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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU UNA VOZ PATRIÓTICA ASTURIANA EN LA EMIGRACIÓN Montevideo. 1885. La Gralla, periódico catalanista escrito en catalán. El 14 de junio, reseña un artículo del 31 de mayo de otra publicación montevideana, La Voz Asturiana. Esta, que pretende “ser eco fiel de las históricas tradiciones y noticias de nuestra provincia natal”, al saludar la aparición de La Gralla declaró: “No somos cantonalistas; pero sí regionalistas dentro de la unidad nacional. Rechazamos el centralismo, que es la ruina de los pueblos”. El artículo reseñado está escrito por Rafael (Fernández) Calzada, un naviego emigrado, de vida exitosa en Argentina. Rafael Calzada se ha educado en la visión federalista de Pi Margall, que ya su padre profesaba. La Gralla afirma que el programa de Calzada es idéntico al del catalanismo del periódico, y que si ellos se hubiesen atrevido a decir lo mismo hubiesen sido tildados de separatistas. Y glosa las razones que el naviego aduce a la pregunta de por qué se muere por la patria, cuya enumeración cierra éste: “formando así lo que se llama la nacionalidad, cuyo honor y grandeza es la eterna preocupación de todos y cada uno de los que la constituyen” Y tras ese resumen concluye: “Hoy se advierte un gran movimiento regional en todas las provincias del norte de España, y los hijos de aquellas mismas provincias que viven aquí no deben pasar por alto tan patriótico movimiento, pues va encaminado a reconquistar lo que nos ha robado la absorbente metrópoli: la fisonomía provincial”. Sumamente llamativo: el fondo identitario asturiano reforzado por el federalismo pimargaliano sirviendo de modelo al catalanismo en la emigración americana. En todo caso, no deben olvidarse dos cosas: la potente presencia del federalismo en Asturies durante los últimos años del XIX, y el que Asturies era una de las naciones que formaban parte del proyecto de Constitución Federal de 1873. ¿Qué dirán los centralistas que piensan que eso de la nacionalidad asturiana es un invento?

Don Javier y don Pere, de Comedia (o la eterna comedia del PSOE)

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Es este un articulo del 21/06/13. Se refiere a la concreta actuación por esas fechas de una vieja comedia que lleva representando el PSOE desde agosto de 2003, a raíz del Manifiesto de Santillana: la del "federalismo asimétrico". Verán cómo, a día de hoy, sigue siendo la misma. 
(Por cierto, y para los señardosos: ¿Alguién se acuerda hoy de quién diablos es ese Pere (Navarro) del artículo? Pues hace poco más de un año pitaba muchísimo. ¡O tempora...!, o sea, ¿Ubi sunt...?


                 JAVIER Y PERE, DE COMEDIA

                Esta semana pasada. Han andado de comedia. Exactamente de «ñaque», aquella forma de representación que Rojas Villandrando definía así en su El viaje entretenido: «Ñaque es dos hombres; éstos hacen un entremés, algún poco de un auto, dicen unas octavas, dos o tres loas, llevan una barba de zamarro, tocan el tamborino. Y cobran a ochavo y en esotros reinos a dinerillo; viven contentos, duermen vestidos, caminan desnudos, comen hambrientos y espúlganse el verano entre los trigos y en el invierno no sienten con el frío los piojos».
                La obra representada es, por otra parte, antigua, muy antigua. Se trata del mismo texto que con el título de «Manifiesto de Santillana» suscribieron los próceres del PSOE el 30 de agosto de 2003. Menos de un mes más tarde, a mediados de septiembre, decía yo con respecto al texto y al acto:
«Constituye, básicamente, un conjunto de vacuidades a las que se suman algunas propuestas un poco más concretas pero no muy precisas, como las de la reforma del Senado, la conferencia de Presidentes o la de una cierta presencia de las autonomías en la toma de decisiones de la Unión. Podríamos pensar que la declaración constituye un puro acto propagandístico o tener por bueno lo que susurran muchos socialistas: que una vez pasadas las elecciones catalanas, y cumplido el trámite de prestar al candidato Maragall un soporte de credibilidad autonomista / catalanista, todo quedará en agua de borrajas. No lo hagamos: creámoslos, tomémoslos en serio».
«Es sabido que, desde el primer momento de la constitución del estado de las autonomías, vascos y catalanes no se encuentran cómodos en su encaje constitucional. Una parte porque no quieren estar en España, otra porque no acepta que los niveles de autonomía tengan una cierta homogeneidad en las diecisiete comunidades. De esa manera, vascos y catalanes han hecho, desde 1982, diversas propuestas de modificación del statu quo. La del PSC de Maragall se conceptúa como «federalismo asimétrico» y busca, en sustancia, una Cataluña menos integrada en España y que transfiera menos riqueza al resto de comunidades. La propuesta no solo responde a la concepción que el candidato socialista catalán tenga de su país o del Estado, sino que se constituye como un elemento básico para tratar de captar votantes de CiU en las elecciones autonómicas».
Pues bien, desde esa fecha las dos variables, la del federalismo asimétrico y la de la financiación insolidaria para Cataluña, han venido siendo impulsadas, aplaudidas y votadas por todo el PSOE, sin excepción, incluidos el califa don Vicente, y el califa en lugar del califa, don Javier. Las declaraciones de ambos y los apoyos explícitos al Estatut y a los privilegios de Cataluña —incluidas fotos en la Generalitat— están a disposición de quien quiera verlas. Es cierto que, cuando se les ha preguntado en su tierra, ambos gestores del gobierno asturiano para el PSOE se han mostrado incómodos y han boriado algunas respuestas que pretendían sugerir una cierta incomodidad o desacuerdo. Pero después, en la práctica, han apoyado todas las decisiones políticas y textos jurídicos que han avanzado por esas dos líneas, federalismo asimétrico y financiación privilegiada para Cataluña.
Por cierto, y ya que todo el PSOE, desde el señor Rubalcaba hasta sus palafreneros de la FSA, llevan más de una década hablando de federalismo, ¿podrían decirnos de qué federalismo hablan, porque hay tantos en el mundo como estados complejos existen? ¿Serían capaces de explicarnos en qué aspectos concretos no es hoy España un estado federal? ¿Se trataría de un estado federal a cuatro o también contaríamos los asturianos? Y, ya por molestar, una cuestión nada baladí: ¿hablamos de un federalismo de big-bang o de big-crunch?, ¿para garantizar una mayor homogeneidad y equidad entre los ciudadanos o para garantizar la superioridad de unos cuantos?, ¿a fin de fortalecer la unidad territorial o para preparar la marcha de algunos?
Sobre esta historia tan vieja de engaño y traición a los asturianos y a otros, un aspecto novedoso, el de la incesante actividad de Pere Navarro. Como se sabe, don Pere venía actuando de «bululú», que es, según el citado Villandrando,  «un representante solo, que camina a pie y pasa su camino, y entra en el pueblo, habla al cura y dícele que sabe una comedia y alguna loa: que junte al barbero y sacristán y se la dirá porque le den alguna cosa para pasar adelante. Júntanse éstos y él súbese sobre un arca y va diciendo: «agora sale la dama» y dice esto y esto; y va representando, y el cura pidiendo limosna en un sombrero, y junta cuatro o cinco cuartos, algún pedazo de pan y escudilla de caldo que le da el cura, y con esto sigue su estrella y prosigue su camino hasta que halla remedio». Pues así, don Pere. Venía, en particular viaje entretenido, de hablarnos de la reforma constitucional para la monarquía. Ahora parece, que tras acercarse  al planeta don Javier, su trayectoria gravitacional se ha acelerado y ha pasado a representar la reforma constitucional para vascos y navarros.
Esperemos que, con el pan y la escudilla del cura halle pronto remedio y, con ello, reposo. Por él, por ellos. También por nosotros. ¡Porque tantos años la misma comedia, ya fiede!


Xuan Xosé Sánchez Vicente

EL ARTEFACTO DEL PSOE

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«Oye», dijo Rubalcaba, «sube al desván y mira a ver qué encontramos que nos pueda servir para salir de esta». Y Elena Valenciano subió y bajo con ello. «Es lo único que tenemos por ahí, este artefacto». Rubalcaba lo contempló con cierta duda, dio una vuelta en torno a él, sopló para quitarle un poco de polvo y manifestó: «Bueno a fin de cuentas nos ha funcionado desde el 2003 al 2010, ¿por qué no iba a servirnos ahora con unos retoques?» Y ahí lo tiene ustedes otra vez, el viejo artefacto federal. Es el mismo cuyo estandarte levantaron Maragall y Zapatero en Santillana y llevaron en procesión seguidos de los pendones de todas las federaciones del PSOE, unos de cuyos más conspicuos portaestandartes fueron don Javier Fernández y la tropa socialista asturiana.


A comienzos de siglo el artefacto tenía una cuádruple misión: arrebatar la hegemonía a los nacionalistas en Cataluña; solucionar el problema catalán, si no definitivamente al menos «para veinticinco años»; contentar al PSC y hacer menos conflictiva su relación con la casa madre; marginar al PP o, al menos, hacerlo aparecer como la derecha torva e incapaz de dialogar. Hoy la finalidad del ingenio ha quedado reducida a la de contentar al PSC y la de distinguirse del PP invistiéndolo de idéntico sambenito. En cuanto a los otros previstos frutos de la pócima mágica, de un lado, ya ven cómo anda de «solucionada» la cuestión catalana; de otro, el PSOE ha pasado de 1183000 votos y 53 diputados a 524.000 votos y 20 diputados. ¡Menudo bálsamo de Fierabrás para ellos mismos! Aunque es cierto que lo comido y lo bailado que se lo quiten a los que lo comieron y lo bailaron mientras el artefacto les permitió gozar del poder en cama redonda.
Pero supongamos que el propósito del PSOE es serio y que creen de verdad en el artilugio. ¿Qué es para ellos un estado federal? Porque estados federales los hay de muchos tipos y, en todo caso, España es ya un estado federal. ¿Cuál es el que ellos preconizan? Lo ignoran ustedes tanto como ellos. Porque para estos chicos el único contenido de la palabra es el propio significante. «Lindo es palabra que se significa a sí misma», decía el poeta Fernando de Herrera. Pues igual para ellos. Y como «federal» es palabra euforizante, pues ¡adelante!
Pero vayamos más allá. Supongamos que se realizase la propuesta que, en su caso, los chicos socialistas pergeñasen. ¿Arreglaría eso algún problema? Para que existan acuerdos, más allá de la palabra euforizante de «diálogo», es necesario que ambas partes estén dispuestas a llegar a un punto común. ¿Creen ustedes que CiU y ERC estarían dispuestos a llegar a convenio alguno que no incluyese el derecho a la independencia, que el PSOE dice que de ninguna manera está entre las materias negociables? Y aun si CiU estuviese en su fuero interno dispuesta a esa renuncia, ¿podría hacerlo sin ser devorada electoralmente por ERC, con lo que se estaría en igual situación?
Y ahora vengan ustedes al conjunto de España. ¿Qué sería del partido de ámbito estatal que aceptase una solución de ese tipo para Cataluña, la del derecho a la independencia? Más allá: si para el PSOE sería un desastre relativo, para el PP sería una hecatombe absoluta. De modo que tampoco por aquí son posibles las cosas. Y, desde otro punto de vista, en la hipótesis marciana de que la nueva constitución (de obligado acuerdo entre PP y PSOE y los partidos CiU y ERC) incluyese ese derecho, ¿no debería incluirlo asimismo —por la fuerza de los hechos— para Euskadi? Y, en ese caso, no debería incluirlo, por un mínimo decoro democrático, para todas las «nacionalidades y regiones». Párense un segundo y piénsenlo. ¿Recorre su espinazo algún escalofrío?
Figurémonos ahora que el artefacto incluyese alguna fórmula distinta de la actual para la permanencia de Cataluña en España, que los catalanistas aceptasen y que, además, se les concediese una financiación a la carta que les permitiese aportar menos dinero al conjunto (en la línea precisamente que la procesión del estandarte y los pendones acabó entronizando en el Estatut de Mas y Zapatero, y que el Constitucional acabó anulando), lo que muchos piensan que es, en el fondo, lo único que quieren los catalanistas. En mi opinión creo que es una ingenuidad abismática pensar que en estos momentos la mera cuestión económica solucionaría el conflicto. Pero démoslo por bueno. Concedamos que los catalanes quedarían satisfechos con un arreglo pecuniario que reforzase en los demás la condición de ciudadanos de segunda —como ya lo somos con respecto a vascos y navarros—, con peores servicios, con peores comunicaciones, con menos dotaciones sociales y sanitarias.
Cuando lo llamasen a votar ese nuevo texto constitucional engendrado mediante el artefacto socialista, ¿usted qué votaría? Yo, desde luego, votaría que no, rotundamente que no. Pues no faltaría más que eso: devenir en bardaje (que es palabra que, como todo el mundo sabe, viene del pelvi «bardag, ‘cautivo’») voluntario, y encima «a jornal de mi pena y mi cuidado», en palabras de don Francisco de Quevedo.


JAVIER Y PERE, DE COMEDIA

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                Esta semana pasada. Han andado de comedia. Exactamente de «ñaque», aquella forma de representación que Rojas Villandrando definía así en su El viaje entretenido: «Ñaque es dos hombres; éstos hacen un entremés, algún poco de un auto, dicen unas octavas, dos o tres loas, llevan una barba de zamarro, tocan el tamborino. Y cobran a ochavo y en esotros reinos a dinerillo; viven contentos, duermen vestidos, caminan desnudos, comen hambrientos y espúlganse el verano entre los trigos y en el invierno no sienten con el frío los piojos».

                La obra representada es, por otra parte, antigua, muy antigua. Se trata del mismo texto que con el título de «Manifiesto de Santillana» suscribieron los próceres del PSOE el 30 de agosto de 2003. Menos de un mes más tarde, a mediados de septiembre, decía yo con respecto al texto y al acto:
«Constituye, básicamente, un conjunto de vacuidades a las que se suman algunas propuestas un poco más concretas pero no muy precisas, como las de la reforma del Senado, la conferencia de Presidentes o la de una cierta presencia de las autonomías en la toma de decisiones de la Unión. Podríamos pensar que la declaración constituye un puro acto propagandístico o tener por bueno lo que susurran muchos socialistas: que una vez pasadas las elecciones catalanas, y cumplido el trámite de prestar al candidato Maragall un soporte de credibilidad autonomista / catalanista, todo quedará en agua de borrajas. No lo hagamos: creámoslos, tomémoslos en serio».
«Es sabido que, desde el primer momento de la constitución del estado de las autonomías, vascos y catalanes no se encuentran cómodos en su encaje constitucional. Una parte porque no quieren estar en España, otra porque no acepta que los niveles de autonomía tengan una cierta homogeneidad en las diecisiete comunidades. De esa manera, vascos y catalanes han hecho, desde 1982, diversas propuestas de modificación del statu quo. La del PSC de Maragall se conceptúa como «federalismo asimétrico» y busca, en sustancia, una Cataluña menos integrada en España y que transfiera menos riqueza al resto de comunidades. La propuesta no solo responde a la concepción que el candidato socialista catalán tenga de su país o del Estado, sino que se constituye como un elemento básico para tratar de captar votantes de CiU en las elecciones autonómicas».

Pues bien, desde esa fecha las dos variables, la del federalismo asimétrico y la de la financiación insolidaria para Cataluña, han venido siendo impulsadas, aplaudidas y votadas por todo el PSOE, sin excepción, incluidos el califa don Vicente, y el califa en lugar del califa, don Javier. Las declaraciones de ambos y los apoyos explícitos al Estatut y a los privilegios de Cataluña —incluidas fotos en la Generalitat— están a disposición de quien quiera verlas. Es cierto que, cuando se les ha preguntado en su tierra, ambos gestores del gobierno asturiano para el PSOE se han mostrado incómodos y han boriado algunas respuestas que pretendían sugerir una cierta incomodidad o desacuerdo. Pero después, en la práctica, han apoyado todas las decisiones políticas y textos jurídicos que han avanzado por esas dos líneas, federalismo asimétrico y financiación privilegiada para Cataluña.
Por cierto, y ya que todo el PSOE, desde el señor Rubalcaba hasta sus palafreneros de la FSA, llevan más de una década hablando de federalismo, ¿podrían decirnos de qué federalismo hablan, porque hay tantos en el mundo como estados complejos existen? ¿Serían capaces de explicarnos en qué aspectos concretos no es hoy España un estado federal? ¿Se trataría de un estado federal a cuatro o también contaríamos los asturianos? Y, ya por molestar, una cuestión nada baladí: ¿hablamos de un federalismo de big-bang o de big-crunch?, ¿para garantizar una mayor homogeneidad y equidad entre los ciudadanos o para garantizar la superioridad de unos cuantos?, ¿a fin de fortalecer la unidad territorial o para preparar la marcha de algunos?

Sobre esta historia tan vieja de engaño y traición a los asturianos y a otros, un aspecto novedoso, el de la incesante actividad de Pere Navarro. Como se sabe, don Pere venía actuando de «bululú», que es, según el citado Villandrando,  «un representante solo, que camina a pie y pasa su camino, y entra en el pueblo, habla al cura y dícele que sabe una comedia y alguna loa: que junte al barbero y sacristán y se la dirá porque le den alguna cosa para pasar adelante. Júntanse éstos y él súbese sobre un arca y va diciendo: «agora sale la dama» y dice esto y esto; y va representando, y el cura pidiendo limosna en un sombrero, y junta cuatro o cinco cuartos, algún pedazo de pan y escudilla de caldo que le da el cura, y con esto sigue su estrella y prosigue su camino hasta que halla remedio». Pues así, don Pere. Venía, en particular viaje entretenido, de hablarnos de la reforma constitucional para la monarquía. Ahora parece, que tras acercarse  al planeta don Javier, su trayectoria gravitacional se ha acelerado y ha pasado a representar la reforma constitucional para vascos y navarros.

Esperemos que, con el pan y la escudilla del cura halle pronto remedio y, con ello, reposo. Por él, por ellos. También por nosotros. ¡Porque tantos años la misma comedia, ya fiede!

RIESGOS MÁS ALLÁ DE LA PRIMA

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El diagnóstico es general, nos encontramos en una situación de un cierto riesgo, cuyos motivos son variados: la crisis económica, los problemas en la estructura del estado (voluntad independentista en algunos territorios, críticas a la Corona), la hostilidad aparentemente generalizada hacia los políticos y los partidos. Todo ello ha causado un, a lo que parece, generalizado estado de ánimo constituido por el malhumor, la desconfianza, el pesimismo, la intolerancia y una tentación larvada de actitudes radicales. Pero, sobre todo, diría yo, el elemento central de ese estado de ánimo es el que no se vislumbre nada que pueda emocionar, de alumbrar el camino hacia el futuro, ni en lo económico, ni en lo político.

Algunos elementos de ese combinado no son nuevos: la desconfianza y hostilidad hacia los políticos es la ganga inevitable de la democracia. Lo que ocurre ahora es que estamos en uno de los momentos en que esos elementos de difidencia alcanzan la altura de las mareas equinocciales, por la conjunción de muchos factores. Algunos de los parámetros que forman ese estado de opinión son objetivos y autónomos, como la crisis económica o los casos reiterados de sospecha o evidencia de estafa o robo por parte de políticos y personajes públicos. Pero no hay que olvidar que otros son inventados —no hay relación alguna de causa a efecto, por ejemplo, entre nuestra escasamente competitiva economía y las cuentas del señor Bárcenas o los ERES de Andalucía— o que vienen hinchados por razones de otro tipo. Entre estas, quiero señalar tres: la crisis de los medios de comunicación y la proliferación de tertulias, que hacen que, en general, un hecho nimio deba ser presentado como terrible, una apariencia como una evidencia; la existencia de un grupo de voluntades —institucionales e individuales— que ganan con que todo vaya peor o esperan ganar con un colapso institucional generalizado; las tramas que parten de la concupiscencia personal o la venganza, donde tal vez, y a propósito de algunas noticias de actualidad, debamos a incluir a doña Esperanza Aguirre o a Baltasar Garzón.

La noche anterior a la comparecencia de Rajoy tras su comité ejecutivo (el 2 de febrero), una persona de derecha tibia me preguntaba si el Presidente convencería con lo que dijese. Mi respuesta fue contundente: no convencería en ningún caso, dijese lo que dijese y mostrase lo que mostrase. La razón, le expuse, la falta de crédito de los políticos, especialmente si son de derechas. «Aun si Rajoy se declarase culpable y ladrón, no se le creería: la opinión pública pensaría que, puesto que confesaba siete, robaría diez, e, incluso, sería posible que ocultase delitos más graves».

El lector, avisado como es, ya habrá, a través del párrafo anterior, rememorado algunos datos de la realidad: que si fuese de izquierdas una parte importante de sus votantes habrían sostenido su crédito contra viento y marea; que un sector notable de los votantes de derechas tienen, como ha sido siempre, más desapego hacia los suyos, se sienten menos comprometidos con su iglesia. Y un dato fundamental que corresponde a la estructura emocional básica del ser humano: nadie va a quedar como tonto (ante sí, en primer lugar) diciendo que confía en un político, desconfiar de él lo hace aparecer a uno como «listo» y como «honrado». Quiero decir con ello que el valor de las encuestas en que se pregunta por valores o juicios de valor es muy escaso, puesto que el encuestado tiende a decir aquello que cree que está bien visto decir.

En traducción quiere esto significar que muchos de los que ahora reniegan de Rajoy y del PP y los volverán a votar, incluso aunque no mejorase en exceso la economía. Otro tanto ocurre con la difidencia que las encuestas parecen traducir hacia PP y PSOE. Que nadie se haga ilusiones (o desilusiones): cuando llegue el momento, y pese a todo y aunque nunca es descartable la emergencia de un fenómeno populista coyuntural, volverán a tener niveles de voto aproximados a los de siempre. Lo que ahora expresa el encuestado es su malhumor, su desorientación, pero, especialmente, la buena opinión que de sí mismo tiene.

En artículos de opinión y en los chigres etéreos, además de cultivarse por algunos el sansonismo, se viene proponiendo un puñado de recetas para superar la actual crisis. Algunas de esas propuestas traducen enfermedad, odio e ignorancia, y, en el fondo vienen a afirmar que no quieren políticos ni partidos políticos, y puesto que la política es la vida misma, lo que quieren expresar, en el fondo, es que no quieren democracia. Algunas otras, como la mayoría de las que proponen modificaciones de la ley electoral, o son inútiles en la práctica o tienden todas, al final y en sus efectos prácticos, a acentuar los peores aspectos de nuestro sistema representativo: disminuir la pluralidad, hacer inviable para la mayoría de la población con capacidades la presencia en cargos públicos. ¿Por qué será, por cierto, que nunca he oído a nadie, absolutamente a nadie, hablar de limitar el suelo de la ley electoral, suelo que perjudica gravemente el pluralismo? Pero de todo esto trataremos otro día.

Algunos auspician la reforma de la Constitución. Dejando aparte el discurso federalista que el PSOE nos viene endilgando desde el año 2003, y que no se sabe lo que dice, aunque, en parte, nos haya traído hasta el lío territorial actual, existen propuestas variadas. Unas plantean modificar la estructura territorial o institucional del Estado, otras las normas generales de representación política, algunas pretenden abrir el debate sobre la III República, aquellas permitir la independencia de los territorios, estas solo la prelación en la sucesión del Reino… Permítaseme decir que sería una auténtica locura abrir cualquier proceso sin un acuerdo cerrado entre PP y PSOE, y un acuerdo, además, con una fuerte voluntad política que resistiese las tensiones de las propuestas tendentes a revisar multitud de cuestiones. En el PSOE ello es en estos momentos imposible, pues perdería mucho, tanto en los desgarros internos como en el voto por su izquierda. Para el PP algunas cuestiones no pueden ser planteadas sin arriesgarse a la aparición de un partido más a su derecha y de emblema nacionalista.

Terminaré recordando que estos momentos de afecto álgido hacia la política ya se han dado en España. «El desencanto» fue el vocablo con que designó el desafecto surgido hacia la política tras los momentos entusiásticos de la restauración democrática, al ver que los políticos no eran capaces de solucionar los concretos problemas económicos y de paro de los ciudadanos. Y recordaré una anécdota que se me ha transmitido: II República, pocos meses después de su proclamación. Madres y esposas en la tienda, apuntando al fiado en la libreta, como antes; con sus maridos sin trabajo, como antes. «¿Y para esto hemos echado al Rey? ¿No nos habían dicho que echando al Rey todo se solucionaba?».

Y es que es relativamente fácil conmover a las gentes con palabras, y aun hacer revoluciones con ellas. Pero es más difícil hacer aparecer patatas y empleos con solo las palabras.

LA CELADA REQUESONIL MADRILEÑA

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Madrid —el poder allí ubicado, al menos— parece con frecuencia convertir los sesos en requesón, pero no de modo ficticio, como en el quijotesco episodio de los leones, sino de forma, aunque metafórica, más bien real. Un empirista decimonónico atribuiría, tal vez, esos efectos al calor del secarral mesetario; un sociólogo contemporáneo doblado en psicólogo, a la progresiva conversión de políticos y partidos hacia un progresivo autismo autocrático.

Una de las más destacadas manifestaciones de ese autismo autocrático estriba en el desconocimiento de lo que es la realidad del Estado a la hora de legislar. La última muestra de ello es lo que la ley Wert de educación (LOMCE) prevé en relación con la enseñanza del asturiano o del aragonés: nada, o, mejor, su eliminación del currículum, puesto que no se contempla un hueco para la impartición de la asignatura. Entiéndanme bien, no es tan solo que se dé un trato justo o injusto al asturiano, que, una vez más, se lo persiga y prohíba de facto, sino de algo más profundo: la ley desconoce la existencia de estatutos de autonomía —textos de cosoberanía que priman sobre cualquier ley orgánica parcial— que garantizan la enseñanza de una lengua no declarada «cooficial» y depositan la capacidad de reglar su impartición en la comunidad política depositaria de esa soberanía. En otras palabras, y en nuestro caso, el gobierno y el ministro hacen caso omiso del Estatuto de Autonomía de Asturies y su derivada Ley de uso y promoción del bable/asturiano.

¿Desconocen por completo su existencia? ¿Es posible que ninguno de los asesores jurídicos del Estado haya hecho advertencia de ello? ¿O es simplemente que, no siendo nadie los asturianos, ni siquiera se den cuenta de nuestra presencia y realidad? En todo caso, la obligación de los mandatarios es conocer el conjunto del estado y las leyes que obligan en sus actos.

Es cierto que, seguramente, desde aquí, ni una palabra habrá sido dicha por los conmilitones asturianos del PP. En primer lugar debido a que a ellos les es bastante despreciable la realidad del asturiano y una nonada nuestra autonomía, en segundo lugar porque, como todos los partidos centralistas asturianos, están a lo que les manden desde sus casas centrales, y no a plantear problemas desde la sucursal. En el caso del PSOE, la consejera de Educación, doña Ana González, dice aquí haber manifestado alguna cosa, a modo de protesta, en Madrid, pero lo cierto es que esa manifestación no aparece en ningún medio de comunicación estatal. Sí aparecen, por el contrario, las que son las verdaderas «razones» del PSOE para oponerse a la ley Wert, la cuestión de la religión y el igualitarismo milagrero.

Pronto van a cumplirse, por otra parte, seis años de otro acto de desconocimiento de lo que es el Estado, que nos ha llevado a esta situación: la reunión en que don José Luis Zapatero y don Artur Mas se encerraron en La Moncloa con tabaco Marlboro, jurista Caamaño y dos cráneos privilegiados, los suyos, para parir un texto legislativo, el Estatuto de Cataluña, que desconocía la realidad del Estado y de la legalidad, y que, por otra parte, constituyó el mayor engendro jurídico que nunca haya visto la luz en este país, ¡y ha habido muchos! Seguramente, las razones y las pulsiones, sobre todo estas últimas, de don José Luis son muy distintas a las de don José Ignacio para perpetrar sus disparates, pero parten ambas del mismo desconocimiento y desprecio de lo que son el Estado, su realidad y sus normas.

Por cierto, no sería de extrañar que en la actual deriva de don Artur Mas pesasen las burlas y tomaduras de pelo que le hicieron el PSOE y don José Luis: a principios del 2003, el señor Zapatero transmitió en persona, y en el propio palacio de la Generalitat, al Conseller en Cap, señor Artur Mas, la promesa de que Cataluña y Euskadi tendrían más capacidad de autogobierno. Más tarde, PSOE y ERC arrebataron a Mas unas elecciones que había ganado. A continuación, el de León afirmó: «aprobaré el Estatuto que me llegue de Cataluña». El 21 de enero de 2006, el Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero y el jefe de la oposición de Cataluña, Artur Mas, se encerraron, como he dicho, toda una tarde en La Moncloa para pergeñar lo que pergeñaron. Después, vino lo que vino.

Por cierto, todo ello había arrancado un 30 de agosto del 2003 en Santillana, donde el PSOE —con el «prudente», «centralista», «igualitario», «mesurado» y «hombre de estado» don Javier Fernández a la cabeza— se había propuesto impulsar el «federalismo asimétrico» y establecer españoles de primera y de segunda (o tal vez, incluso, de tercera, los asturianos). Pues bien, hoy, tras aquella desastrosa aventura para todos, tras aquellos polvos y estos lodos, el PSOE, con don Javier Fernández otra vez como principal promotor, se dispone a impulsar un «Santillana2» para tratar de nuevo de instaurar en España el federalismo asimétrico e inigualitario. Y, otra vez, con la finalidad de, entre otras cosas, ayudar a sus íncubos del PSC (o súcubos, que ellos sabrán).

En cualquier caso, un nuevo episodio de esa celada madrileña que, entre el autismo y la autocracia, convierte los sesos en requesones y hace ignorar lo que es el Estado y cuál su legalidad y legitimidad.

Enrique Álvarez Sostres, Antonio Trevín, Mercedes Fernández y Gaspar Llamazares pa EL COMERCIO en semeya d'Álex Piña

¡QUÉ TROPA!

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                La Comunidad de Madrid acaba de anunciar que pondrá en marcha un nuevo castigo a los bolsillos de los que menos tienen, la exacción de un euro por receta. Es cierto que dicho abuso tiene determinadas limitaciones, tanto en el total anual extraíble de los bolsillos individuales (no familiares, personales), como en la exención de la gabela para las rentas en el límite de la miseria y para una escasa tipología de enfermos; pero todo ello no elimina el carácter radicalmente injusto y abusivo de la medida, sobre todo porque carga especialmente sobre los jubilados (que suelen requerir más medicinas) y sobre los enfermos de tratamientos múltiples.
                Pero es que, además, ello va unido al mantenimiento de la cancelación de dos tributos que pesan fundamentalmente sobre las rentas altas, el de patrimonio (suspendida su aplicación desde que el Gobierno Zapatero, que lo había liquidado, volvió a recuperarlo en 2011) y el de sucesiones (eliminado por doña Esperanza en 2005). Es cierto que ambos impuestos representan una segunda carga impositiva sobre bienes que ya han tributado y que el de sucesiones conlleva problemas en la transmisión de la empresa familiar y es muy injusto por debajo de ciertos límites, como se ha venido aplicando generalmente en la mayoría de España. Pero no es menos cierto que la eliminación de ambos tributos, sin más, ha provocado graves problemas de competencia recaudatoria y distorsiones fiscales entre comunidades autónomas, al radicarse en Madrid, por esa razón, muchos sujetos tributarios. Con todo, no es menos cierto que la recuperación de esos dos impuestos —que vendrían a representar, se estima, unos 3.000 millones de euros— evitaría la injustísima medida del euro por receta.
                (Por cierto, ¿y quién piensa en los farmacéuticos, convertidos en recaudadores y gestores obligatorios del impuesto a pensionistas de Rajoy y, ahora, del de Ignacio González o, en Cataluña, del de Artur Mas? ¿No es ello un abuso flagrante?)
                Pero, a mayor abundamiento, la decisión se presenta bajo una no disimulada capa de cinismo. En efecto, decir que es una «medida no recaudatoria, sino meramente disuasoria», porque supone confiscar «apenas 83 millones» se hace al margen de la realidad. Por solo fijarnos en el dinero, apuntamos que Asturies, sumándose a la central estatal de compras de fármacos, piensa recortar «solo 20 millones»; que Murcia, imponiendo para el 2013 el «céntimo sanitario», espera recaudar «solo 25 millones»; que La Rioja lleva varios años intentando eliminar el peaje de la AP-68 y que para ello, pese a las promesas, el Estado no dispone de los «solos 2 millones» que representa la medida. ¡Qué tropa!
                En Cataluña, la Junta Electoral Central ha decidido prohibir una campaña institucional de CiU-Generalitat para pedir el voto. Más por razones formales de incumplimiento de la ley que por su contenido, escandalosa, patente y flagrantemente partidista. Los responsables de la Generalitat (con Mas y Homs a la cabeza) se han quejado de la «escasa calidad democrática de España» y de que «la ley española primase sobre la de Cataluña». ¡Qué escándalo de manipulación social y de despilfarro del dinero público! ¡Qué tropa!
                Y allí mismo, en el otro Principado, en el que no es Principáu, sino Principat, el PSOE apoya «el derecho a decidir para Cataluña» en el marco de un estado federal. Ya ven ustedes qué «estado federal»: los catalanes —y supongo que los vascos— con derecho a decidir. ¿Y ustedes, los asturianos y los demás españoles? A esos que les den, que les den el trato que merecen, en opinión del PSOE, de ciudadanos de segunda. Ese es el estado federal real para los fenómenos de Rubalcaba, Griñán  y Javier Fernández. ¡Qué tropa!
                Pasa por delante de mi despacho, de la que esto escribo, a primeras horas de la mañana del luctuoso día de Todos los Santos, mi trasgu particular, Abrilgüeyu. Se desliza silencioso hacia su cubículo y sobrepasa la puerta de mi despacho. Pero, después, lo piensa mejor, se da la vuelta y se planta en el umbral. Viene halogüinesco: en vez de montera, una calabaza hueca con vela alumbrante dentro; en lugar de su capa roja, una armazón de lo que parecen huesos de santo, alguno de ellos mordisqueado y pintarrajeado de carmín; de su boca trasciende un inconfundible olor a sidra.
                —¡Atrévete a decir tropa de qué! ¡Átrévete! —Y se va levantando la calabaza a guisa de saludo.
                La verdad es que no me atrevo. Me lo impiden la educación con que me han adiestrado desde mi más tierna infancia y, por qué no decirlo, el Código Penal.

Republicanismu federal

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La Xunta Xeneral del Principáu y l`Ayuntamientu de Xixón acaben d`asoleyar el Proyecto de Constitución Federal del Estado Asturiano, de 1883. El testu ta fechu pola asamblea asturiana del partíu pimargallianu y enxértase nuna serie de testos d`esa mena que, col porgüeyu d`un estáu federal, entamen en delles partes d´España los federales n`aquel momentu.

La publicación, desconocía hasta agora, vien a enanchar la tradición nacionalista y asturianista del nuestru país, de la que yá señaláremos cómo tuvo nel pasáu una gran importancia, que llegó hasta la Guerra Civil.

D`esa complexidá ficimos nosotros una primera aprosimación, al entamu del añu 1997, nun conxuntu d`artículos asoleyaos nel diariu Les Noticies, conxuntu de testos que dempués asoleyamos en Teoría y práctica d`Asturies (Fundación Nueva Asturies, Xixón, 1999). Ellí señalábamos la militancia nel federalismu de personaxes como Tomás Zarracina, Eladio Carreño, Félix Aramburu o "Pepín de Pría". Convién anotar tamién que, según apuntáremos n`otru testu d`investigación e interpretación hestórica, "Rexonalismu/Nacionalismu asturianu, un sieglu: 1839-1936" [Ríu Nalón (Estudios lliterarios y llingüísticos), Fundación Nueva Asturies, Xixón, 2005], el Partíu Republicanu Federal fue l`únicu que, durante la II República, tuvo aperiáu un estatutu d`autonomía p`Asturies, del que nun sabemos ná.

Del partíu Republicanu Federal, que tuvo una escisión na segunda República, fue presidente de 1933 a 1934 (y ye ésti datu que ye poco o nada conocíu) Benigno Fernández Fernández, que dempués fue mandu (capitán) de la Intelixencia Militar del exércitu asturianu, y que, como cuento na mio novela No miréis al mar, dio un golpe de mano importante rescatando del Simanques un grupu de prisioneros, nuna incursión a punta de pistola.

Con posterioridá, y con munchísima mayor fondura, estudió toes estes cuestiones Pablo San Martín, fundamentalmente nel so Asturianismu políticu: 1790-1936.

Too ello, per otru llau, vien desvelar la complexidá y fondura de la tradición asturianista y nacionalista asturiana, y l`apropiación de la hestoria pola izquierda centraliega, construyendo sobre`l pasáu una mitoloxía reduccionista, talamente equivalente a la de la derecha.