Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Góngora, Griñán y otros
En La Nueva España del día 13/09/2022, dos días antes de la publicación de la sentencia:
GÓNGORA, GRIÑÁN Y OTROS
En los últimos días vengo observando con sorpresa ciertas reacciones ante la condena al expresidente de la Junta de Andalucía, don José Antonio Griñán. Como saben, ha sido condenado, entre otras cosas, a inhabilitación para cargo público y seis años de cárcel. Sin que hasta ahora haya sido hecha pública la sentencia, lo que sabemos es que la condena se produce por malversación, esto es, porque bajo su mandato, como bajo el del también expresidente Manuel Chaves, se han empleado inadecuadamente 680 millones de euros en falsos ERES, en los que, con el pretexto de la reestructuración de empresas y protección de empleo para los desempleados, se han cometidos desde la Administración autonómica un amplio número de tropelías e irregularidades (durante el tiempo en que Griñán era consejero de Economía y Hacienda se siguió haciendo lo mismo, pese a las advertencias de la Intervención).
El argumento de los sucesivos tribunales que han sentenciado el caso es que queda probado que ambos presidentes (y otra serie de responsables políticos y administrativos también juzgados y condenados) eran sabedores de esas irregularidades (si no impulsores), y que no hicieron nada por modificar la situación. Naturalmente, a nadie se le escapa que todas esas irregularidades fomentaban el voto cautivo y agradecido para el PSOE y, por tanto, que, en último término, eran beneficiarios (conscientes) de ello la organización en su conjunto y, especialmente, directivos y cargos públicos.
Pues bien, tras la última sentencia, se ha iniciado una campaña de declaraciones y firmas de cargos y figuras de relieve socialistas solicitando el indulto para don José Antonio porque “es una persona honrada” y “no se ha lucrado en un céntimo”. Es posible, y, si quieren seguro, y aun, por lo que sabemos de la sentencia, nada se dice en ella al respecto; pero al señor Griñán no se lo condena por ello, sino por lo que hemos dicho arriba, que son hechos incontrovertibles, tanto en sí mismos como en el provecho que de ellos se obtenía. Lo único que podría salvarlos, tanto a él como al señor Chaves, es que no se hubiesen enterado de nada de lo que pasaba en su Gobierno (o en su consejería, en su momento), lo que es difícil de creer y, desde luego, no cree la sentencia, y, así y todo, tendrían una responsabilidad “in vigilando”.
Uno, por lo tanto, queda sorprendido ante este clamor porque una sentencia, firme en segunda instancia, no se cumpla. Y recuerda, al tiempo, cómo otra sentencia, la del golpe de Estado dado en Cataluña para proclamar su independencia (que esa es la nuda cuestión, vístase como se vista), se haya visto burlada por el indulto concedido a algunos de los provocantes, que por cierto, no dejan de proclamar que volverán a hacer lo mismo en cuanto puedan. (¿Recuerdan, por cierto, la aseveración de don Pedro Sánchez-Castejón de que los condenados del Procès deberían cumplir íntegras las penas? ¿Y cuando calificaba de sinsentido que un político indultase a otro?).
A uno, a la vista de estos ninguneos a la justicia (A propósito, ¿de aquello de Jordi Pujol qué fue, “¿qué se fizo el rey don Jordi?”?) y de los rigores en otros casos, y sin que tenga nada que ver con el asunto, lo asaltan de repente aquellos versos de don Luis de Góngora:
Porque en una aldea, / un pobre mancebo / hurtó sólo un huevo / al sol bambolea; / y otro se pasea / con cien mil delitos.
Presunción d'inocencia (Chaves y Griñan)
Pesie a les apariencies o les evidencies, pesie a que van ser procesaos, hai que suponer que, hasta que nun se demuestre lo contrario, esto ye, hasta que nun hebia sentencia, como cualquier acusáu o procesáu, Chaves y Griñán son inocentes.
NI EURÍDICE NI LA MUJER DE LOT
¿Qué cómo andan el gobierno y la política asturiana? ¿Pero
alguien lo sabe? Es cierto que, frente a la etapa de don Francisco, la de don
Javier se caracteriza por su silencio y su discreción. De modo que si, en el
período del anterior presidente, sabíamos que este no hacía política sino solo
presidente, da la impresión de que el actual no hace ni política ni presidente.
De cómo van las cosas nos enteramos solo por las
«movilizaciones» de tanta y tanta gente (algunos que se mueven motu proprio y
otros que se mueven únicamente porque los suyos no reparten el pastel, que
cuando lo repartían bien se callaban) y por las cifras del paro, donde los
asturianos batimos records nunca ante vistos, aplicándonos en el lema olímpico,
«citius, altius, fortius». Pero de estos registros nunca superados (aunque, por
desgracia, sí superables) no hay que echarle culpa alguna al gobierno de don
Javier, que, como se sabe, se limita a estar y verlas venir.
Es cierto que, de vez en cuando, el jefe del Ejecutivo
socialista sale de su letargo y mantiene alguna apariencia de vida, como en la
reciente Conferencia de Presidentes, sosteniendo una justa por delegación don
Javier con el señor Griñán, paladín este del chaconismo, mientras que el señor
Fernández lo es del rubalcabismo. La discusión, semejante a aquellas que los
escolásticos sostenían sobre si era uno quien llevaba el gochu al marcado o era
la cuerda quien lo llevaba, versó sobre los términos «revisar» y «cambiar» y
duró una hora. Inútil discusión, puesto que todo estaba decidido y, cuando, por
otro lado, llegue el momento, se obrará sobre lo que sea posible y decidirán
quienes tienen mayoría. Que sobre ello la FSA haya hecho una operación
propagandística proclamando que don Javier torció el brazo al PP y a don
Mariano no constituye más que otra muestra de la escasa estima en que tienen
los dirigentes socialistas asturianos la inteligencia de sus votantes.
Por lo demás, seguimos sin saber si nuestro Gobierno
conseguirá el dinero de los cuatrocientos millones largos que anda buscando
para completar el año ni si tendrá socios para cerrar el presupuesto del año
que viene. Lo que sí sabemos es que, como los jefes de Madrid, los subordinados
de aquí, tienen una enfermedad congénita, una especie de tortícolis invalidante
que les impide volver hacia atrás la testa. En efecto, ya no es que no se
acuerden de que, hasta hace nueve meses, y durante ocho años, ellos gobernaron
el país. Tampoco se trata de que no quieran reparar en lo que ejecutaron mal
—hace, repito, como quien dice, cuatro días—, sino que parece habérseles
olvidado incluso lo que no hicieron.
Así, por ejemplo, andan —los mayores, los mandamases, los
de Madrid— proponiendo ahora la dación en pago por las hipotecas impagables, o
la rebaja de la tasación de los pisos hipotecados cuando su valor caiga en el
mercado, o —risum teneatis?— ¡un impuesto especial para grandes fortunas!
¡Pero, hombre, si lo podían haber hecho hace menos de un año! Ya ven, les es
imposible mirar para atrás.
¿Y a los menores, a los tutelados, a los de aquí? Pues les
ocurre lo mismo. Miren, con toda la seriedad que le cabe bajo o sobre el
bigote, el consejero de Economía y Empleo, don Graciano, ha criticado que se
utilizase El Musel para especular, censurando, en concreto, una operación
realizada entre Goldman Sachs y HC con carbón colombiano (la berrea asturiana
ha sido, por cierto, generalizada, al respecto, pero ello no viene a cuento
ahora).
¿Pero es que no se acuerda don Graciano que fueron ellos,
el PSOE, y un Gobierno en que él estaba, los que ampliaron El Musel y lo
metieron en el pufo de casi 500 millones que ahora tiene y en el problema de
tarifas con que ahora lidia? ¿Y es que no recuerda que el motivo, pretexto o
razón era que —en sus palabras— en el futuro iban a venir al superpuerto
barquísimos de carbón, con toneladísimas de ese combustible que desembarcarían
a la vista de El Muselín, para almacenarlo ahí y después reexportarlo (es
decir, en sus propios conceptos, «especular») a otros países? No, no se
acuerda. ¿Para qué, si creen que los ciudadanos, sino acéfalos, carecen de
memoria?
Desde luego, a ellos jamás les ocurrirá lo que a la mujer
de Lot ni a la Eurídice de Orfeo. Porque nunca mirarán para atrás, pues saben
de sobra que ahí están ellos, sus obras y sus palabras.
Y es una pena, porque cantar, cantan tan lindo como Orfeo.
Aunque solo lo hagan por la mañana.
SOCIALISMO ES BLA, BLA, BLA
Cuenta la facecia que, en un pequeño pueblo, desesperado porque todas las noches le robaban alguna pera, el dueño decidió apostarse al lado del peral, en silencio y con disimulo. Por fin alguien traspasó la entrada y comenzó a subir al árbol. El dueño se acercó y, cogiéndolo en el aire por las partes dolorosas —esto es, pudendas—, comenzó a apretar mientras preguntaba «¿quién eres?». Solo el silencio le respondía, y, a cada silencio, volvía a efectuar la dolorosa torsión. Al fin, tras varias vueltas, una voz apenas audible, ronca, como salida de las mismas entrañas —o aun más abajo— del ladrón: «El muuuudooo».
Pura logomaquia. Porque no le aclararán en qué consiste ese federalismo, ni en qué es distinto ese federalismo del estado autonómico actual, ni si ese federalismo supone el reconocimiento de la soberanía previa de los estados o naciones federadas (como lo era el de la I República), ni si… Puro bla, bla, bla, una palabra mágica, toda emoción y ningún contenido.
Pero si son incapaces de decir, sí son capaces de hacer. Estos tipos, todos ellos, diputados y senadores, miembros de la Ejecutiva y del Comité Federal, impulsaron desde 2003 el «federalismo asimétrico» para Cataluña. Estos tipos, todos ellos, desde Rubalcaba a Javier Fernández y Areces, apoyaron, votaron y aplaudieron el Estatuto de 2006 y fueron parte importantísima en el proceso de excitación de la opinión pública catalana que desembocó en la actual demanda de independencia.
He sido muy bondadoso. Socialismo, este, el del PSOE, no es únicamente logomaquia, es también, como se comprueba, desigualdad.
Cerrando ya el artículo, se me aparece Abrilgüeyu, mi trasgu particular. «Pon tú —me dice— que históricamente federalismo es igualdad, y que «federalismo asimétrico» es como un cura que no cree en Dios». Me gusta, pero acabado de plasmar ello en el texto, descubro en internet y en las televisiones que ese latiguillo pertenece a don José Bono, que lo repite con su untuosidad habitual en cada sitio a que va a presentar su libro de memorias. Mientras dudo si borrarlo, vuelve a colárseme en el ordenador Abrilgüeyu:
Ante mi dubitativo silencio, interviene otra vez:
—Y añade ahí que él asistió impertérrito a todo el proceso de generación del federalismo asimétrico catalán siendo nada menos que Ministro de Defensa. Ya verás cómo no dice nada.
Tiene razón mi trasgu particular. ¡Qué tipos, estos socialistas!
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