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Mucho va de Pedro a Pedro

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU MUCHO VA DE PEDRO A PEDRO La lentitud de la burocracia, la complicación de los trámites, la maraña legislativa, la superposición de administraciones provoca que muchos proyectos queden por el camino. En cualquier caso, aunque acaben pudiendo ponerse en marcha, lo normal es que hayan transcurrido muchos meses, más bien años, para ello. Evidentemente, al margen de la paciencia y la testonería de los impulsores, todo cuesta más dinero o ha surgido una competencia que antes no existía: se pierden empleos y se encarecen los servicios o los productos. Y fíjense que no hablo de la tardanza en ejecutarse los proyectos ya aprobados y en marcha (ríanse o lloren, como gusten, con las ya casi dos décadas del soterramiento de Llangréu o de la nueva estación de Xixón), sino, simplemente, de la desesperante e incomprensible tramitación burocrática. Un ejemplo palmario. ¿Cuánto hace que saben ustedes que el Principado había roto, por causas varias, con la empresa que había ganado la licitación de la reforma del hospital de Cabueñes y que la obra había sido detenida? Meses, ¿verdad? Desde enero. Pues se habrán asomado a LA NUEVA ESPAÑA del 19/05/2025, y, como yo, asombrado al leer: “La rescisión del contrato de la ampliación de Cabueñes, ya solo pendiente de la firma de la consejera”. ¡Cuatro meses! ¿Para una nueva licitación? No, “pendiente de la firma de la consejera para rescindir”. En otra página del mismo día se informa sobre algunas demandas del Foro del Noroeste que, impulsado por Prensa Ibérica, ha reunido representantes políticos y empresariales de Galicia, Castilla-León y Asturies. Pues bien, los presentes reclaman la puesta en marcha del Corredor Atlántico, para lo que reclaman “agilidad administrativa”. ¡Ah!, pero he aquí que habla el alcalde de Oporto, Rui Moreira y explica: "Me dicen que las licencias aquí para inversiones industriales tardan mucho, hasta dos años, y en Portugal solo tres meses". Pues nada, a seguir tirando tiempo, dinero y empleo.

Sobra pero falta

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(Ayer, en La Nueva España) SOBRA PERO FALTA No hagan más cábalas. Es la burocracia. Dirán ustedes: ¡si siempre sobra! Es como en aquel chiste en que el funcionario, después de mil vueltas, le decía al ciudadano que le faltaba la póliza redonda. “¡Pero si no existe!”, protestaba el ciudadano. “Pues por eso”, respondía el funcionario.Y es que impide o retrasa todo, incluso, cuando hay acuerdo entre fuerzas políticas contrarias. Miren, con relativo buen criterio, en Asturies se ha decidido impulsar una Ley de Proyectos Estratégicos, que, en palabras corrientes, pretende simplificar la burocracia, es decir, los requisitos y plazos para acelerar las inversiones de mucho monto y los proyectos de instalaciones importantes (una fábrica de automóviles, por ejemplo). Pues bien, la ley que pretende eliminar parte de la burocracia lleva en trámites desde el 6 de junio de 2022. La burocracia legislativa de la autonomía y la de nuestro Parlamento llevan dilatando su tramitación desde esa fecha. Es decir, que la ley para las prisas camina según el adagio latino atribuido a Augusto, “festina lente”, que, en romance, vendría a ser nuestro “nun correr, que ye peor”. Pero hay otra burocracia que falta, concretamente la de la inspección de las realidades de lo que se llama “justicia social”. Miren, recientemente desde la Consejería de Ordenación del Territorio y Vivienda se ha informado de que existe un fraude notable en las viviendas sociales. Sobre una inspección limitada, se descubrieron un total de 100 viviendas en “uso fraudulento”: asaltadas, con usuario indebido, algunas “vacacionales”. Y, en total, los inquilinos tienen unos atrasos con la Administración -con nosotros- de 4,4 millones de euros. Seguramente, cuando se efectúen más inspecciones aparecerán más realidades de ese tipo. E igual en otros ámbitos. Téngase en cuenta que esos dineros defraudados no salen del Gobierno, ni de los presupuestos, sino de quienes trabajan, empezando por el del salario mínimo y el mileurista. Y de sus horas de ocupación.

Más allá de la retórica (burocracia, empresa y empléu)

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(En La Nueva España del martes 04/06/2024) MÁS ALLÁ DE LA RETÓRICA Sobre el empleo, las inversiones, las empresas y, en general, la actividad económica, partidos y sindicatos suelen manifestarse con frases hechas -pleno empleo, empleo de calidad (variante, “digno”), defensa de los puestos de trabajo- y con consignas o posturas que son puro voluntarismo o no tienen en cuenta la realidad, por ejemplo, el empeño en que Mittal lleve a cabo una inversión que, al menos en estos momentos, no es rentable. En general, las demandas políticas y sindicales no tienen en cuenta dos elementos sustanciales del desenvolvimiento de una empresa: uno, que es un negocio que debe asegurar rentabilizar sus inversiones; dos, que las empresas se mueven en un mercado que va más allá del Payares y de los Pirineos, tanto más allá cuanto mayor la empresa. Y si ello es general, aquí, en Asturies parece que siempre opera el ensueño del socialismo de Estado del franquismo, y que es el Estado el que debe resolverlo todo. No es cosa de repetir aquí nuestros condicionamientos históricos, ya señalados por Xovellanos en los incipientes momentos del crecimiento del comercio y la economía industrial: lo limitado de nuestro mercado y la escasez de capitales. Ambos factores siguen condicionando actualmente el nacimiento y el crecimiento de las empresas. Miren estos dos titulares de La Nueva España: «La falta de inversores en Asturias, la principal traba entre los jóvenes para el emprendimiento» (10/05/2024); «El mercado regional da para lo que da, las empresas tenemos que salir para crecer» (12/05/2024). Tenemos en Asturies una serie de empresas que llevan años creciendo e innovando, algunas de la cuales hemos premiado, por cierto, en su día, como reconocimiento a su labor: Gondán, Zitrón,Talleres Alegría, y un relativo largo etc., entre las que se halla algunas del sector de la alimentación, que también se han diversificado y crecido fuera. Ahora bien, sumadas todas ellas más los restos sobrevenidos de la antigua industria estatal autárquico-franquista dan para un empleo limitado y poco satisfactorio, con mucho desempleo y emigración, frecuentemente este, de gente muy cualificada. PSOE y PP van a acordar una llamada Ley de proyectos estratégicos, que, para las inversiones que vayan a crear más de 100 puestos de trabajo e inviertan más de 30 millones, reducirá los plazos a la mitad. A uno le choca un poco el volumen de empleo requerido para que una empresa se acoja a ese procedimiento especial, pero, sobre todo, se pregunta: ¿y por qué no esforzarse, puesto que se puede, en reducir los trámites y procedimientos para todo tipo de empresas e inversiones, de la grande a la pequeña, ya que esos largos períodos de espera son causa de costos y de retracciones? Me da la impresión de que el discurso político social está volcado hacia la inversión milagro (nuestro particular Míster Marshall), hacia el ensueño de la «empresona», que emule aquellas otras del pasado. Y, sin embargo, las empresas reales, las que viven, sobreviven y emplean, se encuentran a diario con problemas que no se enfrentan por los gobiernos o se enfrentan mal, como el precio de la energía, o con reglamentaciones absurdas. Algunos de estos problemas dependen o son causados por el Gobierno central, otros encontrarían aquí su solución, puesto que aquí está su causa o la inacción frente a ellos. He aquí las palabras del responsable de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía: «Aunque haya bajado el precio de la luz sigue siendo insostenible para la industria», y comparaba la desventaja con empresas similares de Francia, Alemania o Portugal. O las de una directiva de una empresa asturiana que ha crecido fuera: «La industria asturiana sufre una muerte dulce y a las empresas se les ponen trabas cada dos por tres». Podría multiplicar las citas, sembrar este artículo de datos, pero creo que es suficiente. Subrayo: acaso se mira poco por lo que hay (más bien se lo castiga, en la práctica) mientras se sueña con la empresona milagro. Y, por otro lado, la mirada debería descender a lo más raso: los pequeños y medianos negocios están desapareciendo a pasos agigantados, en parte por la competencia de las grandes superficies -con más oferta, más variedad, más comodidad para aparcar- y del comercio por interné. Esa desaparición supone la evaporación de pequeños capitales locales y la imposibilidad de su crecimiento o la aparición de otros nuevos, y ese detrimento va en favor del acrecentamiento de la riqueza exterior, no solo de la de otras partes de España, sino, sobre todo, de Europa o del resto del mundo. Y aunque la tendencia es imparable, es seguro que el Gobiernu y los ayuntamientos algo más pueden hacer en favor de esos negocios, en positivo, de un lado; eliminando cargas y trabas susceptibles de ser eliminadas, de otro.

Dos fracasos y un episodio dialéctico

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU DOS FRACASOS Y UN EPISODIO DIALÉCTICO La evidencia de un fracaso, de un desastre, si lo prefieren: de 115 plazas de cargos directivos de los centros de enseñanza solo se cubren 43. Con el aireado proyecto de Les Escuelines, lo mismo: únicamente 2 de 18. La razón: los enseñantes están quemados. De nada valen incentivos económicos o descuentos lectivos: los docentes están fartucos de aguantar inspectores, padres, alumnos, quejas, papeles, guardias, reuniones inútiles, etc. Algunos cubren esos puestos por razones varias, pero la mayoría huyen. Y si ustedes pasan por delante de un centro de enseñanza verán cómo ante él se apelotonan los que están próximos a jubilarse anticipadamente, para salir corriendo. ¿Alguien moverá un solo dedo para modificar esto? Nadie. Si acaso se tomarán nuevas disposiciones para seguir degradando la enseñanza. Otra evidencia: el episodio de la pieza de futbolín del Ayuntamiento de Peñamellera, para cuya reposición, pagándola un particular, tuvieron que intervenir cuatro personas, elaborarse tres informes y firmarse dos autorizaciones. No es una anécdota chusca: es así como funciona la Administración. Que se lo digan. La locura anticorrupción ha creado un entramado de locos. Consecuencia: múltiples problemas para contrataciones, tardanza en resolver cualquier expediente, aumento de los costos por las dilaciones, incremento de los empleados porque se hincha la burocracia, etc. A costa de nuestros bolsillos y del empleo. ¿Alguien moverá algo? Apuesten. Es obligado hablar del reciente episodio dialéctico de corte marxista. Hagámoslo. Tesis: un miembro del Gobierno emite una babayada con destino a Argentina. Antítesis: el presidente del Gobierno de Argentina eructa varies babayadones en su visita a España, una referida a la cónyuge del Presidente. Síntesis: el Presidente, para quien, como el fraile del refrán, todo es bueno para el convento, ve una oportunidad de negocio (vulgo, «voto») y lo convierte en cuestión de Estado. ¿Y aquello de «Baxaren cuatro alleranos» que concluía «que tan vaina yes tú como yo…»?. N.B. «Marxista»: de los hermanos Marx.

Decimos y nun facemos

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(Ayer en La Nueva España, con motivu el Día d'Asturies) DECIMOS Y NUN FACEMOS No hace falta pormenorizarlo: decrecemos en población y empleo, no queremos tener descendientes, los jóvenes formados emigran a miles en busca de trabajo. Fijémonos solo en los datos que se desprenden de lo que dicen los actores económicos en la magnífica serie de LA NUEVA ESPAÑA que recorre los concejos patrios. Todos: hay una pesada burocracia que retrasa o encarece los proyectos (y, claro, añado, los impide en cuanto los desalienta). Los gobernantes prometen solucionar el problema. ¡Como si ellos no lo hubiesen creado, y como si no fuesen los mismos los que llevan gobernando casi siempre, pero en fin! ¿Lo solucionan? No, pero lo prometen. ¿Y en el ámbito rural? Olvídense del lobo, como si fuese poca cosa. ¿Qué dicen quienes están trabajando, innovando y creciendo en los nuevos frutos en las vegas de los ríos o en el Occidente en los vinos? ¿O los que lo hacen en el sector forestal? Necesitan legislación e impulso para la concentración parcelaria o para otra utilización de los montes (por lo que, por cierto, llevan décadas clamando habituales de estas páginas como los señores Arango o Rodríguez-Vigil, ¡décadas!). La respuesta para todo es la misma: decimos pero no hacemos. Asturies tuvo siempre un problema de capitales, como señalara en su día Xovellanos. Al carbón, la siderurgia, la industria, los ferrocarriles y la banca acudieron fondos foráneos, peninsulares o extranjeros. Solo la repatriación de capitales «americanos» representó una breve excepción. Necesitamos, pues, el máximo de inversiones extranjeras y facilitar las propias. Hacer fácil la vida de las empresas. No es únicamente la burocracia la que labora contra ello, sino una mentalidad general, instalada en los partidos políticos, en unos más y en otros menos, pero en todos, así como en la sociedad, que no ve con simpatía, si no es que lo hace con hostilidad, al emprendedor, la empresa y el mundo de los negocios. Y, evidentemente, ese clima no facilita el crecimiento, esto es, la riqueza y el empleo. Pero la cuestión tiene raíces más profundas, en lo que pudiéramos llamar nuestra mentalidad colectiva, o, si lo prefieren, lo que tenemos por nuestras señas de identidad. Un rasgo de mentalidad que, si no se ha forjado, se ha incrementado exponencialmente durante el franquismo y se ha reforzado después por el sindicalismo es lo que pudiéramos denominar «estatalismo»: cerca de cien mil personas en empleos dependientes del Estado, más sus familias, y, en muchos casos, con complementos vivenciales también colgando de él (vivienda, clubes sociales y deportivos, viajes, etc.), han instaurado una forma de pensar que todo (y casi solo) lo espera y exige del Estado. Otro de los rasgos de esa identidad la evidencian sus mitos/símbolos. No deja de ser peculiar que el disparate (por no llamarlo por su verdadero nombre) del 34 siga siendo motivo de orgullo o de identidad para una parte importante de la población; o que, como cantos identitarios, nos movamos entre el poema revolucionario-proletario de Pedro Garfias y el inane y esguilaárboles himno oficial del «Asturias». Por otro lado, ¡cuánto de compensatorio de nuestra insignificancia actual tiene esa apelación a esas glorias pasadas o a la de Pelayo! ¿Y nuestra relación con nuestra cultura? Vayamos al espinoso tema de la lengua. A asuntos menores. ¿Qué ganan nuestras autoridades, las personas «cultas», las clases altas, los medios, con decir, por ejemplo, «Lastres» y no «Llastres», «Viego» y no «Viegu», que son, los segundos, sus únicos nombres reales, tradicionales y populares? ¿Por qué es castellano «Lastres» y no «Llastres», «Viego» y no «Viegu»? ¿Significan acaso algo en la lengua de Cervantes? Nada. Lo único que ocurre es que esa «Ll» y esa «u» se perciben como signos de lo asturiano, algo que molesta y hacia lo que se tiene entre hostilidad y repugnancia. Algo que apunta hacia lo que entendemos como vulgar o no noble, lo que no queremos ser. Decimos que nos queremos, pero no hacemos nada por demostrarlo. O sea, que no nos queremos tanto: como en lo político, corremos hacia Madrid y lo valoramos como superior a nosotros y lo nuestro. Madrid ha subsumido en una década a 20.000 asturianos. Ha sido una suma de necesidades, pero es también un símbolo.

Ayer, en LNE: Cita previa y nueva burocracia

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 L’APRECEDERU

CITA PREVIA Y NUEVA BUROCRACIA

La “nueva burocracia”, la “nueva normalidad” de la relación con los servicios del Estado se ha convertido en un problema.

El más común: el acceso a la atención primaria. La petición de cita médica ha de realizarse por teléfono, el cribado inicial lo realiza un administrativo. Después (no significa el mismo día) el médico lo llama, usted describe sus síntomas, él interroga y diagnostica. Si el galeno cree que necesita una exploración meticulosa, es cierto, lo cita en la consulta. Lo normal es que despache vía telefónica.

Pónganse en el caso de quienes se expresan con dificultad o entienden mal y verán cómo es la cosa, sin descartar, además, la inseguridad sobre una exploración de esa guisa. También las necesidades de esa “nueva burocracia” (motivada por evitar la acumulación de pacientes en los ambulatorios, y, por tanto, los contagios) han eliminado el examen rutinario que se realizaba con los pacientes de enfermedades crónicas y los han dejado sin vigilancia continua y sin la tutela y consejo que mejoraba la vida del enfermo y le daba seguridad.

En el ámbito de la Administración general, la cita previa y el manejo de todos los trámites por internet han ralentizado todo. Si antes el trato con la Administración era desesperante, lo es más ahora: teléfonos que nunca se atienden, consultas que, por tanto, no pueden hacerse, cobros que no se efectúan (piensen en los ERTE). Incluso, los trámites por la “sagrada” internet no pueden realizarse a veces. Dos humoradas recientes: correo del Tribunal de Cuentas desaparecido como spam; navegadores que avisan que el servidor de un servicio público está mal conformado y que, para evitarle a usted peligros, no lo conectan con la página.

Y ahora repita, busque otros caminos (del teléfono olvídese), a ver si lo consigue. Y, si finalmente tiene que desplazarse al centro, normalmente le pedirán que se conecte por interné.

Como ardilla en jaula.


Ayer, en LNE: Caleyos, lobos,burocracia

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                                                      L’APRECEDERU


                                        CALEYOS, LOBOS, BUROCRACIA


                Durante siglos, el lobo fue una plaga para el hombre: porque atacaba los ganados, las bases de su sustento, y porque podía matarlo. Un enemigo al que había que eliminar: o tú o yo. En Asturies se organizaron diversos sistemas de caza a tal fin. Alguno requería el levantamiento de obras permanentes. Uno de ellos, el caleyu, consistía en empalizadas que se iban estrechando progresivamente, hasta desembocar en un foyu, donde caía el lobo.
                Esa incompatibilidad está reflejada en la literatura popular y culta desde hace siglos, así como la de la desconfianza hacia las eventuales relaciones pacíficas entre unos y otros, como en la fábula del griego Esopo, El lobo y el pastor. En torno a Francisco de Asís se tejió una leyenda de coexistencia entre el hombre y la fiera, la del lobo de Gubbio, al que Francisco reduciría a condición pacífica (posteriormente, Rubén Darío daría una vuelta a la leyenda en su Los motivos del lobo).
                El de Asís es seguramente el precedente (único) del actual ecologismo pro-lobo, que niega, ignora o tiene en poco la realidad de su comportamiento específico. Y, sin embargo, la realidad es los campesinos asturianos están hartos y temerosos. Los lobos llegan a depredar al lado de las casas. “Van a acabar con nosotros”. “La gente está cansada de palabras y más palabras”. “Vamos a abandonar”. “Quieren que esto sea una reserva”.  “Los vecinos tienen miedo a salir de sus casas”. Día tras otro pueden encontrar estas desesperadas manifestaciones en LA NUEVA ESPAÑA.
                Homo, homini lupus. Seguramente los asturianos del campo podrán señalar a quiénes designan estas palabras de Plauto y las entenderán como proféticas.
                A propósito, la burocracia está lastrando la fabricación de respiradores y mascarillas, impide utilizar laboratorios que serían útiles; tramita con fatigosa lentitud ERTES y ayudas.  ¿No habría forma de construir caleyos para acorralarla hacia el foyu de la eficacia y la rapidez?