La energía, el recibo, las témporas y el ministro

Les reitero aquí parte de un ensiertu de este blog, del 22/03/14, donde les recordaba cómo había anunciado hacía tiempo que las pretensiones del ministro Soria de poner en marcha en abril el nuevo recibo era imposible. 
En el consejo de ministros de ayer, viernes 28, se ha vuelto a retrasar el recibo de la nueva facturación por su imposibilidad. Esta vez a julio. Y esperen a que llegue el caos entre los consumdores. ¡Atentos!


Concluyo con una más de esas muestras que cada poco les doy de la inepcia de la Administración y de la pininidad de los políticos. Recuerden: una subasta eléctrica donde los precios suben escandalosamente, la anulación de la subasta por el Gobierno, la invención de un nuevo sistema de fijación precios y de tarifación para los clientes que, según aseguró el ministro Soria, iba a entrar en funcionamiento en abril. Pues bien, quienes tuviesen un mínimo conocimiento del mundo sabían que eso era imposible, no solo por la inexistencia en la mayoría de los hogares de contadores que puedan facturar por tramos horarios, sino por la imposibilidad de las empresas para poder realizar la ingente tarea de nuevos contratos y la informatización de los mismos en ese tiempo. Todo ello, además, sin contar con la confusión en que van a caer miles de usuarios, sus vacilaciones y, a lo peor, la elección por ellos de fórmulas que les causarán problemas de servicio; pero todo este lío lo veremos dentro de unos meses.


Pues bien, menos de un cuatro semanas después, el ministro ha rectificado y la nueva facturación se retrasa a junio. ¿Creen ustedes que el ministro había inventado personalmente el nuevo modelo de facturación, complejísimo, por cierto? Pues no, hablaba por boca de ganso. Repetía lo que uno de tantos asesores, péritos o técnicos de la Administración había pergeñado. Porque, como tantas veces les he dicho, descargamos las culpas sobre los chivos expiatorios que de consuno y a plena satisfacción hemos establecido, los políticos, pero, como casi siempre ocurre en estos asuntos, es el daimon que sopla a la oreja quien dicta al hombre público sus eructemas. Eso sí, ni uno ni otro, ni daimon ni hombre público tienen idea de cómo es el mundo real.

Y así ocurre, que una y otra vez se legisla… con las témporas.

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