eso: empresas.
Por tanto, es normal que prime en ellos el principio jerárquico, la defensa de los intereses de la empresa, la unidad de actuación. Con todo, es posible que, dentro de la sujeción a esos principios elementales, algunas organizaciones permitan ciertas discrepancias o matizaciones, incluso, algunos procederes contrarios a la línea principal, si piensan que con ello -al salvar, por ejemplo, reclamaciones sectoriales o territoriales de los votantes- se contribuye mejor al objetivo central de la estabilidad y crecimiento.
Una buena y atentísima persona, Noel Zapico, un asturiano llangreanu que tuvo importantes cargos sindicales durante el franquismo y fue uno de los ponentes de la Ley para la Reforma Política para pasar a la democracia desde la dictadura, me decía, siempre que lo llamaba por teléfono para algún trámite (fue Director de Cooperación Local en aquel Gobierno abortado de Sergio Marqués), entre el respeto y el humor: “Te escucho de pie y en primer tiempo de saludo”.
“En primer tiempo de saludo”, así están siempre los partidos políticos asturianos de corte estatal ante las órdenes de Madrid. Es decir, en el “Sí, señor, Señor” militar de ciertos ejércitos. Todos, sin excepción.
Acabamos de verlo una vez más, en una materia sangrante: la presencia del lobo en el catálogo del LESPRE, y, por tanto, la imposibilidad de establecer controles sobre su población, a fin de evitar daños a la ganadería y desesperación a los ganaderos. Como se sabe, el Gobierno asturiano, al igual que el de Cantabria y el de Galicia, los que tienen lobos abundantes en sus territorios, se han opuesto a esa decisión estúpida basada en argumentos estúpidos y falaces y, por ello, han presentado recursos ante los tribunales. (Por cierto, en la impulsión del LESPRE participó decisivamente un socialista asturiano, Hugo Morán, en un “Sí, señor, Señor” hacia su jefa y jefes).
Pues bien, he aquí que el PP presenta en las Cortes una propuesta para sacar al lobo del LESPRE. Pese a la postura del Gobierno asturiano, los socialistas Adriana Lastra, María Luisa Carcedo y Roberto García Morís, diputados por Asturies, votan en contra (al igual que lo hace la podemita Sofía Castañón). ¿Creen ustedes que ha habido aquí, en Asturies, una sombra de censura, una crítica, una protesta? Todos unánimes en su postura de firmes y en primer tiempo de saludo: sumisión al que manda, sean cuales sean los intereses de los ciudadanos que dicen representar.
¿Todos en toda España? Miremos para Cantabria. En la votación en el Congreso, Ciudadanos se abstuvo ante la propuesta para descatalogar al lobo, traicionando así tanto al Gobierno de Cantabria como a su partido en esa Comunidad, que siempre se ha manifestado contra la decisión de Teresa Ribera y Hugo Morán. Pues bien, como reacción, una diputada regional, Marta García, ha abandonado el partido, y su secretario de Organización, Rubén Gómez, dimitido de todos sus cargos.
¿Y aquí? Pues del Ciudadanos que acampa en Asturies ni una palabra, salvo la del expulso –expulso, reitero-, Armando Fernández Bartolomé.
¿O es que no creían ustedes que existiesen unas fuertes señas de identidad asturianas que a todos marcan con su hierro?
También en esto: en el “Firmes y en primer tiempo de saludo ante el superior”, que “en boca cerrada…”.
Güei, en LNE: ¡Yá t'oyí, navaya!
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
¡Yá t'oyí, navaya!
Balance de la reunión de Javier Fernández con Pedro Sánchez
Xuan Xosé Sánchez Vicente 07.08.2018 | 01:40
No hace falta reiterar la grave amenaza que para Asturies y otras comunidades -pero especialmente para Asturies- supone la descarbonización incontinente que pretende perpetrar el gobierno de Pedro Sánchez, presumiendo, además, de ello; es decir, de cumplir los objetivos de reducción de CO2, de mejora en la eficiencia energética y de aumentar la participación de las renovables en el conjunto de la producción, "antes que nadie". El Presidente Fernández lo ha dicho, en son de queja, de otra manera: "Nosotros vamos a cumplir y muy pocos países de la UE cumplirán. Y si vamos a cumplir ahora podemos cumplir también en 2030".
El cierre de las minas y las térmicas tendrá efectos dramáticos sobre el empleo, tanto el directo como el inducido (por ejemplo, sobre el transporte y sobre los tráficos de El Musel). Además, si acarrea, como se prevé, una subida de la factura energética, podrá afectar gravemente a nuestras industrias electrointensivas, Alcoa, Arcelor, Azsa.
Lo ha dicho todo el mundo, CC OO, UGT, FADE, el Gobierno asturiano? Hasta, aunque un poco a rastras, se han sumado IU y algunos de Podemos; incluso ha dado la impresión de que ha querido decir algo semejante una fracción de la facción pedrosanchista del PSOE asturiano.
Por eso, cuando veíamos en LA NUEVA ESPAÑA digital del miércoles una fotografía (reiterada el jueves en papel) de don Javier Fernández levantando el índice de su mano derecha hacia un sonriente don Pedro, en lo que parecía ser un gesto admonitorio (no amenazante, por supuesto), los ilusos concebimos alguna esperanza.
Pero bastaron unas escasas dos horas para saber que en nada había atendido don Pedro las peticiones de don Javier: del cierre de minas hablará con la UE (con mucho enfotu, seguro); y sobre lo relativo al cambio de modelo energético y las térmicas (esto es, sobre la continencia de su incontinencia descarbonizadora-ecologista) "toma nota". De igual modo, sobre la reforma del sistema de financiación autonómica, manifestó que lo hará en la legislatura "si es posible" y que será "multilateral", lo que no quiere decir nada o, lo que es peor, quiere decir que se cumplirán todos los temores de discriminación que temen las comunidades menos ricas.
Ignoro si don Pedro, que es persona culta que viaja en avión para no perderse un concierto, al ver el dedo admonitorio de don Javier, habrá dicho para sí remedando a Quevedo: "Nada he de hacer por más que con el dedo...". Lo que sí es seguro es que el encuentro se ajusta perfectamente a esa troquelación llariega que expresa el desdén absoluto hacia lo que el otro dice: "¡yá t'oyí, navaya!".
Por cierto, es curioso cómo, en este trance de furia ecologista en que nos encontramos, la izquierda asturiana -al igual que en otras ocasiones la derecha- ha descubierto que todo va muy bien cuando se predican los conceptos genéricos y abstractos (los derechos humanos, el medio ambiente, la justicia, el derecho a la vivienda o al trabajo, etc.), pero que luego, cuando de la dialéctica discursiva se pasa a la dialéctica de los intereses o las realidades enfrentadas, las de aquí, ellos no pintan nada, valen para acarrear votos al granero, pero no para ser escuchados.
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