Dos fracasos y un episodio dialéctico

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU DOS FRACASOS Y UN EPISODIO DIALÉCTICO La evidencia de un fracaso, de un desastre, si lo prefieren: de 115 plazas de cargos directivos de los centros de enseñanza solo se cubren 43. Con el aireado proyecto de Les Escuelines, lo mismo: únicamente 2 de 18. La razón: los enseñantes están quemados. De nada valen incentivos económicos o descuentos lectivos: los docentes están fartucos de aguantar inspectores, padres, alumnos, quejas, papeles, guardias, reuniones inútiles, etc. Algunos cubren esos puestos por razones varias, pero la mayoría huyen. Y si ustedes pasan por delante de un centro de enseñanza verán cómo ante él se apelotonan los que están próximos a jubilarse anticipadamente, para salir corriendo. ¿Alguien moverá un solo dedo para modificar esto? Nadie. Si acaso se tomarán nuevas disposiciones para seguir degradando la enseñanza. Otra evidencia: el episodio de la pieza de futbolín del Ayuntamiento de Peñamellera, para cuya reposición, pagándola un particular, tuvieron que intervenir cuatro personas, elaborarse tres informes y firmarse dos autorizaciones. No es una anécdota chusca: es así como funciona la Administración. Que se lo digan. La locura anticorrupción ha creado un entramado de locos. Consecuencia: múltiples problemas para contrataciones, tardanza en resolver cualquier expediente, aumento de los costos por las dilaciones, incremento de los empleados porque se hincha la burocracia, etc. A costa de nuestros bolsillos y del empleo. ¿Alguien moverá algo? Apuesten. Es obligado hablar del reciente episodio dialéctico de corte marxista. Hagámoslo. Tesis: un miembro del Gobierno emite una babayada con destino a Argentina. Antítesis: el presidente del Gobierno de Argentina eructa varies babayadones en su visita a España, una referida a la cónyuge del Presidente. Síntesis: el Presidente, para quien, como el fraile del refrán, todo es bueno para el convento, ve una oportunidad de negocio (vulgo, «voto») y lo convierte en cuestión de Estado. ¿Y aquello de «Baxaren cuatro alleranos» que concluía «que tan vaina yes tú como yo…»?. N.B. «Marxista»: de los hermanos Marx.

¿Cuántas tiendas se han levantado por Ucrania?

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(Ayer, en La Nueva España) ¿CUÁNTAS TIENDAS SE HAN LEVANTADO POR UCRANIA? Entiendo la impresión que las imágenes de destrucción y las cifras de víctimas y desplazados en Gaza causan. Entiendo, por ello, que se haya producido una reacción propalestina y antiisraelí, y que, como consecuencia -y en pos del ejemplo universitario estadounidense-, se hayan levantado aduares emocionalmente solidarios en algunos campus. Ahora bien, en el este de Europa y desde hace algunos años, tras haberse apoderado de Crimea, Rusia está atacando Ucrania, arrasando sus ciudades, matando civiles, obligando a abandonar sus hogares con algunos enseres a muchos ciudadanos. Y es curioso, pero esta brutalidad continuada y sistemática, ese proceder imperialista, no ha provocado el alzamiento de una sola tienda en protesta por ello, ninguna huelga en solidaridad con los asaltados y desplazados, ninguna petición masiva de retirada de los invasores. Es cierto que, en alguna medida, algunas actitudes se han lenificado. Ya no asistimos a la sistemática acusación a la OTAN y Occidente de haber provocado que don Vladimiro se sintiese provocado y, por tanto, «obligado» a reaccionar. Tampoco menudean los llamamientos a la paz argumentando que el envío de armas a Ucrania para defenderse no contribuye a ella, como menudearon en el argumento los socios de Sánchez, Podemos, IU y Sumar. No, el putinerío se halla ahora más discreto, por lo que habría sido posible que se hubiese producido alguna modificación a favor de las víctimas de Rusia, pero nada de eso ha pasado. ¿Por qué? Porque existe un tan notable como inmutable estrabismo político en el ámbito de la mayoría de izquierdas: en contra de Occidente, a favor de lo que no sea Occidente. Y, seguramente, detrás de ello vela la pasión autoritaria que siempre manifestó su simpatía por los regímenes dictatoriales, perdón, comunistas o del socialismo real, como prefieran llamarlos. Alejémonos un poco antes de volver a la cuestión de la emoción y la política sobre el conflicto. Volemos al Reino Unido: “Solo uno de cada cuatro musulmanes británicos cree que Hamás cometió asesinatos y violaciones en el ataque a Israel. Los sectores más extremistas se encuentran en las franjas más jóvenes, con estudios, y entre los nacidos en Reino Unido”. Es evidente, volviendo ya a nuestras tierras y a nuestros campus, que la opinión pública no “se mueve” nunca, sino que “es movida”. Ahora bien, es también cierto que, previamente, existen ciertas siembras instaladas que solo esperan el agua para crecer, esto es, para moverse en la dirección hacia la que se los incita. Ello permite excitar el movimiento con pocos matices o, incluso, ocultando algunos elementos fundamentales. Uno, por ejemplo, el origen del momento presente del conflicto y los contendientes. Se puede estimar, como lo estiman tantos dirigentes europeos y mundiales, no solo los ciudadanos de a pie, que Israel se excede en su derecho a réplica o de defensa con respecto al ataque inicial de Hamás. Ahora bien, se pasa por alto que quien comete los crímenes (1.200 asesinatos, 240 rehenes) el 7 de octubre del año pasado no es Hamás como organización terrorista, sino un Hamás que es el Gobierno de Gaza, Gobierno que se han dado a sí los palestinos. ¿Cómo se combate, pues, a un grupo armado que es, a la vez, la organización estatal? No es fácil la respuesta. Al respecto del futuro de la zona, del cese con los menores daños posibles para la población, el establecimiento, tan deseable, de la paz -cuestiones que vienen siendo irresolubles desde 1949-, muchos propugnan que la única solución pasa por la convivencia de Palestina e Israel como dos estados. En este momento, 143 estados de las Naciones Unidas han reconocido a Palestina. El hacerlo, y aun su establecimiento efectivo, oculta algunos problemas de bastante entidad. Solo uno: ¿cómo podrían convivir dos estados cuando en uno de ellos el régimen podría tener como objetivo programático la destrucción del otro? Pues áteme usted esa mosca por el rabo. En los últimos meses, Pedro Sánchez ha decidido dar un paso adelante, y, sin que la Unión Europea y sus instituciones lo acompañen, sin tener tampoco el acuerdo unánime -y sin buscarlo- en España, reconocer, poco menos que por sí y ante sí, tras una intensa campaña por el exterior, a Palestina. No malicien ustedes que se trata de una medida con un fuerte componente electoral, que busca aprovechar la emocionalidad propalestina, tan fluente en el ámbito de la izquierda y especialmente en el de sus competidores de IU y Podemos. ¡Honni soit qui mal y pense! El anuncio del próximo reconocimiento se hace el día 22 de mayo en una comparecencia en el Congreso de los Diputados, y la campaña para las elecciones europeas comienza el 23. Pero nada tiene que ver un asunto con el otro. Lo vienen pregonando los medios afines a la Moncloa: «Se hace antes para que nadie piense que tiene que ver una cosa con otra». ¡Cuánta exquisitez, cuánta delicadeza! ¡No me digan que no!

Reconocimientos y homenaxes

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(Ayer, en La Nueva España) RECONOCIMIENTOS Y HOMENAXES Diome una gayola grande esti titular de LA NUEVA ESPAÑA: “Pablo Ardisana se convierte en patrimonio de Asturias. El Muséu del Pueblu acoge el archivo del poeta, voz imprescindible de les lletres asturianes”. Pablo Ardisana ye una voz mui notable. Publicárense d’él Azul mirar d’amor, Una luz inesperada y Armonía d’Anxélica sirena. Queden agora papeles suyos por ver, revisar y publicar, y espero qu’un día, y non tarde, seya posible facelo, como espera l’hermanu sobreviviente de los tres Ardisana, José María. Esa entrega de testimonios produzse, además, nunes feches simbóliques, na rodiada del cincuentenariu de la salida a la llume de la sección periodística Conceyu Bable, que camudó dempués n’organización cultural y en movimientu social. Como se reconoció dende munchos ámbitos, ye abondo lo que la sociedá-y debe a Conceyu Bable, nun solo la modernización y socialización del asturianu, sinón la reivindicación de la nuestra identidá cultural y política. Conceyu fue guañu, formientu y afalamientu; y, masque non directamente enxertu na asociación, Pablo fue pieza fundamental del “milagru” cultural y lliterariu que llamamos el Surdimientu. Curiosamente, coincide que nestes feches exhíbese en Xixón una colección de pieces de vidriu y cerámica que salieren de les fábriques de La Industria y La Asturiana, iniciatives empresariales de Mariano Pola, persona clave na historia industrial de Xixón, de la muerte del cualu cúmplense 140 años. A él, como a otros munchos, débese-y el reconocimientu vivu de la so memoria, más allá del nome d’una calle. Y volviendo a Conceyu Bable y al Surdimientu: pa entender el so papel de biltu y formientu d’una sociedá tan poco amante de sí mesma como l’asturiana, tan despreciatible de lo suyo, recomiéndo-yos la llectura del llibru de Carlos Gordon ¡Esperemos! Así nos lo mandan, los debates sobre’l non-Estatutu d’Autonomía na segunda República: salvo contaes escepciones, les nuestres élites, a servir a Madrid, a correr pa Madrid y a despreciar lo nuestro.

Conciertu de Carlos Rubiera (1976)

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Conciertu de Carlos Rubiera. Salón d'actos de la Caxa Aforros. Xixón, 1976?

Vivienda: de la inacción a legislar al revés

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(Ayer, en La Nueva España) VIVIENDA: DE LA INACCIÓN A LEGISLAR AL REVÉS La escasez de vivienda y la carestía de los alquileres no es un problema reciente. En el libro Asturias, el declive de una región industrial, de 1996, coordinado por Holm-Detlev Köler, al hablar de Les Cuenques, señalaba que la dependencia juvenil se prolongaba con frecuencia más allá de los treinta años, y añadía: “Esta situación se intensifica adicionalmente por el estado del mercado de la vivienda, cuya escasa oferta, para personas con bajos ingresos, de vivienda en régimen de alquiler obliga, de facto, a optar por el régimen de propiedad. Esa situación supone una carga de nuevos problemas para las familias”. La dotación en oferta de la vivienda, desde la de promoción pública a la particular, en venta o en alquiler, se ha hecho muy insuficiente, lo que ha encarecido el mercado. Por múltiples razones, la construcción de vivienda nueva ha ido ralentizándose: retrasos en los planes de urbanismo, plazos imposibles para las licencias, exigencias extremas de urbanización o dotaciones, etc. El sector público, simplemente, ha hecho muy poco en la materia. Ahora bien, ante el problema de escasez y la consecuente subida de precios, la legislación ha hecho todo lo posible por retirar vivienda en alquiler del mercado y encarecer los precios. Repitámoslo: ha hecho todo lo posible para ello. En primer lugar, ha atemorizado a los propietarios con las leyes proocupación. La teórica defensa de los casos de necesidad que estas pretenden guardar ha convertido a los propietarios en víctimas de una expropiación “a jornal de su pena y su cuidado”. Se podría decir que los gobiernos se ponen medallas y protegen a algunos a costa del sufrimiento y las pérdidas de los demás. Algunos alegarán que el número de ocupaciones no es excesivo, unas 16.000 denuncias anuales. En todo caso, quien padece una ha de pasar un auténtico calvario hasta volver a poseer su propiedad, con años de juicios y gastos, pagando los consumos de los ocupantes de su casa y encontrándose, al final, con frecuencia con su casa destrozada y vaciada. En muchas ocasiones, los ocupantes no son personas o familias necesitadas, sino mafias que negocian después el desalojo. Otras veces, en eso que se llama inquiocupación, son simplemente caraduras que se aprovechan de la ley. Naturalmente, todo ello provoca recelos y miedo y que, por precaución, se retiren viviendas del mercado. En otros casos, lo que hacen los propietarios es exigir fianzas altas y, sobre todo, avales, de los que no todo el mundo dispone. Y últimamente la tendencia es al alquiler vacacional, que en principio, por la escasa temporalidad de quien alquila, entraña menos riesgos para el propietario, pero la modalidad comienza a causar problemas zonales y para los vecinos. No hace falta decir que esa escasez de oferta y las duras condiciones de alquiler representan una notable subida de los precios y una dificultad enorme, por tanto, para acceder a la vivienda. Del mismo modo, la limitación de las subidas de alquileres en las llamadas “zonas tensionadas” no parece haber traído beneficio alguno, si no es que ha traído más restricciones. La disposición de las administraciones para construir vivienda en alquiler o facilitar la construcción de viviendas en venta resultará clave para mejorar relativamente la situación. Y aquí, como siempre, nos encontramos con promesas que nunca se llevan a cabo, con retrasos o con cambios de criterio. No hace falta que yo les haga una lista de promesas de construcción no cumplidas en sus concejos, las conocen ustedes de sobra. De todas maneras, parece que hay distintas voluntades para afrontar el problema. Así, por ejemplo, el nuevo Gobierno gallego se ha comprometido a alcanzar la cifra de 8.000 viviendas al terminar la recién empezada legislatura; el Gobiernu presume de que va a licitar 595 viviendas; en la legislatura anterior solo se adjudicaron cinco. Ya sabemos que Asturies no es Galicia, pero, de cualquier manera, como dice el refrán: “Mucho va de Pedro a Pedro”. De todas formas, hay cosas que se podrían hacer con cambios legislativos en el uso de locales. Por ejemplo, en Madrid preparan una ley para convertir edificios de oficinas en viviendas asequibles. Los bajos comerciales son un campo donde cabría una actuación decidida y rápida. El modelo de edificación de los años sesenta y siguientes, que reservaba los bajos para comercios y el resto para vivienda, ya no funciona: los pequeños comercios se reducen a pasos agigantados y la tendencia va a más. Naturalmente, no todos los bajos sirven a ese objetivo, pero mucho puede hacerse. El caso es contemplar la realidad, superar prejuicios y legislar con prontitud. Pero, ante todo, deben eliminarse aquellas causas que incitan a retraerse a los propietarios que temen alquilar, que prefieren tener un bien ocioso a perder dinero y tiempo y ganar disgustos. Claro que, para la mayoría de nuestros gobernantes, “más vale morir según las reglas de la medicina” que vivir contra ellas, y es un imposible que den marcha atrás en aquella legislación en que cometen errores, como ocurre en otros ámbitos. Porque, además, los ampara el pensamiento huero y metafísico que culpabiliza a no se sabe muy bien qué o quién de los problemas, y que evita cualquier responsabilidad individual. He aquí las palabras de Margarita Guerrero, Directora general del Instituto de la Juventud de España: "Que una persona no se pueda emancipar hasta los 30 años no es problema de los jóvenes, sino social, y la Administración debe dar respuesta". Como una cábala o el oráculo de Delfos. ¿Y esa frase, aparte de la demagogia, qué significa? ¿Cuáles son las respuestas? ¿Las que vienen dando para empeorar el problema?

La cooficialidad y la Asturias que puede ser

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Ún de los testos más importantes de los caberos tiempos a favor de la oficialidá del asturianu. Razón: la persona y el trabayu del autor, qu'opina dende fuera de los grupos habituales favoratibles o a la escontra, con argumentos reposaos y ensin dexar de ver les cuestiones difíciles: La cooficialidad y la Asturias que puede ser Proteger el asturiano y el eo-naviego para combatir la inseguridad de la región para encarar su futuro Eduardo Fernández Luiña es politólogo, decano de la Escuela de Posgrado de la Universidad de las Hespérides, profesor en la Universidad Francisco Marroquín y coordinador de Formación y Relaciones Internacionales del Instituto Juan de Mariana Cuesta escribir algo que se lleva dentro muchos años, pero que pocos conocen. Existe un miedo interior que lo invade todo y que coloca a la persona que lo siente en una situación compleja, en un callejón sin salida. Esa sensación recorre mi espíritu y ánimo desde hace años, pues es mucho el tiempo que he defendido en la sombra, casi en silencio, la cooficialidad de la lengua asturiana, mi lengua materna. Las razones son muchas, pocas las personas que las conocen. Y es que al hablar de la cooficialidad de una lengua, la identidad emerge y con ella las pasiones, los sentimientos y a veces la irracionalidad. Intentando deshacer el entuerto, escribo estas líneas con objeto de meditar sobre el valor de proteger nuestra(s) lengua(s). Decía Bernardo Atxaga que una lengua no es más que una poética. La lengua muestra de alguna manera qué somos. En palabras del escritor vasco, la lengua forma parte de «nuestra instalación en el mundo». El asturiano en sus distintas variantes (asturianu y eo-naviego) conforma un patrimonio cultural de gran valía para todos los que nacimos aquí. También, para las generaciones que vienen y aquellas personas que no siendo astures de nacimiento sienten la tierrina como propia. Sería triste como pueblo, que nuestra forma de ver el mundo, nuestra poética, se diluyese en la historia y desapareciese. Y esto, la pérdida de nuestro patrimonio lingüístico es ya una realidad. Creo que nadie puede atreverse a negar que la lengua asturiana se encuentra en peligro de extinción. Solo tenemos que salir a la calle para verlo, abrir la ventana, como decía Seymour Martin Lipset. La cooficialidad sería una herramienta de conservación que ayudaría a proteger eso que ha existido durante siglos y que ha contribuido a dar forma a nuestra identidad. Y es ahí donde brota la segunda de las razones. Asturias siempre ha sido para mí (que soy emigrante) un sueño en proceso, una realidad que puede ser y que desafortunadamente, no es. Anhelo una Asturias orgullosa de sí misma (sin charranerías) y sin miedo a la hora de afrontar el futuro. Una tierra que lo tiene todo para triunfar, parece condenada al estancamiento y a la decadencia próspera, en palabras de Ross Douthat. Muchas veces los astures somos sin ser, pues son innumerables las situaciones en las cuáles se observa el complejo, la vergüenza de utilizar las palabras que nuestros ancestros nos han legado a lo largo de la historia. Eso, que puede parecer una tontería, influye en nuestro carácter y en nuestra inseguridad a la hora enfrentar lo que viene. La cooficialidad acomodaría muchos de nuestros miedos identitarios, eliminando una diglosia que por décadas ha marcado a los que nacimos n’Asturies. Hay que orientar el orgullo por el sendero correcto y la cooficialidad puede contribuir a ello. La tercera razón es jurídica. La complejidad legal que lo inunda todo hace daño a quienes no disfrutan de igualdad de derechos a la hora de utilizar oficialmente una lengua que es suya. Han sido muchos quienes a lo largo del tiempo han mostrado un compromiso con Asturias y el asturiano. Jovellanos y su hermana, Xosefa, el gran Acebal o el padre Galo. Todos querían salvaguardar la lengua para garantizar la igualdad entre aquellos que somos iguales y proteger la dignidad que como pueblo tenemos. No es algo menor defender la igualdad jurídica de aquellos que son conciudadanos y paisanos. En los últimos tiempos, organizaciones como Conceyu Bable, Iniciativa pol Asturianu, intelectuales como Xuan Xosé Sánchez Vicente y Xosé Lluis García Arias, escritores como Xuan Bello, la Academia de la Llingua, los dos últimos rectores de la Universidad de Oviedo, comunicadores como Inaciu Galán, empresarios como Inaciu Iglesias y Felechosa, y con ellos miles de ciudadanos, han dejado tiempo, dinero y mucho esfuerzo por hacer posible la cooficialidad de nuestras lenguas. ¿Tiene problemas la medida? Por supuesto que sí. A la hora de realizar una intervención de estas características surgen un sinfín de incentivos potencialmente perversos, como en toda política pública. Y esto, la cuestión de los incentivos, puede representar una dificultad a la hora de diseñar una actuación que sirva para resolver los retos (históricos, identitarios y jurídicos) presentados líneas atrás. Afrontar la oficialidad del asturiano implica pensar adecuadamente en los procesos, teniendo siempre presente uno de los principios esenciales de toda democracia liberal: La igualdad ante la Ley. Igualdad ante la Ley diseñando procesos adecuados y garantizando 2 que todos tengan acceso a este recurso cultural. El hecho de ser conscientes de la existencia de “buscadores de renta” puede ayudarnos a diseñar procesos/instituciones de mejor calidad que reduzcan el margen de actuación de aquellos que busquen beneficiarse económicamente a costa de la promoción y defensa de la lengua asturiana. Dicho esto, debemos ser conscientes de quiénes han sido las víctimas a lo largo de la historia. Y estas, es más que evidente, han sido los asturfalantes. El hecho de querer hablar asturiano no debe ser entendido como una ofensa. Nada más lejos de la realidad. Por ello, los miembros de la Administración Pública deberían ser conscientes de que el asturiano forma parte de la vida de esta tierra y de que las personas que así lo deseen, tienen derecho a utilizar su lengua materna en cualquier procedimiento y proceso de carácter público. La lengua no debe ser un hecho fragmentador, ni mucho menos polarizante. Pero todos, hablantes y no hablantes del asturiano, tenemos una porción de responsabilidad individual para evitar que esto ocurra. Se trata de ser más civilizados y respetuosos, sobre todo con los asturfalantes, que han sido siempre los marginados y las víctimas. Han sido ellos los que nunca han podido utilizar de manera formal su poética, su forma de ver el mundo. Se trata de aplicar el sentido común y acatar la Constitución, de moderar las posiciones y ser respetuosos con el otro, siendo conscientes de que la identidad asturiana, que es maravillosa, es plural y por tanto compleja. De ser así, podemos iniciar un proceso que resuelva los problemas lingüísticos (conservación), identitarios y jurídicos que afectan a nuestra tierra. El castellano, el asturiano y el eonaviego pueden -y deben- convivir en armonía. Superar este problema, abriría un gran número de oportunidades y pondría la primera piedra en la reconstrucción de lo nuestro. Los pueblos no pueden avanzar si no creen en algo. Afortunadamente, son muchos los asturianos que creen en su identidad lingüística y cultural y en lo que nuestra pequeña-gran patria puede ser capaz de realizar. Honestamente, solo la cooficialidad puede rescatar al asturiano y al eonaviego. Se trata de una obligación moral, de un compromiso con las generaciones futuras. Y todo con un único objetivo: Que Asturias siga siendo lo que es, consciente del valor de su identidad. Una tierra con identidad múltiple. Una sociedad acogedora y abierta, capaz de convertirse en un potencia cultural y económica si finalmente cree en sí misma.

Perreríes, disparates

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU PERRERÍES, DISPARATES Anochecer, mayo, jueves 2. Un mastín se abalanza sobre un niño de cinco años que está sentado en las escaleras de su casa, lo muerde, lo arrastra, y, con dificultad, los padres logran arrancarlo de sus fauces. Consecuencias: dos días en el HUCA, 48 puntos, heridas en la cara y en la encía; más, supongo, el terror que el niño pasó y albergará durante mucho tiempo. El mastín, por lo visto, anda frecuentemente suelto, suele atacar a la gente y sus propietarios son de relación difícil, según el padre de la víctima. Por solo citar otro acontecimiento reciente. Asturies, Xixón, dos perros de raza peligrosa, sueltos y en la vía pública, atacan a una corredora. Esos mismos canes había atacado días antes a tres personas, a las que causaron diversas heridas. Pese a ello, seguían sueltos. Los sucesos podrían multiplicarse. Lo común en estos casos es que personas de reducida civilidad tengan una cierta inclinación a perros agresivos y, al mismo tiempo, desprecien las normas legales de custodia y sujeción. Al margen de esa particular estructura anímica y vivencial individual, opera una moda que viene a dar una cierta cobertura: esa especie de sacralidad que una gran parte de la sociedad ha atribuido a los animales y, en particular, a los perros, sacralidad que viene a servirles de justificación para dar “libertad” a sus animales. La “Ley trans” proporciona todos los días un escándalo: gente que se declara mujer para tener distinto trato en prisión o en los procedimientos judiciales, guardiaciviles que cambian de sexo para tener ventajas en el servicio o en el escalafón, deportistas transmutados que ganan competiciones, etc. Y, como siempre, la bocayada política: Gimena Llamedo, Vicepresidenta del Gobiernu: “No estamos dispuestos a que cualquier recoveco de la Ley dé beneficios”. No, señora, la Ley no tiene recovecos, la Ley es bazofia legislativa, como la “Ley Sisí” y otros disparates suyos. Corríjanla.

¿Cómo estás, Olaya? "Como estoy, estaba"

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(Ayer,en La Nueva España) ¿CÓMO ESTÁS OLAYA? “COMO ESTOY, ESTABA” Lo primero que conviene decir sobre estas elecciones es lo que ya se sabía antes de haber comenzado el proceso electoral: ni la eliminación del delito de sedición, ni la rebaja de las penas por malversación, ni el proyecto de amnistía, todo ello, en realidad un escandaloso proceso político y legislativo, han servido para dulcificar o “pacificar” el conflicto, como predicaban -y aún parecen sostener, contra toda evidencia, militantes y acólitos del PSOE- don Pedro y los suyos. ERC, Junts y otros grupos independentistas siguen teniendo como objetivo explícito y pregonado la independencia de Cataluña, mediante un referéndum, pactado o no, pero, en todo caso, al margen de la Constitución, por su concepto, ejecución y ámbito de decisión y, transitoriamente, con el trasvase de fondos del Estado central y un sistema recaudatorio que aumente sus privilegios y disminuya los recursos del resto de los españoles. Que lo consiga del PSOE y de Sánchez no es difícil. En realidad, el camino hacia ese destino lo viene recorriendo el PSOE desde 2003, con el auxilio y el entusiasmo de los socialistas de toda la Península -ya ven la comprensión del Gobiernu asturianu hacia una Agencia Tributaria única en manos del Gobierno catalán-, y puntos de apoyo ya se han puesto en el último Estatut, no digamos en el pulido por el Constitucional en su día. Eso es lo fundamental, y sobre esas bases se desarrollarán las negociaciones a partir de los resultados definitivos que emerjan de las urnas, sin dejar de tener en cuenta que don Pedro-PSOE necesita los votos de los partidos independentistas en Madrid para seguir en La Moncloa, entreteniéndose y entreteniéndonos de vez en cuando en comedias como las deshojar la margarita. Antes, un dato y una anécdota. El dato, la participación es cuatro puntos más alta; con todo, la abstención es notable, un 43%. La anécdota, el robo de cable en los trenes de cercanías, así como los incendios posteriores, que han animado a los independentistas a proclamar una conspiración judeo-masónica y a echar la culpa de ello al discretísimo ministro de infraestructuras y desvelador de consumidores de sustancias, el señor Puente. Vistos los casi definitivos resultados electorales (más del 80% escrutado) y teniendo en cuenta que la mayoría absoluta son 68 escaños, la pregunta es quiénes se aliarán para conseguir una mayoría que supere los votos de otro hipotético candidato rival. Las preguntas siguen siendo las mismas que antes de conocerse los resultados. ¿ERC pondrá el Gobierno en manos de Puigdemont, formando así una mayoría independentista poco paciente, pero sometiéndose a su enconado rival, Junts, y corriendo el riesgo de menguar en beneficio de ello? ¿Correrá por el contrario, el riesgo de sostener a Illa, perdiendo de ese modo atractivo futuro para el voto nacionalista-independentista, mas aún del que ha perdido? ¿Habrá un tripartito del PSC, ERC y los Comunes? ¿Sacrificará al PSC e Illa el señor Sánchez, en favor de sus intereses y lo vestirá con un discurso de “pacificación” y convivencia? ¿O no se conseguirá un gobierno factible y tendremos nuevas elecciones? Como quiera que sea, la apuesta de Pedro Sánchez ha tenido un escaso éxito: ni ha “pacificado” la situación ni ha conseguido para el PSC un resultado tan extraordinario que hiciese difícil no aproximarlo a la presidencia de forma indubitable. Y finalmente, algo que puede hacer definirse los estados de opinión y las alianzas. ¿Se atreverá Puigdemont a cruzar la frontera, sin amnistía y corriendo el riesgo de ser detenido, pero con la garantía del escándalo y la presión sobre Esquerra y las demás formaciones independentistas? Hagan apuestas.

LA LLAMADA DE BARBÓN: TÁCTICA Y PROBLEMAS DE FONDO

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(Ayer, en La Nueva España) LA LLAMADA DE BARBÓN: TÁCTICA Y PROBLEMAS DE FONDO El último día de la 45.ª Selmana les Lletres, en el solemne acto de l’Academia, el presidente de la entidad incitó a los partidos políticos a reunirse para acordar la cooficialidad de la lengua asturiana. Respondiendo a esa incitación, don Adrián Barbón ha convocado a todos los partidos (menos a Vox) para tratar de llegar a un acuerdo al respecto. Para proclamar la cooficialidad hay que sumar 27 voluntades, y no las hay ni las va a haber en esta legislatura: únicamente dicen a favor PSOE, IU y la exmilitante de Podemos Covadonga Tomé. Se trata, pues, la convocatoria, de un movimiento táctico que persigue que el Partido Socialista destaque como abanderado de la oficialidad y, al tiempo, poner en un aprieto a Foro, que no tiene una disponibilidad evidente y que es competencia principal del PSOE en Xixón, plaza donde tienen los moriyonistas su principal cesta de votos. En la anterior legislatura, al plantearse la cuestión, el voto del diputado forista estaba dispuesto a sumarse a la decisión de la oficialidad a cambio de ciertas modificaciones legislativas en materia impositiva. Ni PSOE, ni Podemos, ni IU quisieron salirse de su camino (o bajarse de la burra) para llegar a un acuerdo. Ahora ya han enunciado que la reunión es exclusivamente para hablar de la cooficialidad, sin ninguna contrapartida, lo que quiere decir que pretenden dificultar al máximo el acuerdo con Foro. El otro objetivo evidente de la convocatoria es acharar al PP, demostrar que no está a favor de la oficialidad, logro que entusiasmará a quienes no votan a los populares, pero que es difícil que les reste un solo sufragio; es más, le vendrá bien en relación con Vox. La oficialidad, como bien saben en países con otras lenguas en conflicto, no es el bálsamo de Fierabrás. Sirve, efectivamente, como una ayuda, pero los problemas del asturiano son muy complejos. En primer lugar, la hostilidad o falta de afecto que un grupo grande de ciudadanos siente hacia nuestra lengua, incluso, aún hoy, en algunos, la vergüenza de usarlo. Ello se traduce en la limitada presencia pública del idioma, en su progresivo encogimiento, en la dificultad de su transmisión a las nuevas generaciones: ese es su verdadero problema, el que amenaza su sostenimiento y futuro. Añádase a ello que existe una enorme ignorancia sobre lo que es, en realidad, nuestra lengua, lo que es y fue nuestra literatura y lo que ha de ser una lengua que se utilice en la vida social. Esa ignorancia es, a veces, simple desconocimiento, teñido, eso sí, de “sabiduría de chigre”; en otras ocasiones responde a bulos malintencionados. (Por cierto, verán ustedes que quienes critican la lengua normalizada o se declaran amantes de “los bables” o de la variante dialectal de su pueblo, jamás, jamás, hablan en asturiano, ni en el tráfico social habitual, ni siquiera para realizar esa afirmación: lo que evidencia que ese proclamado amor no es más que un pretexto para estar contra el uso social del asturiano). Son esas cuestiones las que se deben abordar, en cualquier circunstancia y primordialmente, ellas son el verdadero núcleo donde se van a decidir el presente y el futuro de nuestra lengua. La cooficialidad no es más que uno de los instrumentos para ello. Y, por otro lado, los partidos son solo una parte de la ecuación, detrás están sus afiliados y simpatizantes, y, más allá, el conjunto de la sociedad. En lo relativo al cariño, al respeto, a la voluntad de normalización del asturiano, ninguno de los actuales partidos parlamentarios puede presumir mucho. IU no apostó por la oficialidad hasta 1996 y, ante la reforma de 1999, enredó todo lo posible para que no hubiese cooficialidad; el PSOE fue siempre enemigo de ella e hizo, incluso, lo posible porque no existiese la actual Ley de Uso y Promoción. La postura del PP fue, sobre oponerse habitualmente, enteramente extravagante (circense, tal vez mejor): en la reforma de 1999, tras negarse aquí rotundamente a ello, llegó en Madrid a proponer la oficialidad pensando que así atacaba a Marqués. Después no solo dio un paso atrás, sino que engafentó su postura, llegando, incluso, alguno de sus dirigentes a negarse a asistir a actos de mera cortesía social por temor al qué dirán. En los últimos tiempos, el PP popular viene rectificando su postura con respecto a la lengua asturiana, está en contra de la oficialidad, pero ya no en contra de la lengua por sistema. El señor Queipo ha hecho gestos en ese sentido, tanto en declaraciones como en actos. Ahora bien, como hemos dicho arriba, los partidos no son los militantes y los más directamente enfotaos: representan también a un sector de la sociedad que los arrastra y al que arrastran, en un intercambio mutuo. ¿Cuántos, por cierto, de los seguidores y militantes del PSOE, por ejemplo, después que “camudó”, como dice Barbón, su postura, no seguirán ahora en pos de la oficialidad arrastrando los pies? Lo importante, pues, de la mudanza actual del PP no es lo que digan sus cuadros, sino lo que pueda mover entre sus militantes y votantes para que vean el asturiano de una forma más amable. Al comenzar la legislatura el Gobiernu anunció su intención de explorar la Ley de Uso y Promoción para ver de sacarle el máximo provecho o, acaso, modificarla para mejor (yo diría que, en primer lugar, para cumplirla). La verdad es que en los cuatro años anteriores, el Legislativo, como acaba de señalar el señor Pumares, no ha hecho nada para ello, en la misma línea que muchos gobiernos anteriores, que la han cumplido a medias, malinterpretado u obstaculizado. Y la verdad también es que, en las últimas semanas, el Gobiernu ha publicado unas Instrucciones relativas a los criterios lingüísticos a emplear en el ámbito de la Administración del Principado de Asturias y su sector público, un desarrollo de la Ley, que tienen cierto interés. Por tanto, ¿no sería mejor una convocatoria para tratar de realizar ese propósito, el de cumplir, ampliar y mejorar la Ley, que es lo que es posible en estos tres años que quedan de legislatura, y no el imposible de la cooficialidad? ¿No es, acaso, verosímil que en ese esfuerzo pudiese contarse con el PP, no tanto por sumar a la tarea a ese partido, que también, cuanto por acercar a muchos de sus votantes a otra visión de la llingua asturiana? ¿O, aunque solo fuese, en última instancia, para dejar patente que ni siquiera en el ámbito de la “no obligatoriedad”, donde dicen que se sitúan, son capaces de hacer nada de aquello que pregonan sobre su postura favorable a nuestra lengua? Pero me temo que algunos prefieren los voladores a los logros reales, el enfrentamiento a las soluciones, el “todo o nada”, sabiendo que el resultado es el “nada”, a avanzar por el camino de lo posible y positivo. No solo los partidos, también muchos de los ciudadanos que dicen tener como objetivo prioritario la normalización y supervivencia de la lengua. Coda: Está para la imprenta un libro, L’emprunu camín hacia la oficialidá, donde cuento con todo detalle las posturas, acusaciones, insultos y zancadillas que propinaron partidos, instituciones y paticulares a la marcha hacia la normalización del asturianu, desde el artículo 4º del Estatuto a la Ley de Uso, y las reacciones posteriores. Tendrán ocasión de plasmar y reírse. Tal vez de cabrearse. En todo caso, de saber con quién se juegan los cuartos, esto es, los hechos.

La primer bandera d'Asturies en Cangues d'Onís

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Nun solo "inventamos" la bandera d'Asturies, emburriamos pa ponela. A les siete la tarde de septiembre de 2016 paseaba yo p'El Llano, en Xixón, y averóseme un paisanu que se me presentó. Llamábase Fernando y recordóme que m'ayudó a poner nes verxes del Ayuntamientu de Cangues la bandera d'Asturies que yo llevaba en coche, y que sacara pa colgala ellí, porque nin nel actu solemne de constitución del Consejo Regional de Asturies (10/11/1978) nin en toa Cangues había una sola bandera d'Asturies, lo que m'enllenó de vergoña. Semeyes del actu, la colgadura y la bandera. (Xuraría que la media cara qu'asoma na tercer semeya, a la derecha, ye la del periodista Rubén Norniella González).