Mostrando entradas con la etiqueta China. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta China. Mostrar todas las entradas

La risa de Xi Jinping

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) LA RISA DE XI JINPING La desgraciada y mortífera coyuntura -producto de coyunturas anteriores, acaso menos sangrientas pero también belicosas- nos ha dejado flotando en el aire, de forma casi tan abundante como el O2, algunos discursos, principalmente, el del derecho internacional como forma de solucionar los conflictos, frente al recurso a la guerra. A uno no es que le disguste esa idea de que el derecho internacional fuese el instrumento al que se acudiese para solventar conflictos, sobre todo aquellos que traen consigo el espanto de la guerra y la destrucción. Pero al que suscribe le asaltan algunas dudas. En caso de existir tal código suscrito por todo el mundo, ¿quién decide la intervención de acuerdo con esas normas? ¿La ONU, donde cinco países tienen derecho de veto y lo aplican según sus intereses, intereses que incluyen los de sus protegidos? ¿Qué fuerzas, en su caso, lo impondrían por la fuerza frente al que se resistiese? ¿El tópico, tan reiterado, se aplicó, por ejemplo, en el caso de la invasión de Ucrania por Rusia? ¿Y de haber apelado a ese derecho, ha servido para algo? ¿Ese derecho internacional se aplica para liberar a los pueblos de sus dictaduras, incluso de las más sangrientas o feroces, como la de Irán? ¿Y para qué seguir? Pueden ustedes establecer una larga lista. Igual ando yo un poco despistado últimamente. La guerra de Irán y la invasión del Líbano por Israel han traído consigo una disputa muy interesante, la que se desarrolla entre el papa y los EEUU, o su gobierno, si lo prefieren. León XIV ha condenado la guerra como “una derrota de la humanidad”, condenado el uso de la fuerza militar y afirmado que Dios no bendice ningún conflicto, y ha apelado al diálogo como forma de solución de los conflictos. Ya saben con qué imágenes “a lo divino” ha contestado el tontiloco de Trump, pero de EEUU ha recibido una respuesta teológica (sí, “teológica”) interesante, la del vicepresidente J. D. Vance. Respondió a la afirmación del pontífice de que “Jesús nunca está del lado de aquellos que una vez empuñaron la espada y hoy lanzan bombas”, preguntando si Dios estaba del lado de los estadounidenses que liberaron a Francia de los nazis, o de los estadounidenses que liberaron los campos del Holocausto y a los inocentes que en ellos sobrevivían. “Sin duda creo que la respuesta es sí”. Y, ciertamente, existen derivaciones interesantes de la pugna entre Trump y el sumo pontífice. Un titular de The Wall Street Journal del 15 de abril (https://www.wsj.com/politics/trump-pope-leo-catholic-church-41d834ce?mod=itp_wsj&mod=djemITP_h) me recuerda aquella pregunta irónica de Stalin: “¿cuántas divisiones tiene el papa?”. Pues bien, este es el titular: “¿Por qué el papa León es un oponente tan difícil para Trump? El pontífice es más popular que el presidente y es un actor político metódico”. Naturalmente, tanto León XIV como Pedro Sánchez y, en general, todos cuantos se oponen a la ofensiva de Trump y Netanyahu, reclaman el diálogo, como la única forma aceptable de solventar conflictos. Lástima que no citen algunas muestras del éxito del diálogo entre dos partes violentamente enfrentadas, como el del Gobierno de Venezuela con la oposición (gracias a la meliflua ayuda de Zapatero), el de los ayatolás de Irán con los manifestantes o los laicos, el de Ucrania con Rusia, el de China con los disidentes, con el Tibet o los vigures, o, yendo atrás en la historia, el “Peace for our times” de Chamberlain al regreso de Munich, en 1938. El diálogo como fórmula eficaz solo puede tener éxito (puede) entre iguales, cuando ambos contendientes se agarran mutuamente por las partes dolorosas, con igual intensidad. Pero lo más apoteósico de la temporada fue la visita a China de don Pedro y su esposa (la que tiene una china en los tribunales). Allí proclamó que tanto China como España (¿o como él?) se sitúan “en el lado correcto de la historia”. Si ustedes contemplan detenidamente la foto de ambos líderes dándose la mano, observarán la cara impasible de Xi Jinping. Pues bien, esa cara impasible, pétrea, oculta una risa interna irrefrenable, al saber el papel que representa el cabezaleru español, risa que se traduciría en una carcajada homérica al oír lo de que ambas naciones están “en el lado correcto de la historia” y aplaudir la postura de la dictadura china en el ámbito internacional, olvidando su apoyo a Irán o a Rusia y otras menudencias de democracia interna. Risa incontenible que se amplificaría cuando, después de la partida de nuestro Cid antiTrump, China lanzó un comunicado anunciando que Pérez-Castejón apoyaba el proyecto de una sola China, es decir, la anexión de Taiwán: “España se adhiere firmemente al principio de una sola China”. P.S. Existen otras lecturas, más terribles, de ese considerarnos el estar en el mismo “lado correcto de la historia” que la dictadura China. Tengamos la frase como una pura bocayada de un vendedor de titulares.

Favoreciendo el empleo

0 comentarios
FAVORECIENDO EL EMPLEO Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares La fórmula es fácil, como ustedes saben: se invierte un capital -en diversas formas y cantidades-, se fabrica un producto o se presta un servicio, se requiere personal para esa fabricación o servicio. De esa cadena se producen beneficios para el capital invertido y, en forma de salarios, para las personas que intervienen en la fabricación o en la atención a las necesidades o demandas de otros. En su modo industrial, agrario y ganadero, ese proceso tiene su inicio en el beneficio de la naturaleza (minería, fuentes energéticas), de la tierra cultivable o de los animales. Es esa la forma en que se produce el empleo y, por ello, la posibilidad de que quienes no tengan bienes de fortuna puedan disponer de medios para su alimentación, vestido, vivienda, ocio, etc. Aunque caben matices, es una evidencia que tanto el aumento de la población mundial, como el aumento general del bienestar se debe en gran parte al incremento en la explotación de los bienes beneficiables de la tierra. Ahora bien, en una parte del mundo contemporáneo se ha extendido una a modo de mística religiosa que considera la minería como una especie de violación de lo sagrado. En España, por ejemplo, existe en los últimos tiempos una sistemática oposición a la minería, social, institucional y política. El ejemplo más notable: la Ley de Cambio Climático, de 2021, impide explotar el uranio en España, del que tendríamos reservas para décadas. ¿No lo usamos? Sí, lo importamos de Rusia. Sigamos: para todo eso que llamamos la transición energética, son necesarios esos escasos minerales que llamamos “tierras raras”. Lo son para las baterías de los coches eléctricos, teléfonos móviles, sector aeroespacial… Ahora bien, Occidente depende, en general, de China para muchos de esos minerales, hasta el punto de que las recientes tensiones provocadas por el xateru Trump han hecho decrecer la adquisición de esos materiales. Consecuencia: «La falta de tierras raras por el bloqueo chino obliga a parar plantas de Ford, Suzuki o Setllantis» (y algo tendrá ello que ver, como consecuencia, en el empleo, digo yo). Esa ausencia de minerales raros y su extrema perentoriedad para la industria avanzada, ha obligado a la UE a impulsar en todo su territorio un plan para la explotación de esos materiales. En concreto, en España se localizan varias zonas con esa riqueza -47, en total-, en Extremadura, Galicia, Castilla-La Mancha y Andalucía, y Bruselas trata de impulsar su explotación. Ahora bien, dada esa oposición general de carácter entre místico y medroso, seguramente será difícil poner en práctica muchas de esas actuaciones. Aquí, en Asturies, en concreto, tenemos paralizada, por esas razones, una explotación minera en Salave desde hace años, sin ni sí ni no, o, por poner otro caso, IU exige a sus socios del PSOE en el Gobierno regional prohibir los sondeos mineros en Peñamayor, mediante una proposición no de ley para revocar los permisos de investigación del Principado y evitar una futura explotación de los minerales. No acaba ahí la cosa. Ustedes, personas atentas a todo lo que ocurre en nuestro país, tendrán una enorme lista: cada vez que se afuraca la tierra para hacer una prospección o se anuncia la posibilidad de una cantera o minería, surge la oposición vecinal, agabitada siempre por algún partido de los denominados progresistas, esto es, de los que están a favor del empleo. En el ámbito de la energía ocurre otro tanto. Les ofrezco, simplemente, un titular de LA NUEVA ESPAÑA: «La falta de redes eléctricas pone en jaque grandes proyectos industriales en Asturias. El retraso en la ejecución "urgente" de infraestructuras imposibilita el aumento de la producción de zinc en Azsa y el horno de Arcelor en Avilés, entre otros planes». Ya comprenderán ustedes que esa grave carencia supone falta de inversión y de puestos de trabajo. Esas redes, que se han denominado «anillo central» de Asturias, llevan un retraso de más de un quinquenio, retraso que es debido fundamentalmente a la inoperancia de la administración central, pero, asimismo, a oposiciones vecinales y municipales de variado signo, que en algún caso, pero no de forma general, están cargadas de razón. Ahora bien, cualquier nueva estructura relacionada con la renovación energética, la descarbonización, el tratamiento de los residuos, encuentra una oposición sistemática, sen cuales sean sus garantías o su ubicación. Hagan cuenta de los parques eólicos detenidos por la oposición vecinal o municipal, de los parques de baterías (estos, con la ayuda del Gobiernu), de las plantas de depuración de residuos ganaderos. Cuando no hay una oposición de principio por su “maldad” intrínseca, la hay por motivos coyunturales. En general, todo el mundo está a favor de las energías limpias, la descarbonización y de palabrería como “la sostenibilidad”, “la resiliencia”, etc., pero no de esas concretas actuaciones que la permiten, por lo menos, como me gusta repetir, “non na mio quintana”. Algunos precisan, con esa retórica tan propia del progresismo medioambiental: “Estamos a favor de las empresas, pero que no sean contaminantes”. O sea, de los milagros o los imposibles. De lo que no se está a favor en ninguno de estos casos es del empleo, del real, del que puede existir. Y si, además, caemos en el pintoresquismo de que la Universidad reconozca la objeción de conciencia para la participación de los profesores en proyectos militares, llegamos ya al extremo. Por cierto, cuando uno tiene la obligación de participar en algo que no le gusta, dimite, no escapa de su obligación.

Ayer en LNE: El peligro amarillo

0 comentarios

                                    EL PELIGRO AMARILLO



Permítanme que retome esta vieja expresión para referirme a la potencia mundial que es hoy China y a lo que representa su poderío, la creciente expansión geográfica de sus intereses y a la presencia cada vez mayor de sus empresas y su dinero en múltiples países. África, América del Sur, Europa, prácticamente ninguna parte del mundo está libre de la presencia e influencia de los intereses del país de Mao-Tse-Tung (o Mao Zedong, si lo prefieren). Quizás el caso más visible para los europeos sea el de su presencia en Grecia. Al socaire de la crisis de deuda de la patria de Sófocles en 2007-2008, la República Popular comenzó su actualmente intensa relación con Grecia, comprando primero varios miles de millones de euros de su deuda soberana, y después comenzando su penetración comercial allí. En 2015 se hicieron con la concesión del puerto del Pireo. A finales de 2019, el presidente Xi Jinping llegó a Atenas para firmar dieciséis acuerdos de cooperación, que incluyen el asentamiento de dos bancos chinos y una importante serie de inversiones.
El crecimiento vertiginoso de su PIB en estos últimos años, así como su expansión comercial por el mundo se han basado en unos cuantos factores anómalos dentro de lo que podemos llamar mercados abiertos: una mano de obra barata y absolutamente controlada que trabaja en las condiciones que toquen, el dumping comercial, la falta de respeto en muchas ocasiones por las licencias y las patentes ajenas, el ofrecimiento de su territorio y su mano de obra barata para la inversión extranjera, entre otras cosas. Ahora bien, el núcleo esencial de su fortaleza y crecimiento consiste en que es una dictadura total y absoluta. Lo fue con millones de muertos con Mao, lo es ahora de forma menos sanguinaria, pero no menos implacable, con cualquier disidencia. Pregunten, si no, en Hong-Kong, acuérdense de Tiananmén, o vengan al primer médico que anunció el coronavirus sin permiso del Partido.
Paralelamente, China se ha puesto a la vanguardia en varios campos de la tecnología y la investigación, y ha sorprendido al mundo, por ejemplo, con algunas actuaciones en torno al coronavirus: el rápido descubrimiento de su genoma, la construcción del famoso hospital de 10.000 camas (hazaña, vista ahora a partir del hospital del IFEMA, no tan notable).
De este modo, la República Popular se ha convertido en una potencia mundial, en lucha por la hegemonía con los EEUU. Desde ese punto de vista, y teniendo en cuenta lo poco ortodoxo de sus conductas en el ámbito comercial, no es de extrañar que los EEUU traten de ponerle freno mediante la imposición de límites y tasas. Ocurre, al respecto, que la “intelectualidad” y, en general, la opinión pública occidental tienen desde siempre una visión disímil con respecto a las dictaduras y aun entre estas, según su signo, y las democracias. Se indignan y movilizan contra las dictaduras de occidente, pero no muestra la menor inquietud cuando son dictaduras comunistas, como si no lo fuesen, no repugnasen o no fuesen visibles. Y no digamos nada ya si comparamos los dicterios contra “el reaccionario (pero democrático) gobierno de Trump” y el silencio frente a la dictadura china.
En las sociedades libres existe desde siempre un no pequeño número de gentes con una amplia pulsión antidemocrática y dictatorial. No se trata solo de la ceguera ante un determinado tipo de dictadura, sino de la aspiración a tenerlas como modelo para conformar en su lecho de Procusto nuestras sociedades libres, con el pretexto, eso sí, del bien general o de la reparación de la injusticia. Aquí ha habido leninistas, estalinistas, maoistas (¿cuántos partidos de esa inspiración vivaquearon aquí?) y, aunque tal vez alguna de esas etiquetas haya caído en desuso o se oculte, el fondo sigue siendo el mismo: establecer una sociedad donde sean el estado y “los sabios”, quienes organicen vida y economía. Naturalmente, quienes así piensan – clase media, la mayoría de ellos, curiosamente– creen que serán los promotores quienes se pondrán al frente del nuevo mundo. Ignoran la historia, por supuesto, desconocen cómo la revolución devora siempre a todos sus hijos menos a uno o unos pocos.
No es, pues, del “Hannibal ad portas” de lo que hablo cuando digo lo del peligro amarillo, sino de los que ya están dentro de la ciudad. Porque he visto en estas semanas cómo un número no pequeño de personas, no políticos ideologizados, no: científicos, intelectuales, comunicadores, se hacen lenguas del modelo chino y de su eficacia, casi, casi, lamentando no seguir sus patrones.
He ahí a lo que me refiero con “el peligro amarillo”, a esa admiración que viene a engordar esa perenne corriente de las sociedades libres que busca ahormar el hombre nuevo en una nueva sociedad.
Escuchen. Manténganse “arrectis auribus”, con los oídos atentos. Y sollertos, que decimos en asturiano.

Güei, en LNE: El peligro amarillo

0 comentarios

El peligro amarillo

La admiración en las sociedades libres occidentales por la eficacia de la dictadura china



En LNE: "La próxima, los de ojos rasgados"

0 comentarios

                     

                         LA PRÓXIMA, LOS DE OJOS RASGADOS

                La inquietud proveniente de China no nos va a abandonar durante un tiempo, pero, sin embargo, algunas informaciones nos tranquilizan parcialmente, por ejemplo, cuando sabemos que conciudadanos y coterráneos, como nuestro amigo Jaime Santirso, han regresado y que cuando ustedes lean estas líneas él habrá salido ya de la cuarentena. Otros siguen allí, como Santiago Herrero, que ejerce su labor como médico en Changchun, ciudad que tiene, según él, “la apariencia de una ciudad fantasma” —supongo que como otras tantas.
                Aquí, sin embargo, las cosas siguen su ritmo habitual, es decir, cercano a la inmovilidad absoluta. Por fortuna, los clásicos nos han creado una parábola que describe a la perfección nuestra no-historia. Es la tan divulgada “Leyenda del fraile y el paxarín”, tan extendida en la Europa medieval y reconfigurada por Alfonso X en su Cantiga CIII: Un fraile que duda de si sería aburrida o soportable la contemplación de Dios por toda la eternidad como única fuente de placidez sale de su convento y se entretiene en escuchar un paxarín durante lo que él cree unos segundos. Cuando vuelve al convento han pasado “grandes trezentos anos ou mais”. Es la forma en que la divinidad le hace ver que, si la contemplación de una simple criaturilla puede divertirlo tanto tiempo, ¿qué no hará la de su Creador? Pues bien, en nuestro caso, cuando un asturiano volviese de un trance semejante hallaría que todo sigue igual.
                Ramón Díaz, aquí en LA NUEVA ESPAÑA, ha preferido acudir a una metáfora cosmológica para definir la misma realidad: “Asturias, un agujero negro”. En ella repasa una serie de obras que, si no proceden del big-bang democrático, llevan sin terminarse o están a medio empezarse o sin empezarse desde lo que, en tiempos de paciencia ciudadana y democrática, es una eternidad. Carreteras, como las de las estrechas vías que hoy unen la costa occidental con los pueblos de nuestra frontera sur, y que están provocando una tan sostenida movilización de vecinos, empresarios y políticos, o la Autovía del Suroccidente; polígonos industriales que se han convertido en una quimera, tales la Zalia o Bobes, poco más que barro y plumeros; proyectos ferroviarios que discurren con la lentitud de un caracol en el desierto, así la Variante del Payares, el soterramiento de Llangréu, el Plan de Vías y metrotrén de Xixón; depuraciones que nunca pasan de las musas al papel, digo, del papel a las tuberías y los desagües, como la de Xixón, cuya conclusión habían prometido los señores Borrell, Silva y Areces en cinco años, allá por 1991; espacios urbanos que parecen existir únicamente para que sobre ellos se tracen planes y promesas por todo tipo de gobiernos, partidos y políticos, como el entorno de Santullano y la fábrica de armas de La Vega; instalaciones industriales como la regasificadora de El Musel, que devenga pagos y nunca ha funcionado… ¿Y por qué no hablarles de las fechas que sucesivamente se han ido prometiendo como fiensos para la conclusión de la obra y su puesta en funcionamiento? Pero para qué causarles un imparable ataque de risa o melancolía, según su humor.
                Por cierto, a propósito de la inquietud que de China proviene, ¿han anotado ustedes que allí han levantado un hospital gigantesco, para mil camas en solo diez días?
                Y volviendo a nuestras sempiternas obras: cuando lleguen las próximas elecciones, municipales, generales o autonómicas, miren directamente a los ojos de los candidatos. ¿Para ver si les mienten? No. Para ver si tienen los ojos rasgados. Escojan a esos.

Güei, en LNE: La próxima, los de ojos rasgados

0 comentarios

La próxima, los de ojos rasgados

El "agujero negro" en que se encuentran las grandes obras de Asturias




Preguntas con respuesta (¿para estrábicos?) (III)

0 comentarios

¿La ONU sigue siendo el faro del mundo, la fuente de legitimidad sobre la actuación de los estados ahora que, una vez más, China y Rusia se oponen a condenar y sancionar a Siria aunque mate a sus ciudadanos?

¿La ONU sigue siendo el faro del mundo, la fuente de legitimidad sobre la actuación de los estados ahora que, una vez más, China y Rusia se oponen a condenar y sancionar a Irán aunque silencie a sus mujeres?

¿Por qué están ahogados en el pozo del silencio quienes en otras ocasiones salían a la calle a pedir que las decisiones de la ONU fuesen la guía de la política internacional?

¿Por qué?

El más "llistu", na Moncloa

0 comentarios

Meyor dicho, non "el más llistu", el meyor. Porque Rodríguez Zapatero (J.L.) fue escoyíu el meyor d'ente los suyos nel congresu que ganó a Bono (por cierto, cola gabita de los socialistes asturianos). Y dempués fue revalidáu dos veces como'l meyor (o sea, el más llistu) polos sos votantes. Nuna palabra, que ye'l más destacáu, el más espabiláu y el más selectu de los socialistes.

Bueno, pues a la babayada de los 9.300 millones d'euros de dineru chinu que diba venir pa delda y caxes (y que como saben tolos llectores nun hubo inxamás) hai qu'arreya-y otra riestra de babayaes de tochín que lleva diches, ensin saber lo que decía. Pa nun dir al mio archivu, y sólo de memoria, cuando en Túnez dixo que les tropes de toles naciones teníen que retirase d'Irak vinieron los "asesores" de la Moncloa a decir que se lu interpretara mal. Otra: cuando inauguró'l centru informáticu de control de tráficu de Lleón afirmó que "aquel centru diba retirar a tola Guardia Civil de les carreteres" (dempués, otra vegada, los "asesores" de la Moncloa tuvieren que decir que nun yera aquello lo que quisiere decir. Etc. (Si fai falta, hai más).

De mou y manera que yá lo ven: el más llistu de los socialistes, el más preparáu, refrendáu como talo una y otra vegada por militantes, diputaos, senadores y votantes.

¡Ah! ¿Que nun ye él? ¿Que son los asesores? ¡Pues peor! Porque tien más de seiscientos y escuéyelos él (o el partíu).

!VIVA'L VOTU ÚTIL¡ !VIVA'L VOTU PROGRESISTA!