Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Ribeseya y sus sobresaltos
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
RIBESEYA Y SUS SOBRESALTOS
En 1991 la Dirección General de Puertos y Costas inicia un expediente de deslinde del dominio público marítimo-terrestre de Ribeseya. Su puesta en marcha amenazó con expropiar centenares de viviendas y propiedades en El Cobayu y en El Arenal. Recuerdo la preocupación, el enfado de los vecinos, agrupados en Aridel, las manifestaciones (con el alcalde, Juan Ureta, al frente). Desde mi puesto de diputado ayudé en lo que pude a solucionar aquel dislate, que duró bastante: todavía en 1994, don Manuel García Fonseca preguntaba en el Congreso por el fin de aquella sinrazón.
Pues bien, las vicisitudes de aquel entonces han venido a mi memoria al ver la prepotencia y falta de tacto con que se ha notificado la reparación del puente que fusiona los dos extremos de la ría y de la villa. Desde hace treinta años se viene anunciando el mal estado del puente y se han prometido actuaciones de forma reiterada, actuaciones que, junto a los millones comprometidos para ellas, han ido volando como fueya llevada por el vendaval, con Administraciones de uno y otro signo. Pueden ver ustedes toda la historia en este reportaje de Ramón Díaz https://www.lne.es/oriente/2025/01/19/ribadesella-puente-lejano-historia-llena-113508972.html.
Ahora bien, de pronto el Estado se persona en la persona de doña Adriana y anuncia que, por fin, se va a reparar el puente y que estará cortado el paso durante quince semanas (¡cómo si no supiésemos lo que son los plazos de la obra pública!). Naturalmente, se levantan las protestas y la negativa de forma unánime, “desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca”. Solo entonces hay una nueva personación y se anuncia que se estudiará la construcción de un puente temporal por el Ejército.¡Qué falta de educación y tacto!
Coda: no quiero dejar de invitarlos a oír la preciosísima voz de la parraguesa Lilian de Celis, que el último día de enero cumplía 90 años. Disfruten: https://www.youtube.com/watch?v=iehsDCVJVmw
Ribeseya y semeyes antigües
Ribeseya
Nel paséu del muelle llanteren una riestra de paneles con semeyes de la Ribeseya d'enantes. Munches d'elles combinen la Ribeseya d'anguañu cola dantañu.
Prestosísimo. Nun dexéis de veles con vagar.
Contenedores justificados sin justificación
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
CONTENEDORES JUSTIFICADOS SIN JUSTIFICACIÓN
EMULSA, la empresa de medio ambiente de Xixón, acaba de publicar en LA NUEVA ESPAÑA un comunicado que es una muestra ejemplar de falta de coherencia y confusión argumentativa.
Vengamos al origen. La empresa trata de justificar por qué se han quitado los anteriores contenedores, que se levantaban pisando un pedal y no hacía falta abrir con la mano, como los actuales. De forma indirecta, el comunicado viene a responder a las críticas, orales y escritas, que censuran dicha sustitución (“lo que obliga a tocar la tapa, algo que a muchos no les agrada demasiado”).
Esas críticas vienen de muy atrás, de los instantes duros de la pandemia, que fue cuando se realizó su sustitución. Yo mismo hice algunas en su momento. Por concretar el problema, hay que señalar que, tras levantar la tapa con la mano, lo higiénico sería a continuación lavarla o desinfectarla. Eso en los contenedores de mondicies varies, los de basura orgánica obligan a posar sobre ellos la tarjeta ciudadana, que, después, debería limpiarse de alguna forma. Es decir, que los nuevos contenedores acrecientan los riesgos de contagio, aunque sean mínimos, y las molestias o ascos.
Pues bien, al respecto de estos dos aspectos, no menores, el comunicado propagandístico no dice nada. Se limita a un batiburrillo donde se nos informa del número total de contenedores de Xixón y de que se han cambiado todos (¿y el coste de la operación, tan vez injustificada?); se describen los nuevos contenedores, su eficacia; nos informan de que durante la pandemia EMULSA desinfectó mucho; nos incitan a “separar o reducir […] porque # GijónMeImporta”; y nos cuenta que el plan se aprobó en el Consejo Municipal de Residuos.
¿Qué quieren?, a mí ese mangaráu de desechos argumentales me recuerda aquella cuarteta que Cela anota en Ribeseya:
Tengo cochura muy buena. / Comedme sin regodeos / porque soy pura canela. / También se venden fideos.
Al guchu gurdu, unta-y el reu
(Ayer, en La Nueva España)
AL GUCHU GURDU, UNTA-Y EL REU
El Ayuntamiento de Ribeseya acaba de decidir bonificar la “viñeta” a los coches eléctricos y a los coches con emisiones cero. En unos casos, con una bonificación del 10%, en otros, de hasta el 50%. El pretexto o motivo es favorecer la menor contaminación, pero ha matizado el alcalde, Ramón Canal: “queremos motivar el uso del eléctrico, pero sin que ello implique premiar a los coches eléctricos de alta gama”.
No es la única corporación que lo hace, la medida se extiende como una plaga por toda España, porque todo el mundo quiere ser progresista, esto es, ecologista, esto es, anticontaminante.
Y a mí no se me ocurre más que la frase que es el título de este artículo, con metafonía además, como ya se va usando cada vez menos en algunas zonas de Asturies. Porque ustedes, sin duda, habrán visto los precios de los coches eléctricos o híbridos, precios disparatados que rondan los 50.000 euros, aunque algunos puedan bajar de ese precio. ¿Quién puede, pues, comprarlos? ¿La clase mediatrabajadora de don Pedro? Evidentemente, quien disponga de bastante dinero para invertirlo en ese tipo de bienes.
De modo que se premia al que tiene y se castiga, de paso, al que no tiene, prohibiendo la entrada en ciertas zonas de la ciudad a los coches de más años —los de la mayoría de la población, que no dispone de dinero para cambiarlos—, esto es, miren ustedes las estadísticas, a la mayoría del corpus automovilístico, o sea, a la mayoría de la población.
En contradicción con ello, los coches históricos, es decir, los que tienen más de treinta años, pueden circular sin limitaciones por el centro de las poblaciones. Es cierto que tienen que pasar la ITV, ¿pero no pasan también la ITV todos esos vehículos a los que se condena? Y si pasan el examen de la ITV, ¿dónde está su extraordinario riesgo contaminante? ¿Se trata solo de que son vehículos de quien no tiene dinero para comprarse otro más caro de un día para otro?
Y añadan ustedes los problemas para ir a ganar el pan en las grandes ciudades. En un reportaje de estos días en Madrid, señalaba un trabajador que ahora que no puede entrar con su coche en el centro para ir al trabajo —vive en la periferia—, y, puesto que no puede comprar uno nuevo “no contaminante”, tiene que echar hora y media para ir al trabajo en transportes públicos.
En El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, se dice que un personaje, la señora Venancia, «tiene una filosofía bailonesca», como San Pascual Bailón, quien, según la creencia popular, «baila delante del Altísimo, y que dice siempre: «más, más, más». Si uno tiene suerte, le da más, más, más; si tiene desgracias, le da también más, más, más». Pues bien, esta filosofía bailonesca, de favorecer al que tiene y dar palos al que no tiene, es la que parece guiar una gruesa parte de la actividad política, europea, estatal, autonómica, municipal. Eso sí, bajo variadas banderas o pretextos.
En este ecologismo para ricos no sabe uno si los gobernantes se ríen de la gente, son tontos de la urna (“de capirote”, se decía antes), o, simplemente, desconocen el mundo y las implicaciones de sus dictados. Bueno, todo ello no son conjuntos disjuntos.
Miren, el Ayuntamiento de Xixón acaba de sacar unas subvenciones para la compra de coches eléctricos. La cuantía de la subvención es de mil euros, y la condición es que las familias con dos miembros no superen los 1.351,04 euros de ingresos brutos mensuales, es decir, 16.212, 48 euros al año (brutos), cantidad que, como ustedes saben, alcanza para la renta o la hipoteca, la luz, el agua, otras cargas del hogar, la comida, un par de cenas fuera de casa a la semana y unas vacaciones en el Caribe, y, por supuesto, comprar un coche de 40.000 o 50.000 euros.
Lo dicho: ¿se ríen de la gente o son tontos de la urna?
LO QUE DICE LO QUE SE DICE
«No hay mejor
palabra que la que no se dice». Con este aforismo escéptico trato de transmitir
a mis alumnos la idea de que todo nuestro lenguaje nos desvela. No solo
nuestros silencios o vacilaciones, también nuestras palabras. Dicen lo que
parece que dicen, pero, al mismo tiempo, descubren lo que tratamos de ocultar o
contienen implicitaciones que son, en realidad, el contenido sustancial de las
mismas.
Estos últimos
días hemos asistido a algunos de esos significados evidentes no dichos por lo
manifestado. Déjenme fijarme en dos, ambos institucionales. El primero
pertenece a la heredad de Valdés Salas: «La Universidad lanza un plan para
captar alumnos ante la reducción de la matrícula», decía el titular de La Nueva
España del seis de abril. Y la información aclaraba que la reducción de años en
las carreras y el aumento de las preferencias por la Formación Profesional
hacían que hubiese menos alumnos en las aulas que imparten estudios superiores.
¿Cuál es el
significado real de esa disposición? ¿Quiere decir que la Universidad,
preocupada por el futuro de los asturianos, los anima a que cursen estudios
superiores, más útiles para ellos? No, quiere decir, simplemente, que las
plantillas universitarias, preocupadas por el descenso del número de
matriculados, temen por su poder, por su proyección social y, fundamentalmente,
por sus puestos de trabajo. De modo que lo que traduce esencialmente esa
campaña es que el objetivo fundamental de la Universidad no es mejorar sus
relaciones con la industria, facilitar el empleo o la investigación, elevar el
nivel de instrucción de los ciudadanos, etc., sino, pura y simplemente, la
propia «universidad», esto es, el conjunto de los que allí están empleados. El
juicio sobre ello emítanlo ustedes.
En relación
con los problemas de la enseñanza, he expresado muchas veces que la mayoría de
los discursos que sobre ella se emiten no tienen nada que ver, en puridad, con
sus problemas reales, son puros tópicos que se encuentran tan alejados de la
realidad como el primer instante de la inflación del universo de nuestro
presente. Pero he aquí uno de esos problemas que apenas se dice: el que en
muchas ocasiones, lo que se proclama sobre la enseñanza no tiene nada que ver
con lo que debería ser el objeto fundamental de la misma, la instrucción y
formación de los ciudadanos, sino con la defensa de los puestos de trabajo y de
los intereses de los empleados, lo que está muy bien, pero que es cosa distinta
a la tan agitada bandera de la «calidad de la enseñanza». Cuando además, vía
sindical y discursivo-ideológica, el núcleo central del problema del empleo se
enmascara con proposiciones que afectan al mismo ejercicio de la enseñanza en
las aulas —ya en materia de profesionales, ya de contenidos, ya de relaciones
entre alumno y profesor— y esas proposiciones se plasman en la realidad, el
daño ser multiplica. A propósito: un ejemplo de ese conflicto lo han tenido
ustedes en estos inmediatos días, en las posiciones encontradas de sindicatos e
interinos con el Gobierno.
La segunda de
las manifestaciones que invitan a la meditación es la de la rula de Avilés a
propósito de las «continuas inspecciones» que se realizan, según pescadores y
comercializadores, en el puerto pesquero; más que en otros puertos, en su
decir, y que, según ellos, «espantan» a los barcos, que preferirían otros
lugares de arribada por temor a esas inspecciones. Lo curioso es que esa misma
queja se repite a lo largo de los años. Así, por ejemplo, si ustedes tienen la
curiosidad de ojear La Nueva España del 27/10/2011, encontrarán la misma
protesta con idénticas palabras. Ahora bien, no es esa la cuestión, sino lo que
parece implicar: ¿por qué tienen miedo a las inspecciones esos barcos? ¿Acaso
actúan con algunas o muchas irregularidades? ¿Tal vez sostienen que esas
irregularidades «cuelan» mejor en otros puertos, donde se haga la vista gorda?
Y la sociedades que representan a los pescadores y a la rula, ¿es que lo que
sostienen es que no deben hacerse inspecciones o que deben pasarse por alto las
anomalías?, ¿acaso que debe avisarse previamente de esas inspecciones?
Final. A la
hora de redactar este artículo se hace público que en ciertas zonas de
Asturies, los ciudadanos conservamos genes únicos y muy primitivos. Desconozco
si la posesión de ese gen debe tenerse como una virtud o como un defecto, si el
impulso que contiene nos hace avanzar o retroceder, solucionar los problemas o
complicarlos. Es posible, como hipótesis, que sea él el que explique las
anomalías de nuestra conducta social y política, algunas de nuestras
extravagancias, incluidas las administrativas, por ejemplo, esa grosería
incompetente de abrir Tito Bustillo sin dar conocimiento de ello al
ayuntamiento de Ribesella, donde se ubica. Tal vez aquellos habitantes-artistas
del santuario fuesen portadores ya del gen que ahora causa el que sean víctimas
de desconsideración sus descendientes.
En todo caso,
el decir-hacer del Gobierno asturiano al respecto es una patente mostración de
lo que significa en el fondo ese su quehacer-decir: su incompetencia y su
desprecio por la realidad asturiana y por las instituciones que la representan
en el ámbito municipal; por los ciudadanos, en último término.
Xuan Xosé
Sánchez Vicente
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UNA PALADA HACIA EL PRESENTE
La constitución de un Consejo Asesor del Presidente de Asturies, un apostolado de doce personas expertas en materias administrativas, económicas y empresariales es una buena noticia. Aunque, como todo lo de esta territorialidad tan arcaica y conservadora, llega bien tarde: baste con decir que un mecanismo semejante lo lleva uno proponiendo en los sitios adecuados desde 1995. Ese conocimiento de la materia me permite decir, asimismo, que seguramente un Consejo más «práctico», conformado en mayor proporción por empresarios que compiten en el mundo, hubiese sido más deseable; del mismo modo, un organismo más flexible, en que fuesen rotando los interlocutores, tendría también sus ventajas. Es cierto que es posible combinar la estructura del Consejo Asesor con encuentros sistemáticos de interlocutores de negocios variables, lo que enriquecería la información. Si de algo vale la sugerencia, ahí está.
Paralelamente, la asociación Compromiso Asturias XXI ha vuelto a realizar unas cuantas sugerencias de qué cosas deberíamos modificar en nuestro comportamiento o cuáles deberíamos hacer. Creo destacables tres de esas indicaciones: que deberíamos ser capaces de vender nuestra imagen colectiva fuera; que deberíamos abandonar la competencia y la visión localistas; que sería conveniente utilizar la potencia y multiplicidad de nuestra emigración para establecer una red de complicidades y «embajadas».
Magníficas sugerencias, como estupendas pueden ser las ideas que el Consejo Asesor traslade al Gobierno. Pero la pregunta es la de «¿cómo se modifica la realidad?», o, en otras palabras, «¿quién le pone el cascabel al gato?». Me explico, para que todo ello funcione, todas esas propuestas de cambio y modernidad, es necesario que el Gobierno escuche y que sea receptivo. ¿Es ello posible? Mi respuesta es que resulta casi imposible, y ello por muchas razones.
En primer lugar, porque un cuerpo social —en este caso el Gobierno— funciona de modo semejante al cerebro y percibe mejor y da su aserto solo a aquellas cosas que espera previamente oír y a aquellas que concuerdan con sus expectativas, mientras rechaza las que no lo hacen. Y, en segundo lugar, porque aquellos en quienes se apoya en primera instancia, fuerzas sindicales afines, líderes de opinión actuantes, organizaciones políticas sobre las que se constituye, tienen, como él, una visión del mundo y de la economía que es como la radiación de fondo del universo, los restos de una antigua conseja que, desde hace muchísimo, no tiene nada que ver —si es que tuvo— con el mundo real. Todos ellos esperan, pues, que las orientaciones vayan dirigidas a reiterar algo que se asemeje al pasado (y refuerce su poder personal, sindical, político, por cierto), no que lo destruya.
Algún ejemplo nada más, con respecto a algunas de las propuestas de Compromiso Asturias XXI. La idea de utilizar la emigración como una red de embajadas es vieja, así como la necesidad de proyectar una imagen singular y colectiva de Asturies (llevo proclamándolo también, y no creo ser el único, desde la lejana fecha de 1995). ¿Por qué no se hace? En primer lugar porque las gentes de ese discurso y entrega no creen que Asturies sea un sujeto colectivo de nada. En segundo lugar porque sus intereses, afanes y prioridades están siempre subordinados al discurso y órdenes de Madrid, a la pura distribución de consignas emanadas en la Casa Central de la franquicia que ellos representan. En cuanto a olvidar la rivalidad localista y el competir en gasto inútil a través del acuerdo, ¿alguien cree que van a dejar, precisamente, de aprovechar y cultivar el localismo —elemento complementario de la inexistencia de un sujeto colectivo—, que es lo que alimenta, en gran medida, sus votos, no solo los concejiles?
Pasemos ahora a otro ámbito. ¿Creen ustedes, realmente, que alguien tendrá interés (no digo ya «será capaz») de convencer a los Alfredo Landistas —esos sindicalistas que pasan el año pidiendo «un plan», como el Landa de las películas de los setenta— de que el mejor «plan» de un gobierno es intervenir lo menos posible en el diseño de la política económica y limitarse a eliminar obstáculos y ayudar a soplar en las velas que llevan viento favorable? No, ¿verdad? Pues ellos, Gobierno, fuerzas políticas mayoritarias y sindicatos, son quienes se realimentan, constituyen y reconocen en esos discurso y emocionalidad.
Sin olvidar, finalmente, que los políticos son como el gozquecillo que, cuando cree correr delante señalando el camino a su amo, descubre de pronto que se queda solo y ha de desandar el camino en busca de su conductor. O, en otras palabras, la política consiste fundamentalmente en decir a los tuyos lo que quieren oír y en esa realimentación consiste el éxito, la fidelidad y, con frecuencia, el fracaso social, aunque no el electoral.
«¿Quién le pone el cascabel al gato?», he dicho arriba. Es una pregunta errónea. Corrijamos: ¿Cómo pensar siquiera en ponerle el cascabel al gato si la mayoría de los ratones piensan que deben su vida y su mediano pasar al mismo, y que, desaparecido éste—que les hace creer que es su guardián mientras los diezma y consume—, su esperanza, su vida sería mucho más insufrible? Es más, la mayoría de los ratones están seguros de que la solución de sus problemas y angustias estriba en un aumento del tamaño del gato y, proporcionalmente, de su esencia actuante, de su gatesquidad.
Pero, en fin, en todo caso, en esas novedades arriba anunciadas, yo quiero ver una tímida palada de la piragua asturiana hacia adelante, hacia el presente, en la dirección correcta. Porque, hasta ahora, han venido practicando lo que ellos creían el descenso del Seya remando en realidad hacia Oseya de Sayambre.
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