Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
Doña Mónica, don Pedro y la sombra de La Mancha
(Ayer, en La Nueva España)
DOÑA MÓNICA, DON PEDRO Y LA SOMBRA DE LA MANCHA
El episodio de doña Mónica Oltra ha sido de lo más chusco. Yo me he reído mucho. Y si ustedes no están muy llenos de prejuicios también lo habrán hecho, especialmente si fragmentan la historia de los últimos días en secuencias.
En la primera, doña Mónica se niega a dimitir tras haber sido imputada –investigada y acusada por sus adversarios y en las redes y rumores llevaba tiempo- por un tribunal. ¿Y dónde está la gracia del asunto? En que ella, y todos los de su cuerda, los de la justicia “a la mora” (vuelvan ustedes al episodio de Gaiferos y Melisendra en el Quijote), reclamaban de sus adversarios la inmediata dimisión, ya no cuando fuesen imputados (ahora, “investigados”) sino, simplemente, cuando anduviesen en diligencias previas por la justicia o cuando fuesen señalados por el dedo acusador de la opinión. Pues bien, contrariamente a toda su trayectoria savonaroliana anterior, la propia y la de sus conmilitones, se niega a hacerlo ella. “¿Investigacionitas a mí?”. Y podría haber dicho aquello que Cide Hamete escribió al cerrar la aventura de Alonso Quijano: “¡Tate, tate, folloncicos! De ninguno sea tocada”.
La segunda escena es un baile. Doña Mónica y otros conmilitones bailan desaforadamente en la fiesta de Compromís, enviando un corte de mangas a la situación de doña Mónica, a sus prédicas anteriores y al Presidente de la Generalitat, don Ximo Puig. Tres días después, tras unas declaraciones elípticamente censorias de don Ximo (“Yo no estoy para fiestas”), le envía a través de una rueda de prensa al Presidente un corte de mangas y su dimisión.
Ahora bien, lo notable, lo insólito, lo ablucante, lo delirante de su rueda de prensa no es eso, sino sus declaraciones. Su enjuiciamiento es para ella una conspiración de la derecha económica, mediática y judicial. “Esta historia pasará a la historia de la infamia política, jurídica y mediática de este país”. “Me cuesta esta decisión porque ganan los malos”. “Estamos dando el mensaje de que cualquier político que no apoye a los poderosos, se lo van a cargar con denuncias falsas, con guerra sucia en los tribunales, con mentiras”. ¿Pero solo a ella? ¿No hay piezas más importantes en el tablero? ¿El propio Ximo Puig, por ejemplo? ¿Y se ponen de acuerdo jueces y fiscales para perseguirla? ¿Es simple demagogia política o demencia fabuladora? Eso sí, con la sonrisa, nos convoca la memoria de la Pantoja: “Dientes, dientes –decía esta-, que eso es lo que les jode”. “Me voy con la cara bien alta, pero con los dientes apretados”, asevera doña Mónica. Deberían usarlas como reclamo los odontólogos.
Pero supongamos que sea inocente o que salga indemne, que bien puede serlo. ¿No ha sido ella, junto con los suyos, la trompeta apocalíptica de la obligación de renunciar, más allá de la culpabilidad o la inocencia de la persona? ¿Tan importante se cree para suponer una confabulación universal solo por ser de izquierdas y ejerciente de Savonarola?
¿Y a qué viene aquí don Pedro? Pues a que, como hombre astuto que es y venteador eficaz de los aires del tiempo, se ha enganchado al discurso de doña Mónica de la conspiración. Así anunció el último paquete de medidas económicas: "Sabemos que la inflación está alta, pero este Gobierno sabe muy bien para quién gobierna. Sabemos muy bien que hay otros sectores que quieren mantener un 'statu quo' y unos privilegios. Pero eso este Gobierno no lo va a hacer, sabemos para quién gobernamos".
Ya ven, los dos luchando contra gigantes y vestiglos. Y ambos podría usar las palabras del manchego para proclamar su heroísmo, lo desaforado de sus enemigos y su servicio al bien y a los atropellados por la injusticia: “Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos... Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines”.
¡Cuánto rinde la retórica de David contra Goliat! Aunque, cada semana, el cercado ocupe una nueva institución (CNI, CSIC, INDRA, INE…) o se prepare para ello (Constitucional), a fin de asentar allí, si no sus reales, sus fieles y sus poderes.
La baja natalidad y el asturiano provocan humoradas
(Ayer, en La Nueva España)
LA BAJA NATALIDAD Y EL ASTURIANO EXCITAN HUMORADAS
La baja productividad reproductiva de los asturianos suscita preocupación y problemas. Así, diariamente aparecen quejas porque se cierran aulas en las escuelas infantiles. Ello provoca manifestaciones de padres y de docentes, que exigen mantener los puestos de trabajo. La preocupación se entiende, ¿pero el sentido de pedir mantener puestos en aulas vacías o reducir aún más el número de alumnos por aula? Lo justificable desde el punto de vista individual no lo es desde el del interés colectivo.
A veces, esa pulsión sindicalista excita auténticas humoradas. Así, los directores de los colegios piden “fomentar decididamente la natalidad”. No muy desemejantemente a lo que relama Vox, que, al tiempo, achaca la baja natalidad “al fomento del feminismo radical”.
El problema que suscitan esas demandas es el cómo. ¿Prohibiendo la venta de anticonceptivos? ¿Saboteándolos? ¿Repartiendo píldoras y vídeos que exciten la lujuria? ¿Tal vez, provocando un gran apagón, como el de Nueva York en 1965, que excitó un espectacular aumento de la natalidad nueve meses después? Que digan.
La baja natalidad, una tendencia general en Occidente, se debe más a una cuestión de mentalidades que a razones económicas. Aquí, en Asturies, la tendencia es mayor porque somos como somos, muy “peculiarinos”.
Que lo somos en muchos ámbitos. En la comunicación, por ejemplo. Antonio Trevín nos cuenta una humorada en la que son actores el arzobispo Gabino y su ecónomo. Se pierden en su ruta para reinaugurar en Llanes una Iglesia. Topan a un lugareño. Le dicen a dónde van, “Los Callejos”. El lugareño duda, hasta que, al fin, cae en la cuenta de la falsificación, “¡Ah, los Caleyos!”.
Esa invención/traducción de los clérigos no se debió a la facultad del don de lenguas del Pentecostés: es, simplemente, un mecanismo social ínsito en el cerebro de muchos asturianos por el cual evitan y “reconducen” (falsifican) automáticamente lo “nefando”, lo asturiano, el asturiano.
Así somos. No nos queremos nada.
El Muro de Adriano y el desempleo
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
EL MURO DE ADRIANO Y EL DESEMPLEO
Hace 1.900 años Roma construyó en Inglaterra el llamado Muro de Adriano. En su guardia y construcción participaron asturianos, algunos de ellos, xixoneses de La Campa Torres.
En conmemoración de esa circunstancia, el museo de La Campa ha organizado una exposición de objetos hallados en torno a aquella edificación.
(En mi última novela, En el muro de tu corazón, uno de sus protagonistas, Nicer, es precisamente un camputorrés constructor del Muro).
El ficticio Nicer, al igual que los astures que realmente participaron en la erección de la fortificación o su defensa, emigró porque su tierra era pobre y no era capaz de proporcionarle sustento o satisfacer sus expectativas vitales: necesidad y emigración son viejas moradoras de nuestro país.
Sobre la emigración actual poco tengo que decirles: muchos de ustedes la practicaron o la sufren hoy en sus hijos y nietos. Pero sí merece la pena reflexionar sobre un dato de la actualidad: hay 6.000 puestos de trabajo demandados por las empresas asturianas que no encuentran candidatos. Ello no ocurre únicamente en los ámbitos de la construcción o la hostelería, también en empresas tecnológicas.
Esa circunstancia, desempleados que no quieren aceptar los empleos ofrecidos, está siendo general en todo Occidente, recuerden aquella babayada de Biden: “que les paguen más”. Ya he afirmado aquí que, si un empresario cree que va a ganar dinero contratando, contrata. No es, pues, esa la cuestión, sino una novedad socioeconómica que se ha producido en estos últimos años: que un número no pequeño de personas, de las que antaño necesitaban perentoriamente de un empleo, tienen unos ingresos suficientes para poder vivir sin necesidad de someterse a la sujeción de un trabajo remunerado.
Lo que es cierto es que, de darse ese nivel de seguridad vital hace 1.900 años, muchos de aquellos asturianos no habrían cruzado la mar, y hasta es posible que, entonces, mi ficticio Nicer no pudiese haber tenido existencia.
Xuan Xosé Sánchez Vicente
Enferme usted mañana
(Ayer, en La Nueva España)
ENFERME USTED MAÑANA
Más vale morir dentro de las reglas que escapar a la muerte contra las reglas
Principios de junio, en mi entorno. Tras un ingreso en urgencias, una cita para una prueba en Cabueñes: comienzos de noviembre. En la segunda semana del mes, un ciudadano publica en interné la suya: en el HUCA para mayo del 2023. En LA NUEVA ESPAÑA del 18/06/2022: “El testimonio de una gijonesa que lleva dos años de espera para una cirugía de escoliosis: “No aguanto el dolor”. “Llevo dos preoperatorios ya caducados”.
¿Para qué agobiarlos a ustedes con más casos de retrasos de meses o años para exploraciones u operaciones? Conocerán, sin duda, unos cuantos. Lo que es evidente es que el sistema público de salud no es capaz de responder con la prontitud debida al alto número de usuarios que demandan atención, y que ni siquiera medidas coyunturales como las llamadas peonadas son capaces de modificar ese atasco, que tiende a ir en aumento.
Publílatras y creyentes en el burru cagarriales, que no son necesariamente dos conjuntos disjuntos, tienen el remedio al alcance de la mano: “hay que invertir más en la sanidad pública”. Ahora bien, la inversión en la sanidad pública para reducir drásticamente esas esperas requeriría multiplicar notablemente el número de médicos (si los hubiere), de aparatos, de laboratorios y, cómo no, de recintos, un volumen de dinero de que no disponemos, ni aun multiplicando los impuestos (solo a los ricos y a las empresas, por supuesto). Con la agravante, además, de que ese gasto en lo público es inelástico, es decir, que no se podría reducir en el hipotético caso de que la demanda se redujera.
Todo ello, por otro lado, en una coyuntura en que (deuda en el 120%, déficit cercano al 7%, prima de riesgo en crecimiento) inevitablemente volverán los recortes zapateriles (congelación de las pensiones, reducción del salario de los funcionarios, paralización de inversiones) y marianiles.
Así las cosas, ¿cuáles son las iniciativas del Gobierno? Pues poner en marcha un Proyecto de Ley de Cohesión Sanitaria, que prioriza la “gestión pública directa” de la sanidad, prohíbe nuevos convenios con las empresas privadas excepto “casos excepcionales” y trata de procurar que se reviertan los existentes.
Una cuestión conceptual. ¿En qué consiste una sanidad pública y universal, como se predica? Pues en que todos los ciudadanos tengan derecho a ser asistidos con el dinero procedente de los impuestos, no, según se pretende, en que tengan que serlo por ciudadanos que cobran su nómina a través de las Administraciones públicas.
Y una segunda cuestión. ¿Cuál es el objeto de la atención sanitaria? ¿Lo es que el ciudadano sea atendido lo mejor y lo más rápido posible o el que su tratamiento y curación se realice, a tuerto o a derecho, a través del sistema bendecido por un cierto estado de opinión, el de la idolatría Administración pública?
Es evidente que en el actual estado de cosas, la colaboración con la sanidad privada, el “desvío” a ella –con aceptación por parte del paciente, como se hace ahora-, es una necesidad imperiosa, para el sistema y para el individuo.
Porque el objeto de la sanidad es la curación pronta del enfermo, no la satisfacción del discurso de los publílatras.
Aunque tal parece que algunos mantienen el récipe de Molière: “Más vale morir dentro de las reglas que escapar a la muerte contra las reglas”.
Identidá, discursos, empleos
(Ayere, en La Nueva España)
IDENTIDÁ, DISCURSOS, EMPLEOS
Gustavo Bueno es una figura indiscutible en sus producciones y proyección. Con todo, en lo tocante a Asturias, don Gustavo, como otros muchos ciudadanos, tenía algunas, digamos, manías. Fue muy combativo contra la normalización del asturiano, y, en esa línea, formó parte nuclear de los autodenominados “Amigos de los Bables”. Uno de los argumentos del filósofo era el de que “pretender normalizar el bable es como pretender llevar la gaita al conservatorio”.
El día tres de este mes LA NUEVA ESPAÑA titulaba: “La gaita asturiana hace historia con su primera promoción de titulados superiores”. Pues ya ven cómo si es posible “normalizar la gaita” y llevarla al conservatorio, al igual que la evolución del asturiano ha destrozado todos los tópicos sobre la incapacidad de nuestra lengua para ser una lengua “normal”: en la creación literaria, en la escritura periodística o en las redes sociales, en el ámbito filológico y normativo a través de la Academia...
Los “Amigos de los Bables” (en realidad, sus enemigos, pues declararse partidario de su supervivencia en el mundo contemporáneo, sin establecer, como las demás lenguas, un estándar y sin darle los atributos sociales de “lengua normal”, desde los jurídicos a los de los medios de comunicación, es condenar a los hablantes a la marginalidad y a la lengua a la desaparición) eran incapaces -como lo son, es cierto, otros muchos ciudadanos- de sentir la lengua como una seña de identidad colectiva y, por consiguiente, de valorarla y querer su vitalidad.
Pero no veamos en esa postura una muy particular idea de un grupo más o menos numeroso de ciudadanos, es parte de un entramado más general de desafección hacia Asturies o, si quieren, de minusvaloración de lo que somos y de atención preferente a lo general español, a lo europeo o a lo mundial. Siempre lo de fuera por encima de lo nuestro, siempre antes; lo que lleva, en la práctica, a la sumisión política y a no encontrar caminos propios para nuestros problemas económicos y sociales (no hablo, entiéndase, de nacionalismo).
Ahora mismo, con motivo de la celebración de los 1.300 años de la batalla de Covadonga, asistimos a discursos de negación del hecho o, al menos, de relativización de su significado y consecuencias, como si Covadonga, Pelayo, Cangues, el Reino no hubiesen existido como una singularidad o fuesen una mera continuidad de algo más importante, por no-asturiano y de fuera, el reino visigodo. Permítase, a propósito, el inciso de señalar la razón que tiene el señor Barbón al censurarlo.
Ese tipo de discursos entrañan una visión del mundo que implica nuestra inanidad política, nuestra desvertebración social y, en último término, nuestro enquistamiento económico. Pero ellos no son más que una de las caras de nuestro problema. El otro es el de nuestros discursos sociales, nuestra mentalidad general de exigencia de que el Estado solucione milagreramente nuestros problemas, la escasa simpatía que despiertan la innovación, el emprendimiento y la empresa privada; la desatención hacia ella del discurrir institucional y político. Tenemos, es cierto, un problema, de capitales (como en tiempo de Xovellanos), pero también de clima y ambiente para el crecimiento de las empresas, es decir de la economía, es decir, del empleo.
Hace ya años publicaba en estas páginas un artículo donde destacaba las palabras de un recién llegado: “me pareció que había viajado a un país diez años atrás del resto”. Pues bien, desde hace meses LA NUEVA ESPAÑA viene publicando unas interesantísimas entrevistas con asturianos de todos los ámbitos (empresariales, científicos, docentes…) que han tenido que salir fuera a trabajar y triunfar. Lean. No hace falta que lo hagan con mucha atención, lo verán enseguida: todos ellos, todos sin excepción, señalan como negativas para nuestro progreso esas peculiaridades que acabo de apuntar y piden cambiar esas mentalidades y “querernos más”.
Solo les pondré un ejemplo, las palabras (04/06/2022) de Víctor Fernández Coalla sobre lo que tenemos que hacer: “Vendernos mejor, borrar complejos y apoyar lo asturiano”.
Como he troquelado, “Ni nos vemos ni nos ven”, es decir, “no queremos vernos –conocernos, reconocernos y querernos- y, por eso, no nos ven”. Ni, añadamos, enfrentar nuestros problemas y poner las bases para remediarlos.
PS. Por cierto, mis felicitaciones a Daniel Meré, Fabián Fernández y Marco Antonio Guardado, que son los gaiteros que dieron sus audiciones finales tras cuatro años en el Conservatorio de Oviedo.
Aires de astracanada
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
AIRES DE ATRACANADA
Yo no sé si se darán cuenta nuestros representantes en la Xunta, pero si ya los ciudadanos tienen en poco la institución y a los diputados, algunas actuaciones tienen tal aire de astracanada que no pueden dejar de rebajar la imagen que de nuestro Parlamento tiene una parte amplia de la opinión.
Todos los parlamentos tienen instituidos unos meses de descanso legislativo. La finalidad no es la de procurar la molicie de los parlamentarios, sino la de establecer períodos de sosiego político, de pacificación de la incesante pelea diaria. Ahora bien, es inevitable que el público, en general, lo vea como un ocio injustificable (si lo pensasen bien los ciudadanos, desearían que el ayuno legislativo durase más, ¡cuánto ganaríamos con menos leyes y, las que llegasen a tales, más pensadas!).
El Gobiernu ha pedido que nuestra Cámara legislativa habilite el mes de julio para continuar con el trámite de leyes que estima muy importantes y que, de no producirse esa habilitación, podrían no llegar a término esta legislatura. De momento, una parte de la oposición, PP, IU, Vox y Podemos, lo ha impedido. Alegan motivos varios, pero uno central: el Gobiernu no ha cumplido en esa materia, se ha comportado “como un mal estudiante”, que se acuerda de los exámenes la víspera de los mismos.
Puede que los partidos que se oponen a esa apertura extraordinaria tengan toda la razón del mundo, ¿pero se dan cuenta de cómo se ve esa actitud entre los ciudadanos? Únicamente como la de que quieren cobrar y no trabajar, como una auténtica astracanada.
En otro ámbito, en el del mérito y la dignidad, Siero ha hecho a Nacho Fonseca “hijo predilecto”. Fonseca merece más, el reconocimiento de toda Asturies por su labor en pro de la música, la música infantil y en la escuela, el amor a nuestra lengua, que une a sus canciones. Dende equí, gracies y norabona.
Xuan Xosé Sánchez Vicente
Analfabetismo y aterritorialidad
Ayer, en La Nueva España
L’APRECEDERU
ANALFABETISMO Y ATERRITORIALIDAD
José Antonio Fidalgo me alerta sobre una alerta difundida previamente por Lluis Nel Estrada. En el Día Mundial de la Sidra los hosteleros de Gascona invitan a unos “culines”. “Culín” no es diminutivo. Es un sustantivo que designa una cierta cantidad de sidra servida en el fondo del vaso. El plural de “vecín” es “vecinos”; de “vinín, “vininos”; de “rapacín”, “rapacinos” (“rapacines” lo es de “rapacina”), luego “culines” igual se refiere a otra cosa, a una oferta de tipo sexual, en castellano. Pero no, seguramente no es más que una muestra de analfabetismo, tan común en nuestra tierra, como el de esos locutores que hacen entrenarse al Oviedo entre los hedores del requesón.
Lo curioso es que ese analfabetismo generalizado de personas que no son analfabetas no provoca protesta en nuestra sociedad, ni siquiera vergüenza. Pues no separen ustedes esa indiferencia o pasotismo de la situación permanente de preterición a que nos somete el Gobierno central ni del permanente vasallaje con que se conducen las sucursales madrileñas aquí radicadas: si no queremos ser, ¿para qué nos van a atender?
Pero ese “analfabetismo” entraña algo más: el desprecio, la repugnancia y la hostilidad hacia todo lo que suene demasiado a Asturies o a la lengua asturiana, ligado por quienes están imbuidos de esos conceptos y emociones, a lo vulgar, a lo atrasado, que enclaustran ahí para justificar su desprecio.
Toda esa gente vive en una ficción de aterritorialidad donde las notas propias de la identidad asturiana no manchen o perturben su clasismo castellano.
Lo anómalo de esa emocionalidad negativa y de la conducta inherente se hace obvio si nos desplazamos a Galicia o Cantabria. En ninguna de las dos comunidades se encontrará, por ejemplo, una carta de restaurante donde los nombres propios del lugar no estén presentes. Aquí, sin embargo, el nombre llariegu se evita, y de aparecer, se acompaña de su versión castellana. ¡No sea…!
Xuan Xosé Sánchez Vicente
El cerebro demediado
Ayer, en La Nueva España
EL CEREBRO DEMEDIADO
Supongo que ustedes irán anotando como yo: no hay petición minera que no suscite una inmediata oposición, una total oposición. Igual da que se busque oro, fluorita, cobalto, tierras raras, lo que sea. “Non na mio quintana”, dicen los vecinos. Destruye el medio ambiente y contamina, proclaman los ecologistas.
Y lo mismo ocurre con las instalaciones que pretenden producir energía que no provenga del carbón o del petróleo, igual da que sean paneles solares, molinos de viento, plataformas marinas. Aquí la oposición es la misma: vecinos, pastores, marineros, los omnipresentes medioambientalistas, todo el mundo está en contra, por motivos diversos y razones variadas. Incluso, en el fondo de muchas de esas protestas, especialmente, de las de los que no están afectados directamente por las futuras instalaciones, aparece la vieja condena contra el dinero: “es que van a ganar mucho dinero con ello las empresas”. ¿Y cómo y por qué, si no, iban a invertir? ¿Por altruismo?
Y, sin embargo, todos los oponentes están a favor de las energías limpias si se los encuesta; preocupadísimos por el medio ambiente y la contaminación, se proclaman; en contra de la quema de energías fósiles y a favor de las no contaminantes. Pero… ¡Pues como no sea a través de un milagro…¡
El mecanismo mental es el de un cerebro demediado, que parece responder a una interpretación errónea del mandato evangélico, “que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda”, “que tu hemisferio izquierdo no tenga en cuenta lo que piensa tu hemisferio derecho”. En el fondo es lo mismo que ocurre con esas encuestas en que, preguntados los ciudadanos, por los pactos de Estado y los acuerdos entre partidos, casi todo el mundo está de acuerdo, pero luego, en concreto, manifiestan su más rotunda oposición a que “los suyos” pacten con “los otros”.
Pero es que, además, no habrá ninguno de esos ciudadanos que no exija que se cree empleo y se liquide el paro, que los salarios y las pensiones sean “dignas”, que estas suban de acuerdo con el IPC, que se invierta más en sanidad, en protección social, en carreteras y hasta en cultura… Pero todo ello, por supuesto, sin realizar acción alguna que perturbe lo consueto, el paisaje vecino o la tranquilidad presente. Es decir, mediante la magia.
Lo cosa va más allá aún. España es rica en una amplia serie de minerales que no son muy abundantes en el mundo, algunos de ellos necesarios, por ejemplo, para las baterías de los coches eléctricos. Muchos, sobre cubrir nuestras necesidades, podrían exportarse. Ahora bien, tanto las protestas vecinales como las de ciertas organizaciones, unido a los temores políticos de las Administraciones, hacen que cientos de proyectos de investigación y explotación se encuentren parados. Tal parece que, tras los argumentos expresos, anduviesen agazapados los ancestrales temores a los dáimones de los espacios inferiores.
Y, sin embargo, ello no nos impide importar esos minerales para los procesos industriales en que los necesitamos o utilizar los bienes en los que se emplean, eso sí, pagando precios elevados y sin mirar en qué lugares se explotan y con qué cuidado hacia el medio ambiente se hace. Y, naturalmente, sin que nos importen las consecuencias que tal actitud de despilfarro tiene para nuestro bienestar y empleo.
A esa contradicción entre deseo y consecuencias, entre discursos y efectos, a esa demediación del cerebro, individual y social, hace tiempo que, sin grandes disquisiciones teóricas o psicológicas, ya le dio respuesta nuestro refranero: “ñeros y páxaros, nun pue ser”.
Entre la incredulidad y el enojo
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
ENTRE LA INCREDULIDAD Y EL ENOJO
Me llega un comunicado de un centro comercial ofreciéndome una nueva tarjeta. Con asombro, veo que no es ya que no me la manden a casa, sino que para recogerla tengo que pedir cita previa.
El abuso de la cita previa, tal vez medio explicable durante la pandemia, parece haber gustado en las Administraciones y en ciertas empresas, como algunos bancos. Y aun parece que esté para quedarse. En ciertas oficinas, incluso, no se puede pasar de la puerta sin ese requisito. Ni para hacer una pregunta sobre horarios, pongamos.
Es un abuso y una tomadura de pelo. Para todo el mundo, en general, porque nadie está obligado a tener un ordenador o un teléfono móvil con capacidad internáutica. Pero es que, además, arroja a las tinieblas a muchísimas personas que son incapaces de moverse en esos ámbitos –y, créanme, algunas páginas son bastante coñazo y dificultosas- y las obliga a mendigar favores. “¡Sin piedad!”, así podríamos calificar el comportamiento de estas Administraciones y empresas.
Y hablando de las conexiones internáuticas, leo en LA NUEVA ESPAÑA que vecinos de la zona rural de Xixón se agrupan para contratar el servicio con una determinada empresa. Hartos de tener conexiones muy deficientes o de no tenerlas. Y hartos, también o sobre todo, del bla, bla, bla de la Administración, que predica planes y da plantones (no de árboles, por supuesto).
Ahí no estaremos a la cabeza, pero sí en otras cosas. Por ejemplo, en nuestro absentismo laboral. Cada día faltan al trabajo 26. 169 personas, 5.948 sin causa justificada. Medalla de bronce en el conjunto de España.
Donde salta la incredulidad es al contemplar algunas leyes. He aquí que una desgraciada muchacha resulta asesinada con veinte puñaladas. Pues bien, la ley entiende que no es ese requisito suficiente para dictaminar que hubo “ensañamiento”. A veces la ley tiene razones que la razón no es capaz de comprender.
En primer tiempo de saludo
(Antiyer, en La Nueva España)
EN PRIMER TIEMPO DE SALUDO
Los partidos políticos son, ante todo, empresas. Como tales, su primer objetivo es su propio mantenimiento y crecimiento, y, con ello, la ocupación y empleo de sus militantes y afines. Sobre tal, realizan otras actividades o tienen otras miras, que pueden ser más o menos afortunadas, mejores o peores para los ciudadanos, pero son, ante todo, eso: empresas.
Por tanto, es normal que prime en ellos el principio jerárquico, la defensa de los intereses de la empresa, la unidad de actuación. Con todo, es posible que, dentro de la sujeción a esos principios elementales, algunas organizaciones permitan ciertas discrepancias o matizaciones, incluso, algunos procederes contrarios a la línea principal, si piensan que con ello -al salvar, por ejemplo, reclamaciones sectoriales o territoriales de los votantes- se contribuye mejor al objetivo central de la estabilidad y crecimiento.
Una buena y atentísima persona, Noel Zapico, un asturiano llangreanu que tuvo importantes cargos sindicales durante el franquismo y fue uno de los ponentes de la Ley para la Reforma Política para pasar a la democracia desde la dictadura, me decía, siempre que lo llamaba por teléfono para algún trámite (fue Director de Cooperación Local en aquel Gobierno abortado de Sergio Marqués), entre el respeto y el humor: “Te escucho de pie y en primer tiempo de saludo”.
“En primer tiempo de saludo”, así están siempre los partidos políticos asturianos de corte estatal ante las órdenes de Madrid. Es decir, en el “Sí, señor, Señor” militar de ciertos ejércitos. Todos, sin excepción.
Acabamos de verlo una vez más, en una materia sangrante: la presencia del lobo en el catálogo del LESPRE, y, por tanto, la imposibilidad de establecer controles sobre su población, a fin de evitar daños a la ganadería y desesperación a los ganaderos. Como se sabe, el Gobierno asturiano, al igual que el de Cantabria y el de Galicia, los que tienen lobos abundantes en sus territorios, se han opuesto a esa decisión estúpida basada en argumentos estúpidos y falaces y, por ello, han presentado recursos ante los tribunales. (Por cierto, en la impulsión del LESPRE participó decisivamente un socialista asturiano, Hugo Morán, en un “Sí, señor, Señor” hacia su jefa y jefes).
Pues bien, he aquí que el PP presenta en las Cortes una propuesta para sacar al lobo del LESPRE. Pese a la postura del Gobierno asturiano, los socialistas Adriana Lastra, María Luisa Carcedo y Roberto García Morís, diputados por Asturies, votan en contra (al igual que lo hace la podemita Sofía Castañón). ¿Creen ustedes que ha habido aquí, en Asturies, una sombra de censura, una crítica, una protesta? Todos unánimes en su postura de firmes y en primer tiempo de saludo: sumisión al que manda, sean cuales sean los intereses de los ciudadanos que dicen representar.
¿Todos en toda España? Miremos para Cantabria. En la votación en el Congreso, Ciudadanos se abstuvo ante la propuesta para descatalogar al lobo, traicionando así tanto al Gobierno de Cantabria como a su partido en esa Comunidad, que siempre se ha manifestado contra la decisión de Teresa Ribera y Hugo Morán. Pues bien, como reacción, una diputada regional, Marta García, ha abandonado el partido, y su secretario de Organización, Rubén Gómez, dimitido de todos sus cargos.
¿Y aquí? Pues del Ciudadanos que acampa en Asturies ni una palabra, salvo la del expulso –expulso, reitero-, Armando Fernández Bartolomé.
¿O es que no creían ustedes que existiesen unas fuertes señas de identidad asturianas que a todos marcan con su hierro?
También en esto: en el “Firmes y en primer tiempo de saludo ante el superior”, que “en boca cerrada…”.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
