Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Guerra. Mostrar todas las entradas
Sorprendidos pero descreídos
Ayer, en La Nueva España)
SORPRENDIDOS PERO DESCREÍDOS
Yo, desde luego, he quedado, inicialmente, “pensatible, plasmáu y silenciosu, / como el pitu a la vista del raposu”. Supongo que ustedes también, al ver una especie de rebelión de los próceres socialistas contra los acuerdos de expolio de nuestros bolsillos a través del pacto entre Sánchez (PSOE) y ERC para la investidura de Salvador Illa.
No solo ha sido García-Page, discordante tradicional, que hasta ha amenazado con llevar los acuerdos al Pumpidonal, perdón, al Constitucional (¿Será cándido!). También los cabezaleros de Extremadura, Madrid, Castilla-León, Aragón, Andalucía, Galicia se muestran críticos con el acuerdo, algunos reticentes, otros radicalmente opuestos. Incluso nuestro presidente, don Adrián, afirmó, de una manera vaga, que, si se dañasen gravemente los intereses asturianos, podrían acudir a la justicia.
Este insólito movimiento de aparente rebelión evidencia una cosa: El pacto proillino es un escándalo, un expolio, de tal magnitud, que los cabezaleros socialistas ven muy difícil justificarlo ante sus votantes y en sus comunidades, de modo que hacen como que hacen: que están en desacuerdo, que protestan, que “no tolerarán”; algunos, incluso, como en el Pleito de Santolaya, parecen estar dispuestos, si llega el caso, a aquello de “cual con un ral, cual con dos, / seguiremos esti pleitu / hasta llevalu énte Dios”.
Pero retrocedamos un poco. No mucho, no lleguemos a la Declaración de Santillana de 2003, que es el camino trazado y recorrido hasta aquí por todo el PSOE. Más cerca. Los socialistas de todos los pelajes y territorios ya sabían que la recaudación del 100% de los tributos por Cataluña estaba en el Estatut que ellos habían impulsado y que, según Alfonso Guerra, había salido “limpio como una patena” del Congreso (después pasó por el Constitucional). Así, el consejero Peláez, el primero del Gobiernu que estos días ha salido a protestar/amonestar sobre el pacto proillesco, reconocía el 13 de abril que “la propuesta de Illa para que la Generalitat recaude los impuestos estatales está contemplada en el Estatut”. Pero, además, eso era lo que, de forma explícita, se había pactado con Junts: “Y en el ámbito de los déficits y limitaciones del autogobierno, Junts propondrá de entrada una modificación de la LOFCA que establezca una cláusula de excepción de Catalunya que reconozca la singularidad en la que se organiza el sistema institucional de la Generalitat y que facilite la cesión del 100% de todos los tributos que se pagan en Catalunya”.
Ahora bien, los seguidores de Pablo Iglesias (y de otros que, discretamente, no cito) podían estar relativamente tranquilos. No solo el Presidente, sino que la ministra les perres, doña María Jesús Montero, reiteraba, casi sobacos al aire, que "era radicalmente falso" que el Gobierno le fuera a ceder el 100% de los tributos a Cataluña. "Nunca en ningún momento se ha planteado". Unas fechas, unos momentos de su sampedrear negacionista : 10/11/2023, 11/12/2023 (“no me pronuncio sobre mentiras, sobre falacias o sobre hipótesis que se fundamenten en la nada”), 15/07/2024. Aunque tal vez algunos, aplicando la copla campoamorina (“Bien saben en amor los entendidos / que equivalen a un sí tres nos seguidos”) o simplemente conociendo el amor por la verdad de este Gobierno, bien pudieron sospechar que las palabras de la señora valían menos que un belarmino del Consejo Soberano de Asturies. En todo caso, se ementían después del pacto firmado con Junts (9/11/2023).
Pero tal vez, aun sabiendo todo eso -el Estatut, los pactos-, los socialistas por debajo de don Pedro podían pensar que el traspaso de la capacidad recaudatoria iba a ser una especie de paripé, y que, en realidad, el Estado iba a seguir controlando la pasta, y, por tanto, garantizando el reequilibrio territorial y la solidaridad entre los ciudadanos. Pero no es así ni nunca pretendió serlo. La Generalitat va a controlar ese dinero (un enorme bocado de los impuestos de la España del régimen común) y hará después lo que quiera con él, como si fuese el cupo vasco o el navarro: contribuirá por un tiempo y solo para algunos fines, y ello con condiciones sobre lo que hagan las demás comunidades y estableciendo un límite a lo entregado por el principio de ordinalidad. Marta Rovira (ERC) asegura que ese sistema será irreversible y que es un primer paso hacia la independencia (y no se olviden de que se ha pactado, entre otros dineros y otras cuestiones, un referéndum).
Sobre la gravedad del expolio, que ustedes conocen, sin duda, de sobra, incluso los aficionados al amoniaco, les dejo aquí dos enlaces de LA NUEVA ESPAÑA, uno del economista José Carlos Díez (https://www.lne.es/asturias/2024/08/02/psoe-rompiendo-principio-redistribucion-igualdad-106433555.html), el otro, del expresidente Juan Luis Rodríguez Vigil (https://www.lne.es/opinion/2024/08/04/obligarnos-cerrar-huca-colegios-residencias-106531300.html).
Esas son las razones por las que los próceres espatuxen y dicen que nunca aceptarán. Bueno, “esi güevu sal quier y un garabín pa revolvelu”. Si ustedes leen con atención, ya habrán visto que todos ellos, tras el espatuxe, piden una reunión. La tendrán, ya está pactada. “Seguro que se celebrará”, afirma don Adrián. Seguro que sí. Y ahí inventarán una especie de “café para todos”, como si todos saliésemos ganando, lo cual es falso, porque el expolio de Cataluña y la ruptura del régimen común es irreversible de cumplirse las expectativas de Pedro Sánchez e Illa.
(Y en esto, una nota cómica -y mentirosa-: don Salvador, proponiéndose como salvador ante los líderes territoriales socialistas y haciéndoles “con el ojo diestri la seña / del as de basti”, les dice que tranquilos, que él será quien maneje los dineros (y no será gafu, se entiende). Como si, una vez investido, si es que lo es, no tuviese que depender día tras día de los votos de ERC, al modo como Sánchez lo es de estos y de Junts; y, sobre todo, como si el sistema no quedase instalado para siempre, de modo que los vinientes no tendrán que dar las “propinas” que, en su caso, daría don Salvador).
De modo que mucho ruido y pocas nueces. ¿Porque qué harán los diputados socialistas en el Congreso, con paripé enmascarador o sin él, a la hora de votar? Lo de siempre. Lo ha afirmado con rotundidad nuestro Presidente:
"Los diputados nacionales, tanto del PP como del PSOE, obedecen exclusivamente a la ejecutiva nacional". "No voy a engañar a nadie ni a vender motos ni milongas, quiero dejarlo claro", aseveró”.
Por eso nosotros, sorprendidos ante la firmeza y casi unanimidad de la “rebelión”, pero descreídos.
Así funciona en realidá la política
Ayer, na Nueva España, Pilar Rubiera asoleyaba un magníficu "curtiu" qu'exemplifica magníficamente la miseria de la política habitual. Alluma, como vengo apuntando a los mios llectores continuamente, que quienes deciden los temes de debate, imponen normes (o caprichos) y redacten lleis nun son en xeneral los políticos, sinón pequeños grupos de presión que son capaces de lleva-y al políticu una novedá, de presionalu o de facelu sentir que ye necesario quedar bien con ellos pa quedar bien cola sociedá en xeneral. Mas entovía, un montón de vegaes ye un solu funcionariu o espertu el que dicta lo que tien que ser y condiciona al restu la sociedá dende la so óptica o el so caprichu. Y tocántenes a la mierdina que son tantes persones que paecen inflase como sapos y qu'anden tol día faciendo como que comen a la xente crudo, pueden ver lo que son de verdá nel testu de Pila Rubiera, magnífica, como siempre.
Marín y Guerra
Leo una interesante entrevista a Manuel Marín, el socialista que presidió el Congreso y que negoció el ingreso de España en Europa. Y dice respecto al control político de las instituciones: «Los partidos controlan con el mando a distancia a todas ellas: la Comisión del Mercado de Valores, la de la Energía, la de Telecomunicaciones, el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas, el Tribunal Constitucional. Así que, todo el sistema institucional, como se dice en mecánica, se ha "gripado", ha dejado de funcionar normalmente por la invasión de la política y de los partidos». Leo en otra entrevista, esta vez a Alfonso Guerra, por qué se opuso a que el PSOE legalizara el aborto de menores de edad sin consentimiento paterno: «Hice una especie de encuesta en el grupo parlamentario y nadie estaba de acuerdo, entonces, ¿por qué lo hacemos? Fui a ver a la responsable de igualdad del partido y tampoco estaba de acuerdo, ¿por qué lo hacemos? Pues porque un grupo de mujeres había cogido por banda al presidente Zapatero». El socialismo empieza a reconocer su deshonrosa banalización.
por Pilar Rubiera pa La Nueva España del 03/06/2013

Etiquetes:
aborto,
albuertu,
Alfonso Guerra,
Estatut catalán,
Manuel Marín,
Pilar Rubiera,
política,
políticos,
Tribunal Cosntitucional
Don Juan Morano: discursos, realidad y cobardía
El senador del PP por Castilla-León don Juan Morano ha tenido esta semana de atrás un cierto protagonismo, por su disposición a votar en contra de su partido en relación con algunas enmiendas a los presupuestos generales referidas al carbón. Esa actitud nos permite realizar algunas reflexiones en torno a una cuestión que suele debatirse con grandes tertulioaspavientos y con poco conocimiento, la de la libertad de voto dentro de los partidos en las instituciones (distinta a la libertad de voto en los actos propios de las organizaciones políticas).
Con una postura que tiene aún menos adeptos que la de hablar en serio de un tema dentro de las redes sociales o que la de pagar impuestos, reiteraré lo que siempre he manifestado: salvo que sea pactada, estoy en contra de la ruptura de la disciplina de voto; tampoco creo que las listas abiertas tengan interés alguno, y, menos aún, que tengan consecuencias prácticas. No voy a volver a exponer aquí mis argumentos, pero permítanme, en relación con ello, hacer algunas reflexiones acerca de los efectos reales de la postura «gallarda» (o libertaria) de don Juan Morano.
Recuerden ustedes que, el primer día de enmiendas en el Senado a esos presupuestos, don Juan se equivocó (o lo confundieron) y no votó a favor de las que se proponían sobre la minería. Pues bien, tanto las redes como las tertulias de los medios se llenaron de críticas acerbas y burlonas hacia su persona. Al día siguiente sí votó. Las rectificaciones a las críticas fueron cero, los aplausos por su postura, escasos. Y, yendo a las consecuencias efectivas de su acción, puramente testimonial o moral, ¿creen ustedes que ni uno solo de aquellos que han aplaudido la «valentía» de don Juan votará al PP por ello en las próximas elecciones? ¡Ni uno solo! Puede que, en cambio, provoque la deserción de alguno de los suyos.
Ocurre siempre igual con estas actitudes «morales» o «éticas» en política, con respecto a la realidad social, a la dinámica de apoyos hacia un partido, que obedece a otras reglas, al menos en los parámetros de voto que tienen alguna importancia. Al respecto, no me cansaré de repetir cómo, cuando el señor Aznar anunció que no sería presidente más allá de los ocho años de mandato, advertí, casi en solitario, que, por muy aplaudido que fuese el «beau geste» de don José María, no movería un solo voto a favor de su partido y, más aún, su ausencia podía hacérselos perder, como así fue —aparte, de otras circunstancias.
No, los actos arrogantes, las actitudes de responsabilidad moral deben llevar otro camino, el de la dimisión —como ejemplarmente hizo don Nicolás Salmerón y Alonso, en la primera República, al negarse a firmar penas de muerte—, o, al menos, ser seguidos de de la dimisión. Porque es absolutamente indecoroso salir elegido con los votos y el dinero de un partido y sus militantes para luego seguir en él y en su contra. Eso está más cerca del filibusterismo que de la responsabilidad, y a kilómetros de la ejemplaridad.
Pero cuando don Juan cae en lo patético es cuando anuncia que recurrirá ante los tribunales la sanción de 2.000 euros que su partido le impone por romper la disciplina. ¿Es que, ni siquiera, tiene la «hombría» —como se decía antes— de arrostrar las consecuencias de su acción? ¿Es que pensaba ponerse una medalla sin costo alguno? A mí esto me recuerda la actitud de tantos huelguistas que, tras vacar en su trabajo, se extrañan de que se les descuente lo no trabajado o se quejan de ello. Es como el que piensa en hacer la revolución armada y espera que, de perderla, se le perdone e, incluso, sea tenido por un héroe hasta por quienes ha pretendido liquidar (¿Les suena, por cierto, a ustedes esto a algún episodio reciente de nuestra historia?).
Lo que me parece cobardía y falta de valor en don Juan Medrano —ese quedarse en las filas de los partidos donde se está con falta de sintonía—no es tan infrecuente en la historia. Me acuerdo siempre de Fernando de los Ríos lloriqueando ante Azaña por la deriva revolucionario/golpista del PSOE, y, sin embargo, sintiéndose incapaz a abandonar la organización. O, más recientemente, de los señores Guerra y Bono despotricando contra el estatuto de Cataluña y el rumbo de las restantes reformas estatutarias para, después, llegada la hora, callar y comulgar con votos de molino.
Y es que, al menos, cuando uno sabe que va a tener que adoptar una postura genuflexa o prona, no debería hacerse ver, en los días previos, galleando y estirando cuello y cresta para parecer más alto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)