Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
¿Quién paga?
Ayer, en LNE: Nunca es tarde
Güei, en La Nueva España: Mieres: bajando a tierra
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)
L'aprecederu
Mieres: bajando a tierra
La realidad termina por pinchar algunas de las burbujas, como la reducción de jornada de los empleados públicos
Una hestoria de fai 120 años
Y esta ye la hestoria: Fai 120 años, más o menos.
El funcionariu:
-¿Nombre del padre?
-Eu non sei.
Y elli, imperturbable, de lóxica cartesiana, insensible, reglamentista:
-Incógnito.
Y asina pasó dempués l'apellíu a la nieta, qu'agora, por fin, descansa en paz.
Y ehí ta la escena, 120 años dempués.
(Por ciertu, n'Ourense hai entovía 13 "incógnito" de segundu apellíu.)
El pecáu de ser funcionariu
Trescribo equí l'artículu de Roberto L. Blanco Valdés (del que, por ciertu, toi lleendo estos díes "Los rostros del federalismo") sobre "los pecaos" de los funcionarios. Asoleyóse en La Voz de Galicia del 08/03/13.
Confésoo, son funcionario: rogo descúlpenme
Fóra ou non exacta esa información -cosa sobre a que non podo pronunciarme-, o certo é que, co tempo, veu a ser verdade. Pois se sumamos a aquela inicial rebaixa salarial a que o ano pasado supuxo a supresión da extra de Nadal e as que agora se anuncian -onte para os profesores das universidades de Santiago e Vigo- e, un pouco antes, para a maioría dos empregados públicos galegos como consecuencia da eliminación do complemente específico nas extras de xuño e de decembro, os cálculos máis serios apuntan a que a rebaixa de salario neto para algúns empregados sitúase xa na contorna do 30 %. Debe terse en conta, por suposto, para computar tal porcentaxe, a perda derivada de sucesivas conxelacións salariais (nunha situación moderadamente inflacionista) e da alza do IRPF que, desde o 2013, asumiremos os asalariados españois.
Neste escenario hei de recoñecerlles que eu, abandonada xa toda capacidade de protesta, cheguei á conclusión de que algún mal terrible debemos ter feito os empregados públicos a España -á parte dese consumo de teléfono e papel que tanto preocupa a Joan Rosell, presidente da CEOE- para ser tratados a vergazos, trato que contribúe, polo demais, en gran medida, a unha contracción brutal do consumo persoal e familiar, como puideron comprobar con dor, na pasada campaña do Nadal, empresarios grandes, medianos e pequenos.
Xa que logo asumo o meu tanto de responsabilidade por ser funcionario e pido publicamente desculpas por tan abxecta condición. Entoo, con sinceridade, un mea culpa por haberme graduado en Dereito aos 22 anos; haberme doutoramento, aos 29, con premio extraordinario; e ter obtido por oposición, e por unanimidade do tribunal, unha praza de profesor titular aos 31 e unha de catedrático aos 35. Actos todos, sen dúbida, escandalosos, que demostran unha vocación de aproveitado e abusón e que merecen un castigo.
Por iso, tras o recoñecemento da miña falta, solicito desde esta tribuna que me sexa rebaixado o salario cada ano ata lograr a que se supón ha de ser a perfecta condición do funcionario: que traballe sen cobrar e expíe así o seu pecado nefando: ter ese posto estable ao que, ¡malvados!, todos aspiramos.
Roberto L. Blanco Valdés pa La Voz de Galicia del 08/03/13
Ente "atracadores" y incompetentes: paga de Ñavidá
Como pequeños dioses
Con el término «argentinización» venía yo a definir no tanto una concreta situación de de las cuentas públicas (la del «corralito», por ejemplo), cuanto un proceso progresivo de degradación, empobrecimiento y corrupción colectivos. Ese proceso no solo tendría como causa principal la propia economía y como impulsor importante los partidos políticos, sino que vendría impulsado por organizaciones sociales y por los mismos ciudadanos a título individual, tanto por acción como por omisión; pero, sobre todo, aplaudiendo y exigiendo de los políticos aquellas actuaciones que, aparentemente, cursan a favor de los ciudadanos, pero que, en la práctica, van en su contra, porque violentar lo posible en nombre de lo deseable no lleva más que al desastre.
Pero es en otros aspectos de la actuación social y política donde veo yo motivos más preocupantes. La cuestión de los desahucios, en concreto, ha excitado a muchos políticos y grupos sociales a saltarse la ley o amenazar con ello y a proclamarlo, además. El sindicato policial SUP se ha manifestado a favor de apoyar a los policías que se nieguen a efectuar desalojos de viviendas; los mossos d’Esquadra han hablado de que no quieren ser «verdugos»; los cerrajeros de San Sebastián se han negado a aplicar la ganzúa a las puertas; alcaldes de la península y de Canarias, socialistas y no socialistas, han amenazado con retirar sus fondos de las entidades bancarias que ejecuten… Pero quizás el caso más notable sea del de Juan Alberto Belloch, alcalde socialista de Zaragoza hoy e inventor en su día del capitán Kahn y del que él llamó «Código penal de la democracia». Pues bien, este fenómeno de ojos saltones y vigilantes ha anunciado «que sus guardias no desalojarán a nadie», es decir, ha aseverado que los obligará a incumplir la ley.
Pero el caso más llamativo es quizás el de los jueces. A título individual unos, de forma colectiva la mayoría, parecen haberse imbuido en los últimos tiempos de una especie de «espíritu de San Garzón», que los lleva a pretender convertirse en otro poder legislativo. En algunos casos, mediante sentencias que llevan al límite las interpretaciones de la ley o que pretenden paralizar su aplicación por disconformidad con ella. De manera generalizada — también a título individual o, sobre todo, mediante manifestaciones colectivas—, oponiéndose a las iniciativas legislativas e, incluso, amenazando con no aplicarlas. En pocos meses ha ocurrido ello con la legislación laboral, con la Ley de tasas judiciales, con la Ley de desahucios, con la ejecución de lanzamientos, con los indultos. No importa que, en todas estas cuestiones, los jueces tengan ninguna razón, poca, mucha o toda. En primer lugar no son ellos los creadores de la ley, sino quienes la aplican y la interpretan. En segundo lugar, los servidores del Estado están obligados a una cierta contención y discreción. En otros ámbitos esa ejemplaridad de sometimiento al cometido, se lleva a rajatabla. Piénsese, por ejemplo, en el cese fulminante del general director de la revista Ejército, Ángel Luis Pontijas Deus, por permitirse una crítica sobre el proceso independentista en Cataluña, esto es, por incumplir su obligación de discreción en cuanto militar.
Como los demás: el Gobierno regional (Foro) pretende nombrar «a dedo» a todos los jefes de servicio
- Austeridad y eficiencia de la función pública
- Implantará un sistema de función pública que responda a criterios de eficacia, objetividad, transparencia e imparcialidad.
- Garantizará los sistemas de acceso a la función pública ajustados a los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad.
- Generalizará el concurso de méritos como procedimiento ordinario de provisión de puestos de trabajo, limitando la libre designación a supuestos excepcionales debidamente justificados.
¡Hala, funcionarios, más recortes!
Pues ná, ¡a reíse! ¡Y a votalos!
Usos y aplicaciones del futuro recorte salarial a los funcionarios
Más sobre "el dedo socialista"

En ámbitos muy variados (bomberos, policías municipales, cargos de confianza, funcionarios de la administración general...), el ayuntamiento de Xixón viene acumulando un balagar de sentencias judiciales en su contra, cuyo denominador común es el mismo: la provisión de plazas se ha realizado de forma irregular. Las sanciones judiciales son tan reiteradas, afectan a ámbitos de la administración tan diversos, se refieren a momentos temporales tan distintos, que, a no haber sido el ayuntamiento censurado el que es, es decir, uno de los que tienen “controlada” o sedada la opinión, el escándalo ya habría ocupado de forma prolongada los medios de comunicación estatales.
El fondo común de todas esas irregularidades es el mismo: favorecer a un grupo de personas en nombre de algún principio aparentemente benéfico, esto es, ayudar a algunos ciudadanos a tener un empleo (estable) de forma más fácil o segura. Pero tan loable principio oculta su verdadero efecto: esos empleos, que se pagan con el dinero de los impuestos, deberían ser accesibles en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos, no sólo a los afiliados a un sindicato o un partido o a los que se hallan en sus cercanías. En una palabra, el significado real de esas irregularidades es que, con el dinero de todos y en nombre de principios más o menos justicieros o filantrópicos, se actúa contra la mayoría de la población: se priva de una posibilidad de trabajo a quienes no son próximos.
Mas el verdadero sentido de todo ello va mucho más allá. Todas o la mayor parte de esas irregularidades se cometen en complicidad con los sindicatos: poder político y poder sindical establecen acuerdos en virtud de los cuales, y mediante ese proceso irregular, se favorezca a los suyos o a quienes ellos decidan. Si despojamos a esos pactos de la retórica progresista con que se visten, a nadie se le escapa la finalidad última de los mismos: se trata de reforzar y consolidar el poder de unos y otros, sindicatos y partidos políticos, en proporción directa a su cuota de representación. Porque desde hace mucho tiempo la función principal de los grandes partidos y sindicatos no es, digan lo que digan, el servicio a la mayoría, al “pueblo” o al “proletariado”, sino el mantenimiento y acrecentamiento de lo que son: gigantescas máquinas de poder y de empleo. De ese modo, ampliando el número de favorecidos por su actuación, gratifican voluntades, las compran o tratan de ganárselas. Se entiende bien, por tanto, que la irregularidad administrativa por la que se proveen las plazas no es un error o un “desliz” (para utilizar la palabra eufemística con que antaño se envolvían los hijos no deseados de las madres solteras): es el mecanismo mismo por el se apropian de la administración y hacen ver que ellos la manejan, es decir, el medio por el que se hace alarde de la irregularidad (del poder), a fin de que los favorecidos sepan a quién deben su empleo, y que los que no lo son entiendan bien adónde deben arrimarse si es que quieren algún día gozar de la lotería del favor.No hace falta repetir otra vez cómo ese mecanismo no es más que la apropiación del común por los particulares, en contra de la generalidad de la población. Tampoco cómo todo ello no tiene nada que ver con presuntos intereses universales o de clase social. Permítaseme sólo subrayar lo que el procedimiento constituye de ataque a la modernidad y la igualdad; en qué medida va todo ello contra las conquistas que se extienden paulatinamente en el mundo occidental a partir de la disolución del Antiguo Régimen (y que ya muchos años antes, formula como ideal y programa el humanismo —por ejemplo, en Cervantes, tan poco zapaterino, en este aspecto, por cierto): un estado al servicio de todos, una administración no secuestrada por intereses particulares, la igualdad en el acceso al empleo y servicio públicos, y, en último término, por tanto, el acrecentamiento de la libertad real. Es decir, en términos históricos, esas actitudes son el pasado: mucho feudalismo (o particularismo burgués) en la apropiación de lo público; poca igualdad y menos fraternidad (a no ser que entendamos por tal la de los miembros de las fratrías entre sí).
Para concluir, dos observaciones. Las dos hacen, sin duda, aumentar el escándalo y el malestar para quienes tengan un mínimo de sensibilidad ciudadana o de interés por el bien de la generalidad. La primera, el impudor con que la mayoría de los sindicatos afectados defienden las ilegalidades y, al mismo tiempo, el estupor que suscita en ellos el que alguien no esté de acuerdo con sus pactos contra la mayoría de los ciudadanos: “No es ético -han dicho- impugnar en el juzgado las ilegalidades en materia de contratación de personal cometidas por el gobierno local tras haberlas pactado con los sindicatos”. Esto es, en traducción: “Esta es nuestra parcela de poder; ésta nuestra manera de operar, desde siempre. ¿Quién diablos es nadie para meterse en nuestro negocio?”
La segunda se refiere a las escasas reacciones que una cuestión tan escandalosa y de tanto daño al común —en la administración de todos y con el dinero de todos, recordémoslo— ha suscitado (exceptuemos con aplauso la de Armando J. Nosti Caso). Seguramente ello quiere decir que una parte importante de la población no es capaz de percibir cómo esos procedimientos les quitan, a ellos o a sus hijos, directamente el pan de la boca. Posiblemente otra ya se ha habituado a esa corrupción de la vida pública y la encuentra normal o incorregible. Algunos, finalmente, habrán aprendido la lección y tendrán una razón más para callar y procurar en el futuro, al igual que Lázaro de Tormes, “arrimarse a los buenos”.
En todo caso, den ustedes una vuelta a su alrededor, miren y pregúntense: ¿dónde están los que habitualmente se escandalizan y gritan en nombre de la ética, del pueblo, del proletariado o de los principios?O formúlenlo de otra manera, ¿cuál es el tamaño de la red de complicidades, silencios, miedos e intereses que se extiende entre el tejido social de un concejo que, desde la transición —esto es, desde que gobiernan en él PSOE e IU—, tiene el nada honorable registro de la mayor tasa de paro de toda Asturies?
Eso sí, en nombre del pueblo y para el pueblo.
El gobierno socialista y el dedo: ¿Prevaricación? Favoritismo, en todo caso

Las sentencias anteriores, según el colectivo, no han sido ejecutadas porque el Principado, «actuando irresponsablemente con el dinero de los asturianos, decidió recurrirlas a sabiendas de la imposibilidad jurídica de que tales recursos puedan prosperar, en una política de tierra quemada que sólo pretende trasladar a los futuros gobernantes una función pública caótica y absolutamente degradada». (ver la LNE del 06/11/2010)Leamos ahora unas frases sacadas del Auto de José Ramón Chaves, magistrado del Juzgado contencioso-administrativo número 5 de Uviéu, referentes a la legalidad del ascenso de 830 cargos intermedios de la Administración (ver LNE del 04/11/2010):
- «Posición reprochable»
- «resulta inadmisible»
- «tesis anacrónica que no se ajusta a las claves constitucionales»
- «desafiando la más elemental prudencia»
- «intento indisimulado de posponer los hechos ilícitos consumados»
- «la posición de la Administración resulta palmariamente reprochable»
- «en lugar de suspender otras convocatorias incursas en el mismo vicio»
- «llueve sobre mojado, hay sobrados pronunciamientos judiciales orientando a la Administración sobre la senda de la objetividad y cabe apreciar en la posición a este incidente un intento indisimulado de posponer los hechos ilícitos consumados»
Unas frases de los sindicatos (ver LNE del 07/11/2010)
- «Se están burlando de la justicia»
- Los servicios jurídicos de USIPA «están valorando la presentación de una querella por prevaricación»
- «Habrá que empezar a pedir responsabilidades con nombres y apellidos»
- «Cualquiera que vea esta secuencia de acontecimientos podrá interpretar que están prevaricando»,
- «Si llevan cuatro varapalos y siguen haciendo lo mismo, a la opinión pública ya le debe quedar claro que lo están haciendo de forma intencionada y caciquil. Se toman la Administración como su feudo, como si fuera un cortijo».
- La estrategia de la Administración consiste en «recurrir al Supremo para dilatar la solución definitiva del asunto»
- «una pieza más en un modelo de Administración clientelista»
¡Para que los sigáis votando!
A las rebajas realizadas en el sueldo de los funcionarios durante este año de 2009 (y que, no lo olvidemos, ¡van a ser para toda la vida!), el gobierno va añadir, según trasciende de los presupuestos de 2011, una rebaja encubierta, al reducir la paga extra de junio al mismo nivel que la de Navidades, que, para este año, quedará reducida a la mitad, según verán (sufrirán) en sus nóminas los funcionarios. O sea, que, sobre expoliadores públicos, amiseriadores a hustadillas.Funcionarios: más irregularidades del Gobiernu

Vengo señalando hace tiempo las continuas irregularidades del Gobiernu asturiano y de diversos ayuntamientos socialistas (en particular, el de Xixón) en la contratación y promoción de personal. He apuntado también cómo estas irregularidades no son casuales, responden a un plan estratétegico y a una determinada forma de control de la sociedad y de ostentación del poder (puede verse, al respecto, el ensiertu del 07/08/09, aquí en este blog, titulado "Despreciando la ley: ventajismo e identidad corporativa").DESPRECIANDO LA LEY: VENTAJISMO E IDENTIDAD CORPORATIVA
«El TSJA anula la designación a dedo de más de 200 altos funcionarios del Principado (a través de sucesivas sentencias)». El anterior titular de La Nueva España, de 6 de julio de este año, venía a resumir parte de los frecuentes fallos contra las decisiones administrativas del Gobierno socialista (anulación de oposiciones, anulación de la llamada carrera profesional para el personal no sanitario, anulación de las plantillas de los centros de enseñanza…). Esa continua mala práctica de gestión y administración socialista obedece a distintas razones: una de ellas es la chapucera forma de gobernar, administrar y legislar con que, en general, se manifiestan los diversos poderes del Estado en las últimas décadas, comportamiento en el que los socialistas, especialmente los asturianos, resultan primorosos.
Ahora bien, esa conducta rutinaria no obedece únicamente a un actuar ignorante o desidioso, sino que, especialmente en los casos que afectan al empleo, responde a una voluntad deliberada de exhibición de poder, con su corolario de sumisión de los individuos y fidelidad electoral. Efectivamente, quienes saben que, por ellos o para ellos, se ha violentado la ley refuerzan su compromiso si ya son propios, agradecen la dádiva si son próximos, toman nota de cuál es el camino, si ajenos. Y todos, unos y otros, saben quién tiene la fuerza y cómo la hace sentir, dulce o amargamente, según el «corrimiento hacia el rojo» que uno tenga con respecto al manantial de beneficios.
En cualquier caso, ese proceder socialista con respecto al derecho no es de hoy ni se produce únicamente en el ámbito de gobierno de la administración del Estado. Podemos recordar una de sus manifestaciones en la interpretación torticera de la Constitución que durante la II República se hizo para desalojar a Alcalá Zamora de la Presidencia (con las consecuencias que ello conllevó). Es también notorio en el conjunto de la redacción del estatuto de autonomía de Cataluña, por ejemplo, estableciendo en él —en la parte—, cómo debería ser la futura legislación de financiación de las autonomías —del todo—, anomalía que, con su habitual sutileza expresiva, ha subrayado hace poco en estas páginas don Bernardo Fernández Pérez. Se advierte en las reiteradas amenazas del Honorable Montilla, en caso de que el Tribunal Constitucional modificase sustancialmente el nuevo estatuto catalán.
De modo que esa violencia o menosprecio al imperio de la ley y sus límites no es endemismo local ni enfermedad hodierna, sino que constituye una especie de libro de estilo, de manual corporativo del partido socialista (no de todos sus miembros, es obvio). Que ello sea así obedece a razones más profundas y de más arraigo que las de las ventajas en el ejercicio del poder. ¿Cuáles son?
A mi juicio, un complejo conjunto ideológico/discursivo y emocional del que podemos entresacar dos vectores. El primero, la idea de que el socialismo (y su personificación, por tanto, el PSOE) no es una más de las fuerzas que actúa en el sistema, sino la que encarna su superación y la que representa el futuro, y, en consecuencia, «la buena», la que tiene el depósito de superioridad moral. El segundo, la persistencia, más o menos confusa, de una vieja idea izquierdista, la de que la democracia hodierna es la «democracia burguesa», una pseudodemocracia en la que las reglas de juego están siempre trampeadas a favor de los poderes ocultos. Desde esa perspectiva, el circunvalar la ley o traspasarla no sólo tiene el atenuante de que se sortean inconvenientes injustos, sino de que se labora siempre a favor del “bien” y del futuro inevitable, en la dirección del viento teleológico de la historia.
Y, sin embargo, el respeto a la ley y los procedimientos, las limitaciones impuestas por ellos no son únicamente un perifollo de la democracia, un envoltorio molesto que nos dificulta el aprovechamiento de su meollo. Los aspectos procedimentales y normativos, las reglas, los límites, son parte tan constitutiva de un sistema de libertad como los contenidos sustantivos del mismo; son ellos los que defienden el todo del abuso de una parte o de la apropiación total o fragmentaria de lo colectivo por una facción.
Como debería saber cualquier demócrata.
Esti artículu asoleyóse'l 06/08/09 na Nueva España
Tremái (de conxelación), funcionarios










